Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1999/01/18 00:00

AHORA SI A CONVERSAR

Este domingo fue desalojado el Batallón Cazadores de San Vicente del Caguán. Gobierno y guerrilla se alistan para negociar a partir del 7 de enero próximo.

AHORA SI A CONVERSAR

El pasado lunes Rodrigo Lloreda llegó muy puntual a la Casa de Nariño para una cita con el Presidente de la República. Andrés Pastrana y su Ministro de Defensa sabían que ese día por la tarde le iban a poner fin al impasse que impedía sentarse a negociar con las Farc: los soldados que aún permanecían en el Batallón Cazadores de San Vicente del Caguán.
La reunión no se prolongó demasiado. Pastrana y Lloreda concluyeron que la única manera de desempantanar el hasta ahora inexistente acercamiento con 'Tirofijo' y sus hombres era ordenar el retiro de los soldados que se encontraban en las instalaciones militares de San Vicente. Pocos minutos después el Ministro de Defensa se dirigió a su despacho y le comunicó a la cúpula militar que era inevitable el desalojo del batallón. Los generales no se opusieron pues, desde cuando el nuevo Presidente anunció que iban a despejar cinco municipios para dialogar con las Farc, manifestaron su intención de apoyar cualquier esfuerzo para terminar el conflicto bélico. De inmediato el coronel Germán Giraldo, comandante del Cazadores, recibió la orden de hacer un inventario de los elementos que iban a quedar en el lugar, es decir, dos casinos de oficiales y suboficiales, 38 casas fiscales, maquinaria y papelería. "Sentimos mucho guayabo, mucho pesar por tener que irnos de este lugar, pero acatamos las órdenes", les dijo el oficial a los periodistas que registraron el movimiento de sillas y escritorios.
La decisión gubernamental tuvo muy pronto un efecto concreto. El alto comisionado para la Paz, Víctor G. Ricardo, le comunicó la decisión al secretariado de las Farc y, acto seguido, las dos partes acordaron de manera oficial sentarse a dialogar el próximo 7 de enero. Iniciar las conversaciones produjo un efecto tranquilizante en la opinión pública, que recibió con beneplácito la reunión entre Pastrana y 'Tirofijo', lo que hizo olvidar de tajo que el Ejecutivo cedió en la última pretensión de los alzados en armas como era el retiro de los siete oficiales, 23 suboficiales y 91 soldados.
El Batallón Cazadores se convirtió en la piedra en el zapato del proceso de paz aun mucho antes de que Andrés Pastrana asumiera la Presidencia de la República. Entre julio y la primera semana de agosto el Presidente electo se reunió con la cúpula militar y desde entonces el estamento castrense dejó en claro que si bien no se oponía al desalojo de las bases militares situadas en La Macarena, Uribe, Vistahermosa y Mesetas, el caso del Cazadores no estaba en discusión, pues se trataba de una unidad operativa mayor en la que había depósitos de material bélico, casas fiscales y dependencias administrativas. Por otro lado, sin embargo, los asesores del gobierno se habían comprometido a que el despeje sería total.
Cuando Pastrana anunció que el 7 de noviembre pasado empezaba el despeje no salió a relucir el tema del batallón porque, de un lado, gobierno y militares creían que los soldados se iban a quedar en San Vicente del Caguán, pero, por otro lado, las Farc asumían que el despeje de los cinco municipios incluía hasta el último militar que se encontraba en esa zona. Esta confusión entre los negociadores fue lo que dio inicio a los tropiezos que ha tenido el proceso, pues finalmente los militares se quedaron.
Cuando las Farc hicieron el reclamo Pastrana argumentó que en el batallón sólo se encontraban soldados bachilleres que no sobrepasaban los 21 años y que, además, estaban completamente desarmados. Posteriormente, para esclarecer el tema, el comisionado mencionó que la orden de dejar a los militares en el batallón había sido una decisión unilateral y que éste estaba condicionado a una respuesta de paz por parte de las Farc como la entrega de los secuestrados.

Bomba de tiempo
Paradójicamente, el tema del Batallón Cazadores le sirvió al gobierno para mantener su imagen, pues desde agosto los críticos no hicieron más que decir que Pastrana le estaba cediendo todo a la guerrilla a cambio de nada. Además, en reiteradas ocasiones, el Ministro de Defensa interpretó el sentir de los militares y no dudó en decir públicamente que los soldados no se iban del batallón y hasta llegó a criticar al comisionado para la Paz por su falta de claridad sobre el tema.
El fracaso del proceso por cuenta del Cazadores y el difícil manejo de esa situación con el Ministro y los militares convirtieron todo ese asunto en una bomba de tiempo. Aun cuando las Fuerzas Militares habían manifestado su apoyo irrestricto al proceso, lograr su aprobación para el desalojo de soldados de esa base era un asunto de alta cirugía. Así, durante las últimas tres semanas, Víctor G. Ricardo inició una serie de acercamientos personales con cada uno de los miembros de la línea de mando castrense para convencerlos de que el despeje del Cazadores era una necesidad. Una de esas charlas se produjo en el restaurante Oma de la calle 119 con 19, entre Ricardo y el general Fernando Tapias, comandante de las Fuerzas Militares. Aunque los generales no se oponían, en cada conversación le dejaban claro al alto comisionado para la Paz que ese batallón era lo último que quedaba para entregarlo todo y que en su opinión hasta ese momento, tanto a las Farc como a los voceros del Ejecutivo, les había faltado poner los puntos sobre las íes.
No obstante Ricardo logró que los militares cedieran porque Pastrana y sus asesores tenían la preocupación de que en algún momento Rodrigo Lloreda podría renunciar al cargo al estar en medio de la discusión. Por eso fue tan importante la reunión del lunes pasado entre Pastrana y su Ministro de Defensa. Ya para ese entonces habían fructificado los innumerables contactos individuales sostenidos por Pastrana y Ricardo con los generales y el Ministro de Defensa. La reunión de 'Tirofijo' con algunos congresistas que lo visitaron el fin de semana pasado, en la que el comandante de las Farc sostuvo que si los militares salían del Cazadores se iniciaban de inmediato las conversaciones, fue muy importante. En ese momento al gobierno le quedó claro que la presencia de unos soldados desarmados que cuidaban una base desocupada en la profundidad de la selva, no podía quitarle más tiempo a los 90 días previstos para el despeje.
Así, antes de finalizar el año, ya no habrá un solo soldado en el batallón de la discordia. Allí quedarán instalados los cuarteles de medio centenar de funcionarios del gobierno que buscarán iniciar un proceso serio con la insurgencia.
El error
Las opiniones con respecto a la paz se han dividido en los últimos meses entre moderadamente optimistas y moderadamente pesimistas. Con la decisión de retirar al personal militar del Batallón Cazadores, las primeras volvieron a tomar ventaja después de casi dos meses de incertidumbre con respecto al futuro del proceso. Como sucedió con su primera reunión con 'Tirofijo', la audacia de Pastrana al tomar una decisión que podía molestar a las Fuerzas Militares, _pese al apoyo irrestricto que éstas le han ofrecido desde los primeros diálogos_ volvió a subir las acciones del proceso.
La medida, por supuesto, no dejó contento a todo el mundo. Hay quienes piensan que con el retiro de los militares el gobierno comete un gran error. Son los que piensan que el gobierno ha cedido a todas las pretensiones de la guerrilla sin exigir nada a cambio. El error, sin embargo, no fue sacar a los soldados después de dos meses de desgaste sino no sacarlos al principio. Las implicaciones de la presencia militar en el batallón eran tan grandes que lo menos que se podía pedir, en aras de la continuidad del proceso, era dejar de lado lo simbólico. Después de permitir la presencia de 2.000 hombres armados en la zona _como en efecto sucedió con el despeje_ insistir en dejar 100 militares desarmados en el batallón no tenía en realidad mucho sentido.
Aunque al Presidente le tocó sufrir una 'miniderrota' en el tema de los soldados, hay que abonarles a los insurgentes el hecho de haber acordado inmediatamente la fecha para la apertura de los diálogos con el gobierno. La reunión que sostendrán el 7 de enero Pastrana y sus voceros con la cúpula de las Farc vuelve a poner las cosas en el libreto acordado a mediados del presente año. Aunque los incidentes ocurridos han demostrado que a la paz le hace falta una partitura más precisa es reconfortante que las conversaciones se encarrilen al menos por los que fueron los grandes lineamientos que originaron el proceso.
Estos dos meses han dejado, además, una gran lección. A estas alturas es indudable que tanto las Farc como el gobierno se están preparando tanto para la paz como para la guerra. Ninguno de los dos, al menos en principio, actúa de mala fe con respecto a lo acordado, pero la verdad es que no se tienen confianza. Los dos quieren la paz, pero todo parece indicar que la palabra paz tiene un significado diferente para cada uno de ellos. La guerrilla lo quiere todo y el gobierno _al menos al principio_ lo que quería _y sigue queriendo_ es que los guerrilleros dejen de disparar. Y mientras esa división de opiniones subsista será muy difícil evitar la presencia de roces como los ocurridos en el caso del Cazadores.

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