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| 9/11/2000 12:00:00 AM

Ajuste de cuentas

Mientras Carlos Castaño desata una oleada de opinión con una entrevista, pasa inadvertida su decisión de dar muerte a seis cabecillas de la banda La Terraza.

La semana pasada el comandante de las Autodefensas, Carlos Castaño, fue noticia de primera página no sólo de la prensa nacional sino también de importantes medios internacionales. En una entrevista concedida al noticiero RCN y al periódico The Miami Herald, el jefe de los ‘paras’ soltó la lengua en temas tan candentes como la posible negociación entre los narcos y la DEA. Aseguró que su organización no era una piedra en el camino para obstaculizar una negociación con los elenos. Pero dejó en claro que la única manera que aceptaba el despeje de los tres municipios solicitados por el grupo subversivo sería si, según él, la comunidad de San Pablo, Cantagallo y Yondó, estaban de acuerdo. En medio de las múltiples opiniones que desataron las aseveraciones de Castaño, un temible hecho pasó inadvertido. Fue la muerte que él mismo ordenó —y reconoció luego en comunicado público— de seis de los principales cabecillas de la banda La Terraza que tiene a Medellín como su centro de operaciones.

El crimen ocurrió cuando los jefes de esa organización criminal se dirigían a cumplir una cita con Castaño en una carretera de Córdoba el pasado viernes 4 de agosto. Los integrantes de la banda de La Terraza encontraron la muerte a manos de los paras. Al día siguiente Castaño dio a conocer un comunicado en el que explicaba sus razones por las que había ordenado la ejecución .

A juzgar por el comunicado de Castaño que afirmaba que “son muchos los grupos delincuenciales de Medellín que han venido usando el nombre de las Autodefensas para endilgarnos la responsabilidad de sus atroces acciones”, parecía que se trató de un ajuste de cuentas con unos delincuentes con los que no tenía mayores nexos. Sin embargo, la investigación de la muerte de los principales cabecillas de La Terraza ha ido revelando que este no era el caso. Y que sus nexos con Castaño no habían sido esporádicos como dice el jefe paramilitar.

De acuerdo con las autoridades que le siguen la pista a La Terraza, ésta es quizás la organización criminal más terrorífica del país. Su epicentro de operaciones fue montado en el exclusivo barrio El Poblado y sus cabecillas son delincuentes de cuello blanco que se mueven, sin despertar sospechas, en algunos círculos sociales de la capital paisa

La Terraza, que nació en una heladería del mismo nombre en un populoso barrio de Medellín, está dividida en pequeñas organizaciones y cada una de ellas se ha ‘especializado’ en un área del crimen. Está conformada por pequeños batallones de hombres expertos en su oficio, cada uno con un jefe que debe rendirle cuentas a un estado mayor.

Explican fuentes oficiales de Medellín que el crimen en esa ciudad no actúa como una rueda suelta, sino que todas sus acciones deben ser autorizadas por los jefes de La Terraza, quienes han montado sucursales en diferentes partes de la ciudad para evadir a la Policía.

Las autoridades conocen la existencia de La Terraza desde la misma época en la que se crearon los Pepes, la organización que persiguió a Pablo Escobar. Uno de sus cabecillas fue Diego Fernando Murillo Bejarano, más conocido en el mundo de la delincuencia como ‘Don Berna’, quien fue uno de los principales colaboradores de la Policía y la DEA para dar con el paradero de Escobar. Muerto el jefe del cartel de Medellín y disueltos los Pepes, ‘Don Berna’ se convirtió en uno de los hombres más cercanos a Castaño. Puso su organización sicarial, que pronto se conoció como La Terraza, al servicio de los paras.

‘El viejo’

Quienes conocen de cerca esta historia, no dudan en comparar a La Terraza con el grupo Los Priscos que fue la mano derecha de Escobar. Pero con una diferencia. Los Priscos eran una pequeña organización que sólo recibía órdenes de Escobar. La Terraza, en cambio, es una organización del crimen que aglutina desde los más temidos sicarios, hasta apartamenteros profesionales y jaladores de carros. Tiene una organización piramidal y aunque todos hablan de sus jefes, muy pocos saben dónde están.

La Terraza también aprendió la lección del pasado y sus operaciones son muy diferentes a la que montó el ala terrorista de Escobar. Son trabajos ‘limpios’, sin espectáculo, silenciosos. Pero sus métodos son escalofriantemente efectivos y en estos años se han posicionado como la organización más temida de cuantas conozcan los organismos de seguridad del Estado.

Con el paso de los años, ‘Don Berna’ decidió que había llegado la hora de dejar el liderazgo de la organización y entregársela a un grupo de hombres de confianza encabezados por Elkin Sánchez Mena. Con 35 años de edad, Sánchez Mena era conocido en el bajo mundo con los alias ‘El viejo’ y ‘Digno’. Una investigación hecha por la Policía y presentada hace tres meses a la Fiscalía detalló los nombres de 32 personas a cuya cabeza estaba Sánchez Mena y aportó pruebas para judicializarlos por delitos como homicidio, secuestro, extorsión, concierto para delinquir y hurto de carros. Dicha investigación estableció vínculos entre La Terraza y Carlos Castaño.

Según las autoridades, Sánchez tiene además que ver con la mayoría de los asesinatos selectivos que han ocurrido en los últimos tres años. Se le sindica, entre otros, del homicidio de los investigadores del Cinep, Elsa Alvarado y Mario Calderón, y el secuestro de la senadora Piedad Córdoba y su posterior entrega a las autodefensas de Castaño.

Las autoridades también creen que Sánchez Mena fue el autor material del asesinato de Jaime Garzón. Sostienen que él y un selecto grupo de pistoleros fueron los que comandaron la operación para asesinar al humorista. Todo se habría hecho bajo las órdenes de Castaño y con el visto bueno de ‘Don Berna’. Los investigadores trabajan sobre esta hipótesis para armar los cabos sueltos que hacen falta. Las pruebas que tiene la Fiscalía la llevaron a acusar a Castaño como el autor intelectual .

La pregunta que ha surgido, entonces, es por qué si Castaño tenía una organización criminal a su servicio, decidió acabar con la vida de Sánchez Mena y seis de sus más inmediatos colaboradores.

Castaño sostiene en su comunicado que La Terraza se había desbocado en sus acciones en Medellín y que importantes personalidades de la capital paisa le pidieron que frenara esos abusos. “Consideramos que ya descabezada la cúpula de estas bandas será más fácil para las autoridades erradicar la desbandada delincuencial que esta acción ha generado”, afirma uno de los apartes del comunicado de Castaño. El jefe paramilitar señaló que si las acciones delincuenciales continuaban en Medellín, se vería obligado a tomar otras medidas.

Para las autoridades la versión de Castaño no es del todo cierta. Si bien los índices de delincuencia se han disparado, también es cierto que Castaño sabía que las autoridades estaban tras desenmascarar una serie de crímenes cometidos por los hombres de La Terraza, pero ordenados por él. Por esta razón habría decidido no dejar testigos de ese vínculo. Una actitud muy similar a la de Pablo Escobar.

Falta ver cuál va a ser el siguiente paso de los hombres de La Terraza que al parecer han comprendido que su fundador, ‘Don Berna’, decidió dejarlos a la deriva y apoyar a su socio y amigo Carlos Castaño. En esta tenebrosa historia de ajuste de cuentas, todavía no se ha escrito la última palabra.
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