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| 7/22/2014 12:00:00 AM

“Lo que quieren es que nos pongamos a llorar”

Así responde el alcalde de Santa Marta ante las peticiones de que suspenda las Fiestas del Mar por el desabastecimiento de agua.

La crisis del desabastecimiento de agua en Santa Marta ha alcanzado el punto más álgido en los últimos años. Todas las semanas, desde febrero, hay manifestaciones y bloqueos de vías para quejarse por el mal servicio. 

En años anteriores, los samarios construyeron aljibes, tanques elevados e instalaron motobombas en sus casas para poder tener agua. Desde noviembre del 2013 no cae una gota de lluvia y las fuentes hídricas del acueducto (los ríos Manzanares, Gaira y Piedra) están secas. La administración distrital compra agua y la potabiliza para distribuir en carrotanques y la empresa concesionaria de la prestación del servicio, Metroagua, también tiene que hacer lo propio para suplir el déficit que tienen los 500.000 habitantes de la capital de Magdalena.

Esta sequía ocasionó que algunos sectores de la población le solicitaran al alcalde que no se hicieran las tradicionales Fiestas del Mar, un programa que año tras año se realiza en la ciudad entre los últimos días de julio y los primeros de agosto. 

El alcalde Carlos Caicedo Omar se ha negado a la petición y ahora sostiene en diálogo con Semana.com que aplazar las fiestas no hará que llueva o que corra agua por las tuberías, pero sí podría afectar a miles de hogares que viven del turismo.

Semana.com: Ante el dilema de la ciudad, agua o fiestas, ¿cuál es su respuesta?

Carlos Caicedo: No es un dilema. Las fiestas se realizan gracias al patrocinio de la empresa privada, como siempre ha sido. La diferencia en este gobierno y los anteriores es que hemos aplicado un enfoque de equidad de manera que a los eventos acceden todos los samarios de forma gratuita y reorientamos lo que llamaban reinado del mar a un componente más deportivo y se abrieron espacios para que la fiesta sea una oportunidad para la gastronomía, la moda, el deporte y la cultura.

Semana.com: Una de las criticas dice que el Distrito destinaría recursos para hacer las fiestas y dejaría de invertirlos en resolver la crisis del agua. ¿Es cierto?

C. C.: Falso. Los recursos del sistema general de participación de agua potable no se pueden desviar para hacer fiestas, se estaría incurriendo en un peculado y los recursos propios del Distrito no se utilizan para aquello que no está establecido en el presupuesto aprobado por el Concejo.

Semana.com: Sería como una fiesta en medio de un duelo, dicen sus críticos...

C. C.: Estas fiestas están organizadas para que Santa Marta se posicione como una ciudad de mar, con oferta turística que vale la pena conocer. Sería un mensaje equivocado si canceláramos las fiestas después de haberlas reorganizado. Es tanto como decir que hay que cancelar la actividad turística, cancelar los vuelos y decirle a la gente que no venga a las playas ni al Parque Tayrona. Estamos viviendo una calamidad, pero miles de personas dependen de la economía turística.

Semana.com: ¿Qué tan importante es el renglón turístico en la generación de empleo para Santa Marta?

C. C.: Esta es una ciudad que vive de una economía de servicios, hay pocas industrias, las actividades más sólidas son la logística portuaria y el manejo de carga. Santa Marta vive de la actividad formal e informal del turismo. Hay nuevos hoteles, inversión en restaurantes y sitios nocturnos. Pero también hay una economía informal que ha crecido en las últimas décadas. Santa Marta tiene una de las tasas más bajas en materia de empleo y tiene una de las tasas más altas de informalidad económica, el 70%, y está ligada al turismo.

Semana.com: ¿Cuáles son las razones de la crisis?

C. C.: Los samarios debemos entender que el cambio climático está afectando a la Sierra Nevada, que fue deforestada por el narcotráfico, el 80% del bosque primario desapareció y de la Sierra Nevada se nutren más de dos millones y medio de personas en poblaciones y municipios aledaños.

Semana.com: ¿Cuáles son las fuentes de agua de Santa Marta?

C. C.: Los ríos Piedra, Gaira y Manzanares nacen en un bosque de niebla y están afectados por el cambio climático y el proceso de deforestación. Si agregamos que hace ocho meses no llueve, son fuentes que cada vez están más agotadas. Esto nos obliga a buscar nuevos recursos hídricos para abastecernos, no pueden ser sólo los ríos de la sierra. Por eso estamos mirando el mar como una oportunidad de abastecimiento y también el río Magdalena, de donde se surten Barranquilla y Cartagena.

Semana.com: ¿Cómo una ciudad rodeada de ríos llegó a este problema y qué está haciendo su administración ante la crisis?

C. C.: El modelo de operación es muy favorable para el concesionario y desfavorable para la ciudad. En el año 1989 el distrito realizó un contrato de arrendamiento de las redes y durante 25 años han firmado cinco otros sí, en los que las condiciones siempre fueron desventajosas para la ciudad. No se estableció que la empresa tenía que hacer estudios sobre las nuevas fuentes y tampoco se estipuló que la empresa hiciera inversiones en el sentido de satisfacer esa demanda. Si no hay estudios, ni inversiones, ni una adecuada planeación y el modelo de operación no era favorable para la ciudad, Santa Marta iba a colapsar.

Semana.com: ¿Cuál es la alternativa?

C. C.: Antes de este problema de la ausencia de lluvias, en la ciudad había un malestar con la empresa: las tarifas son superiores a las de Bogotá, el agua no llega de manera continua a la mayoría de los barrios, la cobertura es sólo del 87 % y en unos barrios el agua llega una vez por semana y además es un agua impotable. Antes de esta sequía, el servicio no era continuo y las tarifas no eran económicas. Estamos ante la agudización de un problema. Nosotros planteamos un plan de mejoramiento a la empresa que recibe subsidios del sistema general de participación en el orden de 1.300 millones de pesos, sin contar los recursos de facturación y los usuarios se quejan de que la empresa cobra la factura sin que presten el servicio a los hogares.

Semana.com: ¿Cómo han resuelto la demanda en este emergencia?

C. C.: Apoyados por el sistema general de riesgos hemos distribuido 60 millones de metros cúbicos en distintos puntos de abastecimiento, albercas comunitarias y en carro tanques.

Semana.com: ¿A quién le interesa que no se hagan las fiestas?

C. C.: Es una estratagema política. No quieren la fiesta los que promovieron la revocatoria del mandato contra este gobierno, los que aplauden al Concejo cuando se opone a los proyectos del Distrito, pero no debaten la mala prestación del servicio de Metroagua. ¿Por qué el Concejo no le ha hecho un solo debate a Metroagua por la prestación del servicio, o por qué la Contraloría Distrital se ha hecho la de la vista gorda frente al problema? ¿Por qué no salen a coadyuvar la terminación del contrato que la administración está proponiendo? Los concejales están del lado de los propietarios españoles de la empresa, no están del lado de la ciudadanía. El plan de mejoramiento siempre contempla inversiones del Estado y la empresa no invierte un peso, pero sí cobran el metro cúbico más caro del país. Tienen la infraestructura, tienen los clientes, el distrito construye los pozos y ellos cobran sin prestar un servicio de calidad. Eso es una ecuación imposible, pero la responsabilidad se la atribuyen al Distrito y a su alcalde. 

Semana.com: ¿Qué le dice a quienes sostienen que la fiesta es como un circo para calmar la sed?

C. C.: Suspender la fiesta no resuelve nada y hacer las fiestas tampoco soluciona el problema del agua. Sería como decirle a los hoteles que no reciban más turistas porque hay escasez de agua. Si no hacer la fiesta motivara a la naturaleza para que lloviera, pues cancelamos la fiesta. No hacer la fiesta sí perjudica a muchas personas que tienen como sustento los eventos que se realizan en esos días. La fiesta es una forma de llamar la atención para decir que el mar no es sólo para recrearse o hacer deportes, sino que además puede ser fuente de agua potable. Lo que quieren es que nos pongamos a llorar como si Santa Marta estuviera de luto, pero esta crisis tiene que ver con la ausencia de preocupación durante décadas de varios gobiernos en los que nadie dijo nada.
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