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| 1/3/2012 12:00:00 AM

Al final, Cerro Bermejo encontró el camino

Los toros cambian. Y los encierros, no menos. De la mano de esa premisa, la segunda parte de la novillada de Cerro Bermejo desempolvó en Manizales lo mejor de la dinastía de los Rocha para alcanzar el reconocimiento de una clientela que supo esperar, hasta dar con ese final del bravo sexto que la recompensó y al que se le retribuyó con justicia con la vuelta al ruedo póstuma.

El festejo fue de menos a más, y por eso los tragos amargos del comienzo resultaron tapados en medio de la bonanza de raza y bravura de los dos últimos de la tarde.

Por su parte, los novilleros la tuvieran dura. De hecho, se necesitó mucho más que ganas para sortear la prueba de un encierro que, ante todo, tuvo presentación digna de pantalones largos.

Por eso, el éxito valía. Y mucho. Que lo diga Juan Viriato, quien se fue con esa mueca de la decepción que asoma cada vez que el pan se quema en la puerta del horno. Ganar la pelea a ese novillo último significaba no sólo poderle, sino quedarse con las orejas. Para eso se puso firme y aguantó, antes de encontrar el sitio y la distancia en la que el animal podía entregar todo lo que le brotaba de su fontanar de galope, codicia y fijeza. Al comienzo, el novillero de Cúcuta llegó a la conclusión de que el pitón para buscar un trofeo era el izquierdo, pero a medida de que el toro se sintió mejor en los medios, halló esa veta por el derecho, que explotó hasta tocar la puerta grande. Pero las cosas deben tener un final y la espada no llegó hasta allá. Una puerta grande quedó en palmas.

Antes, el tercero no le dio muchas opciones a Viriato. Con las manos por delante y un recorrido cada vez más corto, el torero casi que se acostumbró a ver los pitones tomándole la medida a su chaquetilla. En las banderillas, James Peña hizo un quite para poner como ejemplo de conocimiento y de solidaridad, cuando el novillo apuntaba a la humanidad de El Monaguillo.

Para Juan Duque, la tarde dio un giro de 180 grados. Al doblar el segundo se oyeron palmas, tras un aviso, como premio a la forma de administrar ese ejemplar, en el que sacó algunos muletazos sueltos de categoría. Pero el huracán que vino al ruedo como quinto de la tarde lo obligó a guarecerse tras su muleta, mientras el novillo quería comerse no sólo la muleta, sino el mundo. Faltó mando y pausa. El toro puso las condiciones y Juan no encontró respuestas. No era fácil. Duque aprendió e hizo lo que pudo.

Y como si no fuera suficiente el castigo, tuvo que despachar, no sin inconvenientes, a otro enrazado, el cuarto, que mandó a su compañero Camilo Pinilla a la enfermería, luego de tirarlo por los aires.

Camilo tampoco tuvo su mejor día. El prometedor primero de la tarde en el capote se engranó y tuvo que vivir con el calambre a lo largo de la lidia, restando opciones. Y el otro, en el que quiso ponerse en los medios y tirar de la embestida, le causó las lesiones que anoche lo tenían en observación por fuerte golpe en la cabeza,

Ficha

Seis novillos de Cerro Bermejo
400, 408, 410, 390, 428 y 426 kgrs
Bien presentados. Bravo y encastado el sexto, al que se le dio la vuelta al ruedo. Enrazados cuarto y quinto. Primero, segundo y tercero, flojos y descastados

Camilo Pinilla
Burdeos y oro
Palmas

Juan Duque
Rosa y oro
Palmas tras aviso, silencio y palmas tras aviso

Juan Viriato
Grana y oro
Saludo y palmas tras aviso

Detalles: tres cuartos de entrada. Muy bien Wilson Chaparro 'El Piña' en la brega. Camilo Pinilla terminó ingresado en el Hospital Santa Sofía por el golpe que sufrió en la cabeza tras ser cogido por el cuarto de la tarde.
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