Martes, 2 de septiembre de 2014

AL FIN ¿CUANTA PLATA ENTRA?

| 1993/05/10 00:00

AL FIN ¿CUANTA PLATA ENTRA?

De 1.000 A 2.000 millones de narcodólares se usan en Colombia cada año para finaciar actividades ilegales.

DURANTE LOS DOS ULTIMOS AÑOS EL PAIS acumuló un monto inusitado de divisas. De 4.500 millones de dólares a finales de 1990, las reservas internacionales pasaron a más de 7.700 millones al terminar el año pasado. Y sólo una pequeña parte de ese aumento puede ser explicado por las exportaciones, cuyo comportamiento, sobre todo en el último año, fue bastante peor al esperado.
El crecimiento de las reservas le ha provocado enormes dolores de cabeza al Gobierno, que una y otra vez ha tenido que cambiar su política económica tratando de minimizar el impacto de la monetización de las divisas sobre la economía doméstica y, en particular procurando evitar un desborde inflacionario. Pero a pesar de todos los esfuerzos los flujos de capital hacia el país siguen creciendo.
Eso, por supuesto, tiene desconcertadas a las autoridades. Y muy ocupados a los analistas. Porque lo cierto es que desde el momento en que el profesor Luis Jorge Garay señaló, en septiembre de 1.991, la importancia que tenía desde el punto de vista de la política económica clarificar la naturaleza de las divisas que estaban ingresando en el pais, se han producido un sinnúmero de estudios encaminados a clarificar el fenómeno.
Pero como sucede con la mayoría de los temas económicos las interpretaciones que se le han dado al problema son tan diversas que, lejos de saber con claridad qué es lo que está pasando, el país debe estar hoy más desconcertado que nunca. Esa por lo menos es la conclusión a la que se llega mirando los trabajos recopilados por Mauricio Cárdenas y el propio Garay en un libro titulado "Macroeconomía de los flujos de capital en Colombia y América Latina".
Según los compiladores, en efecto, "los trabajos reflejan la falta de consenso acerca del origen de dichos capitales. Algunos autores piensan que se trata de un fortalecimiento de los ingresos del narcotráfico. Una vertiente alternativa plantea la posibilidad de un cambio estructural en la economía colombiana, asociado al proceso de liberación comercial y eliminación del control de cambios. Y un último grupo señala al diferencial de rentabilidades entre Colombia y el resto del mundo como el determinante fundamental de los ingresos de capitales".
Al final, sin embargo, la sensación que deja la lectura de los textos es que el libro se divide entre quienes piensan que el narcotráfico no tiene nada que ver con el flujo de capitales; quienes consideran que en una economía como la de Colombia no tiene sentido el ignorar la presencia de los dineros de la droga en las entradas y salidas de capital, pero que ese no es de todas formas el factor determinante de lo que está pasando, y quienes le atribuyen al narcotráfico un efecto altamente distorsionador para la economía colombiana.
LA PLATA DE LA DROGA
La primera posición es, sin duda, muy poco realista. Las otras dos, en cambio, ponen de nuevo sobre el tapete un tema que ha sido motivo de discusión desde que aparecieron las primeras plantaciones de marihuana en la sierra nevada de Santa Marta, a mediados de la década del 70: la dimensión económica del narcotráfico y su impacto sobre el conjunto de la actividad productiva nacional.
Este es un punto sobre el cual se han hecho toda clase de especulaciones y en torno del cual se han mencionado cifras que rebasan la capacidad de comprensión de la mayoría de los colombianos. El problema surgido con la acumulación de divisas ha permitido, sin embargo, que los investigadores que alguna vez han tenido que ver con el tema revisen cuidadosamente sus cálculos y actualicen sus estimaciones.
Y eso es lo que sucede no solo con los trabajos contenidos en el libro -de los cuales cabe destacar uno realizado el año pasado por el actual gerente del Banco de la República, Miguel Urrutia en colaboración con Adriana Pontón, y otro firmado por Andrés O'Byrne y Mauricio Reina- sino con otras investigaciones conocidas por SEMANA.
Particularmente con la versión preliminar de un trabajo realizado hace algunos meses por el actual subdirector de Planeación Nacional, Hernando José Gómez, para actualizar las cifras de un trabajo publicado en 1988 en la revista Coyuntura Económica, y con una investigación sobre la economía subterránea realizada por el decano de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional, Salomón Kalmanovitz.
Las cifras, como se puede observar en los cuadros adjuntos, difieren, en algunos renglones, de manera sustancial. Algunas de esas diferencias se deben a la metodología utilizada por los investigadores para encontrar el valor de mercado de la droga y a la inclusión o no de los nuevos destinos -y de los nuevos productos- elegidos por los narcotraficantes para diversificar su mercado. También se presentan diferencias importantes a la hora de identificar el uso que los narcotráficantes le dan a sus recursos y, sobre todo, a las implicaciones que dicho uso tiene desde el punto de vista de la entrada de divisas al país.
En general, sin embargo, se presentan coincidencias que vale la pena resaltar. La primera es que el mercado norteamericano de cocaína alcanzó su mayor auge entre 1986 y 1988, y que a partir de entonces ha venido decayendo de manera relativamente acelerada. Los cuatro estudios coinciden, en efecto, en que los ingresos netos generados por la venta de cocaína en los Estados Unidos alcanzaron entre 1990 y 1991 los menores valores de la década. Otra es que los mercados europeos son cada vez más importantes. Y la otra es que a partir de 1990 y 1991 la exportación de los derivados de la amapola adquiere una dimensión potencial, en materia de generación de ingresos, que de no controlarse puede superar rápidamente a la de la cocaína.
En términos absolutos, las cifras sobre ingresos generados por el comercio ilegal a los narcotraficantes colombianos van desde un mínimo estimado por Miguel Urrutia para el período 1981-1991 de 9.800 millones de dólares, hasta un máximo calculado por Salomón Kalmanovitz para el mismo período de 45.000 millones de dólares. Esto es, de un promedio de 800 millones de dólares anuales, a una cifra cercana a los 4.000 millones.

EL MAS DISCRETO
El más moderado en las estimaciones es Miguel Urrutia. Sus cálculos, basados en estudios anteriores, como el de Hernando José Gómez, van de un mínimo de 9.800 millones a un máximo de 25.900 millones de dólares en los 11 años. Y como para los otros autores, para él "la evidencia empíria indirecta sugiere un descenso muy grande en lo ingresos netos de los narcotráficantes en 1989-1991".
Pero quizás lo más importante del análisis de Urrutia no es el monto total de recursos generado por el narcotráfico, sino la parte de esos recursos que ingresan a la economía nacional,que es finalmente lo que a él le interesa discutir, con miras a dilucidar el problema de los flujos de capital de los últimos dos años.
Para medir ese impacto, Urrutia analiza, en primer lugar, los flujos de comercio. Y después de mencionar estudios realizados por Planeación Nacional sobre los registros de importación y exportación de Colombia comparados con las estadísticas que manejan los socios comerciales del país, llega a la conclusión de que, en los años considerados, "hubo poco flujo de capitales del narcotráfico a través de la balanza comercial".
Analiza, también, los depósitos de colombianos en el exterior, basado en las cifras suministradas por el Banco de Pagos Internacional. Y después de afirmar que "es muy posible que los narcotráficantes no identifiquen muchos de sus depósitos como de residentes colombianos debido al riesgo de que haya investigaciones" y que "aunque los depósitos de colombianos disminuyen por primera vez en 1991, coincidiendo con las entradas de capital a Colombia, dicha disminución es pequeña", concluye que tampoco por ese lado es evidente un ingreso importante de dólares del narcotráfico al país.
Estudia, finalmente, los flujos de dólares en billetes. Y dice que "si suponemos que debido a la legislación sobre lavado de dólares a través del mercado financiero una parte importante de las remesas en dólares del narcotráfico a Colombia se hace en billetes" y que "si suponemos que el ingreso normal de billetes es el promedio de lo que entró anualmente entre 1986 y 1990, entonces en 1991 hubo un aumento poco típico de cerca de 355 millones de dólares", los ingresos en efectivo del narcotráfico no pueden superar esa cifra. Y esa sería la que utilizan como capital de trabajo.
Es a partir de ahí que Urrutia estima que los ingresos a Colombia de dólares del narcotráfico no han superado, en el mejor de los casos los 10.000 millones de dólares en los últimos 10 años. Y dado que, según sus cálculos, los ingresos totales obtenidos por los narcotráficantes no serían muy superiores a ese valor, "no es probable que esos mayores flujos puedan continuar por mucho tiempo". En otras palabras ni han sido los causantes del problema ni lo serán en el futuro.
¿Y DE EUROPA QUE?
Otra cosa piensan O'Byrne y Reina, sin embargo. Para ellos, la tesis según la cual se ha presentado una caída en los ingresos de los narcotraficantes colombianos en años recientes "sólo tiene sentido si el análisis se circunscribe a las ventas de cocaína en los Estados Unidos". Es más, en su opinión "hay razones de sobra para afirmar que,si bien el mercado de cocaína de los Estados Unidos está en proceso de contracción, los ingresos netos totales del narcotráfico colombiano han observado una tendencia creciente en los últimos años".
Pero no es sólo el creciente mercado de Europa el que según los autores establece la difereneia. Es también la venta de látex y heroína que, según ellos, habría reportado cerca de 1.000 millones de dólares en 1991. Dichos ingresos, no considerados por Urrutia, ni por los otros autores, habrían elevado los ingresos de los narcotraficantes a 4.400 millones de dólares en 1991. La cifra más alta de todas las consideradas. Y la que lleva a decir a los autores que "hay razones de peso para pensar que los crecientes ingresos ilegales pueden explicar buena parte de la avalancha de capitales al país objeto del presente estudio".
Aparte de lo anterior, sin embargo, OnByrne y Reina no hacen ninguna consideración sobre el ingreso de divisas del narcotráfico al país. Como no sea advertir -y en eso no fueron bien interpretados en una reseña crítica sobre su trabajo realizada en la revista de Anif- que el aumento en el ingreso de los narcotraficantes "no implica que las entradas de capitales ilegales al país hayan aumentado en igual proporción".
Claro está que O'Byrne y Reina no son los únicos que piensan que la dimensión económica del narcotráfico se ha subdimensionado por no tener en cuenta las ventas a Europa y el naciente negocio de la heroína. Lo mismo piensa Salomón Kalmanovitz, para quien, en años recientes, "dos elementos adicionales entran en el panorama del tráfico de drogas: una cierta recuperación de las exportaciones de marihuana que responde a la campaña de erradicación en Hawai y otro elemento muy preocupante que es el del cultivo de la amapola y la refinación de heroína, que puede alcanzar cifras bastante altas".
De los cuatro investigadores mencionados, Kalmanovitz es quizás el que más al detalle ha llegado a profundizar. Tanto a nivel de los ingresos netos de los narcotraficantes, que él ha estimado en 45.000 millones de dólares en los últimos 11 años -cifra que sus colegas consideran exagerada- como del uso que hacen de ellos los narcotraficantes. Mientras para Urrutia los narcos no han financiado operaciones que superen los 9.800 millones de dólares en los últimos 10 años, para Kalmanovitz dicha cifra puede superar los 25.000 millones (ver cuadro).
Y aunque, según él, "el impacto económico del narcotráfico es muy difícil de estimar pues está acompañado de otros fenómenos subterráneos como las exportaciones no declaradas de café, ganado y en general todos los bienes que atraviesan las fronteras o los portafolios financieros en divisas que mantienen los ciudadanos colombianos en el exterior", es claro que de ser ciertas sus estimaciones el país habría sobrevivido la década perdida gracias al nacotráfico.
EL JUSTO MEDIO
Pero eso es precisamente lo que "los economistas del régimen" -como los llama la oposición- tratan de mostrar que nunca sucedió. Y entre ellos el que más credibilidad ha logrado es Hernando José Gómez. Situado de alguna manera en el "justo medio", Gómez piensa que los ingresos de los narcotraficantes en los últimos 10 años se aproximan a los 15.000 millones de dólares. Esto es, que nunca han superado los 1.200 millones de dólares por año.
Según sus cálculos,"si sumamos los ingresos netos por concepto de tráfico de drogas que en 1981-1991 habrían ascendido a 16.196 millones de dólares, el total de ingresos que financiaron el contrabando y la fuga de capitales ascenderían alrededor de 25.000 millones de dólares; y como en total sólo se puede justificar la utilización de alrededor de 15.100 millones de dólares, habría 9.900 millones de dólares, esto es, alrededor de 900 millones de dólares anuales cuya utilización a priori no se puede cualificar".
El no se puede cualificar se refiere a muchas actividades que de alguna manera podrían representar el uso de divisas ilegales. Por eso, a fin de cuentas, no todas las cifras son comparables. Y por eso lo importante es que, con todas las diferencias, los estudios mencionados no dejan olvidar que Colombia es un país golpeado por el narcotráfico. Y que, de una o de otra manera, el mismo tiene una gran incidencia sobre la economía nacional.

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