Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1999/11/22 00:00

Y AHORA QUE

La movilización de millones de colombianos que exigen el cese al fuego es una señal que <BR>los actores del conflicto armado no pueden ignorar. Análisis de SEMANA.

Y AHORA QUE

Es legendaria la respuesta de Stalin cuando le sugirieron que buscara mejorar sus
relaciones con el Vaticano acercándose al Papa. "¡El Papa!, exclamó. ¿Cuántas divisiones tiene el
Papa?". Es tal la indiferencia de las Farc y de los paramilitares respecto a la sociedad civil que no
falta quien afirme que opinan lo mismo que Stalin sobre el Papa: en la medida en que los ciudadanos
no se organizan en batallones militares su voz no ha sido escuchada por los actores del conflicto.
Pero eso ha empezado a cambiar.
La primera gran marcha nacional es una poderosa evidencia de lo anterior. Sin embargo, en medio del
furor, algunos se preguntan si una movilización semejante servirá para algo. Los escépticos observan a
quienes salen a marchar con algo de condescendencia y dicen que si los 12 millones de votos del
mandato ciudadano por la paz "no sirvieron para nada" una marcha dominical de millones de personas
no tendría por qué ir más lejos.
Pero la historia de la segunda mitad del siglo está llena de ejemplos de movilizaciones que fueron
despreciadas por los escépticos. Las marchas de mayo de 1968 en París no cambiaron el sistema
pero sus efectos transformaron a la juventud de todo el mundo. Los primeros impulsos ciudadanos en
contra del muro de Berlín no fueron tan importantes en su caída como la crisis económica del bloque
oriental, pero sin la gente habría hoy un muro en el centro de Berlín. Los estudiantes que detuvieron
los tanques en la Plaza de Tiananmen terminaron en la cárcel o en el exilio, pero la élite política china
ha pagado en los escenarios internacionales la ausencia de apertura política y ha intentado
demostrar que se mueve hacia ese propósito. El presidente brasileño Fernando Collor de Mello cayó
bajo la protesta popular, la misma que enfrentó a los tanques en Praga o al general Rojas o a
Pinochet.
Pero el ejemplo que inspiró a quienes iniciaron las marchas en Colombia fue más el de los
españoles contra ETA que cualquier otro. Una serie de movilizaciones entre 1993 y 1997, que
culminaron en una gran marcha de protesta el 13 de julio de ese año a la que acudieron cerca de 12
millones de personas en todo el país, lograron cercar políticamente al movimiento terrorista vasco
y forzar el cese al fuego.
Subestimar el poder de millones de ciudadanos que salen a la calle es fácil pero puede convertirse en
un grave error de cálculo.
De hecho, no es gratuito el que las Farc hayan buscado iniciar las negociaciones con el gobierno
el mismo día de la primera Gran Marcha Nacional. Se trata de la primera vez en muchos años que las
Farc reconocen la existencia de la sociedad civil y buscan hacerle el quite al arrinconamiento de la
opinión pública. No es verdad que las Farc hayan intentado 'apropiarse' de las marchas: sólo quieren
evitar que el dedo de 15 millones de colombianos sólo señale a la guerrilla.
Un ex comandante del M-19 dijo a SEMANA que las Farc "sólo hacen concesiones que les son
arrebatadas en el campo de lo militar. Hasta la semana pasada no reconocían la existencia de los
medios, ni de la opinión pública, ni de la comunidad internacional. Iniciar el diálogo el mismo día de la
marcha nacional implica un cambio cualitativo en la manera como están percibiendo los procesos
sociales".
La marcha se constituye en un hecho político que, a juicio del investigador Alvaro Camacho, del
Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, "pondrá a
prueba el grado de permeabilidad de las maquinarias de guerra frente a la opinión. Hasta ahora han
sido bastante impermeables".
Hacer la paz en paz
Sin embargo es válida la pregunta que hoy se hacen tanto quienes participaron en la marcha
como aquellos que no lo hicieron: ¿Y ahora qué? La verdad es que lo que está sucediendo en
Colombia es distinto a lo que surgió hace 17 años, cuando miles de ciudadanos pintaban palomas de
paz en las calles y se vestían de blanco para marchar en la Plaza de Bolívar bajo el entusiasmo de
la administración Betancur. Hoy el movimiento social que une a todas las ciudades de Colombia es una
fuerza de enormes proporciones que ha sobrepasado toda expectativa y que carece de dueño. Pero
se ha manifestado, hasta ahora, más como una voz de protesta general, que aglutina a todo el
mundo, que como una iniciativa concreta. El mandato ciudadano por la paz dejó a los organizadores
de las marchas una lección: éstas, y aun los plebiscitos, son sólo gestos simbólicos si no están
acompañados de propósitos concretos y realistas. Por ese motivo la serie de marchas que se llevaron
a cabo este año en las principales ciudades de Colombia tenían, a diferencia del mandato,
objetivos concretos: la negociación, el cese al fuego y la exclusión de los civiles del conflicto
armado. "Nosotros no vamos a parar hasta que se dé el cese al fuego", dijo Francisco Santos
Calderón, editor de El Tiempo y uno de los organizadores de las marchas. Y agrega: "Marulanda dijo
en su discurso que prefiere hacer la paz en paz y no la paz en guerra. Vamos a cogerle la caña.
La idea es desbaratar el cuento de la negociación en medio de la guerra con participación ciudadana".
No obstante el cese al fuego está lleno de complejidades. La última vez que existió un cese al fuego
con las Farc fue al amparo de los acuerdos de Uribe, durante la administración Betancur. Se trató, en
esa ocasión, de un cese bilateral del fuego. Pero la ausencia de voluntad política de las partes, la falta
de consenso sobre la búsqueda de una solución política al conflicto armado y la dificultad de verificar
y evitar las violaciones de la tregua dieron al traste con ese proceso.
"Quizás a lo que se podría aspirar, dice el ex ministro y ex consejero de Paz, Rafael Pardo Rueda, es
a que se den ceses del fuego específicos que sirvan para avanzar hacia el cese general del fuego.
Jacobo Arenas solía decretar ceses del fuego. Se trata de actos que generan nuevas situaciones
políticas. Al ser de carácter unilateral, además, no requieren verificación".
No es la última marcha: es la primera
Pero en la búsqueda de propósitos y objetivos concretos de la marcha, y bajo el fuego de los
escépticos y los apáticos, es también fácil perder de vista la importancia de la participación
ciudadana en sí misma. "Si el problema en Colombia es la impotencia ciudadana, dice Luis Carlos
Restrepo, ex director del Mandato por la Paz, entonces la solución es la potencia ciudadana.
Nuestra paz debe llamarse fuerza ciudadana, desarmada, pero fuerza". Todos los involucrados en
el proceso de la movilización ciudadana saben que los pasos a seguir son tan importantes como el
que representó la marcha del domingo. "Nosotros _dice Frank Pearl, un empresario que terminó al
frente de lacoordinación del movimiento ciudadano_ trabajamos desde ya en tres frentes. El primero es
cómo afianzar la conciencia y la participación ciudadana. El segundo es cómo estimular el pro
tagonismo de los líderes sociales que participaron en las marchas y de quienes quieren ser parte del
movimiento. Y el tercero es diseñar propuestas concretas para aportar contenidos a la mesa de
negociación". Aunque los intereses, las agendas y las personas no son las mismas, las
organizaciones que han participado en este proceso saben que el secreto está en fortalecer la
organización ciudadana y en seguir presionando a los actores del conflicto armado. "Esta marcha es
parte de un proceso que apenas comienza, dice Ana Teresa Bernal, directora de Redepaz. Hay que
seguir organizando a la gente en las regiones para que reaccione contra la violencia. El gran tema es
acabar la guerra y que la sociedad civil sea respetada mientras se acaba la guerra".

La paz en medio de la guerra
Por lo pronto, y si bien no ha sido como consecuencia directa de las marchas, uno de los puntos de
la agenda de las movilizaciones ciudadanas se ha cumplido: las negociaciones se han iniciado. La
experiencia de los últimos meses hace evidente que el proceso de diálogo será largo y tortuoso y que
la negociación bajo las balas pondrá a prueba la paciencia de la opinión nacional e internacional en
innumerables oportunidades. Los expertos consideran que de los 12 puntos de la agenda que
empezaron a negociar esta semana en Uribe, las Farc y el gobierno, los dos primeros _solución
política negociada y protección de los derechos humanos como responsabilidad del Estado_ serán
los más difíciles. En ellos se encuentran los puntos más importantes en el corto plazo para la guerrilla,
como el canje y el tema de los paramilitares. A estos se agregan temas como el del indulto, la
amnistía y el cese al fuego. La ofensiva militar de los últimos meses, en la que la guerrilla ha
perdido, según cifras oficiales, cerca de 500 combatientes, ha permitido al Estado recuperar una parte
de su presencia en la mesa de negociación. El hecho de que el gobierno haya cedido en su pretensión
de hacer valer los acuerdos sobre verificación, firmados por el propio 'Tirofijo', permitió desbloquear un
proceso que parecía condenado a un temprano fracaso. El proceso se ha destrabado aun con el
ELN. Después de ocho años por primera vez el ELN nombró una delegación oficial directamente del
Comando Central (Coce), en cabeza de los comandantes Pablo Beltrán y Ramiro Vargas, quienes,
como pocas veces en el pasado, contaban con respaldo integral por parte de la totalidad de la
organización. Los dos comandantes se reunieron la semana pasada con el delegado presidencial
Juan Gabriel Uribe y el ex canciller y embajador Julio Londoño en La Habana. Cuánto han
contribuido la participación y el hastío de la sociedad colombiana a que guerrilla y gobierno inicien
las negociaciones y lo hagan con algún grado de seriedad nadie lo sabe. Pero lo cierto es que esta
presión, sumada a la de la comunidad internacional, que será cada vez más fuerte luego de las
marchas en ciudades de Estados Unidos, Europa y América Latina y de la atención que han recibido
de los medios internacionales, harán que levantarse de la mesa tenga un altísimo costo para quien
tome una decisión en ese sentido. Es cierto que las marchas no pondrán fin al conflicto armado.
Quizás ni siquiera terminen la abominable práctica del secuestro o de las masacres en el corto plazo.
Pero no es menos cierto que si alguna vez hay paz en Colombia ésta se deberá en buena medida a la
participación de quienes decidieron salir a la calle a decir ¡No Más! hasta el cansancio
¿Qué está en juego?
1. Solución política negociada Gobierno: "La negociación política debe ser la estrategia que conduzca
a la obtención de la paz". Farc: "La solución al grave problema que vive el país debe ser política".
Escollos: las concepciones sobre verificación, mediación, canje, cese al fuego, indultos y perdón son
opuestas. La negociación bajo el fuego enrarece el clima de opinión.
2. Derechos humanos como responsabilidad del Estado Gobierno: "Debe finalizar el secuestro,
principal y más lesivo atentado contra la dignidad de la persona". Farc: "El Estado debe garantizar el
derecho a la vida de sus pobladores". Escollos: para el gobierno el eje del tema es el secuestro;
para la guerrilla el tema paramilitar.
3. Política agraria integral Gobierno: "Distribución de la tierra, con el fin de lograr, entre otras, la
sustitución de cultivos ilícitos". Farc: "Democratización del crédito, asistencia técnica y
mercadeo. Proteccionismo estatal". Escollos: en lo abstracto están de acuerdo pero la concreción no
es fácil. Está, además, la reacción de los narcos, propietarios de entre tres y cinco millones de
hectáreas.
4. Explotación y conservación de los recursos naturales Gobierno: "Preservar el medio ambiente
como fuente de riqueza sobre la base del desarrollo racional y sostenible. Política petrolera moderna".
Farc: "Renegociación de los contratos con compañías multinacionales que sean lesivos para
Colombia". Escollo: lograr un equilibrio entre una política que pretende estimular la inversión
extranjera para garantizar la autosuficiencia y una que pretende nacionalizar.
5. Estructura económica y social Gobierno: "Amplia reforma económica y social que sirva de base
para la construcción del país". Farc: "Revisión del modelo de desarrollo económico. Políticas
de redistribución del ingreso". Escollo: cómo acordar unas reglas de juego democráticas para que sea
en las urnas donde se decida el modelo económico a poner en práctica.
6. Justicia, corrupción y narcotráfico Gobierno: "Mejorar y fortalecer la rama jurisdiccional para
garantizar la credibilidad en la justicia colombiana". Farc: "La Corte Suprema y la Corte Constitucional
serán elegidas por voto directo de todos los jueces y magistrados". Escollos: la abstracción del tema.
El divorcio que implica entre guerrilla y cultivos.
7. Reforma política Gobierno: "Reforma política y del Estado para profundizar la democracia". Farc:
"El Parlamento será unicameral. La oposición y las minorías tendrán plenos derechos políticos y
sociales". Escollo: de nuevo las posiciones son similares en el papel. Los obstáculos aparecerán al
concretarse el tema. Es el Congreso el que aprueba una reforma política.
8. R eformas al Estado Gobierno: "Reforma administrativa del Estado que permita tener una
estructura adecuada, no burocratizada". Farc: "Descentralización y fortalecimiento del poder local.
Acceso del pueblo a los grandes medios de comunicación". Escollos: la concepción de Estado es
opuesta: el gobierno quiere disminuir su tamaño; las Farc, ampliarlo.
9. Acuerdo sobre DIH Gobierno: "La guerrilla tiene que acogerse a las normas internacionales y aplicar
el DIH". Farc: "El Estado no debe violar los derechos humanos de los pobladores". Escollos:
reconocimiento del Estado de beligerancia para las Farc. Ley de canje.
10. Fuerzas Militares Gobierno: "El monopolio legítimo de la fuerza debe ser exclusividad del
Estado". Farc: "La doctrina militar y la defensa Nacional del Estado serán bolivarianas".
Escollos: reacción de las Fuerzas Armadas cuando se decida su suerte sin su presencia.
11. Relaciones internacionales Gobierno: "La participación de la comunidad internacional es
fundamental para el desarrollo del país". Farc: "Relaciones con todos los países del mundo bajo el
principio de la libre autodeterminación". Escollos: histórica relación de amistad con Estados Unidos
y la alianza entre los dos países para luchar contra el narcotráfico es vista por la guerrilla como
intervencionismo.
12. Formalización de los acuerdos Gobierno: "Participación de la totalidad del pueblo colombiano
en la ratificación de los acuerdos". Farc: "Participación del pueblo colombiano para ratificar los
acuerdos". Escollos: fácil ponerse de acuerdo en el punto. El riesgo es que el pueblo no ratifique los
acuerdos.
Quiénes se sientan a la mesa
Una negociación de paz no puede hacerse de espaldas a la mayoría de la población. Llegar a
acuerdos sobre los cuales la gente del común no tiene la más remota idea puede constituirse en un
serio problema para el desarrollo de los mismos. En Guatemala, por ejemplo, el gobierno y la guerrilla
firmaron el Acuerdo de Oslo para poner fin a más de tres décadas de enfrentamiento en ese país
centroamericano. Luego se realizó una votación entre los guatemaltecos para que respaldaran con
su voto los resultados de la negociación. El escrutinio final no fue el más favorable. Por eso
investigadores como Eduardo Pizarro advierten del peligro que representa para Colombia la idea de
que la transformación nacional "se va a efectuar en unas mesas de negociación entre élites, las
propuestas van a carecer de toda legitimidad". En el actual proceso de negociación el gobierno y las
Farc establecieron, por razones metodológicas, que la participación popular en los diálogos se hará
a través del denominado Comité Temático, el cual comenzará a funcionar también esta semana. El
comité está integrado por 20 personas, 10 representantes gubernamentales y 10 de la guerrilla, cada
uno con su respectivo coordinador. Su función será "organizar las audiencias públicas para que los
colombianos presenten sus propuestas sobre los 12 grandes temas que comprenden la agenda
común. Además tendrán que evaluar las diferentes propuestas que reciban y consolidar dicha
información para remitirla a la mesa nacional". El gobierno propiciará el envío gratuito de propuestas
individuales o colectivas a través del correo nacional. Los integrantes de la Comisión Temática, en
representación del gobierno, son Néstor Humberto Martínez, ministro del Interior; Andrés
González, gobernador de Cundinamarca; Juan Gómez Martínez, alcalde de Medellín; Guillermo
Salah Zuleta, rector de la Universidad del Rosario; Hernando José Gómez, presidente de Camacol;
Ana Teresa Bernal, coordinadora de Redepaz; Fernando Hinestrosa Forero, rector de la Universidad
Externado; Armando Pomárico, presidente de la Cámara de Representantes; Miguel Pinedo Vidal,
presidente del Senado, y Mauricio Cárdenas, director de Planeación Nacional. Por parte de las Farc
asistirán Iván Ríos, miembro del estado mayor de las Farc; Marcos Calarcá, vocero internacional; Jairo
Martínez, comandante del Bloque Sur; Simón Trinidad, comandante del Bloque Caribe, y Pedro
Aldana, Alberto Martínez y Felipe Rincón.

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