Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/03/17 00:00

Agotado el tiempo extra

El balance de las sesiones del Congreso volvió a ser pobre en resultados. ¿Se repetirá la triste historia en las ordinarias que empiezan esta semana?

Las comisiones terceras y cuartas conjuntas del Senado iniciaron la discusión del Plan Nacional de Desarrollo. En una sesión, el ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, explicó los planes que el país tiene en materia de vías y puertos

Ante el complejo panorama político que se veía venir y la posibilidad de que se complicara la ambiciosa agenda legislativa de 2007, el gobierno convocó a sesiones extra con la esperanza de salvar sus proyectos más importantes. La proyección de un período turbulento resultó acertada, pero la estrategia para conjurarlo, no: de los 21 proyectos encomendados a esta sesión, sólo dos surtieron su trámite total. Un pobre balance.

El proyecto de Agro Ingreso Seguro, con el que se apoyará a los campesinos como plan de contingencia frente al TLC, y otro para regular el trabajo de los profesionales de la salud, fueron las dos únicas iniciativas que pasaron a manos de la sanción presidencial. En todo lo demás hubo muy pocos avances.

La pereza legislativa se debe a varias razones. En el capitolio hay un ambiente tenso y un nerviosismo generalizado a causa del escándalo de la para-política. Las noticias sobre la detención de algunos miembros y los rumores sobre la extensión de esa lista en las próximas semanas alteraron las prioridades. La coalición uribista, además, volvió a padecer los problemas que ya se habían notado en 2006: falta de unidad y coherencia, liderazgos débiles y competencia entre los partidos que la componen. Y, finalmente, en las últimas semanas se deterioró la relación entre el gobierno y la oposición, por rayos y centellas que se cruzaron entre los dos campos en lenguaje cada vez más pugnaz. Varias de las 27 sesiones de comisiones o plenarias se perdieron en peleas entre algunos ministros y congresistas del Polo y del Partido Liberal.

A pesar de las pobres estadísticas sobre la producción legislativa, la visión oficial es positiva. El Ministro del Interior, Carlos Holguín, incluso lo califica de "muy importante". Según el presidente de la Cámara, Alfredo Cuello, nunca se pretendió aprobar 21 proyectos, lo que se buscaba era descongestionar las comisiones y ganar tiempo.

Los proyectos que más desvelan al gobierno son el Plan Nacional de Desarrollo y el TLC con Estados Unidos. Temas que comenzaron a ser ambientados con foros, pero que aún requieren amplia explicación y prometen difíciles debates antes de ser aprobados. Y eso demanda mucho tiempo, que precisamente corre en contra. Según la ley, el plan de desarrollo se debe tramitar en el primer semestre del cuatrienio presidencial, mientras en junio se vencerán las preferencias arancelarias de la Atpdea. Estos proyectos, en consecuencia, constituyen la prioridad del gobierno.

Esta semana se inicia el período ordinario de sesiones. Los pronósticos vuelven a ser reservados: el vendaval de la para-política va a soplar más fuertemente. Adicionalmente, las elecciones de octubre obligarán a los congresistas a pasar más tiempo en sus regiones, en las campañas a favor de sus candidatos. Y muchos de los proyectos fundamentales -en especial la Ley de transferencias (ver artículo en la sección Economía)- tienen altos costos políticos para los congresistas. El panorama está nublado.

En la última encuesta Invamer-Gallup, la imagen del Congreso cayó: la desfavorable ascendió a 53 por ciento y la positiva bajó a 36. La causa tiene que ver con el escándalo que ha golpeado a varios miembros de las Cámaras, y a la percepción de que el trabajo no es eficiente. Hay muchas luces de alarma: el Legislativo quedó en deuda en las extras, y para las ordinarias no se sienten vientos de cambio.

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