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| 7/10/2014 12:00:00 AM

La sorprendente desinflada del procurador general

Alejandro Ordóñez, una de las figuras más temidas, es ahora un funcionario a punto de caer. ¿Por qué?

En la memoria de muchos colombianos aún están frescas las imágenes de un acto social que se presentó como el matrimonio de una de las hijas del procurador general de la Nación, aunque los asistentes sabían que era la fiesta de consagración de Alejandro Ordóñez.

Aquella boda fue el acto de su coronación. La iglesia de San Agustín, construida en el siglo XVII, creaba el ambiente de la monarquía en apogeo. El cardenal Rubén Salazar, la máxima autoridad religiosa, prestó los ornamentos y cálices de oro de 1700. La misa se ofició a la antigua, en latín y de espaldas a los asistentes.

Y, claro, la Misa de coronación de Mozart ambientaba la ceremonia. Y con él, inclinados ante su inmenso poder, el presidente Juan Manuel Santos, el vicepresidente Angelino Garzón, el comandante de las Fuerzas Militares, general Alejandro Navas; los ministros del gabinete, los magistrados de la Corte Suprema, del Consejo de Estado y de la Corte Constitucional; el fiscal Eduardo Montealegre, la contralora Sandra Morelli, el registrador Carlos Ariel Sánchez, entre otros. Lo más representativo del poder real.

Ha pasado poco tiempo desde que aquellas imágenes ocuparon las portadas de las revistas de las páginas sociales. Y, sin embargo, el mismo funcionario, tiene un pie a fuera –por una ponencia del Consejo de Estado que dice que su reelección estaba viciada- al tiempo que crecen las voces en el auditorio para que se caiga definitivamente.

Pero, ¿qué pasó? En febrero del 2013 el procurador Alejandro Ordóñez era considerado el hombre más poderoso del país debido a la influencia del jefe del Ministerio Público no sólo en las carreras de los empleados públicos sino en la forma de pensar de los colombianos: un día atacaba al proceso de paz, al otro se iba lanza en ristre contra la comunidad homosexual, luego se levantaba furioso contra las defensoras del aborto, en la tarde caía sobre quienes hablaran de la dosis mínima, entre otros asuntos.

En menos de un poco más de un año, su poder se vino a pique. Incluso a estas alturas ya nadie lo menciona como presidenciable como se alcanzó a decir en las huestes más conservadoras del país.

El analista político León Valencia en una columna de la revista SEMANA dio la campanada al hablar de lo que llamó “decadencia” de Ordóñez. “La imagen del procurador Alejandro Ordóñez se ha derrumbado. La última encuesta, la de Cifras y Conceptos, le da 16 puntos de favorabilidad y 40 de rechazo. También es visible el deterioro paulatino de la aceptación de su gestión en todas las mediciones de opinión desde finales del año pasado”, escribió el analista político.

El procurador había sido reelecto de manera abrumadora por el Senado tan solo unas semanas atrás luego de profundas discusiones en las que se consideró que su rectitud y valentía eran dos cualidades que debían mantenerse en el Ministerio Público. Incluso, después de que su nombre se pusiera sobre el tapete sin el guiño de la Casa de Nariño. Es decir, era una propuesta que iba en contravía del presidente Santos. Y aun así, ganó de manera holgada.

Ordóñez tenía hechos para mostrar, había sancionado disciplinariamente por igual a congresistas de la derecha y la izquierda, además de funcionarios públicos de alto rango como el exministro Andrés Felipe Arias.

Pero los tiempos cambian. Hoy el considerado hombre fuerte del poder podría salir de su cargo por cuenta de dos demandas que estudia el Consejo de Estado. La primera, tiene que ver con un posible vicio en el trámite de su elección, la segunda, es más aguda. Según los querellantes, Ordóñez no había podido ser reelecto ya que la Constitución no lo permite.

Por estos días el propio jefe del Ministerio Público ha guardado silencio y muchos se preguntan por qué. Atrás quedó la enérgica intervención en la destitución del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, quien con la habilidad jurídica, logró lo que muchos pensaban era un imposible, mantenerse en el cargo a pesar del fallo del procurador.

Petro fue quien lanzó la consigna “no pasarán” para denigrar en la Plaza de Bolívar de quienes consideró una derecha “fascista” que estaba en su contra. Solo en el discurso en el que salió del cargo señaló a Ordóñez de pertenecer a este grupo.

Otro round que Ordóñez perdió a la cabeza del Ministerio Público fue contra el exalcalde de Medellín Alonso Salazar. Como se recuerda, el Consejo de Estado le devolvió los derechos políticos al exalcalde. Meses antes la Procuraduría lo había sancionado con una inhabilidad de 12 años por participación en política y por influir en procesos electorales.

Ordóñez también aprovechó su poder para enfrentarse al fiscal general de la Nación, Eduardo Montealegre. En febrero de este año, el procurador y Montealegre fueron protagonistas de un enfrentamiento particular. Los dos chocaron por las penas que debían pagar los guerrilleros de las FARC una vez desmovilizados. A esta se sumó una investigación que iba iniciar Ordóñez contra Montealegre cuando quiso revisar unos documentos en una notaría.

¿Por qué se desinfló el procurador? Sus actuaciones parecen entregar una respuesta. “Algo muy malo, algo muy arbitrario, tiene que haber hecho Ordóñez. Porque el puesto es perfecto para lucirse, está diseñado para mantener una imagen muy alta en la opinión pública”, sentenció Valencia en su columna.

Es posible, sin embargo, que el procurador se mantenga en su cargo. Lo que sí parece que será definitivo es la reforma al Ministerio Público que él convirtió en su trono: “El procurador Ordóñez, con sus arbitrariedades, ha mostrado que los riesgos del poder excesivo de la Procuraduría son reales. Y que por ello es imperativa la reforma de esta institución para disminuir sus riesgos”, escribió en una reciente columna el analista Rodrigo Uprimny.
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