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| 4/23/1984 12:00:00 AM

AGITACION EN EL PUERTO

Respuesta de López sobre la candidatura de Barco desata polémica.

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"Si no es Barco, ¿quién?", fue sin duda la frase más citada por todos los medios de comunicación la semana pasada. Muchas columnas de prensa la tuvieron como titular. Las interpretaciones llovieron y no se habló de otra cosa en los corrillos políticos.
La frase era una respuesta contenida en una entrevista concedida por el ex presidente Alfonso López a SEMANA, y estaba antecedida por otra respuesta que decía que Virgilio Barco probablemente sería candidato "por falta de otro".

FUERA DE BASE
Las declaraciones de López dejaron fuera de base a mucha gente. La Comisión Política Central -entidad directiva de la corriente oficialista identificada con López y Turbay- se vio colocada ante la dificil situación de no poder ni desautorizar, ni apoyar, y tuvo que limitarse a protocolarias declaraciones de neutralidad.
Más sorprendidos aún quedaron los barquistas, quienes veían en López la principal incógnita para la candidatura de su líder. Sospechando de las intenciones del ex presidente, el estado mayor de esta corriente interpretó la frase como una maniobra, cuyo objetivo era difícil de precisar, pero de aparente sesgo antibarquista. Era comprensible la inquietud: la última candidatura de Barco había fracasado por la forma como había sido proclamada -en esa ocasión por el diario El Tiempo y por Alberto Lleras- y desde ese entonces se había creado un "fucú" sobre la peligrosidad de los errores de lanzamiento.
Para otro sector, encavezado por Luis Carlos Galán y El Espectador, la frase, "Si no es Barco, ¿quién?" escondía su propia respuesta: "Yo". Según esta hipótesis, López, quien aspiraría a ser reelegido, estaría lanzando prematuramente el nombre de Barco con el objetivo de quemarlo y quedar él como alternativa en el momento de la decisión final.
Sin embargo, para quien se ciñera estrictamente a los términos utilizados en la respuesta de López y se abstuviera de hacer lecturas entre líneas, la controvertida frase simplemente reflejaba una verdad de perogrullo: por sustracción de materia, Barco tenía todas las probabilidades de ser candidato. Parecía ser, en efecto, la única figura capaz de conseguir el apoyo de los ex presidentes y de los dos diarios del partido, y de conciliar galanistas y oficialistas.

MALA SEMANA
En todo caso, lo evidente era que la candidatura del ex alcalde le restaba mucho piso al Nuevo Liberalismo como corriente disidente. El primer síntoma de esto es la actitud de la mayoría de los galanistas, que no encuentran contradictorio votar por el uno o por el otro. Este sentimiento parecía extenderse a los dos grandes diarios liberales, que ante el sólo espectro de la candidatura de Barco empezaban a abandonar a Galán, de un sólo golpe, como lo hiciera El Tiempo, o gradualmente, como parece estarlo haciendo El Espectador. Teniendo en cuenta que buena parte de la fuerza de Galán radica en su antioficialismo por un lado, y en el apoyo de la prensa liberal por el otro muchos opinaban que la presencia de Barco, que neutraliza estos dos aspectos, amenaza con hacer desaparecer transitoriamente el peso de Galán. Al respecto, un partidario de. Barco opinó que: "Galán contra los Guerras Sernas y con el apoyo de El Tiempo, de El Espectador y de los Lleras, ciertamente no es el mismo que Galán contra Barco y sin apoyo de nadie".
Enfrentado a esta realidad, Luis Carlos Galán atravesó una semana difícil. Si antes la política liberal podía definirse como "todos contra Galán", la situación actual parecía ser la de "Galán contra todos". A medida que columnistas y editorialistas comenzaban a oscilar entre la crítica y la indiferencia frente a él, el joven dirigente pasó a la defensiva, dando entrevistas a diestra y siniestra, reiterando que no iría a la convención, enviando cartas a los medios, haciendo rectificaciones y esquivando acusaciones. Su argumento principal era que, proporciones guardadas, el resultado de las elecciones había sido mas favorable a él que a cualquiera de sus rivales, lo cual, aun cuando válido, no pareció tener mayor acogida en el nuevo ambiente creado después de mitaca. Considerando terminada la "temporada de Galán", la expectativa del país giraba alrededor del hombre cuyo silencio de 2 años lo había convertido en el puntero de las candidaturas presidenciales: Virgilio Barco.

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