Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1997/06/30 00:00

ALARMA AMBIENTAL

Bogotá, la tercera ciudad más contaminada de América Latina, parece no encontrar salida a sus problemas de polución.

ALARMA AMBIENTAL

Hasta hace muy pocos años Colombia era un país de ciudades 'limpias'. Nadie se imaginaba que alguna de ellas pudiera llegar a sufrir problemas de contaminación tan graves como los que tiene la Ciudad de México, por ejemplo (ver recuadro). Pero hoy la historia es diferente. Los habitantes de Bogotá respiran durante el año cerca de cuatro millones de toneladas de contaminantes suspendidos en el aire, lo que equivale a que cada uno de los seis millones de bogotanos se fume, en promedio, 40 cigarrillos diarios, y la capital de Colombia ocupe _después de México y Santiago_ el tercer lugar entre las ciudades más contaminadas de América Latina. Y no es sólo el aire. Al caminar por una vía cualquiera de Bogotá sus habitantes entran en contacto con las 208 toneladas de basura que se dejan de recoger en la ciudad y los tres ríos principales que la drenan _cuyas aguas son utilizadas para consumo humano_ son verdaderas alcantarillas que desembocan en el río Bogotá. El río Tunjuelo, solamente, recibe de forma directa las aguas negras y los vertimientos de cientos de barrios e industrias localizados a la altura de su cuenca y los desechos del relleno sanitario de Doña Juana, caracterizados por una alta concentración de contaminantes orgánicos y químicos. Negro panorama El tema de la contaminación de Bogotá está por estos días en primer plano. Este jueves es el Día mundial del medio ambiente. En el mundo hay preocupación por los altos índices de contaminación que han convertido a varias ciudades en lugares casi invivibles. Australia, por ejemplo, destina un alto porcentaje de su presupuesto para solucionar el grave problema de la destrucción de la capa de ozono. Pero, en Colombia, se trabaja casi con las uñas en un tema tan delicado para la salud pública. El problema del aire es tan grave que las autoridades han decidido instalar una red de monitoreo que permita determinar los índices de contaminación de la ciudad. En su primera etapa se ubicarán siete estaciones, las cuales permitirán a la ciudadanía saber en qué épocas del año o a qué horas del día los niveles de contaminación pueden ser perjudiciales para la salud. Con esto, además, se podrán evaluar políticas y estrategias de control que lleven a prevenir y controlar el crecimiento de un fenómeno ambiental que cada día es más amenazante para los habitantes de la capital. Según Eduardo Uribe, director del Departamento Administrativo del Medio Ambiente _Dama_, "una forma de medir el nivel de contaminación que genera una ciudad es haciendo una relación entre el número de habitantes, el número de vehículos que transitan por las calles y el número de industrias que se levantan a lo largo y ancho de la ciudad. Y en nuestro caso la suma de estos factores da como resultado un nivel de contaminación muy superior al de la mayoría de las ciudades más industrializadas del planeta". Bogotá tiene seis millones de habitantes y, según la Secretaría de Tránsito y Transporte, por sus calles circulan 741.627 vehículos, con una edad promedio de 13,5 años en el caso de los automóviles particulares y de 17,2 en el de buses y busetas. El parque automotor produce emisiones de monóxido de carbono e hidrocarburos que equivalen al 60 por ciento de la contaminación total del aire en la ciudad. Eso sin contar los 650.000 barriles de aceites lubricantes usados en los automotores y que se vierten anualmente en las alcantarillas sin ningún control por parte de las autoridades sanitarias. En Bogotá existen, además, cerca de 27.000 establecimientos industriales, de los cuales 2.372 han sido identificados por la Secretaría de Salud como agentes potenciales de contaminación del aire. Efectos en la salud Todos estos focos de contaminación generan un serio problema de salud pública. El monóxido de carbono _uno de los gases más contaminantes del ambiente_ se convierte en un tóxico peligroso para el sistema respiratorio al mezclarse con la sangre. De hecho, entre los problemas de salud causados por la contaminación se destacan las enfermedades pulmonares obstructivas crónicas y la inflamación de las vías respiratorias. Los informes de la Secretaría de Salud del Distrito revelan que estas enfermedades se encuentran dentro de los 10 primeros factores de morbilidad y mortalidad en Bogotá. En 1990 cerca de 30.000 personas fueron atendidas por neumonía y 4.106 de cada 100.000 habitantes padecían alguna infección respiratoria. Esas estadísticas aumentaron vertiginosamente seis años después. De acuerdo con el informe oficial de esa entidad, durante 1996 se presentaron 288.856 casos de infecciones respiratorias agudas. Uno de los primeros estudios que se hicieron para medir los efectos que la contaminación genera en la salud de los bogotanos lo realizó en octubre de 1993 la Escuela Colombiana de Medicina. Para ese informe se usó como muestra un grupo de 248 agentes de tránsito de Bogotá. De ellos, 75 por ciento eran hombres jóvenes, en su gran mayoría no fumadores y con un promedio de servicio no mayor de cuatro años. Después de los análisis se llegó a la conclusión de que aproximadamente 80 por ciento de los agentes sufría enfermedades pulmonares obstructivas crónicas. El estudio comprobó, además, como dijo a SEMANA el médico Gustavo Aristizábal, director del proyecto de contaminación y enfermedades respiratorias de la Escuela Colombiana de Medicina, que" el desarrollo de las enfermedades es directamente proporcional al tiempo de exposición al aire libre. El síndrome del sistema nervioso central _que se relaciona con alteraciones en la conciencia, mala coordinación y pérdida del equilibrio y la memoria_ apareció, por ejemplo, como común denominador entre los agentes. Y este síndrome se produce por una exposición directa al monóxido de carbono y al bióxido de azufre que genera la contaminación vehicular". Otras enfermedades Otras patologías observadas fueron las irritaciones oculares y la dermatitis irritiva. Esta última, según el estudio, se presenta por la adhesión a la piel de partículas suspendidas en el aire. De hecho, la piel es el órgano del cuerpo más expuesto a la contaminación ambiental. Según el médico Juan Guillermo Chalela, dermatólogo de la Fundación Santafé, "los llamados eczemas de tipo alérgico, caracterizados por lesiones de color rojo con pequeñas microampollas que producen intensa rasquiña, se presentan por lo general al estar en contacto con alquitranes de las chimeneas y humos de los carros". En el caso de las enfermedades generadas por la contaminación del agua, un estudio del Ministerio del Medio Ambiente muestra que un alto porcentaje del líquido que llega a los hogares bogotanos contiene sustancias peligrosas emitidas por la industria y en muchos casos tiene bacterias, protozoos y otros microorganismos patógenos provenientes de descargas de origen residencial. La presencia de alguna de estas sustancias puede generar consecuencias nocivas para la salud de quienes consumen 'agua de tubo' o para los que ingieren, por ejemplo, productos agrícolas que han sido regados con estas aguas. Pero no sólo los factores ambientales externos pueden ser nocivos para la salud. Según la doctora Gema Jacques, médica inmunóloga y coordinadora de la Clínica del Asma de Colsubsidio, "la contaminación domiciliaria puede llegar a ser incluso igual o más perjudicial para la salud que la contaminación en las calles. De hecho, el humo, los olores y el polvo que se concentran en hogares con espacios muy reducidos son determinantes para generar enfermedades de tipo respiratorio". De acuerdo con un estudio realizado por la Clínica, de 370 pacientes asmáticos tomados al azar, 48 por ciento vivía en hacinamiento, 24 por ciento convivía con animales y 34 por ciento vivía con alguien que fumaba en su dormitorio.
¿Que va a pasar?
Un panorama tan oscuro exigiría una respuesta de grandes proporciones. Pero lo cierto es que la capacidad institucional de las autoridades ambientales urbanas es muy reducida frente a la magnitud de las fuentes contaminantes. Y a pesar de los pasos que se han dado en los últimos años _entre los cuales habría que mencionar la creación del Dama_ es mucho lo que hay por hacer, no sólo en materia de control sino de prevención. El único estudio global que sobre la calidad del aire se ha realizado en Bogotá se llevó a cabo hace siete años por la Agencia de Cooperación Internacional del Japón _Jica_ y la Secretaría de Salud del Distrito. Según Camilo Luengas, ingeniero ambiental y colaborador de ese proyecto,"de acuerdo con los resultados que arrojó el estudio, en ese entonces estábamos en el sexto lugar entre las ciudades más contaminadas de América Latina. Sin embargo, como van las cosas, en unos años el solo hecho de respirar en Bogotá puede ser mortal". Puede parecer una exageración pero lo cierto es que una realidad como esa puede no estar muy lejana. Los centros de emergencia de hospitales y clínicas cada vez están más atiborrados de pacientes que llegan en busca de ayuda porque una simple gripa se les ha convertido en un problema de salud que en muchos casos ha llevado a la muerte. El aire que respiran los bogotanos dejó de ser hace mucho tiempo saludable y no está lejano el día en el que, como los japoneses, tendrán que usar un tapabocas para salir a la calle. Cada bogotano respira al día el equivalente al humo de 40 cigarrillos El drama de Ciudad de México Hacia el final de la noche, cuando los primeros rayos de luz intentan iluminar la ciudad, una mancha negra, espesa, horizontal, cubre como una sombra el cielo de Ciudad de México. La radio anuncia altas concentraciones de ozono en la zona sur del Distrito Federal y, poco antes de las 8:30 de la mañana, los niveles de contaminación alcanzan las 320 unidades Imeca, una medida que cuando supera las 200 unidades ya es lo suficientemente grave como para que se recomiende a los habitantes de la ciudad no hacer deporte ni estar expuestos durante mucho tiempo al aire libre. En esos días críticos la Comisión Metropolitana para la Prevención y el Control de la Contaminación Ambiental del Valle de México pide a los habitantes _por radio y televisión_ evitar el uso innecesario del automóvil, ordena el cierre de 20 por ciento de las estaciones de gasolina, prohíbe la venta de pinturas, barnices y solventes, suspende en 30 por ciento la actividad industrial y en 50 por ciento el uso de vehículos oficiales, paraliza en un promedio de 49 por ciento la operación de las termoeléctricas ubicadas en la zona urbana y decreta día libre en los colegios del Distrito Federal. Con el plan de emergencia se logra reducir entre 15 y 30 por ciento el total de contaminantes en la atmósfera de la ciudad. No obstante, con o sin plan de emergencia, un día como éste le representa a la capital azteca un aumento considerable en los registros de infecciones respiratorias, oculares o dermatológicas. Y no son pocas las veces en que se presentan muertes ocasionadas por los altos niveles de contaminación. Según las estadísticas, en Ciudad de México mueren cada año cerca de 100.000 personas como consecuencia de enfermedades causadas por el deterioro ambiental. Las primeras víctimas Lo más grave del problema de la contaminación es que los más afectados son los niños. Según la doctora Frida de Sanabria, otorrinolaringóloga del Centro Médico de la Sabana, "las enfermedades respiratorias, ligadas en gran parte con la calidad del medio ambiente, constituyen la primera causa de mortalidad infantil". A su vez, el doctor Oscar Escorcia, médico pediatra y profesor adscrito a la Universidad Javeriana, asegura que la contaminación ambiental es más peligrosa para los menores que para los adultos. "En los niños la exposición a la polución de los carros, por ejemplo, puede traer enfermedades como el asma bronquial, las bronconeumonías, las bronquitis agudas o crónicas y la sinusitis, entre muchas otras, debido a que sus órganos tienen un diámetro menor que los adultos y son más propensos a contraer enfermedades". Y lo mismo pasa con otro tipo de enfermedades. "En muchos casos las enfermedades diarreicas y parasitarias se correlacionan con condiciones sanitarias críticas y altos niveles de contaminación ambiental", afirmó el doctor Jesús Alvaro Rojas, jefe de la unidad quirúrgica del Hospital Lorencita Villegas de Santos. Así mismo, la población más vulnerable a todo este tipo de trastornos son los niños entre uno y cinco años de edad.

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