Martes, 21 de febrero de 2017

| 2009/02/28 00:00

Al banquillo

Planeación Nacional está en el centro de la crítica. Algunos analistas creen que perdió protagonismo y liderazgo, y otros que los criterios técnicos de largo plazo sucumben ante los vaivenes políticos.

Carolina Rentería dejará la dirección de Planeación en las próximas semanas. Ella defiende el rol que ha cumplido la entidad durante el gobierno Uribe

El año pasado, el Departamento Nacional de Planeación (DNP), celebró con orgullo sus bodas de oro. Hubo aplausos y palabras de agradecimiento por sus logros y por su contribución al desarrollo del país durante este medio siglo. Pero, pasado el festejo, llegó la hora de reflexionar y evaluar fríamente el papel que hoy está desempeñando esta importante institución que presta asesoría técnica al Presidente de la República, diseña políticas en materia de estructura del Estado, maneja y asigna la inversión pública y por supuesto planifica.

En las últimas semanas diversos analistas se han ocupado del tema y han expresado preocupación por la suerte del DNP. Piensan que la entidad ha perdido protagonismo técnico y liderazgo entre las instituciones del gobierno. Creen que se ha debilitado la labor de pensar, estudiar y planear, para pasar más a ejecutar y ejecutar.

En el pasado, Planeación fue considerado como una especie de supraministerio dentro de la órbita de lo puramente técnico y sería muy grave para el país que ahora fuera relegada a un segundo plano.

El debate ciertamente no es nuevo. Tiene mucho que ver con el estilo del actual gobierno, en el cual la figura presidencial es muy fuerte. A diferencia de otros mandatarios, el presidente Álvaro Uribe toma parte muy activa en los asuntos macros y micros del Estado y eso, de alguna manera, le resta importancia a todo lo demás, en especial a los técnicos.

Como dicen los economistas, Planea-ción Nacional es lo que el presidente de turno quiera que sea. Si les da vuelo a los técnicos, Planeación sube de estatus, pero si no, frena la entidad y los ministerios se ponen por delante del DNP.

Y eso es justamente lo que viene pasando. Para Juan Carlos Echeverry, director del DNP durante la administración Pastrana, el presidente Uribe les ha dado a los ministros carta blanca y en cambio pareciera que le estorbara Planeación, que es la entidad que usa criterios técnicos para el diseño de las políticas públicas de largo plazo.

Igual opinión tiene Alejandro Gaviria, subdirector de Planeación en la primera parte de la administración Uribe y actualmente decano de Economía de la Universidad de los Andes. Cree que hay un choque muy evidente entre algunos ministros y Planeación. "Con Uribe, al principio Planeación se dedicó a la reestructuración del Estado y desempeñó un papel muy importante. Pero luego, con el problema de ministros de seis años y con gente que cree que se las sabe todas, el asunto cambió y se puso difícil".

Hay quienes piensan que el problema se agravó con la figura de la reelección presidencial que 'ancló' a los ministros y les dio un gran poder. Una fuente del equipo económico del gobierno le dijo a SEMANA que hay unos 'feudos intocables' dentro del gabinete ministerial y en esas circunstancias Planeación suele perder las batallas que libra.

Hay dos casos muy evidentes para ilustrar esta 'lucha' de poderes. Una ocurre con el ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, y el tema de la infraestructura. Una cosa es la mirada técnica del DNP sobre los criterios que deben seguirse para dar en concesión una carretera por ejemplo, y otra las prioridades del Ministro. Aunque estas peleas se suelen presentar en cualquier gobierno, en este caso, el problema es que Andrés Uriel se siente más 'poderoso' porque tiene el respaldo del jefe del Estado. Y termina pagando la infraestructura.

Otro ejemplo típico de esa relación de fuerzas, sucedió con el entonces ministro de Agricultura Andrés Felipe Arias, con quien muchas veces chocaron los técnicos del DNP. De hecho, en una oportunidad Planeación emprendió un estudio sobre el agro, y el Ministro se molestó porque la entidad se metió en sus resortes.

Un choque similar entre lo técnico y lo político se presentó con la ampliación del programa Familias en Acción a tres millones de beneficiarios, como quiso el presidente Uribe. En este caso, Planeación fue muy crítico pues consideró que crecer el programa en esta magnitud, sin tener el soporte suficiente para el control y evaluación de resultados, no era lo más conveniente. Sin embargo, se impuso el criterio político. Definitivamente, la prisa por mostrar resultados no siempre va de la mano del soporte técnico.

Algunos analistas ven con preocupación que en este pulso en el que suelen ganar los ministros con la complacencia del presidente Uribe, se corre el riesgo de tomar decisiones a dedo y que los recursos se repartan sin estudios y criterios técnicos serios. Una muestra de ello son los consejos comunitarios de gobierno, en los cuales los ciudadanos piden y piden, y al final del día nadie sabe cómo se reparten la plata, ni de dónde sale.

Para Darío Indalecio Restrepo, del Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID) de la Universidad Nacional, aquí está precisamente una de las grandes fallas de Planeación. "Los departamentos están cargados de necesidades de inversión y la única salida que tienen es 'gritarlas' en los consejos comunitarios. Pero la regla no puede ser que el Presidente asigne recursos a su real saber y entender. Lo que vemos es que él es quien decide cómo atender el llamado, a quién dar la plata y cómo darla".

Como dice el director de Anif, Sergio Clavijo, el DNP tiene el gran desafío de evitar convertirse en la agencia del asistencialismo permanente del Ejecutivo y velar por el fortalecimiento de los gobiernos locales, los cuales expresan la verdadera democracia del gasto local.

De las críticas no se ha escapado la directora de Planeación, Carolina Rentería, quien en las próximas semanas dejará su cargo. En un artículo en El Espectador, Salomón Kalmanovitz, ex codirector del Banco de la República, dijo que logró restarle el carácter técnico a esa entidad.

Por supuesto, Rentería defiende a capa y espada su labor y la de la entidad. No cree que el DNP haya perdido liderazgo, ni injerencia en el diseño de las políticas públicas durante este período del presidente Uribe. Le dijo a SEMANA que la entidad todos los días batalla para defender los criterios técnicos basados en estudios serios, a veces en contra de los propios ministros. "Lo que yo le he dicho al equipo técnico del DNP es que tenemos que trabajar en equipo con los ministerios, apoyándolos, pero eso no significa que cedamos ante cualquier opinión del gabinete. A mí jamás se me ha impedido decir cuál es la postura de Planeación".

Frente a las críticas por la falta de planeación de largo plazo, el subdirector de este organismo, Andrés Escobar, también saca las pruebas. La estrategia Visión Colombia Segundo Centenario, la agenda interna y de competitividad, la Red Juntos (política para atacar la pobreza) y el tema de ciencia y tecnología, entre otros, son muestra de que el DNP no ha dejado atrás el diseño de políticas pensadas hacia futuro.

Sin duda el debate está caliente. Cecilia López, directora de Planeación durante el gobierno Samper, advierte que si esta entidad pierde su seriedad técnica y su capacidad de evaluación, el país sería el gran damnificado. Naturalmente, nadie quiere que esto suceda. Ojalá el DNP retome su camino.

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