Martes, 24 de enero de 2017

| 2007/03/10 00:00

Aguazul saudita

A pocos días de comenzar la indagatoria al alcalde de Aguazul, Casanare, señalado de ser de la nómina de los paras, SEMANA estuvo en el municipio que más regalías recibe del país para indagar sobre ese lugar de contrastes.

Aguazul saudita

A diferencia de la mayoría de los pueblos de Colombia, en la parte urbana de Aguazul, Casanare, no hay miseria. Este lugar enclavado en el piedemonte llanero, a media hora por carretera de Yopal, parece de otro país. Sus vías son amplias, y llegan bien pavimentadas incluso a varias veredas. La mayor parte de la ciudad tiene andenes tipo 'bogotano', muchos de ellos con ciclorrutas. Sólo en sus sectores más humildes hay algunas calles destapadas, pero no es raro encontrar cuadrillas de obreros trabajando para hacerlas más transitables.

Según la Gobernación del departamento, toda la población tiene atención médica, aunque los pobladores se quejan del mal servicio. Los niños de Aguazul disfrutan la educación gratuita preescolar -bilingüe en algunos casos-, primaria y secundaria, que alcanza para los de otros pueblos que llegan en buses pagados por el municipio. Las amplias y bien dotadas salas de cómputo con conexión por banda ancha a Internet, hasta en las escuelas veredales, no tienen que envidiar a las de un colegio capitalino. El alcantarillado cubre a un 84 por ciento del pueblo, y el acueducto, el 70. Se trata de uno de los mayores cubrimientos del país.

Pero este innegable bienestar que viene de los millonarios recursos de las regalías petroleras tiene lunares. Los de las obras consideradas por la comunidad como 'elefantes blancos', por ser inversiones mal planificadas. Los de la corrupción que hizo que muchos recursos se esfumaran. Y el de los paramilitares que, a fuerza de terror, dominaron por años el lugar. Aguazul fue, en relación con su población, el lugar con mayor criminalidad del país en 2000 y 2001. Fue tanta la influencia de las autodefensas, que su actual alcalde, Leonel Torres, asegura que al inicio de su mandato en 2004, la gente recibía con mayor respeto al jefe paramilitar local que al comandante de la Policía.

Durante las últimas cuatro alcaldías, el municipio ha acumulado proyectos sobredimensionados. Como una planta procesadora de yuca para atender 100 toneladas diarias en una región donde apenas hoy se comienza a cultivar este tubérculo, o una planta lechera que puede recibir 25.000 litros de leche al día y que sólo recibe 800. O como la pista de coleo más grande del mundo, que se utiliza un par de veces al año. A esto se suma que el matadero quedó a medio hacer, por estar en un lugar inapropiado; el palacio municipal se construyó sobre un manantial, por lo que vive inundado, y el patinódromo fue edificado sin las especificaciones requeridas

Los alcaldes han recibido más de 600.000 millones de pesos desde 1995 y los organismos de control investigan varios casos de posible mal manejo de esos recursos. Es tal la desconfianza, que por casi un año el gobierno nacional suspendió el giro de las regalías. Y como si fuera poco, existe la duda de si la actual Alcaldía entregó a los paramilitares parte de los 247.000 millones que han estado a su cargo. Los temores se sustentan en testimonios de hombres de confianza del cabecilla Martín Llanos, quien controlaba esta zona y que fue sacado de la región en 2005 tras perder una cruenta guerra con otro grupo paramilitar.

La declaración que más compromete al Alcalde actual proviene de alias 'Salomón', quien asegura que Torres era "como de la familiay de la nómina paramilitar". Además, Salomón reveló pactos firmados por cinco alcaldes de la zona en los que se comprometieron a entregar hasta el 50 por ciento de los dineros recibidos. En Aguazul los pobladores no se atreven a hacer señalamientos tan contundentes, pero sí destacan que en este período no se han visto las inversiones de otros tiempos. Esta semana la Fiscalía recibirá en indagatoria al Alcalde sobre su supuesta relación con los paras.

Torres reconoció inicialmente a SEMANA que tuvo un acercamiento con este grupo, pero a medida que transcurrió el diálogo, habló de dos más. Según el Alcalde, contactó a los paras durante su campaña, pues estaba amenazado y viajó a Monterrey para pedirle a una persona de estos grupos que le dejaran hacer su trabajo político. Dice que le advirtieron que no hiciera proselitismo en zona de guerrilla y que no le exigieron nada más. Menciona que en otra oportunidad, 'Salomón', a quien conocía con anterioridad, lo buscó, le confesó que era paramilitar y le hizo unas peticiones que no atendió. Después de que fue elegido, un emisario, según él, lo visitó para que firmara un compromiso con los paras, pero dice que se negó a hacerlo.

El Alcalde es enfático en decir que no tuvo relación alguna con el grupo ilegal, y asegura que en su administración no ha habido corrupción. Explica que sus inversiones se concentran más en lo social que en obras de cemento. Presenta como ejemplo que tiene más de 20.000 millones de pesos para proyectos de microcréditos para los 27.000 habitantes del pueblo, para enfrentar el desempleo creciente, pues las petroleras ya no requieren tanto personal. Trata de explicar sus enredos judiciales por no ceder a los intereses de los paras y atribuye a la oposición local, que en dos oportunidades intentó revocarle su mandato, ser la responsable de su mala imagen.

Que el Alcalde sea tan enfático al negar cualquier relación con los paras produce aun más inquietud sobre lo que pasó. ¿Era posible administrar el pueblo más rico en regalías de Colombia, en plena zona paramilitar, sin tener alguna clase de concesión con éstos? ¿Cómo toda la comunidad sufrió esta influencia, como el mismo Alcalde reconoce, sin que tocara su administración?

Con la indagatoria de esta semana comenzará a aclararse lo que realmente sucedió en este municipio petrolero y de febril vida política local: aún sin comenzar en firme las elecciones, ya hay por lo menos 12 aspirantes a la Alcaldía y 200 para llenar los 13 escaños del Concejo. Por ahora queda en evidencia que el desarrollo de las regiones no es sólo un asunto de dinero. Aguazul lo ha tenido a manos llenas, pero aun con sus avances, no ha logrado fortalecer institucionalmente y planificar su futuro con seriedad. Pese a su potencial agrícola, muchos de sus pobladores se acostumbraron a depender de la bonanza vía recursos públicos. Y como no han sabido administrar estos tiempos de abundancia, el futuro podría ser menos venturoso.

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