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| 6/14/2008 12:00:00 AM

¡Al agua, patos!

Demasiado temprano, pero arrancó la campaña presidencial de 2010.

Hasta la semana pasada, la definición de la palabra 'reelección' en el diccionario de español colombiano, rezaba: "Derecho que asiste únicamente a Álvaro Uribe, Presidente que cambió una vez la Constitución para prolongar su permanencia en el poder por cuatro años". O por lo menos, esa era la interpretación mayoritaria de una opinión pública que no se imaginaba que otro ex presidente aspiraría a regresar a la Casa de Nariño. Y mucho menos para competir contra el mandatario más popular en la historia.

Pero César Gaviria, el jefe único del Partido Liberal y quien anunció que no descartaría una candidatura en 2010, es, después de Uribe, precisamente el Presidente que tuvo mayor favorabilidad en las encuestas. Terminó su mandato con una aceptación del 66 por ciento, según Gallup. Desde cuando regresó a Colombia en 2005, después de 10 años como secretario general de la Organización de Estados Americanos, Gaviria ha tenido dificultades para recuperar ese respaldo -es más: durante varios meses alcanzó a tener una imagen negativa superior al 50 por ciento-. Que hoy el ex presidente liberal se sienta con suficiente fuerza para darle la pelea a Uribe en 2010 -si el jefe de Estado se lanza-, se debe en parte a que su percepción pública ha mejorado sustancialmente.

La otra motivación es de mayor calado. Como lo dijo a varios medios la semana pasada, su posible candidatura depende exclusivamente de si se reforma o no la Constitución para permitirle a Álvaro Uribe buscar un tercer período. Gaviria y la bancada liberal consideran que la única persona capaz de enfrentar a Uribe es un peso pesado como el ex presidente liberal. Si bien se multiplican las señales desde Palacio de que habrá un Uribe III, no se han desinflado las ilusiones de otros hombres públicos que sueñan con que les coloquen la banda presidencial.

El primero en dar el paso fue el ex ministro de Defensa Rafael Pardo, en una entrevista a El Espectador hace dos semanas. Pardo, quien perdió la consulta liberal de 2006 con Horacio Serpa, insistió en la necesidad de que el bicentenario de la independencia se celebre con un Presidente electo diferente del actual ocupante de la Casa de Nariño y destacó que tiene la misma popularidad que Uribe cuando este último empezó su recorrido por el país en 2000. Es posible que tendrá que vérselas con el ex fiscal general Alfonso Gómez Méndez, quien también anunció sus intenciones de buscar el solio de Bolívar.

El ex alcalde de Medellín Sergio Fajardo, cuya popularidad en su ciudad superó incluso la del Presidente -el 95 por ciento en abril 2007-, decidió abandonar el papel de comentarista y analista de noticias en Caracol que había comenzado en febrero de este año. Cuando se anunció la contratación de Fajardo, parecía una jugada maestra del político: podría hacerse conocer en todo el país aprovechando las emisoras de esa cadena nacional. Pero desde el principio, hubo preocupación de que Fajardo tendría una ventaja indebida sobre sus posibles rivales. Aunque el ex alcalde insiste que es prematuro hablar de candidaturas presidenciales, su renuncia es el claro preámbulo de una aspiración que va en serio. En otras palabras, se lanzó al agua.

Está que lo acompaña en esa nadadita el hoy ex senador Germán Vargas Lleras. Su sorpresiva renuncia al Congreso, el recinto que durante los últimos 10 años lo había catapultado a ser una figura nacional, ha alimentado las especulaciones de que el jefe de Cambio Radical está pensando en dar el salto. Ya había dado muestras de ese interés cuando pidió una licencia de tres meses para adelantar estudios en España; cumplía así un rito de maduración que hicieron los últimos dos hombres en gobernar Colombia: Andrés Pastrana estuvo en Harvard, y Álvaro Uribe, en Oxford. Por eso a nadie le pasa por la cabeza que Vargas Lleras, quien obtuvo el mayor número de votos de cualquier senador en las elecciones de 2006, no vaya a probar las aguas de una campaña presidencial.

En el Polo Democrático Alternativo también se están generando olas. Al no depender de la unción de Uribe, la pregunta no es si van a participar, sino quién será el mejor gallo. Tanto el ex alcalde de Bogotá Luis Eduardo Garzón como el senador Gustavo Petro no han ocultado sus planes -el primero publicó un libro-entrevista; el segundo, una biografía autorizada. Curiosamente, eso de escribir libros para venderse es más gringo que colombiano. La duda no es si Garzón y Petro van a ser candidatos, más bien si lo harán dentro del Polo. El que se ha quedado callado en estos meses de agite político ha sido, paradójicamente, Carlos Gaviria, el dirigente de izquierda que más votos ha recibido en la historia de Colombia. Pocos creen que quiera volver a jugar en 2010, pero que está disponible, está disponible.

Cuento aparte es el desasosiego que viven los pretendientes uribistas del gobierno. Como soldados leales de la causa, públicamente defienden el derecho del Presidente de querer quedarse hasta 2014. Pero al mismo tiempo, saben que -si se cuenta desde hoy- seis años es demasiado tiempo en la política y que esperar tanto podría significar el entierro definitivo de sus aspiraciones. Francisco Santos, que por ser vicepresidente sería un candidato lógico a suceder a su jefe, parece estar pensando en ser ocupante de otro palacio, el de Liévano, y por eso se lanzaría a la Alcaldía de Bogotá en 2011.

El ministro de Interior y Justicia, Carlos Holguín, está en otra encrucijada. Antes de pensar en candidaturas, debe asegurar su control del partido conservador ante el evidente interés del ex presidente Andrés Pastrana de ejercer su liderazgo como jefe natural de esa colectividad.

Al finalizar el gobierno de César Gaviria en agosto de 1994, muchos analistas pronosticaban un tête a tête en 1998 entre los dos ministros estrella de esa administración: la canciller Noemí Sanín y Juan Manuel Santos, jefe de la cartera de Comercio y primer designado. Hoy, 14 años después, Sanín y Santos se han ganado otra vez el respeto del Presidente de turno. La esmbajadora en Londres siempre será recordada por ser la dirigente que soltó la primera frase a favor de la primera reelección. Santos montó en tiempo récord un partido -el de La U- y como ministro de Defensa ha logrado los mayores éxitos contra las Farc en la historia.

Sanín sigue siendo la favorita de las encuestas -su aprobación supera el 60 por ciento-. Y Santos está en su cuarto de hora ante la opinión pública. Si Uribe decidiera dejar el trono, no sería descabellado verlos en la contienda de 2010. Poseen, de todos modos, una ventaja: no tienen que renunciar a sus cargos sino en mayo de 2009. Tal vez entonces serán más claras las intenciones del Presidente, quien sigue teniendo el sartén por el mango.
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