Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1994/10/03 00:00

Y AL FIN, ¿QUIEN LO MATO?

Revelaciones y agudos interrogantes plantea el periodista Fernando Cortés Arévalo en su libro "El asesinato de Galán". SEMANA reproduce uno de sus capítulos mas importantes.

Y AL FIN, ¿QUIEN LO MATO?

AHORA BIEN. SI EL PACTO DE PAZ ESTABA listo para ser. suscrito el 20 de julio de 1989, ¿por qué la parte más beneficiada decidió lanzarlo por la borda y asesinar a Luis Carlos Galán Sarmiento?

El autor del presente libro solicitó la colaboración de dos personas que se desempeñaron como asesores cercanos de Luis Carlos Galán y quienes han seguido de cerca y fiscalizado el caso judicial, para que analizaran objetivamente este aspecto clave que rodeó el atentado en contra del candidato presidencial. Tales asesores accedieron a emitir su diagnóstico con la condición de que, por razones de seguridad, sus nombres se mantuvieran bajo reserva. Así se ha hecho.

Este periodista recopiló los puntos de vista de los asesores consultados, los redactó y luego los devolvió a sus autores para que corrigieran y complementaran sus ideas iniciales. A continuación aparece el texto tal y como se convino que se publicara.

Es posible que los narcotraficantes de Medellín descubrieran por algún conducto que el gobierno planeaba incumplir sus exigencias. El mismo Rodríguez Gacha sugirió que la DEA les sopló que el objetivo del gobierno al aceptar los diálogos era conocer al cartel por dentro, detectar su talón de Aquiles, permitirles que se acercaran y se confiaran más de lo recomendable, apresarlos y extraditarlos luego a Estados Unidos.

Se debe considerar la solidez de esta hipótesis porque era muy improbable que el gobierno pensara seriamente en cumplirles a los narcotraficantes exigencias tan exageradas como la supresión de las extradiciones, el indulto político y la amnistía patrimonial.

Era previsible que si el gobierno las hubiera aceptado se le habría generado una crisis de opinión sin antecedentes, tanto a nivel interno como en la comunidad internacional.

Conocemos (por fuentes fidedignas) que la Casa Blanca se enteró de la propuesta de diálogo del cartel de Medellín varias semanas antes del asesinato de Galán.

En una reunión que se celebró en el Palacio de Nariño la misma esposa del presidente Barco, Carolina Isackson, informó los detalles del plan de la mafia al embajador norteamericano de la época Thomas McNamara. La primera dama cumplió esta gestión por iniciativa de su esposo y gracias a su perfecto manejo del inglés y a la amistad que le profesaba el diplomático estadounidense.

McNamara, a su turno, informó sobre la iniciativa de los capos de Medellín al presidente George Bush, al procurador general de la Justicia norteamericana, Richard Thornburgh, al vocero del Departamento de Estado, Richard Boucher, y al director de la Oficina Antidrogas de la Casa Blanca, John Lawn. Inclusive la versión le llegó, dos semanas antes de su muerte, a Luis Carlos Galán, quien no le dio mayor credibilidad, a pesar de lo cual planeaba empaparse del asunto a través del ministro de Agricultura, Gabriel Rosas Vega. Pero no tuvo tiempo de hacerlo.

Luego de consultar en la Casa Blanca, el embajador McNamara le comunicó al presidente Barco la opinión oficial de Estados Unidos: que por ningún motivo Bush aprobaría la rendición condicional de los capos. Barco accedió a suspender las negociaciones, una vez se acopiara suficiente información de inteligencia que permitiera propinarle un duro golpe a la mafia.

De esto pudo haberse enterado el cartel de Medellín y, entonces, en respuesta optaron por ejecutar al más popular de los candidatos presidenciales.

Esta es solamente una de las hipótesis ya que necesariamente el cartel de Medellín no tenía por qué estar enterado de que en el Palacio se planeaba "ponerle conejo" a sus propuestas.

Hay otras posibilidades que no pueden desecharse, tal como lo han hecho hasta hoy los organismos de seguridad del Estado, los cuales (en contraposición con los métodos de descarte criminológico más tradicionales y efectivos en el mundo) centraron sus pesquisas en una sola de las piezas: el cartel de Medellín.

Creemos que las investigaciones de la muerte de Galán fracasaron estruendosamente y se constituyen en una de las peores vergüenzas para la justicia colombiana. Se empezó por sindicar de antemano y sin bases firmes a los supuestos cerebros del complot. Para ello se falsificaron pruebas y testimonios que se desmoronaron como un castillo de naipes. Los organigramas del DAS y la Dijin no resistieron la más mínima de las controversias. Una decena de personas fue injustamente encarcelada durante cuatro años. Y finalmente el caso fue torpemente llevado con palos de ciego hasta un punto cero: hoy sabemos que no existe ni una sola prueba contundente que demuestre que la mafia de Antioquia eliminó al candidato.

Aunque los investigadores lo han hecho así, nosotros no desestimamos que otras organizaciones (¿al margen de la ley o con patente de corso?) hubieran asesinado a Galán para frustrar las negociaciones, echarles el agua sucia a los capos de Antioquia, lanzarles el aparato militar encima y obtener así sus propios dividendos.

No quiere decir esto que los Gachas y los Pablos fueran unos santos. Sin duda son culpables de muchos de los crímenes horrendos que se les atribuyen. Pero el crimen de Galán no les convenía en ese momento. Riñe con toda lógica. Aunque también es cierto que a gentes como los Gachas y los Pablos no puede pedírseles un mínimo grado de ecuanimidad y lógica en sus actuaciones.

No vamos a caer, pues, en el error de descartar al cartel de Medellín. Es el primer sospechoso porque lo cierto es que todas las investisgaciones apuntan hacia él. Pero también es cierto que todas las investigaciones se han dirigido hacia él, sin tomar en cuenta que otros ases de la baraja (que enumeramos a continuación) tenían razones para ejecutar el complot si el caso se planteara con base en un interrogante: ¿A quién le convenía la muerte de Galán?

1. Al cartel de Cali le convenía porque desencadenaba una reacción contra su enemlgo acérrimo y molesto competidor en el mercado de las drogas: Pablo Escobar. Una vez borrado éste del mapa, la organización vallecaucana tendría las puertas abiertas para apoderarse de la mayor parte de las líneas de distribución de cocaína.

Y así fue. Bien se conoce que tras la destrucción del cartel de Medellín el de Cali celebró una cumbre de capos en Manizales, donde la organización vallecaucana proclamó su victoria, se erigió como amo absoluto del negocio y ejerció su poder para convertirse en el centro de confluencia de las manecillas del reloj del narcotráfico y poner a girar a su alrededor, como satélites controlados bajo presión, a las otras mafias de traficantes colombianos.

El resultado no pudo ser mejor: el cartel de Cali controla hoy, según la DEA, entre el 80 y el 90 por ciento del mercado de la cocaína en el mundo y ha extendido sus tentáculos a Europa Oriental y el Japón.

Esto mientras simultánea y calladamente aportaba su granito de arena a la campaña de amedrantamiento contra la extradición. Porque los candidatos a ocupar las celdas de máxima seguridad de Estados Unidos no eran solamente los capos de Medellín. Los de Cali también figuran en voluminosos expedientes judiciales de Europa y Norteamérica.

2. Tampoco hay razón para no tomar en cuenta la hipótesis que sindica a un sector corrupto de la DEA. Con la muerte de Galán se truncó la posibilidad de que, a través de la negociación, el cartel de Medellín obtuviera una especie de carné de sanidad moral y fuera indultado y amnistiados sus capitales, prebendas que la DEA consideraba no como un sometimiento de la mafia a la justicia colombiana sino como una rendición de la justicia al crimen organizado.

El organismo norteamericano estaba al tanto de las conversaciones y, aunque es impensable e insostenible que hubiese recibido un patrocinio directo desde la Casa Blanca, se conocen varios indicios que sitúan a un grupo de sus agentes torcidos estimulando la consumación del atentado.

A la DEA (que libra una feroz competencia con la CIA para apoderarse de la supremacía y los recursos del presupuesto de la lucha contra la producción y el tráfico de drogas) también le convino el crimen de Galán.

Tras el complot se generó un efecto masivo de opinión pública en favor de la extradición de mafiosos colombianos y de la intervención directa de asesores de Estados Unidos en la guerra contra los mercaderes de alcaloides en el mismo teatro de los acontecimientos, en Colombia. Los vuelos de aviones y la construcción de radares de la DEA se multiplicaron. Hasta ese momento el gobierno había rechazado categóricamente este tipo de ayuda por considerarla impopular.

Aunque Luis Carlos Galán era partidario de la extradición, en varias ocasiones dejó en claro que aplicaría dicha fórmula bajo el precepto de que por cada colombiano extraditado a Estados Unidos fuese enviado a Colombia un norteamericano que tuviera cuentas pendientes con la justicia nacional. Este enfoque no despertó la menor simpatía en la Casa Blanca.

3. Tampoco se han barajado los móviles de tipo político. Es indudable que con la llegada de Galán al Palacio de Nariño peligraban los intereses de una buena parte de la clase política corrupta.

4. Nunca se investigaron las denuncias referente a la virtual participación de miembros del DAS y la Dijin en el atentado ni los testimonios que hemos recibido nosotros sobre el mercenario británico David Tomkins como uno de los probables cerebros del asesinato de Galán.

5. Desde tiempo atrás la guerrilla planeaba generar una especie de 9 de abril como estrategia para tomarse el poder. La primera semana de febrero de 1984 el F-2 detectó una serie de documentos del ELN en el que se consignaba un plan para matar a Luis Carlos Galán como fórmula para originar un caos total en el cual el cura Pérez esperaba pescar en río revuelto.

El ELN guardó silencio. Varios sectores de izquierda declararon que se trataba de un montaje del F-2. Pero el entonces ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, informó que un delator de la guerrilla lo había puesto al tanto del plan y que había obtenido documentos similares por un conducto diferente al de las autoridades.

Tenemos en nuestro poder dicho documento y los artículos periodísticos de la época. El ELN contemplaba varias fases para llevar a cabo la conjura criminal. Veamos una síntesis de la estrategia del grupo guerrillero publicada por la revista Guión:

1. Conquistar un prestigio político igual o superior al que obtuvo con sus actuaciones el M-19. Crear condiciones insurreccionales y convertir la organización en vanguardia de la lucha revolucionaria. Buscar la lucha armada con dimensión política ubicando como blanco no al Ejército sino al gobierno, Pero dándole ahora un aparente apoyo a sus programas.

2. Alcanzar el poder militar real de la organización al estilo del que poseen actualmente las FARC. Formular exigencias al gobierno por medio de amenazas, las cuales se deben cumplir a como dé lugar. Por ejemplo, si al ministro de Hacienda se le pide derogar un impuesto y no lo hace, habrá que eliminsrlo físicamente. Antes debe desacreditársele publicitariamente para justificar su sacrificio. La liberación de los presos políticos deberá lograrse, si el funcionario competente no accede, secuestrando a su familia o a uno de los miembros de ésta al que profese mayor afecto.

3. Objetivo: crear otro 9 de abril, esto es, una insurrección general de masas. Esta fase podría emprenderse a finales del 85 y principios del 86. Para lograr este propósito hay que desprestigiar al conservatismo ante el incumplimiento de los programas de gobierno, al igual que al liberalismo como socio en la administración. El Ejército de Liberación Nacional apoyará inicialmente a Galán para que quede como alternativa popular y nuestra organización alcance prestigio político y capacidad de lucha.

4 . En estas condiciones y antes del debate electoral, según el análisis de las circunstancias de ese momento, la organización eliminará físicamente a Galán. Esta acción deberá parecer como realizada por la clase gobernante para impedir la llegada del pueblo, con Galán, hasta el poder.'

5. La muerte de Galán, si reúne las características indicadas, provocará de inmediato un levantamiento popular que llegará hasta la insurrección nacional si los explotados se sienten seguros de la organización.

6. La respuesta revolucionaria superior a esta agresión oficial no puede ser otra que la tomar del poder. Por lo mismo la muerte de Galán debe estar precedida por el desplazamiento de los frentes guerrilleros urbanos a las sedes de las ciudades, sedes que se deben seleccionar teniendo en cuenta los centros militares y administrativos del gobierno, es decir, el enemigo.

7. Producida la insurrección popular y por consiguiente la neutralización efectiva del Ejército, se iniciará la ofensiva final mediante la guerra de guerrillas que se llevará a cabo por los frentes rurales, los cuales estarán distribuidos estratégicamente, de modo que permitan un rápido acceso a las ciudades con el objeto de desmantelar y aniquilar por completo las fortificaciones militares del enemigo a su paso.

Después de este precedente Galán fue amenazado en varias oportunidades por el ELN. La última vez fue el 12 de agosto de 1989. Ese día recibió en su oficina una nota firmada por el frente Domingo Laín de la Unión Camilista del Ejército de Liberación Nacional que decía:

"Sus opiniones en Venezuela son una afrenta para el movimiento revolucionario. No lo olvide". (Luis Carlos Galán había fustigado duramente en Caracas a las FARC y el ELN y afirmado que "el modelo guerrillero se agotó ") .

Y ¿qué piensa la familia de Galán? Se transcribe a continuación el punto de vista de Gloria Galán Sarmiento, hermana del candidato y miembro del consejo directivo de la Fundación Luis Carlos Galán:

El proceso de la investigación de Luis Carlos yo personalmente lo veo nulo, completamente en la impunidad, totalmente en la impunidad. Creo que a pocas personas en este país les interesa aclarar eso. Por temor y por cobardía. Pocos eran los amigos leales de él, los realmente amigos. Entonces como ya se les murió el político, se acomodaron y se arrimaron a otros personajes.

Pero ¿quién dio la orden de matarlo? Eso es lo que yo quisiera que algún día se aclarara. Porque al país no le pueden seguir diciendo mentiras de esos crímenes atroces que han sucedido y quedan en nada. Pero mi convicción es que esa orden la dieron los políticos. Que utilizaron a los narcos, sí. Aquí hay una narcopolítica y eso se sabe. Y que hay dineros en la política de los narcotraficantes también se sabe. Y que los políticos se las dan de moralistas en sus discursos pero muchos sabemos cómo es que actúan por detrás.

Yo digo que la orden salió de los políticos. Que utilizaron a los narcotraficantes porque se necesitaban mutuamente. Los políticos eran los más afectados por esa lucha de acabar con la corrupción que había en este país con lo que estaba obsesionado Luis Carlos. Ellos eran los más afectados. A ellos se les iba a acabar el negocio que tenían de estar chantajeando a los contratistas y mantener poder en empresas públicas y aun privadas donde siempre ellos hacen su boleteo... Yo digo que la orden salió de los políticos.-

12 CONCLUSIONES

1. A GALAN lo mataron el señor Escobar y sicarios que él contrató para que ejecutaran el acto. Por eso hay que combatir el narcotráfico y a los narcotraficantes porque dan lugar a ese caso. Eso fue una cosa que hizo el cartel de Medellín que llegó a creer, en su locura, que iba a ser capaz de suplantar al Estado. Y por favor yo sí quisiera que los lectores no fueran a creer que con eso estoy favoreciendo o siendo blando con los de Cali. Lo que pasa es que la realidad muestra que quienes mataron al doctor Galán y le negaron al país a una persona que ojalá hubiera llegado a ser presidente, no fueron los señores de Cali sino los de Medellín. Con ello no quiero decir que sean mejores los de Cali o los de Medellin sino que apenas estoy señalando un hecho, una realidad.

(Declaración del Fiscal General de la Nación Gustavo de Greiff Restrepo, dada el 11 de marzo de 1994 para el autor.

2. LO MATO una narcopolítica que hay en Colombia. Yo digo que la orden salió de los políticos que utilizaron a los narcotraficantes porque se necesitaron mutuamente. Los políticos eran los más afectados por esa lucha de acabar con la corrupción que había en este país con lo que estaba obsesionado Luis Carlos.
(Declaración de Gloria Galán Sarmiento al cumplirse tres años de la muerte del candidato presidencial).

3. ESTA COMPROBADO por la Fiscalía que Jaime Rueda Rocha, José Everth Rueda Silva, José Orlando Chávez Fajardo y Enrique Chávez Vargas figuraban como gatilleros del comando que disparó contra Galán en Soacha. Los cuatro fueron ejecutados después del crimen para evitar que rindieran testimonio. Los investigadores no esclarecieron los vínculos de los sicarios con el cartel de Cali y el mercenario británico David Tomkins. Por ejemplo: Rueda Rocha apareció, después del magnicidio de Soacha, liderando, junto con Ariel Otero, un grupo satélite de paramilitares del Magdalena Medio que cumplía órdenes de la organización vallecaucana.

4. LOS INDICIOS reunidos en el expediente apuntan hacia una participación directa de los mercenarios Yair Klein y David Tomkins en el diseño del complot contra Galán Sarmiento. Jorge Enrique Velásquez, El Navegante, quien transportó las armas que se utilizaron para asesinar al candidato, resultó premiado. Se le exoneró sin juicio, se le liberó y se le envió al exterior bajo medidas de seguridad sin precedentes. A ningún juez se le ocurrió ni siquiera interrogarlo sobre los fusiles y las metralletas que trajo de Antigua.

5. NO SE investigó a la Dijin por violar el debido proceso y la legítima defensa, pagar dinero a testigos mentirosos, montar pruebas falsas y detener ilegalmente a Alberto Jubiz Hazbum, Norberto Murillo Chalarca, Héctor Manuel Cepeda Quintero, Pedro Telmo Zambrano Delgado, Luis Alfredo González Chacón y Jesús Humberto Laverde (en la foto). El Fiscal General evitó que la infamia se consumara al permitirles a los inocentes quedar en libertad tras cumplir cuatro años de prisión bajo condiciones infrahumanas. Pero la injusticia no ha sido reparada ni castigada aún con el debido rigor de la ley.

6. LOS JUECES se dejaron presionar por el DAS y la Dijin y condujeron erróneamente el caso desde el comienzo . Esta fue la primera causa de la impunidad.

7. LA JUSTICIA no investigó las denuncias en contra de miembros del DAS por filtrar y vender información secreta a los asesinos y por las inadmisibles fallas de seguridad que facilitaron el crimen.

8. NO SE produjo ni una sola sanción disciplinaria por el completo fracaso del operativo policial en Soacha.

9. ES CULPABLE un sector de la clase política, que estimuló al narcotráfico, se lucró con sus dineros, reaccionó con doble moral y dejó solo a Luis Carlos Galán en su lucha contra la corrupción desatada.

10. EL GOBIERNO de la época es responsable en sumo grado. No sólo abandonó a su suerte a Luis Carlos Galán sino que mantuvo negociaciones secretas con la mafia a la cual hizo ofrecimientos que muy posiblemente no planeaba o no podía cumplir. El resultado fue la guerra total.

11. POLITICOS INMORALES, autoridades colombianas y agentes antidrogas internacionales corruptos, guerrilleros extremistas del ELN, y los dos carteles más poderosos del mundo, el de Cali, que hoy distribuye el 80 por ciento de la cocaína, y el de Medellín, prácticamente desaparecido... El complot -"confabulación entre dos o más personas contra otra u otras"- se perfeccionó y consumó con extrema facilidad precisamente debido a la multiplicidad de sectores o grupos interesados en obtener dividendos con la muerte de Luis Carlos Galán. O porque el crimen podía generar una reacción contra el grupo adversario o una situación de caos en el orden público del cual el extremismo trataría de obtener beneficio. O porque eliminando físicamente al líder se garantizaba el aniquilamiento de un grupo político que prometía colocar en el banquillo a los corruptos en cuanto asumiera el poder. O porque, asesinado uno de los convencidos de la extradición, se consolidaba un proceso de ablandamiento de la opinión pública que le daría luz verde a la fórmula de la mafia, que prefería una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos.

12. NO HAY un solo detenido por el asesinato de Luis Carlos Galán. Las pruebas carecen de solidez criminológica. El crimen permanece en la impunidad.-

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