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| 8/30/2014 10:00:00 PM

"Un solo competidor bajaría el precio en un 30 o 40 por ciento"

El ministro de Salud, Alejandro Gaviria, habla de la batalla de Colombia contra el monopolio de las multinacionales en el mercado de los medicamentos biotecnológicos.

MARÍA JIMENA DUZÁN: En una carta que le envió hace unas semanas nuestro embajador en Washington Luis Carlos Villegas se aborda la controversia que se ha armado en Estados Unidos con el decreto que usted estaría preparando y que busca reglamentar los medicamentos biotecnológicos. En ella se deja entrever el malestar que causaría ese decreto en la gran industria farmacéutica. ¿Le sorprendió la carta?

ALEJANDRO GAVIRIA:
Este es un tema muy complejo que se está debatiendo no solo en Colombia sino en todo el mundo. Con decirle que fue uno de los temas de discusión de la asamblea mundial de la salud de este año en Ginebra, y que en el fondo tiene que ver con una gran discusión que se está dando de las farmacéuticas sobre la competencia de esta nueva generación de medicamentos que se denominan biotecnológicos.

M. J. D.: ¿Cuáles son los medicamentos biotecnológicos?

A. G.:
Una nueva generación de medicamentos, basados en organismos vivos, no en síntesis química. Para los medicamentos de síntesis química, existen los genéricos. Sobre eso ya no hay discusión porque esa pelea se dio una generación atrás. En estos medicamentos biotecnológicos existe la gran discusión sobre qué pasa después de que se vencen las patentes. Y una buena parte de la industria farmacéutica multinacional plantea que como los medicamentos biotecnológicos son muy complejos cualquiera que quiera competir tiene que irse hacia atrás y hacer casi todos los ensayos pre-clínicos y clínicos. Eso significa que para poder entrar a competirles habría que invertir decenas de millones de dólares que es lo que cuesta este tipo de pruebas. Si esa idea prevalece, lo que vamos a tener son unos monopolios eternos de las grandes compañías farmacéuticas, lo que amenazaría la viabilidad de los sistemas de salud en todas partes. El ministro de Salud sí tiene quien la escriba. No solamente hemos recibido la carta del embajador colombiano. También hemos recibido muchas cartas de embajadas, como las de Suiza, de la embajada norteamericana, de la agencia sanitaria de los Estados Unidos y de compañías farmacéuticas multinacionales.

M. J. D.: Los que se oponen al decreto dicen que lo hacen no por el tema de la competencia, sino porque consideran que estos medicamentos son un peligro para la salud. Sostienen que si no se hacen esas pruebas, esos medicamentos no pasarían ni siquiera los filtros que requiere la Organización Mundial de la Salud y podrían ser un peligro para la salud pública. Ellos llaman a eso ‘la ruta abreviada’. ¿Qué les dice?

A. G.:
Hay un poco de demagogia en sus argumentos. Si usted ve, Obamacare habla de ruta abreviada. Brasil con otro nombre, ha hecho una reglamentación que sigue los lineamientos de la ruta abreviada. Ecuador se está moviendo en esa misma dirección y lo mismo ocurre en Europa. ¿Qué significa la ruta abreviada? Significa que uno puede caracterizar la molécula al punto de que se puede decir si es similar a esta otra. Y si hay dos moléculas similares, como ocurre ya con los genéricos, pues no necesito volver atrás y gastar cientos de millones de dólares, sobre todo en investigaciones clínicas en humanos donde hay también consideraciones éticas.

M. J. D.: ¿Y el decreto adopta ‘la ruta abreviada’?

A. G.:
Sí, en efecto. La idea es adaptar la legislación colombiana a  una realidad tecnológica global. La ruta abreviada no significa que estemos sacrificando calidad para mejorar el precio de los medicamentos. De ninguna manera. Lo que estamos haciendo es eliminar barreras de acceso innecesarias para tener una mayor competencia y menores precios. Pero además, la pelea hay que darla con argumentos y lo que no me gusta es cuando se da un debate oblicuo; es decir, cuando los intereses pecuniarios y financieros se disfrazan de intereses altruistas. Ellos dicen que lo que les preocupa es la salud de los colombianos, que estos medicamentos no son seguros ni eficaces. En el fondo esta pelea es por plata. Repito: no vamos a hacer nada irresponsable y el decreto lo que va a decir es muy sencillo: se van a plantear unos requisitos mínimos y criterios generales que vamos a exigir para la entrada al país o la producción nacional de biotecnológicos. El decreto plantea la ruta abreviada. Si uno cede en ese punto, perdió esta pelea. Yo espero que el decreto esté listo la próxima semana.

M. J. D.: ¿Y la tesis de que estos medicamentos no cumplen los estándares planteados por la Organización Mundial de la Salud?

A. G.:
Esos estándares también han cambiado. La OMS tenía unas guías y mucha gente aseguraba que eran unos lineamientos casi dictados por la industria farmacéutica internacional. Hoy en día la OMS anda en la idea de plantear nuevas guías y ha dicho que defiende la autonomía de cada país de hacer su regulación. En la Ley 1438 aprobada en el año 2011 obligaba al gobierno a reglamentar en un año este tema de los biotecnológicos. Ese plazo perentorio, tan corto, era para que el país no tuviera más  alternativa que adoptar las guías que imponía la OMS de entonces. Afortunadamente nosotros nos tomamos un tiempo más. Mientras tanto el debate global avanzó y hoy Colombia está dando un paso pionero en ese tema porque somos el país que está hablando de manera más explícita de ruta abreviada.

M. J. D.:  ¿Está preparado para enfrentarse con las poderosas industrias farmacéuticas?

A. G.:
Soy consciente de que no es una pelea fácil. En las redes sociales hay una impresionante campaña de desprestigio contra el gobierno y el ministro por el decreto. Le  dicen a los biotecnológicos, ‘biochimbos’ y en el mundo del comercio entre países este tema se le conoce con el nombre de irritante comercial. Yo creo en el mercado y en la competencia como ejes para mejorar nuestro sistema de salud. Por eso hemos venido regulando los precios de los medicamentos, pero es claro que eso no es suficiente y lo que hay que garantizar es la competencia sin reducir la calidad. Colombia, a pesar de las críticas que se le hacen al sistema de salud, tiene una cobertura casi universal y a diferencia de lo que sucede en la mayoría de los países de América Latina, ha incorporado en los planes de beneficios estos biotecnológicos, como sucede con varias drogas para el cáncer, la artritis reumatoidea y la esclerosis múltiple. Pero además, tenemos una ley estatutaria que nos abre más las puertas a las nuevas tecnologías. Si nosotros no garantizamos en este nuevo escenario la competencia para que el precio de los biotecnológicos baje cuando se venzan las patentes, el sistema se quiebra. Esta batalla que está dando Colombia es una pelea que trasciende las fronteras. Creo que a las multinacionales farmacéuticas les preocupa tanto el mercado colombiano como el precedente del decreto. Les preocupa que lo que se está haciendo aquí pueda replicarse en otros países en desarrollo y se cambie la forma como operan estos mercados internacionales que se basan en mantener unos monopolios más de lo necesario.

M. J. D.: De todas las cartas que ha recibido molestas por el decreto ¿ cuál es la que más le ha sorprendido?

A. G.:
Tal vez la que más me ha preocupado es la carta que me enviaron cuatro senadores norteamericanos en la que amenazan con frenar la entrada a Colombia en la Ocde, si nosotros seguimos adelante con el decreto. (Ver la carta). 

M. J. D.: ¿Qué gana Colombia con este decreto?  

A. G.:
Los estudios muestran que la entrada de un solo competidor en el mercado de los biotecnológicos bajaría el precio del medicamento hasta en un 30 o 40 por ciento.  Estamos hablando de un impacto sustancial. Eso, aunado a la estructura de negocios de las grandes compañías farmacéuticas, que yo asocio al que tienen las petroleras. Estas le apuestan a muchas moléculas, como las otras a varios pozos. Y como suele suceder no todas esas apuestas son exitosas y sus millonarios ingresos dependen de cuatro o cinco moléculas, cuyo monopolio en el mercado hoy es una realidad. De ahí la inmensa presión que hay para evitar la firma de este decreto. Todos los países en desarrollo están avanzando hacia una cobertura universal, y muchos países han consagrado la salud como un derecho fundamental y eso tiene que hacerse compatible con que los precios de los medicamentos deben ser razonables.

M. J. D.: Usted ha perdido otras peleas como la de la reforma a la salud. ¿Van a presentar una nueva?

A. G.:
He cambiado mi visión sobre cómo debe adelantarse la reforma a la salud. Me he vuelto un reformista un poco más reticente. Creo que las reformas estructurales terminan siendo contraproducentes  y fracasan en el Legislativo, por muchas razones: por los intereses que allí se enfrentan y porque las discusiones se transforman en peleas ideológicas. Los ideólogos como Robledo, agitan las aguas y en esas aguas revueltas pescan todos los intereses particulares. Eso fue lo que pasó con la reforma. Por eso mi estrategia ahora es distinta. Hay que pasar de la gran reforma estructural a la sucesión de reformitas. Por eso estamos pensando en el decreto de los biotecnológicos, en otro que adapta el sistema de salud a las condiciones complejas de regiones como Guainía, Putumayo y Chocó y se pueda llevar la salud donde el sistema de aseguramiento no ha llegado. Estamos haciendo uno que cambia las normas de afiliación para que los usuarios se afilien una sola vez en la vida y para que la gente que pierda su empleo pueda seguir protegida. También estamos haciendo más estrictas las condiciones financieras para las EPS, con el propósito de que no se vuelva a repetir los errores del pasado.

M. J. D.: ¿Y cómo va a solucionar el tema de la quiebra de Saludcoop y la crisis del sector?

A. G.:
Con Saludcoop estamos estudiando alternativas; una podría ser la de crear una nueva empresa. Y en cuanto a la situación de la salud, la quiebra de este sector es un hueco de 2 o 3 billones de pesos. ¿De dónde va a salir la plata? Estamos en discusión con el ministro de Hacienda, pero es claro que no toda la plata va a venir del presupuesto general de la Nación.

M. J. D.: ¿Y a qué horas le saca tiempo para hacer reseñas de libros en su página en Amazon?

A. G.:
Lo hago en los momentos de desvelo. La última reseña que hice fue la de un libro sobre cáncer, donde me llamó la atención una frase del autor que habló de “la tiranía de la esperanza”, y de cómo en ese tema del cáncer estas compañías farmacéuticas han sido más exitosas en vender esperanzas que en curar a la gente.
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