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| 6/11/2011 12:00:00 AM

Y ahora qué

Con la renuncia de Mockus, el Partido Verde pierde a su símbolo más importante. ¿Qué tanto afectará el futuro del partido y la candidatura de Peñalosa?

La renuncia de Antanas Mockus al Partido Verde estaba cantada. Desde que comenzaron a salir los primeros rumores sobre el posible apoyo del expresidente Álvaro Uribe y sus coqueteos públicos y recíprocos con el candidato a la Alcaldía Enrique Peñalosa, había quedado marcada la suerte. La relación idílica entre los exalcaldes, forjada en la campaña presidencial del año pasado, se acercaba al final y le abría paso al desencanto mutuo.

El final tuvo características semejantes a las de otros momentos por los que atravesó la relación, incluido el clímax de la ola verde. Las redes sociales se agitaron el jueves en la noche, cuando se supo la noticia del retiro de Mockus, con cruces de mensajes llenos de emotividad que calificaban el hecho político. Y hubo de todo: exaltaciones a Mockus por su coherencia con los principios y críticas por no dar la pelea dentro del partido. A Peñalosa le reconocían que merecía el apoyo de Mockus después de haber sido tan leal en la presidencial, pero le cayeron con la reiteración de que es un mal político y que con esta tempestad ponía en juego el liderazgo en las encuestas.

El punto de discordia no era menor: las alianzas electorales, y en particular con La U y con el expresidente Uribe. Ya en 2010, cuando Mockus pasó a la segunda vuelta, se había abierto una herida por una pelea parecida. Los mockusistas querían recibir el apoyo de Gustavo Petro y del Polo Democrático, pero los peñalosistas se opusieron porque lo consideraban incompatible desde el punto de vista ideológico y porque no querían dar una señal de que absolvían al Polo por su responsabilidad en la gestión de Samuel Moreno en la Alcaldía de Bogotá. Desde entonces estaba claro que había dos tendencias -peñalosistas y mockusistas- con profundas diferencias personales, ideológicas y de estilo.

Los conflictos entre las dos alas se fueron agudizando en los últimos meses. Las elecciones locales, a diferencia de las nacionales, son la feria de las alianzas. Es muy raro encontrar un candidato de un solo partido para alguna Gobernación o para alguna Alcaldía. Y los pactos pueden llegar a tener connotaciones de todo tipo. El propio Partido Verde irá del brazo de los liberales en las cruciales elecciones para la Alcaldía de Medellín y para la Gobernación de Antioquia, y hará pactos con otras fuerzas en otros lugares.

Pero una cosa es el planteamiento general sobre cómo sumar apoyos para ganar unas elecciones y otra, muy distinta, la discusión sobre las implicaciones que tendría el apoyo de Uribe a Peñalosa. Y mientras las reuniones entre la cúpula verde se concentraban en lo primero, los exalcaldes se enfrentaron en público sobre lo segundo.

Así fue creciendo el sapo que, según Mockus, al final no pudo tragarse, porque se produjo el choque entre dos visiones envalentonadas e incompatibles. Para Mockus, la ola verde del año pasado tuvo origen en una crítica al 'todo vale' que se había desbocado en los últimos dos años del gobierno Uribe, en especial por su empeño en sacar adelante la segunda reelección. Aceptar ahora a Uribe sería, para Mockus, darle "la absolución electoral". Más aún cuando la agenda noticiosa de las últimas semanas ha estado colmada de escándalos, revelaciones y procesos judiciales que afectan a funcionarios del gobierno Uribe. De paso, no quería unirse a La U porque en el Concejo de Bogotá ha formado parte de la coalición de gobierno de Samuel Moreno.

En palabras de Mockus, "me daba miedo hacer una alianza con un partido atrapatodo, pues el Partido Verde puede terminar en eso por el afán de ganar. Creo que el partido tiene que cuidarse de las alianzas".

Peñalosa lo veía de otra manera: como una alianza más que no se limitaría al uribismo, sino que adoptaría una suerte de unidad multipartidista como la que ha acompañado a Juan Manuel Santos en el gobierno. El exalcalde ha sido todo menos un pragmático a lo largo de su carrera. Ha perdido elecciones por preferir candidaturas independientes en vez de recibir avales de los partidos tradicionales. Pero ahora tiene un discurso más práctico -"todo suma", dijo el jueves- por dos razones: porque no quiere volver a perder por cuenta de una inflexibilidad principista y porque siempre ha tenido una relación cercana -política y afectiva- con Uribe.

Así se fueron cargando de tigre los dos bandos. Las relaciones entre los asesores se polarizaron y, al final, se volvió imposible evitar la salida del 'profe', quien se despidió cabizbajo y visiblemente afectado el jueves en la noche. En sus propias palabras, "puse a Enrique a escoger, y escogió a Uribe y al uribismo".

Como en toda relación que se interrumpe, siempre quedará la duda sobre si la separación era inevitable. Algunos consideran que los verdes se ahogaron en un vaso de agua y que habrían podido sobrevivir con un manejo más acertado de sus diferencias internas. A eso le habían apostado Luis Eduardo Garzón, vocero del partido, y Sergio Fajardo, el otro peso pesado de la cúpula y candidato a la Gobernación de Antioquia.

El dilema ente principios y pragmatismo es un falso dilema en la política, que por definición es el arte de buscar el poder para gobernar con una ideas. Defender principios no tiene por qué ser lo mismo que caer en un fundamentalismo sin opción electoral, ni el ánimo de ganar apoyos electorales tiene que caer en politiquería. "Se puede hacer política sin renunciar a los principios", dice Alfonso Prada, representante a la Cámara del ala peñalosista.

Pero los verdes, al fin y al cabo, se conformaron en partido político hace apenas un año, por la convergencia de intereses electorales de Mockus, Peñalosa, Garzón y Fajardo, y por un denominador común de sensibilidad por la renovación política y la independencia frente a las fuerzas tradicionales. Hoy queda claro que se necesitaba mucho más que eso para consolidar un verdadero proyecto de largo alcance.

Francisco Gutiérrez, un académico especializado en el tema, considera que el primer error fue crear el partido a partir de cuatro liderazgos individuales. "Fue muy positivo que hicieran campaña juntos, pero mala idea crear un partido. Eso fue una ola, no un partido". También afirma que el Partido Verde no cuenta con una lógica organizativa que le permita asegurar su permanencia a largo plazo. "Un partido no se crea al calor de una campaña. Un partido significa sacrificios, consensos y experiencias unificadas", dice.

Ahora aparecen grandes interrogantes sobre las consecuencias de lo ocurrido. ¿Qué le augura el futuro al Partido Verde? ¿Cuál es el próximo paso para Mockus? ¿Qué significa su partida para la campaña de Enrique Peñalosa?

Lo primero que queda claro es que la famosa pirinola de las primeras campañas hoy está marcando un 'todos pierden'. Si hace un año se aceptó la tesis de que la suma aritmética de los cuatro era, en realidad, una multiplicación, ahora hay que decir que la división es una resta considerable. Pierde el partido, porque se fue el símbolo de la bandera contra el "todo vale", que ilusionó a votantes jóvenes y que logró tres millones y medio de votos en la elección presidencial. Pierde Peñalosa, por la disminución de los votantes mockusistas. Y Pierde Mockus, porque se quedó sin plataforma para promover sus ideas.

Angélica Lozano, exalcaldesa de Chapinero, dice que "el partido queda herido porque Mockus representaba su espíritu", y Paola Zuluaga, investigadora del Iepri, agrega que "se murió la ola, porque estaba ligada a los principios de 'no todo vale'". Sergio Fajardo admite que "es una lástima perder a una persona que le enseñó al país otra forma de hacer política".

Pero que todos salgan perjudicados no significa que no haya futuro para la candidatura de Peñalosa, para el Partido Verde y para el propio Mockus. Definido el conflicto dentro de su partido, su candidato a la Alcaldía seguramente consolidará la adhesión de La U y no sería raro que también se le sume el Partido Conservador. El discurso se centrará en la necesidad de unir conocimientos y fuerzas para sacar a la ciudad del hueco negro en que se encuentra. Aunque esos apoyos políticos 'uribizarán' la campaña, con un costo en el electorado de opinión, Peñalosa intentará volver a encarrilar su aspiración con posibilidades de llegarles a los estratos medios, que son los que más votan. De alguna manera, esto significa dejar de lado las aspiraciones de la ola verde para mejorar la política con un proyecto nacional, pero concentrarse en lo que ha sido su gran obsesión: gobernar a Bogotá. Será una campaña menos emotiva, sin tanta presencia en Twitter y con menos juventud, pero con posibilidades de consolidar la delantera que hasta ahora le conceden todas las encuestas.

El Partido Verde también seguirá su lucha. En el campo electoral, tiene posibilidades en elecciones cruciales como las de Antioquia, donde Fajardo podría ser elegido con una de las votaciones más altas del país. En el Congreso seguirán actuando John Sudarsky y Ángela María Robledo, alfiles del mockusismo, con una voz minoritaria de disenso dentro del partido. En la campaña tendrían que someterse a las resoluciones de la Dirección Nacional, y la convivencia no va a ser fácil.

Y la otra gran incógnita es el futuro de Mockus. Él no es ajeno a la tarima pública y muchos no descartan que se presente como candidato a la Alcaldía de Bogotá. En sus declaraciones del jueves dijo que se sentía, a la vez, "con mucho dolor y con los pies ligeros". En la última encuesta de Ipsos-Napoleón Franco, Mockus cuenta con 11 por ciento de la intención de voto y es segundo después de Peñalosa. Falta ver cómo recibieron sus seguidores la noticia de su retiro. "El apego a sus principios es al mismo tiempo su mayor ventaja y desventaja", afirma la académica del Iepri Paola Zuluaga, y al mismo tiempo explica que "uno sabe que él antepone su moral a cualquier decisión y no se vende, pero también es difícil porque no se puede contar con él". Otro punto que se tendría que solucionar, si opta por una candidatura, es la forma de conseguir un aval. Lo más probable es que Mockus tendría que recoger firmas para presentarse como candidato independiente, y ya puede ser muy tarde para organizar la logística que eso requiere.

Mockus también podría apoyar a otro candidato. El día de su lanzamiento, Gustavo Petro lo invitó a unirse a su causa y es bien sabido que entre Petro y Mockus hay más acuerdos que desacuerdos. Tampoco se puede descartar que apoye a Gina Parody, quien alaba su cultura ciudadana en sus discursos. Apenas se conoció la renuncia de Mockus, Parody trinó "Hoy Mockus demostró que es consecuente con sus principios".

Por lo pronto, lo único cierto es que el Partido Verde perdió a una de sus figuras más representativas. Los verdes sufrieron el primer cisma de su corta historia. Falta ver cómo se recuperan para ver si logran construir un proyecto político a largo plazo o si, como dijo Antanas Mockus en un documental sobre las elecciones presidenciales, no son más que "una orquídea que le nació a un árbol que iba para otro lado. Una parásita".
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