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| 11/12/1990 12:00:00 AM

"AL LIBERALISMO LE PUEDEN METER UNA GOLEADA"

ENTREVISTA:ALFONSO LOPEZ MICHELSEN

SEMANA: ¿Por qué dice Ud. que el fallo de la Corte abrió la posibilidad de que la Asamblea se vuelva un mercado persa? Comentarios de esta naturaleza dejan el sabor de que su posición es elitista...
ALFONSO LOPEZ: Así es, en efecto. Las constituciones son la obra de minorías y de minorías selectas que atienden e interpretan el querer popular.Nunca se han visto constituciones elaboradas por mayorías multitudinarias.

S.: ¿Cuál es su principal reserva frente al reciente fallo de la Corte?
A.L.: Frente al fallo de la Corte yo he sostenido que la función de la guardia de la Constitución es distinta de la guardia del orden público. La Corte falla acerca de la concordancia entre la ley o el decreto y la Constitución, pero no gobierna, porque esa es la función del gobierno. La función de la Corte se reduce a confrontar los dos textos. Una Corte que opina sobre la conveniencia para la paz de convocar una Constituyente o sobre lo inequitativo que es imponer una caución, como existe en las democracias europeas, para garantizar la seriedad de los candidatos, puede o no puede tener razón a la luz de las distintas opiniones, pero evidentemente no se está ocupando de la guarda de la Constitución, sino de problemas de conveniencia y oportunidad que son privativos del gobierno. ¿Por qué va a ser inconstitucional exigir una caución y no lo es exigir 10 mil firmas? Si el legislador no tiene capacidad constitucional de imponer condiciones para ser candidato, lo mismo da lo uno que lo otro. O todos en la cama o todos en el suelo.

S.: ¿Entonces Ud. es de los que cree que la Constituyente es una especie de tigre suelto ?
A.L.: Pienso que, en términos realistas, todo depende del personal que la integre, como dice todo el mundo. Puede ser una oportunidad excelente de acertar o de extraviarse. La Convención de Rionegro, que expidió la Carta de 1863, le dio asiento a los juristas y a los políticos más eminentes de su tiempo, y, sin embargo, produjo frutos desafortunados para el mantenimiento del orden público durante 23 años.

S.: ¿ No cree que las fuerzas políticas deben restablecer un acuerdo que sirva de marco a la Asamblea ?
A.L.:Lo dije por televisión al celebrar que tal hecho ocurriera. No hay que engañarse sobre el alcance político de la Constituyente. Quiéranlo o no, va a estar dividida entre los que llevan la responsabilidad del Estado y del gobierno, y los que esperan pescar en río revuelto.
Desde hace muchos años, aún en la época del Frente Nacional, ya fuera dentro de gobiernos de partido o dentro de la coalición de 16 años, el Partido Liberal llevó la responsabilidad del Estado, y este predominio liberal molesta a muchos sectores que acabarán coaligados para tratar de suplantarlo.

S.: Suena ésto un poco sectario para la época...
A.L.: No es cuestión de sectarismo.Es cuestión de responsabilidad. En mi opinión, en la Constituyente al Partido Liberal le va a corresponder el papel de factor limitante de los desbordamientos. El ambiente que hay en torno a ésta es comparable con la euforia despertada por las casas sin cuota inicial en la campaña de Belisario. El candidato decía "sí se puede", aunque las matemáticas demostraban lo contrario. Obviamente no se pudo y se perdieron 170 mil millones de pesos y el ICT quedó quebrado.
Ahora el ambiente general es el de que "sí se puede", con la diferencia de que hay muchas más cosas en juego que la quiebra de un instituto.

S.: ¿Así de grave ve usted la cosa?
A.L.: Admito que yo puedo tener un sesgo como exprofesor de Derecho Constitucional. Pero no deja de sorprenderme que, a nombre de un supuesto "pragmatismo", que es una de las palabras de moda, se pase por encima de una serie de principios que encarnan el estado de derecho. Por ejemplo, me sorprendió ver a un hijo del Ministro de Justicia en televisión proponiendo que, para que no se declaren inconstitucionales los decretos, la'Corte participe en su elaboración. En otras palabras, la eliminación de la separación de poderes.

S.: Pero lo que usted llama "pragmatismo" no es solo un capricho. Al fin y al cabo ha sido justificado por la Corte como la expresión del constituyente primario.
A.L.: Yo soy algo escéptico sobre la interpretación que se le está dando al constituyente primario. Este existe como concepto abstracto, para admitir que los hechos políticos cumplidos superan el ordenamiento jurídico. Pero hasta ahí llega.

S.: ¿Y no considera usted que las votaciones del 11 de marzo y del 27 de mayo son hechos cumplidos?
A.L.: Son hechos provocados que ahora, invocando al constituyente primario, se presentan como cumplidos.
Hay una gran diferencia entre los hechos cumplidos y los hechos provocados, sobre todo si han sido provocados desde el ejecutivo. En todo esto, mas que constituyente primario, veo un poco de "bonapartismo". Dar por sentado que una votación inducida es una manifestación del constituyente primario es como pretender que el contrato social de Rousseau está registrado en una notaría.

S.: Pero la Corte ya había aceptado la jurisprudencia del constituyente primario en relación con el plebiscito de 1957.
A.L.: Pero es que en 1957 sí había hechos cumplidos. Estaba la caída de Rojas, el cierre del Congreso, se había roto el hilo institucional del país y había un vacío jurídico total: Ahora no hay ningún vacío jurídico. Por lo tanto, no se puede hacer una analogía entre las dos situaciones.

S.: Antes decía usted que lo que está sucediendo en Colombia es simplemente un enfrentamiento generacional.
A.L.: Hay mucho de eso. Pero también hay algo que no todo el mundo tiene muy claro: que es esencialmente un problema político. El Partido Liberal es mayoria en el país y sus rivales están viendo la Constituyente como una oportunidad para acabar con esa mayoría. La Constituyente es considerada no tanto como una oportunidad para modernizar las instituciones, como para cambiar las reglas del juego. No son pocos los que quieren aprovecharse de factores coyunturales para llevar a cabo cambios permanentes, en detrimento del Partido Liberal.

S.: ¿En qué sentido?
A.L.: Por ejemplo, el gobierno ha tenido que tomar una serie de medidas impopulares que han requerido valor político, como son el reajuste de las tarifas eléctricas, el aumento del IVA, la política antiinflacionaria, etc. Estas medidas, que eran necesarias, obviamente le han costado capital político al Presidente y a su partido. Y esta disminución de capital puede incidir en el número de acciones con que llegue el liberalismo en la Asamblea Constituyente. Lo mismo pasa con la clase política. Vicios inherentes a la actividad proselitista, unos insignificantes, otros graves, que no son exclusividad propia del oficialismo liberal, se le atribuyen mas a éste que a sus rivales por estar en el poder. Todo esto configura un panorama peligroso para el liberalismo y yo creo que es necesario alertarlo y despertarlo al respecto. Si nó, de la noche a la mañana, sin que nadie haya entendido cómo ni cuando, al partido le pueden meter una goleada.

S.: Usted va a presentar un proyecto propio a la Constituyente. ¿En qué consiste?
A.L.: No se trata de un proyecto exclusivamente mío. Con un grupo de constitucionalistas amigos hemos preparado un proyecto de reforma que pensamos presentar a la Constituyente.

S.: Pero si el gobierno tiene un proyecto propio, ¿cuál es la relación entre el suyo y el del gobierno ?
A.L.: Pueden ser mas bien complementarios. Esperamos que algunas de las ideas nuestras sean consideradas de interés, y acogidas. Lo mismo sucederá con el proyecto del gobiemo y con otras que se presenten. En esto no hay nada blanco o negro. Los integrantes de la Asamblea Constituyente oirán múltiples propuestas y escogerán en cada renglón la que consideren conveniente, que ojalá sea lo mejor de cada proyecto.

S.: ¿Porqué no nos da una chiva sobre su proyecto?
A.L.: No creo que haya grandes chivas, pues no hay nada revolucionario.Se trata simplemepte de quitarle provincialismo a una Constitución hecha para la Colombia aldeana del siglo XIX y hacer la apertura hacia la inserción internacional que se impondrá en el siglo XXI.
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