Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 10/1/2011 12:00:00 AM

Ahora son tres

Con el apoyo de Mockus a Gina, al mano a mano de Peñalosa y Petro le apareció una tercería.

Con el apoyo de Antanas Mockus a Gina Parody, puede cambiar drásticamente el ajedrez político de la campaña por la Alcaldía de Bogotá. Lo que era hasta ahora un mano a mano entre Peñalosa y Petro tiene posibilidades de convertirse en una pelea de tres. Porque si se parte de la premisa de que en todas las encuestas la suma de los votos de Mockus y de Gina da alrededor de 20 puntos, la candidatura de esta última podría llegar a ser viable. Esa cifra sería comparable al respaldo que tienen en la actualidad tanto Enrique Peñalosa como Gustavo Petro, que en ambos casos es del orden de ese mismo 20 por ciento. Si la suma del binomio Mockus-Gina se mantiene, ella, que hasta ahora era una de los 'chiquitos', pasaría a ser una de los tres grandes. Dejaría en el lote de atrás no solo a Carlos Fernando Galán y a David Luna, sino a Aurelio Suárez y a Jaime Castro -el viernes se retiró el conservador Dionisio Araújo.

El gran interrogante es si los votos de Antanas son endosables o no a Gina. Y en segundo lugar, si esa unión puede revitalizar la campaña y generar votación nueva o robarles votos tanto a Petro como a Peñalosa. La experiencia indica que las alianzas electorales rara vez logran la suma aritmética de los votos de quienes se juntan; por lo tanto, no se puede asumir que ese 10 o 12 por ciento que tiene Mockus en las encuestas va a llegarle en bloque a su nueva compañera de fórmula. Pero lo que sí se puede asumir es que los otros dos fenómenos, el de generar nuevos votos y el de robarles a los otros candidatos, sí se pueden presentar.

El matrimonio Mockus-Gina es sin duda taquillero. El desprestigio de que Mockus había sido objeto por atravesársele a su viejo compañero del Partido Verde, Enrique Peñalosa, se minimizaría ante la generosidad de renunciar a su candidatura frente a una persona que estaba por debajo de él en las encuestas. Por otra parte, Gina, quien no había despegado del todo, tiene margen de crecimiento por ser una figura altamente mediática y en cierta forma refrescante. La razón por la cual esos atributos no se habían reflejado en las encuestas era el sentimiento de que cualquier voto por uno de los tres 'chiquitos' era un voto inútil. Pero al pasar Gina de no viable a viable, ese obstáculo se elimina de un tajo.

Enrique Peñalosa, quien aparentemente podría ser el más beneficiado por el hecho de que Mockus no apoyó a Petro, puede acabar sin embargo siendo el más perjudicado. Y la razón es que parte importante de su votación no obedece tanto a un entusiasmo por él sino al temor que Petro despierta en algunos sectores. Parte de ese voto asustado podría canalizarse hacia Gina. Con la percepción de que la competencia es entre tres y no entre dos, se debilita la polarización entre Peñalosa y Petro, que les convenía a ambos para atraer el voto de los enemigos de su rival.

A Peñalosa, quien es el hombre que mejor conoce los problemas de Bogotá y ha demostrado ser un gran gerente, le han criticado su campaña. Ha diseñado su estrategia de campaña con base en las lecciones aprendidas de su derrota hace cuatro años. En ese momento perdió contra Samuel Moreno por rechazar todos los apoyos políticos que le llegaban. Cuanto manzanillo se le acercaba era informado inmediatamente de que el exalcalde era una persona independiente que no estaba en condiciones de asumir compromisos. Ese portazo desembocaba en una deserción hacia Samuel, quien recibía a los rechazados con sonrisas, abrazos y compromisos. Ante esa experiencia, Peñalosa se volvió en esta campaña menos antipático, y aunque no asume compromisos burocráticos, se ha dejado apoyar por fuerzas políticas, comenzando por la del expresidente Álvaro Uribe. Este último, aunque tiene alguna resistencia en las clases altas, a nivel popular sigue siendo un ídolo, sobre todo en los estratos 1, 2 y 3, en los que Peñalosa es particularmente débil. La teoría es que Uribe quita y suma, pero que definitivamente es más lo que agrega que lo que resta. Por eso ha sorprendido que en los últimos sondeos Petro le haya tomado una ventaja. Ante esta situación, Peñalosa aspira a repetir el fenómeno de Juan Manuel Santos hace un año. Cuando Mockus llegó a superar en las encuestas al candidato de La U, este le dio un giro estratégico a la publicidad de su campaña que rápidamente enderezó esa situación. Como el Partido de la U tiene en la actualidad contratado a J.J. Rendón como asesor de esa colectividad en estas elecciones, Peñalosa se ha reunido un par de veces con él para discutir ese viraje. Falta ver si funciona.

Gustavo Petro, por su parte, resultó ser un muy buen candidato. Además de su inteligencia, desde su campaña presidencial demostró ser un gran comunicador, con opiniones concretas sobre cualquier tema. Sin embargo, tiene dos talones de Aquiles: su pasado guerrillero y su falta de experiencia administrativa. El primero puede ser injusto, pues todo aquel que en un proceso de paz decide abandonar las armas y cambiarlas por votos merece más admiración que rechazo. Sin embargo, esos prejuicios antisubversivos nunca dejarán de existir. En el Congreso, esa percepción de posible radicalismo puede ser un elemento bienvenido como parte de un pluralismo ideológico. Pero cuando se aspira a la Casa de Nariño o al Palacio Liévano, la cosa es a otro precio. El otro pasivo que carga el exsenador es su falta de experiencia administrativa. Tener el don de la palabra no significa tener el don de la gerencia. Y aunque los casos no son comparables, después del desastre de Samuel Moreno hay entre los bogotanos cierta prevención por hacer experimentos en este frente.

Gina Parody tampoco tiene hoja de vida de gerente. Se sabe, eso sí, que es estudiosa, juiciosa y metódica. Su campaña ha sido organizada al detalle y le metió toda la sofisticación disponible en materia de mercadotecnia electoral. Y si Peñalosa deslumbra en los auditorios tecnócratas y Petro en las plazas públicas, Gina es muy buena en televisión. Habla con contundencia y refleja gran seguridad en todo lo que dice. Esto último puede obedecer a que proviene de una familia acaudalada, lo que le ha permitido ser independiente económicamente y poder financiar en gran parte su propia campaña. Esto le ha permitido dar golpes mediáticos algo extravagantes, como traer a Bogotá al exalcalde de Nueva York Rudolph Giuliani para una asesoría en materia de seguridad, cuya utilidad puede ser más simbólica que real. Pero al mismo tiempo esa seguridad económica se ha traducido en una independencia política difícil de conseguir en este país de roscas. Tuvo el carácter para romper con Uribe después de haber sido uno de los principales apoyos en la primera etapa de su gobierno. Y como candidata a la Alcaldía, recurrió a las firmas para no ser asociada con ningún partido y no tener que asumir compromisos. Dada la personalidad de Mockus, el apoyo de este le entraña más un pacto de principios que de puestos o contratos.

Los estrategas de campaña suelen decir que los candidatos menos conocidos tienen más espacio para crecer en comparación con los que tienen mucho pasado. Quienes no están con Peñalosa ni con Petro lo hacen porque no les gustan aspectos de sus hojas de vida, y quienes sí los acompañan lo hacen porque se identifican con lo que han hecho. Están en su plata y tienen un techo que limita sus posibilidades de ascender, porque, para hacerlo, tendrían que cambiar percepciones muy arraigadas sobre sus trayectorias. Gina Parody, en cambio, no tiene que reinventarse, sino mostrarse: muchos no están con ella simplemente porque no la conocen, y la mayor visibilidad que le dará este matrimonio seguramente la va a beneficiar.

La alianza con Mockus tiene potencial para venderse bien. No como un pacto de conveniencia entre opciones contradictorias, sino como una alianza entre independientes. Ambos se retiraron de sus partidos porque se sintieron incómodos con la realpolitik que imperaba en ellos. Mockus se salió de los verdes, después de haber sido su candidato a la Presidencia, por la incomodidad que le produjo el acercamiento entre Enrique Peñalosa y Álvaro Uribe. Y Parody dejó La U cuando se planteó la segunda reelección de Uribe. Ninguno de los dos viene de la izquierda -ambos son más bien de centro-derecha- y ambos encontraron en el discurso contra el todo vale su principal bandera política.

El problema que enfrenta la nueva dupleta es que en política lo que genera entusiasmo no siempre genera votos. Siempre es una fórmula arriesgada depender casi exclusivamente del voto de opinión. Por eso, Peñalosa considera en esta ocasión que es mejor tener a Uribe cargando megáfono que a tecnócratas aportando ideas. Peñalosa cuenta con ediles y concejales de La U y de los verdes, que le acercan simpatizantes en todas las localidades de la ciudad. Y Petro, según todas las encuestas, se está llevando el apoyo de las bases del Polo que lo aprecian más que al candidato oficial, Aurelio Suárez. Por su parte, Gina Parody no tiene partido ni organización electoral de ninguna naturaleza.

Como la capital de la República viene de un escándalo de corrupción monumental e histórico, la honestidad tendrá que ser un factor crucial para los electores, pero paradójicamente no va a ser determinante del resultado final porque los tres candidatos tienen trayectorias intachables. Peñalosa, a pesar de la guerra sucia que le han hecho, demostró que se puede transformar una ciudad manejando presupuestos enormes sin corrupción. De Petro se puede afirmar que ni siquiera los que le temen o lo odian piensan que va a robar. Y de Gina, no solo que no tiene que hacerlo por millonaria, sino porque en su carrera como parlamentaria ha mostrado que la ética es uno de los valores que han regido su vida. Y esto corrobora que la campaña por la Alcaldía de Bogotá está reñida y se puso emocionante: ya no es una pelea agresiva entre dos, sino una competencia impredecible entre tres.

Lo cierto es que la actual campaña por la Alcaldía de Bogotá había sido criticada por sosa y gris y que la alianza Mockus-Parody la encendió y le puso color. Estos dos aspirantes entendieron que el escenario, liderado por dos candidatos buenos pero que generan amplios rechazos, era propicio para la aparición de un tercero. El ensayo no es muy distinto al de la campaña presidencial de 1998, cuando en la recta final entre Pastrana y Serpa se atravesó Noemí Sanín y casi pasa a la segunda vuelta. Si lo hubiera hecho, muy probablemente hubiera ganado la Presidencia. En esta campaña, la que se ha colado es Gina Parody. Habrá que ver si corre con la suerte de Noemí o si logra el milagro político.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.