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| 9/29/2012 12:00:00 AM

Alejandro Ordóñez, el procurador en su laberinto

El soterrado -y cada vez más fuerte- pulso político que hay detrás de la reelección del procurador no tenía antecedentes en la historia de Colombia.

Hasta hace poco la reelección de Alejandro Ordóñez en la Procuraduría General de la Nación parecía la crónica de una decisión anunciada. El libreto previsto era sencillo: el presidente Juan Manuel Santos lo ternaba y en el Senado se daba por descontado que ganaría por knock out.

Pero en un abrir y cerrar de ojos todo cambió. La Corte Suprema fue la que ternó a Ordóñez, su elección no está hoy garantizada en el Congreso y, tal vez lo más interesante, es que se está gestando una de las batallas con más filigrana política de los últimos años en Colombia.

El procurador ha dado señales de estar preocupado. El presidente Santos está estudiando sus cartas para decidir con cuál se lanza a la mesa. Y el Congreso se enfrenta a una elección que puede volver trizas la Unidad Nacional.

Hasta julio pasado todo marchaba sobre ruedas. El presidente Santos había prometido en la Mesa de Unidad Nacional que les iba a dar la Procuraduría al Partido Conservador y la Defensoría del Pueblo al Partido Liberal. Y los conservadores tenían claro, tal y como lo ratificaron el martes pasado con una carta, que Ordóñez era su candidato.

Este, sin embargo, se empezó a preocupar por dos razones: una, él quería asegurar la postulación con tiempo, y el presidente le daba largas al tema. Y dos, le llegaron voces de la Casa de Nariño que decían que el triunfo de Luis Guillermo Guerrero en el Congreso como magistrado de la Corte Constitucional le quitaba apoyos porque muchos lo identificaban con su causa política conservadora. El procurador interpretó esto como una advertencia y decidió asegurarse con la Corte Suprema, aunque en este alto tribunal las cosas no estaban fáciles.

Cuando los medios dieron la noticia de que la Corte postuló a Ordóñez, el más sorprendido fue el presidente Santos, pues le había dejado claro al procurador que él era su candidato.

En la Corte también se sorprendieron. En menos de seis horas lograron hacer algo que toma meses. Sobre todo con la circunstancia adversa de que ahora solo hay 18 de los 23 y se necesitaban 16 votos para elegir el candidato a procurador.

Los críticos cuestionaron a la Corte Suprema por usar un estándar distinto: es la primera vez que no hacen convocatoria pública de aspirantes, eligieron a Ordóñez sigilosamente y casi dos meses antes de lo acostumbrado. Si bien, no hay norma que obligue a lo contrario, no dejó un buen sabor sacrificar la transparencia por él.

La movida del procurador en la Corte, que parecía una jugada maestra, puede convertirse  en un bumerán. Al hacerlo a espaldas del gobierno desafió al presidente Santos, quien ahora tendrá que decidir si pone a funcionar la maquinaria para que un candidato diferente gane en el Congreso, o si deja que gane Ordóñez como guiño a los conservadores.

El procurador se ha dedicado a aceitar su campaña. Congresistas le contaron a SEMANA cómo lo ha hecho. A la bancada de La U, por ejemplo, la invitó a una cena en su casa. Con el PIN, la reunión fue en el Hotel Inter, a pocas cuadras de la Procuraduría. Y así, se ha reunido con prácticamente todos los cien senadores. Incluso, cuando le llega la noticia de que alguno de ellos está dudando de su voto, lo llama personalmente.

Ha complementado esa tarea de filigrana con anuncios públicos para tratar de sellar el compromiso presidencial. El 13 de septiembre, él mismo anunció que su primer apoyo era el de la bancada de La U: "Estoy muy satisfecho por la decisión del partido de gobierno", dijo. Y casi simultáneamente se filtró a los medios el apoyo del Partido Conservador y una mayoría del Partido Liberal.

Todo parecía estar consumado en favor del procurador. Sin embargo, el silencio de la Casa de Nariño disparó las alarmas. Mientras no se conozca el candidato del presidente para la terna queda en vilo su elección en el Senado. Y la espera le da tiempo a sus contradictores para maniobrar. De hecho, la semana pasada tomó cuerpo una guerra que podría dar al traste con sus aspiraciones. Hay acusaciones de parte y parte.

De un lado está un sector progresista (del Partido Liberal y también miembros del alto Gobierno) que asegura que el procurador ha desatado una cruzada de 'amenazas' contra personas cercanas al presidente para presionar su apoyo. "El procurador se puso furioso con Santos porque no ha mandado una persona para completar la terna y así apurar la elección en el Senado. Y le dio entonces por adoptar la intimidación como política", le dijo a SEMANA un líder político. Según esta teoría, allegados al procurador habrían puesto a circular versiones de que Ordóñez abriría investigación contra dos de los hombres más cercanos a Santos en la Casa de Nariño: a Aurelio Iragorri, por un chat en el que le dice a un congresista "senador, el gobierno está pendiente de lo suyo", y a Juan Mesa, secretario general de la presidencia.

Los nervios se alteraron aún más cuando El Nuevo Siglo publicó un informe que mostraba que la Procuraduría estaba investigando congresistas y ministros por la fallida reforma a la Justicia. Para los partidarios que denuncian esta estrategia, el informe ratificaba su tesis de las 'amenazas' del procurador, pues, decían, no tenía coyuntura noticiosa y estaba puesto en la primera página de un diario reconocido vocero del Partido Conservador.

Los partidarios de Ordóñez están convencidos de que lo que se está armando es una alianza contra el procurador. "Están buscando con esta guerra una concentración impúdica de poder en manos de los liberales", dice un dirigente político que respalda al procurador. "El presidente en junio se comprometió a ternar a Ordóñez y luego fue aplazando el tema. Primero dijo 'esperemos que pase lo del defensor'; luego, 'esperemos que pase la crisis ministerial', y así pasó más de un mes y no lo ternó. El procurador siente que han orquestado algo en su contra".

¿Quién tiene la razón?

SEMANA revisó algunos de los casos y encontró, por ejemplo, que la supuesta 'amenaza' a Iragorri provino de una llamada que el alto consejero presidencial hizo a la esposa del procurador para hablar de los chats que habían salido a la luz pública. O, que en el caso del secretario general de la Presidencia, Juan Mesa, por ejemplo, la 'amenaza' fue una versión creada en los medios de comunicación y no en la Procuraduría. Y de cualquier manera, ninguno de los dos casos daría para una investigación.

Pero también, por otro lado, al procurador no le queda nada bien anunciar investigaciones contra funcionarios de la Casa de Nariño cuando el presidente está decidiendo su candidato para sucederlo. También ha generado suspicacia el caso del exministro Germán Vargas Lleras, a quien el procurador le abrió investigación preliminar el 4 de julio, pues 'denuncias' en su contra habían salido a la luz pública hace un par de años.

Nadie le está pidiendo al procurador que no investigue. Ese es su deber. Pero Colombia no tiene buenos recuerdos de abuso de poder en busca de una reelección. Si bien el procurador-candidato no se puede quedar de brazos cruzados, no dejan buen sabor actuaciones con aliento de campaña. Ni tampoco el trueque de puestos por votos para garantizar su permanencia en el cargo, algo de lo cual ha documentado el columnista Daniel Coronell.

La guerra ha ganado en intensidad. Esta semana salieron a la opinión pública varios de los tiros de salva. Aurelio Iragorri dijo en Blu radio que no hay un solo senador que pueda decir que ha recibido llamadas o mensajes para hacer campaña contra Ordóñez. Y el Partido Conservador publicó un comunicado de apoyo al procurador firmado por los 22 senadores de su bancada: "debemos cerrar filas para superar el silencio de las mayorías y refutar con argumentos a quienes recurren al alboroto y la algazara" (ver facsímil).

En últimas lo que se está dando es uno de los pulsos más intensos de poder entre liberales y conservadores en las últimas décadas. Cada uno quiere quedarse con la Procuraduría. Entre otras cosas porque hace rato no habitaba la Casa de Nariño un presidente que, como Juan Manuel Santos, tratara de ser ecuánime en la repartición.

El otro problema en este caso es que por el talante del procurador, que con el caso del aborto ha demostrado intentar poner sus convicciones por encima de lo que le obliga la ley, los liberales tienen temen que desde la Procuraduría, en un segundo período, desate la ira santa contra ellos.

El dilema va más allá de los partidos. En un Estado cada vez con más arraigo conservador un cruzado al frente del Ministerio Público puede acabar de invertir las cargas políticas en el futuro.

El presidente Juan Manuel Santos tiene la palabra.
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