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| 10/4/2014 10:00:00 PM

“Dios me salvó de haber muerto”

Alejandro Vargas, la víctima de una brutal golpiza de dos ‘punks’, habla por primera vez después del ataque.

Romper cráneo de gomelo. En la noche del viernes pasado, ese era el brutal objetivo de Daniel Nattes y Nicolás Andrade, dos jóvenes punks que vagaban por las calles de Chapinero en Bogotá cuando se cruzaron con Alejandro Vargas, su novia Ornella Suárez y un par de amigos. Vargas, de 22 años, acababa de salir de un laboratorio en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, donde estudia Biología. Estaba esperando que uno de sus amigos sacara dinero del cajero automático de la carrera Séptima con calle 59 cuando de la nada empezaron los insultos, las provocaciones, los empujones y los golpes.  

Eran apenas las 8 y 38 de la noche, las aceras estaban llenas de gente, pero nadie hizo nada. Según contó uno de los amigos de la víctima, uno de los punks “le cogió la cabeza con las dos manos y empezó a estrellársela contra un bolardo”. Para ese momento, Alejandro ya estaba inconsciente. Sus agresores se alejaron con toda la tranquilidad del mundo, se felicitaron chocando sus manos y la Policía los atrapó a los pocos metros. 

Pero Nattes y Andrade duraron muy poco en la cárcel. A pesar de la violencia de la golpiza y de haber sido detenidos en flagrancia, la Fiscalía no fue capaz de presentar cargos y 36 horas después salieron a la calle. Poco importó que rompieran la mandíbula de Alejandro en tres partes, que le fracturaran el cráneo y el tabique y le desplazaran una de las vértebras.

Para el abogado Jaime Granados, tío de la novia de Alejandro, la agresión fue una tentativa de homicidio que no pasó a mayores gracias a la intervención de un vigilante. Y atacó a la Fiscalía que piensa imputarle a Nattes y a Andrade “lesiones personales”, un delito mucho menos grave.

El caso es deplorable. Porque es pavoroso que cualquiera pueda ser víctima de la violencia gratuita por vestirse, hablar o moverse de una manera. Porque una vez más queda en evidencia la inacción de la Justicia, que atraviesa su peor crisis que, según un sondeo de Gallup, lleva sus niveles de rechazo al 79 por ciento de los encuestados. Porque, cuando los dos agresores salieron libres, al padre de uno de ellos no se le ocurrió nada mejor que decir con sorna “¿Cómo les quedó el ojo?”.

SEMANA: ¿Cómo está en este momento? 

Alejandro Vargas: No me siento bien, me siento débil, he bajado cinco kilos. Me dicen que es posible que baje más y estoy preocupado por mi universidad.  Los médicos me dijeron que la convalecencia era larga, que tengo que tener paciencia y que sea fuerte. Me voy demorar más de tres meses en recuperarme. 

SEMANA: ¿De qué lo operaron?

A. V.: Solo me han operado de la boca por ahora, primero debo recuperarme para las demás cirugías.

SEMANA: ¿El viernes pasado, con quién y qué estaba haciendo en Chapinero antes de la agresión?

A. V.: Estaba en la universidad, mi novia me estaba esperando  que saliera de un laboratorio para ir a una reunión familiar. 

SEMANA: ¿Cuál es su primer recuerdo de los dos agresores?

A. V.: Solo recuerdo que nos amenazaron a mí y a mi novia con rompernos el cráneo. Nos gritaron que querían romper cráneos de gomelos.

SEMANA: ¿Cómo fue la agresión?

A. V.: Alguien saltó encima mío y hasta ahí me acuerdo. No recuerdo nada de los golpes, ni contra qué me cogieron, ni qué me decían, yo perdí el conocimiento. Lo único es que yo estaba muy preocupado por mi novia, era lo que más me inquietaba en ese momento. 

SEMANA: ¿Cómo logró salir de la golpiza? ¿Quién intervino?

A. V.: No recuerdo, cuando desperté no sabía dónde estaba, solo pensé que le había pasado algo a mi novia. Entré a la clínica con múltiples fracturas en la cara y en la columna, eso fue lo primero que escuché cuando llegué a urgencias. 

SEMANA: ¿Por qué Nattes y Andrade fueron tan violentos? 

A. V.: No sé, creo que se debe a una mala educación y falta de tolerancia. Esos dos jóvenes cambiaron el rumbo de mi vida, mi universidad, mis proyectos. ¿Por qué? No lo sé, quisiera que me lo explicaran.

SEMANA: ¿En qué ha estado pensando desde la semana pasada?

A. V.: Que la justicia en este país no opera como debe ser, no es posible que mientras estoy en una cama, mis agresores sigan tranquilos por las calles. También estoy preocupado por estos dos tipos porque pueden seguir en las mismas atacando a la gente porque sí.

SEMANA: ¿Cree que hubo tentativa de homicidio?

A. V.: Sí, desde el momento en el que tengo conciencia pensé que Dios me salvó de haber muerto. Yo solo recibí golpes en la cabeza, esa era la intención, como me lo hicieron saber en un principio.

SEMANA: ¿Qué piensa de la actuación de la Fiscalía?

A.V.: Primero que todo me parece el colmo, que con todas la pruebas que tienen, no hayan actuado como se debe. No es justo conmigo ni con el país, que malandros sigan en las calles. Esto le puede pasar a cualquiera, no solo a mí. 

Bogotá, capital intolerante

Aunque en la ciudad los asesinatos han disminuido en los últimos años, las riñas están disparadas.

Alejandro Vargas recordará toda su vida la noche del 26 de septiembre. Pero lo peor de todo es que su historia es una más en Bogotá, ciudad donde los niveles de intolerancia, las riñas aumentan de forma preocupante. 

Según Forensis, el informe de Medicina Legal, en 2013 hubo 45.433 casos de lesiones personales. En la capital la tasa de violencia interpersonal alcanza la tasa de 592 por cada 100.000 habitantes, un índice que está muy por encima del promedio nacional que es de 337. 

Lo peor es que en diez años la cifra se multiplicó por cuatro. Aunque los expertos dicen que la falta de educación, una cultura violenta, el consumo de alcohol y drogas propician estos comportamientos, es urgente tomar medidas y parar algo que se está convirtiendo en una pandemia. La razón es que hoy las riñas son una de las principales causas de homicidios en la capital. En 2013, 452 personas murieron en esas circunstancias.
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