Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1991/11/11 00:00

AL MAESTRO CON CARIÑO

La generación de universitarios formados por Fernando Cepeda se consolida en el poder en el gobierno del revolcón.

AL MAESTRO CON CARIÑO

EN COLOMBIA CUANDO SE menciona el nombre del ex ministro Fernando Cepeda Ulloa todo el mundo lo asocia con la embajada de Colombia ante la Organización de las Naciones Unidas. Otros lo recuerdan como el ministro de Gobierno y de Comunicaciones de la Administración Barco, cuyo enfrentamiento con los representantes de la clase política tradicional dio mucho que hablar en su momento.
Incluso no faltan quienes lo añoran como el profesor universitario de tesis originales, capaz de conceptualizar todos los dramáticos episodios de la vida politica colombiana. Sin embargo, muy pocos han registrado otro papel protagónico que desempeña el embajador Cepeda Ulloa en el actual gobierno. Y no precisamente en función de su cargo actual sino por una condición que para él probablemente es motivo de mayor orgullo: ser lo que podría llamarse el padre intelectual del revolcón.

Esa paternidad se basa no sólo en la concepción de las ideas sino en la crianza y formación intelectual de quienes las están poniendo en práctica. Y tal vez lo segundo es lo más importante pues las ideas siempre pueden existir pero en cambio encontrar quien crea en ellas y las saque adelante no siempre es tan obvio.

El simple recuento de los cargos desempeñados por los antiguos pupilos del profesor Cepeda en el actual gobierno es impresionante. Principiando por el propio presidente Gaviria, hacen parte de esta lista el ministro de la Defensa Nacional, Rafael Pardo; el viceministro de Relaciones Exteriores, Rodrigo Pardo; el asesor presidencial para Asuntos Internacionales, Gabriel Silva; el asesor presidencial para Asuntos Constitucionales, su hijo Manuel José Cepeda; el consejero presidencial para la seguridad nacional, Ricardo Santamaría y el director del Inderena Manuel Rodríguez. Todos ellos fueron en su momento estudiantes destacados que presentaron como común denominador un desinteresado y persistente entusiasmo por la política nacional, por su manejo, sus dilemas y contradicciones y que, impulsados por Cepeda Ulloa, participaron con sus escritos en seminarios y discusiones sobre la realidad nacional.
Muchas de estas publicaciones fueron presentadas de manera conjunta y sus temas abarcaron desde la política internacional en los últimos 30 años hasta temas nacionales como el análisis sobre la participación electoral, el sistema de partidos, la legitimidad del régimen, además de extensos debates y escritos acerca de los procesos de paz iniciados bajo el Gobierno de Turbay Ayala y continuados, con distintas variables, durante el cuatrienio de Belisario Betancur.

Fue una epoca de mucha agitación intelectual en donde el profesor más que ofrecerles respuestas sobre la problematica nacional les inculcó la duda metódica: ¿Hasta donde era capaz el sistema político colombiano de autorreformarse? ¿Cuales eran las variables y circunstancias que impedían el paso de las reformas cuando éstas eran propuestas? ¿A qué causas se le podía atribuir la falta de apoyo popular a las instituciones y, por ende al sistema? ¿Era real la falta de legitimidad del Estado colombiano, tal como lo criticaba la guerrilla? ¿Cómo lograr una democracia más participativa y abierta a las opiniones disidentes? ¿Existía alguna formula viable que les permitiera a los colombianos vivir en paz?
Gracias a la fulgurante trayectoria académica exhibida por los jóvenes miembros del actual gobierno, muy pronto se convirtieron en los interlocutores validos de los estudiosos extranjeros empeñados en desentrañar el acontecer político colombiano. A la vez, este contacto les abrió las puertas para adelantar estudios de posgrado en las mejores universidades de Estados Unidos y Europa. Al regreso de sus estudios, se encontraron con Cepeda Ulloa, que desde las distintas posiciones que ocupó en la Universidad de los Andes, fue encarrilandolos en calidad de profesores e investigadores de tiempo completo.

Gran parte de este equipo habría de pasar de la teoría a la practica durante la Administración Barco. En compañía con Mario Latorre Rueda, Cepeda colocó al grupo de los Andes en posiciones claves del gobierno. Se rumora inclusive que tuvo un papel preponderante en promocion de la meteórica carrera de César Gaviria en esa administración.

En todo caso lo que sí es seguro es que Cepeda llevó a trabajar al Palacio de Nariño a todo el equipo de profesores que había formado desde la Universidad. Rafael Pardo ocupó uno de los cargos en la Consejería de Paz, al igual que Ricardo Santamaría y Gabriel Silva. Rodrigo Pardo fue el asesor en materias internacionales y Manuel José Cepeda en asuntos jurídicos. Las fallas ideológicas del Presidente eran suplidas con creces por el grupo de asesores. De cualquier forma, lo más importante ya había sido ejecutado: al implantar el sistema gobierno-posición se había colocado el dique más importante contra el reparto tradicional del poder que venía desde los tiempos del Frente Nacional. A lo mejor, sin este rompimiento, nada de lo que hasta el momento se ha logrado por parte del Gobierno de César Gaviria, se hubiera podido conseguir.

Acostumbrado a brillar en los claustros universitarios, a exponer ideas novedosas en los salones, Cepeda había tenido una figuración parcial, sin mayor poder de decisión o de mando. Su opinión era siempre consultada por políticos de uno y otro partido, pero al final, las decisiones las tomaban los políticos. En el caso concreto del Gobierno de Barco, las decisiones de carácter político fueron tomadas por el Presidente y por él. Otras personas, como Gustavo Vasco, Carlos Valencia, Enrique Peñalosa, Rafael Rivas y Germán Montoya, podían definir cuestiones prácticas del manejo del Estado, pero la teoría la defendían Latorre Rueda y Cepeda Ulloa.

Al llegar al poder Gaviria, el espíritu de cuerpo que se formó alrededor de Barco, se hizo aún más evidente cuando decidió mantener en su nómina de asesores y aun promocionar a los mismos colegas que tuvo durante la administración anterior. Hoy ocupan los cargos de ministros, viceministros y consejeros presidenciales. Si la generación Cepeda durante la Administración Barco había llegado al gobierno, en la Administración Gaviria llegó al poder. Y eso -Cepeda lo sabe mejor que nadie- constituye una gran diferencia.

Tres frentes concretos del revolcón han quedado en manos de esa generación: la Constituyente, el manejo del orden público y las relaciones internacionales. Como ministros de Barco, Gaviria y Cepeda habían sentado las bases de la Constituyente. El tema de la legitimidad del Estado y sus instituciones -que Cepeda había trajinado por años en las aulas, en seminarios y tertulias- al igual que el problema de la falta de respaldo al sistema político en general, saltaron a la cabeza de la agenda.
Más aún cuando esa situación se hacía cada vez más evidente en la falta de participación electoral y en los resultados de las encuestas. Muchas horas dedicaron a tratar de encontrar fórmulas para modificar la estructura de poder, para devolver la participación al ciudadano común y vincularlo, así fuera teóricamente, en el manejo del Estado.
La Puesta en práctica de todo esto quedó en manos de dos personas: Humberto de la Calle, ministro de Gobierno de esta administración y Manuel José Cepeda, hijo de Fernando Cepeda. Dada la cercanía entre padre e hijo, el pensamiento del padre estuvo presente de principio a fin.

El otro frente donde ha estado presente la mano invisible de Cepeda es en el del orden público. Más que el nombramiento en sí de su pupilo Rafael Pardo como el primer civil a la cabeza del Ministerio de Defensa en 40 años, lo que acogió el Gobierno de Gaviria fue una tesis que Cepeda venía esgrimiendo de tiempo atrás: la de que el manejo del orden público se le devolviera a los civiles. Pardo, que era hasta hace pocos años un simple colaborador académico de Fernando Cepeda, es hoy el superior jerárquico de todos los generales de Colombia. Con 38 años, muy pocas palabras y mucho aplomo, el Ministro de Defensa está de puntero, por ahora, en la generación Cepeda para llegar a grandes destinos.

En el plano internacional su influencia, en cambio, sí es más directa y real. No sólo porque es el embajador colombiano ante Naciones Unidas, sino porque dos de sus pupilos están en posiciones claves en Bogotá: Gabriel Silva, como consejero presidencial para asuntos internacionales y Rodrigo Pardo, como viceministro de Relaciones Exteriores. Con estos dos, Cepeda mantiene prácticamente comunicación diaria y no es descartable que siga ejerciendo sobre ellos la influencia que puede tener un profesor admirado sobre sus alumnos preferidos.

Su influencia fuera de Colombia se extiende también al mundo académico.
Desde hace muchos años ha tenido contactos con profesores de reconocida fama internacional como Bruce Bagley y Malcolm Deas, con quien ha mantenido una estrecha amistad desde hace más de 25 años. Su tránsito por la embajada de Colombia en Gran Bretaña y su amistad con Deas, lo convirtieron en conferencista frecuente en la Universidad de Oxford.

Pero la influencia de este profesor no se limita al gobierno. Tiene un pie bien puesto en el mundo académico a través de sucesor en el departamento de ciencias políticas de la Universidad de los Andes, Gabriel Murillo, quien por largos años ha sido su contertulio y colaborador. Y a pesar de que los barones electorales nunca han sido su fuerte, tiene otro pie colocado en el mundo de la política partidista a través, entre otros, de Fernando Botero, otro de sus apóstoles más destacados.

¿Cuáles son los vínculos de amistad que unen al actual presidente César Gaviria con su embajador ante las Naciones Unidas? De tiempo atrás, el actual Presidente se destacó siempre como un avezado y distinguido estudiante, buen profesional y mejor político. Cepeda Ulloa lo conoció cuando era alumno de la Universidad de los Andes, e inmediatamente se descrestó. Combinaba el manzanillismo con la formación académica y esto lo convertía ante los ojos de su profesor en el prototipo del político del futuro. Algo que lo impresionó mucho del actual Presidente, fue que cuando tuvo la posibilidad de irse becado a cualquier universidad del mundo a hacer un máster, prefirió irse de alcalde de Pereira. La beca la podía obtener por sus resultados académicos ejemplares y era lo que todo el mundo en los Andes anhelaba. Rechazar esa oportunidad por un primer peldaño en la política municipal, mostraba una vocación de poder que el primero en detectárla fue, sin duda, Fernando Cepeda.

Curiosamente, a pesar de todo esto, Cepeda tenía mucho más ascendiente sobre Virgilio Barco que sobre César Gaviria. En la administración anterior mandaba de verdad. Desde Bogotá y después desde Londres, todos los días generaba ideas y producía memos y discursos donde se trazaban las políticas del gobierno. Ante el vacío de poder generado por la personalidad de Barco, tres personas ejercieron un poder cuasi presidencial: Germán Montoya, Gustavo Vasco y Fernando Cepeda. Como ese vacío no existe con Gaviria, la situación ha cambiado. La influencia de Cepeda es enorme, pero indirecta. Se basa más en afecto que en jerarquía y se ejerce más a través de ministros, viceministros y consejeros que del propio Presidente. Gaviria y Cepeda tienen una relación excelente pero no mantienen comunicación permanente. En cambio sus demás ex pupilos mantienen contacto estrecho con su maestro.
El intercambio de ideas se cruza con el de chismes, de ahí que Cepeda sea hoy uno de los colombianos mejor informados. Lo que todo el mundo le reconoce es que sabe guardar secretos.

No han sido pocos los éxitos alcanzados por el antiguo decano de la Universidad de los Andes quien, hace ya algunos años, en un reportaje para la página universitaria del diario El Tiempo, aseguraba que

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