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| 12/17/2011 12:00:00 AM

Ahora, a 'arremangarse'

Juan Manuel Santos tuvo un buen año. Logró aprobar una agenda legislativa muy ambiciosa, dio de baja a Alfonso Cano, el desempleo llegó a un bajo histórico y abrió nuevas fronteras a nivel internacional. Su reto para el próximo año será menos estrategia y más acción.

No es usual que una luna de miel entre el gobernante y sus gobernados dure más de un año. Pero todo parece indicar que después de 16 meses de gobierno, los colombianos siguen contentos con Juan Manuel Santos. Según la encuesta Colombia Opina, el mandatario cuenta con una aprobación del 64 por ciento. Y hay razones para explicarlo. La economía tuvo un año récord, el Congreso aprobó leyes históricas –como la Ley de Víctimas–, en materia de seguridad dio de baja al número uno de las Farc, y a punta de viajes Santos empezó a cambiarle la reputación a Colombia. Aunque tuvo sus primeros reveses, como la decisión de retirar la reforma a la educación superior, la empantanada de la reforma a la justicia y el karma del invierno, el gobierno sigue en los gozosos.

La prueba de fuego será 2012. Para ese entonces, los anuncios de Santos ya no serán novedad y a su gobierno le exigirán resultados concretos. Si 2011 fue el año de los proyectos, 2012 deberá ser el año de la ejecución. Anuncios como la Ley de Víctimas, la aprobación del TLC con Estados Unidos, la reforma a las regalías y la reforma al Estado fueron recibidos con beneplácito. Ahora las locomotoras –y las nuevas instituciones– deben empezar a trabajar a todo vapor.
 
Revolcón estatal

A Santos no le tembló la mano para reformar el Estado. Cambió a los ministros de Minas, Carlos Rodado, y de Defensa, Rodrigo Rivera, quienes a pesar de cifras récord en el sector minero o grandes operaciones militares, eran considerados los eslabones más débiles del gabinete. El nuevo responsable de liderar el boom de la minería es el economista y exministro Mauricio Cárdenas, quien había estado ausente de la escena nacional en los últimos años. Y el Ministerio de Defensa quedó en manos de uno de los alfiles más cercanos del presidente Santos, Juan Carlos Pinzón, quien antes ocupaba la Secretaría General. También hubo cambios en la la cúpula militar. Relevaron al almirante Édgar Cely y en su lugar pusieron a Alejandro Navas, hasta ese entonces comandante general del Ejército. A pocos meses de haber llegado, Pinzón ha sido bien recibido por la tropa y logró su primer palmarés con el operativo contra alias Alfonso Cano. Con esto, se acallaron las voces inconformes con el manejo de la seguridad en el gobierno de la prosperidad democrática que, paradójicamente, es una de las pocas cosas que han tenido continuidad desde la era Uribe.

Por otro lado, el presidente empleó a fondo las facultades para reestructurar el Estado. Escindió varios ministerios y escogió pesos pesados para ocupar los nuevos cargos. Rafael Pardo –exsenador y exministro– fue designado ministro de Trabajo; Frank Pearl, ex comisionado de Paz, titular del Ministerio de Medio Ambiente, y el exministro Juan Carlos Esguerra, de Justicia. También liquidó el DAS, creó un superministerio para las víctimas y los más pobres, y estableció agencias como la Agencia Nacional de Infraestructura, la Agencia de Defensa Jurídica de la Nación, entre otras. Santos ajustó tuercas y tornillos del engranaje estatal en aras de más eficiencia y ejecución. Mientras algunos ven una abultada nómina burocrática, otros ven una apuesta para fortalecer instituciones.
 
Unidad Nacional: vivita y coleando

Aunque pocos creían que la Unidad Nacional iba a sobrevivir el primer año, la gran sorpresa es que en 2011 se fortaleció. Las fricciones entre los partidos de la Unidad se mantuvieron en sus justas proporciones a punta de diálogo y desayunos en Palacio. Santos supo apartarse del proceso electoral y no tuvo ungidos ni favoritos y ni siquiera se le vio un pequeño guiño, lo que minimizó tensiones en la coalición. Como si fuera poco, la Unidad Nacional recibió a un nuevo miembro, el Partido Verde, quien decidió unirse a ella a partir del 20 de julio. Con la unión de los verdes, la oposición quedó reducida a su mínima expresión.

En los primeros seis meses, Santos utilizó hábilmente la coalición para sacar adelante su ambiciosa agenda legislativa, e iniciativas como el estatuto anticorrupción, la Ley de Ordenamiento Territorial, el proyecto de regalías y la ley de víctimas fueron una realidad. En el segundo semestre, la actividad legislativa cedió a la emoción electoral y el gobierno se encontró con los primeros obstáculos. Por ejemplo, después de meses de buscar un consenso, radicó el proyecto para reformar la educación superior, pero no previó la fuerza del movimiento estudiantil y pocas semanas después, retiró la reforma. La ley Lleras, que buscaba regular los derechos de autor, se hundió, y la reforma a la justicia –la ley bandera del gobierno en 2011– pasó raspando su primera ronda de debates y tuvo más de un crítico. Hay quienes predicen que en 2012 será aún más difícil aprobarla. Aunque el Congreso todavía le camina al gobierno, no es un secreto que la locomotora legislativa perdió vapor a lo largo del año. Y el próximo será aún más difícil.
 
Millas presidenciales

Santos empezó y terminó 2011 montado en un avión. El primero de enero estaba en Brasil en la posesión de Dilma Rousseff y el 19 de diciembre visitó por primera vez a su homólogo Rafael Correa, en Ecuador. Santos es un convencido de que Colombia se puede convertir en un actor de peso a nivel regional, de que tiene que hacer todo lo que esté a su alcance para lograr la membrecía de la OECD y también cree necesario abrir nuevos destinos comerciales para los productos colombianos. Por esto, a pesar de las críticas que desaprueban la ‘viajadera’, Santos salió casi todos los meses. Cruzó varias veces el Atlántico, pisó por primera vez el Oriente y abrió la primera embajada de Colombia en Turquía. También continuó su cruzada para llegar a las grandes ligas de América Latina, con visitas a Chile, Argentina, México y Venezuela, donde su reconciliación con Hugo Chávez se afianzó. Uno de los éxitos en materia internacional de 2011 es, sin duda, la aprobación del TLC con Estados Unidos. Este diciembre no será necesario que dé la vuelta a la casa con la maleta porque el evento estelar de 2012 es en casa. Desde ya se está preparando todo para que la Cumbre de las Américas, en Cartagena en abril, sea un éxito.
 
Karma, el invierno

Según el propio Santos, “la maldita Niña” ha sido el karma de su gobierno. Y en realidad, los efectos de la temporada invernal que empezó a finales de 2010 se vivieron a lo largo de todo el año. Nunca paró de llover, lo que no permitió que el gobierno iniciara las obras de reconstrucción. Y lo que es peor, está lloviendo sobre mojado, pues los terrenos inundados nunca se secaron. El año termina con miles de colombianos sin casa, pasando las festividades en albergues. Colombia también termina el año totalmente incomunicada. Las vías de departamentos tan importantes como Santander, Norte de Santander, Cundinamarca y el Eje Cafetero –en especial La Línea– dan grima. Mientras algunos critican al gobierno por no haber hecho nada, Santos responde que el gobierno ha hecho todo lo posible. Y si bien Colombia Humanitaria se demoró en cogerle el tiro a la gestión invernal, el gobierno ha estado comprometido con los más afectados. Por lo pronto, el invierno seguirá siendo el lunar en el gobierno de Santos y ni siquiera él sabe cuándo cesará la lluvia.
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