Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2001/04/23 00:00

ALEJO VARGAS VELASQUEZ. Seminario Haciendo paz: reflexiones y perspectivas del proceso de paz en Colombia. Ponencia.

ALEJO VARGAS VELASQUEZ. Seminario Haciendo paz: reflexiones y perspectivas del proceso de paz en Colombia. Ponencia.

" HACIENDO PAZ" REFLEXIONES Y PERSPECTIVAS DEL PROCESO DE PAZ EN COLOMBIA.



" LOS ACTUALES PROCESOS DE NEGOCIACIÓN ENTRE LA INERCIA Y LA INCERTIDUMBRE "



Por: Alejo Vargas Velasquez.



(Documento preliminar)



Profesor Asociado Universidad Nacional



Una de las características de la Colombia contemporánea es la violencia que se presenta en muchos ámbitos de la vida nacional y un conflicto interno armado que tiene ya casi cuatro décadas de duración, en proceso creciente de profundización. En esto inciden factores de orden estructura¡ que hunden sus raíces en la configuración histórica del país, que han dado como resultado estructuras socioeconómicas y políticas excluyentes que impiden el ejercicio de la ciudadanía para una buena parte de la población, los cuales diferenciamos de los factores específicos que se encuentran en la base del surgimiento de las organizaciones guerrilleras, e igualmente de otras causalidades posteriores que han contribuido a su reproducción.



Dentro de los primeros se encuentran, además de la persistente tendencia histórica a utilizar la violencia para obtener objetivos políticos, las estructuras de exclusión o 'inclusión perversa', socioeconómicas, políticas y regionales, junto con una cultura política autoritaria refractaria a los comportamientos democráticos, todos los cuales forman una especie de telón de fondo.



Dentro de los segundos, podemos mencionar los de orden externo (la 'guerra fría' y sus influencias en la llamada 'doctrina de la seguridad nacional', la revolución cubana y la ruptura política chino-soviética), así como los de tipo interno (la democracia restringida del Frente Nacional, el viejo problema agrario no resuelto, la radicalización de sectores de la juventud, especialmente estudiantiles, en los años 60, los remanentes de las guerrillas liberales de la anterior violencia, las tendencias al radicalismo político en algunos sectores de la dirigencia sindical, especialmente petrolera).



Posteriormente aparecen otros factores que van a ayudar a la reproducción de la confrontación, el narcotráfico, en primer lugar, y especialmente los cultivos de uso ¡lícito, que se vuelven en fuentes de rentas para la financiación de la guerra, el colapso del aparato de justicia como elemento de regulación de las conductas sociales y la disparada de la impunidad, la pérdida de la confianza como valor social de cohesión, conductas delincuenciales y corruptas asociadas a la gestión del Estado.



Esta es una distinción necesaria en la medida en que se ha dado en los últimos tiempos una tendencia a pretender presentar el conflicto interno armado como uno ligado exclusivamente al narcotráfico y a partir de allí derivar a una lectura que implica que la lucha contra e¡ narcotráfico y contra la guerrilla son la misma cosa, sobretodo por razones del uso de la ayuda militar norteamericana, e igualmente considerar que el conflicto interno armado se resuelve si se logra 'derrotar' al narcotráfico.



1. Las características de las organizaciones guerrilleras y del Estado colombiano



1,1 Su historia



Consideramos de gran importancia, para dar respuesta al interrogante que se nos plantea, tener en consideración los procesos originarios de las dos principales guerrillas que están hoy día en procesos de diálogos con el gobierno nacional.



El movimiento guerrillero colombiano, con las peculiaridades de las diversas organizaciones, tiene raíces muy profundas en la dinámica interna de las luchas sociales de los sectores populares y en esa medida, a diferencia de otros conflictos, los factores externos obran más como elementos condicionantes que con un carácter determinante.



Las FARC-EP es una organización alzada en armas que hunde sus raíces en las luchas agrarias de los primeros deceníos del siglo pasado y de manera inmediata en las autodefensas agrarias campesinas que de una u otra manera el Partido Comunista Colombiano, en ese momento, apoyó y estimuló. Un breve recuento de los orígenes de las FARC-EP nos permiten situarle como antecedentes remotos los conflictos agrados del Sumapaz y el Tequendama en los años 20 y 30, alrededor de la lucha por la posesión y propiedad de la tierra y por el valor del jornal en la hacienda cafetera. De manera más próxima encontramos como antecedente la llamada 'guerra de Villarrica' a finales de los años 50 contra las zonas de autodefensa campesina del Sumapaz en Cundinamarca y el oriente del Tolima y que dan origen a las denominadas 'columnas de marcha' que condujeron desplazamientos poblacionales masivos y fueron la base de nuevos procesos de colonización en el Ariari y en regiones como El Pato y el factor generador inmediato de su conformación como grupo guerrillero bajo la denominación inicial de 'Bloque Sur, se refiere a la ofensiva militar contra las regiones de autodefensa campesina, denominadas por algunos dirigentes conservadores como 'repúblicas independientes' de Marquetalia, El Pato, Riochiquito y Guayabero.



Se trata de un proceso primariamente ligados a dinámicas sociales, regionales o étnicas y en el cual las luchas por la defensa del territorio y de sus formas de organización social va transformándose y entrecruzándose con dinámicas cuyos referentes son políticos nacionales. Las modalidades de autodefensa son las que priman inicialmente como respuesta organizativa militar, aun cuando por momentos adquieran la modalidad de guerrilla móvil. Se trata de claros intentos de ligar la violencia política con la denominada violencia comunitaria (aquella en la cual la acción opone a una comunidad frente a un enemigo que ella percibe como extranjero o exterior) y transformarla así en acción revolucionaria.



El peso histórico de la experiencia de autodefensa campesina se va a reflejar, durante un tiempo, en las consignas y proclamas de este tipo de organización, así como una orientación defensiva, durante un período, en su práctica militar.



En el caso del ELN su nacimiento se va a ligar de manera mucho mas directa a las influencias de la Revolución Cubana en Latinoamérica y en especial el impacto producido por esta en las juventudes de la región, pero igualmente se articula con luchas nacionalistas como la de los obreros del petróleo, luchas de resistencia armada como las que mantenían

los remanentes de las guerrillas liberales en la región del Magdalena Medio y la expectativa que la misma crea en sectores colombianos de la llamada 'nueva izquierda' en el sentido de la posibilidad de realizar revoluciones a partir de la acción revolucionada armada, combinada con el descontento social.



Se trata de un proceso cuyo origen es primariamente político que se entrecruza posterior o simultáneamente con dinámicas sociales y regionales que les van a aportar el tejido social sobre el cual se implantan y desarrollan; es la violencia política intentando transformarse en acción revolucionaria. En estos procesos prima la decisión política de iniciar una larga marcha hacia la construcción de un actor militar alternativo al Estado, que lo confronte, le dispute la influencia política sobre la sociedad y eventualmente lo sustituya. Inicialmente, en sus proclamas y consignas, como en su práctica armada, intenta reflejar una orientación ofensiva: se trata de sustituir al Estado en unos casos o al Régimen Político en otros.



Es evidente que las guerrillas colombianas son producto de procesos históricos y políticos particulares, pero en todos los casos lograron insertarse más o menos en problemáticas sociales y regionales que les permitieron consolidarse y reproducirse. Allí hay asociación entre el conflicto armado y conflictos de orden político y económico que afectan a diversos sectores y regiones de la sociedad colombiana.



Así, en el trasfondo del conflicto político armado hay planteado una competencia de poder entre el Estado o los sectores dirigentes, de una parte y las organizaciones insurgentes, de la otra.



En cada uno de estos dos procesos, abierta o implícitamente, va a estar presente una determinada teoría revolucionaria, como expresión de una utopía en relación con un tipo de sociedad y una práctica política para lograrla.



El Estado colombiano ha sido históricamente cuestionado en su legitimidad, o dicho de otra manera, ha tenido una legitimidad parcial, no sólo por su incapacidad de controlar el conjunto del territorio nacional, lo denominado por algunos como el vacío de poder, sino también por su débil imparcialidad que lo sitúe por encima de los intereses de grupos,

partidos o sectores transitoriamente en el gobierno. Sumado a lo anterior su ineficacia ancestral, la tendencia recurrente a que en su seno se desarrollen prácticas corruptas y auspiciadoras de la lógica clientelista como la predominante en la reproducción de la política. La tendencia del Estado colombiano de incumplir los acuerdos e incluso en ocasiones de manera deliberada, ha llevado a que el mismo sea percibido como poco creíble y confiable.



1.2. Su estructura interna, el desarrollo político y militar de las guerrillas y los cambios en el Estado Colombiano



En el caso de las FARC-E.P, en la medida en que su dirigente originario se mantiene al frente de la misma y en buena medida encama el mito fundacional de la organización, esto ha permitido la conformación de una estructura jerárquico-piramidal, a la cabeza de la cual se encuentra el Secretariado y en su máxima e indiscutible dirección su líder histórico, Manuel Marulanda. En los niveles intermedios, la clásica forma organizativa de Frentes, ha sido agrupada en los denominados Bloques Regionales y adicionalmente se han ido conformando fuerzas élites desde el punto de vista de su capacidad militar. Esta estructura, propia de un ejército, les ha permitido desarrollar de manera adecuada su proyecto militar y político, que en la práctica se parece mucho a la denominada 'guerra popular prolongada', dentro de la experiencia china y vietnamita. Su prioridad ha sido la construcción de un ejército guerrillero que progresivamente pase a desarrollar acciones militares de gran envergadura, con grandes concentraciones de tropa, contra las fuerzas adversarias, aún cuando el modelo de 'zonas liberadas' de otras guerras revolucionadas no haya sido su preocupación central.



Desde el punto de vista político, las FARC-EP parecen haber combinado adecuadamente tres elementos de acción: el primero, la recurrente presencia en zonas de influencia directa en las cuales se transforman progresivamente en poderes paralelos; el segundo, la clásica propaganda armada y el tercero, la transformación de sus victorias militares en triunfos con efectos políticos sobre el conjunto del país, incluidas las zonas de su mayor presencia. Parece haberse dado una adecuada combinación de lo político y lo militar, lo consensual y lo coercitivo.



Para lo anterior han colocado una gran prioridad en la consecución de los recursos financieros necesarios para adelantar una guerra revolucionaria de esta magnitud y allí han acudido, de manera pragmática, a diversas fuentes de recursos: rentas provenientes del proceso del narcotráfico, especialmente de la fase de los cultivos de uso ¡lícito; secuestros y extorsiones y otras acciones de finanzas basadas en la capacidad coercitiva del aparato militar.



El ELN, por su parte, ha vivido una historia de altibajos, lo cual seguramente ha influido en su menor consolidación organizativa, pero al mismo tiempo, ha mostrado una capacidad de sobrevivencia y reproducción que debe siempre tenerse en consideración. Inicialmente vive una etapa caracterizada por el caudillismo y la estructura claramente jerárquica, y personalizada, encarnada en su primer comandante Fabio Vásquez, este período permitió que todos sus miembros interiorizaran este estilo de organización más allá de los arrepentimientos y autoflagelaciones posteriores. Durante este primer ciclo cuenta con una estrategia, discutible en su viabilidad o no, pero finalmente una, la que pretende adelantar una guerra de liberación nacional al estilo del M-26 cubano, lo cual implica la necesidad de articularse a movimientos sociales, lo que parcialmente logra en la segunda mitad de los 60s con su influencia en el movimiento estudiantil universitario y el Frente Unido de Camilo Torres Restrepo.



Luego viene su período de crisis profunda, posterior a la derrota militar y política de Anorí a comienzos de los años 70 y los desarrollos internos que le sucedieron, en que estuvo al borde de su disolución.



Su tercera etapa, a partir de los años 80, se construye un poco sobre la negación parcial de su historia anterior, especialmente el caudillismo y el manejo personalista, lo cual los lleva a asumir una estructura organizativa confederal, con débiles mecanismos de mando efectivo y una gran lentitud en la toma de decisiones. Se prioriza el dirigente conciliador al caudillo carismático. Pareciera que la concepción político-militar de sus comienzos, se convirtió para ellos en una especie de trampa de la cual no han podido salir no se han podido desarrollar adecuadamente como un ejército (los ejércitos son por esencia organizaciones jerárquicas y disciplinadas) y tampoco han podido consolidar una organización política, en las cuales la participación y la democracia son características centrales. Su estrategia en este período pareció centrarse en el control de los poderes locales y regionales, mostrando una buena capacidad de adaptación a trasformaciones institucionales como la de la descentralización, pero también tratando de incorporar experiencias como la salvadoreña del llamado 'doble poder’.



Desde el punto de vista militar todo indica que a finales de los años 80 abandonan como prioridad fundamental, probablemente no de manera absoluta, la idea de construir fuerzas militares regulares, tipo batallón para lo cual las actuales Compañías serían una base, y centran su preocupación en desarrollar o expandir Frentes en áreas geográficas nuevas para ellos (Nariño, Cundinamarca, Tolima) y de esta manera hacer presencia en buena parte del territorio nacional, dejando a un lado su arraigo inicial muy 'santandereano'. Sus fuentes de financiación fundamentales han sido el secuestro y la extorsión o boleteo, ‘impuestos de guerra' los llaman las guerrillas y otro tipo de rentas que han captado históricamente de las actividades mineras. Sin embargo, todo indica que es poco probable adelantar una guerra, con todos los costos que esto conlleva (armas, hombres, logística) a partir de estas fuentes tradicionales de recursos.



A partir del decenio del 80, vamos a tener cuatro procesos a destacar: uno, las guerrillas clásicas superan sus dificultades internas y con ritmos diferentes continúan sus procesos de crecimiento y expansión; dos, aparecen en la escena pública los denominados grupos de autodefensas o paramilitares que van, sin duda, a 'enredar` el conflicto armado; tres, se inician los procesos de búsqueda de superación negociada del conflicto interno armado, creando nuevas polarizaciones asociadas a la presencia simultánea de escenarios de paz y de guerra (situación que se mantiene hasta el presente); cuarto, el narcotráfico entra a convertirse en un factor que altera e incide sobre el conflicto armado de diversas maneras: potenciando actores como los grupos de autodefensas o paramilitares; estableciendo relaciones, regionalmente cambiantes, con las organizaciones guerrilleras; transformándose en una fuente de financiación privilegiada para la guerra y explicación en buena medida de la dimensión que ha tomado al conflicto.



Porque el desarrollo de una guerra requiere que se puedan resolver por lo menos los siguientes 'cuellos de botella', la formación de cuadros de conducción, que todo indica las guerrillas lo han resuelto con sus 'Escuelas de Cuadros'; la obtención de material bélico adecuado y suficiente, que el mercado internacional clandestino de armas lo suministra de manera permanente y la disponibilidad de recursos financieros en la cantidad requerida para dar curso a lo anterior.



El Estado colombiano hasta el momento ha adolecido de una capacidad adecuada de respuesta política y militar, sin embargo ha venido dando pasos en esa dirección. La conformación de un frente de fuerzas políticas de apoyo al proceso de negociación y contra la guerra es un paso, todavía confuso, en esa dirección, porque significa darle toda la prioridad que para la seguridad nacional tiene el conflicto interno armado, por encima de otros problemas domésticos. En lo militar el proceso de reforma en curso con el cambio hacia el reemplazo de soldados conscriptos por profesionales voluntarios es una trasformación importante, así como el re-entrenamiento de las tropas, la mejora en la capacidad de movilización y sobretodo el apoyo en inteligencia técnica, especialmente satélital, unido a la respuesta aérea rápida, han comenzado a darte un giro al desarrollo de la confrontación militar, no para obtener victorias definitivas pero sí para establecer un equilibrio táctico.



II. Las experiencias de negociación con estas organizaciones



El punto de partida para plantear las posibilidades de la superación negociada de la confrontación armada es que "se presupone que en cualquier guerra -por lo tanto también en las civiles- se da un equilibrio mínimo de las fuerzas. Podría añadirse que allí donde domina inequívocamente uno de los bandos todo compromiso está de más y poco espacio queda para una solución negociada". '



Las FARC-EP ha tenido desde muy temprano en sus orígenes la tendencia pragmática a la utilización de los diálogos y la expectativa de la negociacion como parte de su táctica política, especialmente desde el gobierno Betancur en que por primera vez la incorpora claramente a su propuesta táctica y estratégica. Posteriormente con los siguientes gobiernos (Barco, Gaviria, Samper y Pastrana) ha acumulado su dirigencia, diferentes y muy diversas experiencias en este campo.



Todo indica que la convicción profunda de las FARC-EP, acerca de¡ cómo y el qué de la superación negociada de la confrontación interna se consolida durante el gobierno Betancur y esta se puede presentar de manera sintética de la siguiente manera: el gasto fundamental de un proceso de este tipo debe correr a cargo del Estado quien es el responsable de hacer las reformas y cambios que apunten a las causas estructurales asociadas al conflicto armado; la organización alzada en armas solamente tiene la responsabilidad de constatar que las mismas se hayan realizado o por lo menos iniciado seriamente y a partir de ahí definir un itinerario posible de su futuro, incluida la posibilidad de impulsar una fuerza política legal, como podría ser eventualmente el Movimiento Bolivariano en los actuales momentos. Está lejos la idea de concebir por parte de ellas la negociación como tradicionalmente se lo hace, sobretodo en los manuales, como un intercambio entre actores en el cual cada uno coloca sus propuestas y estaría dispuesto a situarse muy cerca del punto medio. El modelo de la negociación propio del mundo sindical, no parece ser el prototipo de ellas.



Este proceso se mantendrá durante el trascurso de este gobierno, por una cierta inercia acompañada por una dosis importante de pragmatismo político de las partes, que consideran que es menos costoso políticamente mantenerlo que producir algún tipo de ruptura.



El ELN es una organización que por su evolución histórica tendió hacia posiciones fundamentalistas en su discurso frente al Estado, lo cual lo situó en rechazo a cualquier posibilidad de conciliación con su 'enemigo de clase'. Es por ello que solamente al final de los años 80 y en buena medida jalonado por las FARC-EP, dentro de la CGSB, acepta participar dentro de un proceso de conversaciones en Caracas y Tlaxcala, en ese momento más en la idea de sabotear cualquier posibilidad de avance o acuerdo.



Y va a ser en los años 90, posterior al desvanecimiento de la propuesta de CGSB, que el ELN comienza a incorporar el diálogo y la negociación como parte de su propuesta política, con la idea de la Convención Nacional en el centro, una idea cuyo origen hay que situarlo en los Diálogos Nacionales propuestos a mediados de los años 80 por el M-19, antes que en otras paternidades con un gran énfasis en lo relativo a la posibilidad de 'Acuerdos Parciales de Vigencia Inmediata' especialmente en dos campos el del DIH que fue incorporado a su discurso desde comienzos de los años 80 y el relacionado con la política minera, energética y especialmente petrolera.



Sin embargo, tendríamos que decir que hasta finales de los años 90 el ELN seguía subordinando toda su perspectiva estratégica en lo político y en lo militar a una eventual recomposición de la CGSB junto con las FARC-EP, es decir, no parecía tener la intención de pensar y andar con cabeza y pies propios. Al parecer en los últimos tres años esto comienza a modificarse y el ELN ha asumir la posibilidad del diálogo y la negociación política, como una posibilidad con autonomía de lo que suceda con las FARC-EP, pero de esto creo que todavía no hay certeza total. Es el margen de incertidumbre en que se movería un proceso de conversaciones con esta organización guerrillera, pero como anota Peter Waldmann "la incertidumbre acerca del desenlace y las consecuencias de todo conflicto violento constituye una de las marcas esenciales de las guerras". 2



A estas alturas no existe ninguna certeza del inicio de este proceso, en la medida en que el costo político para el gobierno de decidir establecer la zona de encuentro no parece estar dispuesto a correrlo, y por el contrario la dilatación de esta decisión parece ir en contravía de esta posibilidad y poner al orden del día la alternativa de congelamiento en lo que queda del actual gobierno. De hecho los adversarios de la salida política negociada han comenzado a blandir e¡ argumento de que el actual gobierno no puede establecer una nueva zona de distensión al final de su mandato.



El Estado colombiano, paradójicamente, parece no haber acumulado casi dos décadas de procesos de negociación, no solamente por la visión de corto plazo que orienta a los gobiernos que los lleva a considerar a su antecesor como equivocado y por consiguiente a subvalorar sus experiencias acumuladas, y el inicio del suyo como el del primer día de la creación, lo que se puede denominar la ausencia de política pública de Estado. Adicionalmente no ha habido esfuerzos serios y continuados para consolidar lo que podríamos denominar el 'frente interno' que permita consolidar su representatividad y sobretodo tener claro hasta dónde iría el margen de acción de las reformas posibles, lo cual sería un referente importante para los negociadores que lo representen en la Mesas. Esto lo sitúa en una desventaja estratégica, especialmente frente a las FARC-EP.



III. Los esquemas de diálogo y negociación actuales



3.1. Bilateral con participación social subsidiaria



Las FARC-EP parten, dentro de cierta ortodoxia clásica de tipo marxista, y estimulados por su capacidad militar, de auto-considerarse como la vanguardia de los explotados, los oprimidos, los excluidos y en esa medida considera que ellos tienen su representación. A partir de allí han diseñado el proceso de conversaciones como un proceso de tipo bilateral dentro del cual las partes son de un lado el Estado que 'representa' todo el llamado establecimiento y de otro ellos que 'representan' al resto de la sociedad; está allí explícita la idea de adversarios totales y la negación de sociedades más diversas y plurales, como sin duda, lo son las modernas.



Dentro de esa mirada la participación de la sociedad es concebida de manera limitada. solamente como un espacio de información y opinión (ese es el carácter de las Audiencias hasta el momento), en el cual, especialmente los que no han tenido voz, puedan expresar sus demandas y carencias sociales y eventualmente aportar algunas ideas acerca de su posible solución, a las partes decisorias que tienen la capacidad y potestad de tomar decisiones.



Este esquema es funciona¡ a la idea implícita de solución política negociada que tienen las FARC-EP, dentro de la cual es el Estado quien debe hacer el gasto fundamental en términos de reformas y las Audiencias es una manera más de reforzar las demandas sociales que el Estado debe atender.



3.2. Bilateral con participación social relevante



El ELN parece concebir la solución política negociada como un proceso de participación diverso de actores sociales y políticos, dentro de los cuales ellos se consideran uno más, aunque ese uno más sea quien tiene una especie de potestad auto-asignada de convertirse en veedor armado del mismo. En esa medida parece haber una concepción de la negociación como un proceso colectivo de construcción de consensos a los cuales el ELN se sumaría, guardando para sí la discusión bilateral con el Estado de los temas estrictamente militares..



La propuesta de Convención Nacional, en la actual acepción del ELN, porque a lo mejor en el pasado pudo darse otras concepciones de la misma, apunta en esa vía de construir consensos y definir disensos en los temas en que no haya esta posibilidad, para precisar cómo resolverlos hacia futuro.



Sin embargo allí también hay un campo de indefinición acerca del sentido y alcance de la Convención Nacional, sus resultados y su ligazón paralela o futura con la Mesa bilateral Gobierno-ELN.



IV. Las perspectivas de los dos procesos



Colombia ha estado atrapada desde hace más de veinte años dentro de la lógica de paz y guerra: es decir, simultáneamente se desarrolla la confrontación militar mientras se hacen esfuerzos por buscar caminos de superación negociada del conflicto interno armado. Lo anterior es independiente de la voluntad de los actores del conflicto interno armado. Algunos analistas, denominan esto como la existencia de un supuesto Plan A, que apuntaría a la paz, y un Plan B, dirigido a la guerra, mostrando el segundo como la expresión perversa de los actores que no juegan limpio.



Las negociaciones del pasado reciente entre gobierno y guerrillas colocaron el énfasis en la desmovilización y la reinserción de sus miembros en la actividad normal de la sociedad, no sólo porque se trataba de organizaciones guerrilleras, pequeñas en su número y en su presencia militar, sino también porque se dio prioridad a negociar la desmovilización y no las causas que explican el conflicto armado interno, que debe ser la prioridad en las actuales negociaciones en ciernes.



Lo lógica bipolar anterior, de escenarios de paz y de guerra con presencia simultánea, no tiene nada que ver con el deseo o la voluntad de los actores y por supuesto menos de la población civil que no está directamente involucrada en la confrontación militar. En el escenario de la guerra tenemos un proceso de incremento de la fuerza militar de la guerrilla, un aumento de¡ reclutamiento y de su tradicional estrategia de desdoblamiento de frentes guerrilleros, acompañado de accionar militar con una capacidad táctica acrecentada, especialmente en el caso de las FARC. Pero igual estrategia de crecimiento y expansión territorial vemos en los denominados grupos de autodefensa o paramilitares. Por su parte las Fuerzas Militares están en su proceso de reingeniería o reestructuración, preparándose mejor para una eventual nueva fase de la confrontación militar y evidentemente han tenido mejores resultados militares en los últimos tiempos. En el campo internacional, Estados Unidos seguramente sigue pensando en la opción militar como no descartable.



La negociación del conflicto armado tiene dos posibles escenarios de evolución-

i) el pesimista, pero probable, es aquel que nos plantea un período de conversaciones de la guerrilla con la sociedad y el Estado, que no logra transformarse en una negociación en serio y que será acompañado de un nuevo período de recrudecimiento de la confrontación militar;

ii) ii) el optimista y deseable, es aquel que posibilitaría el tránsito de un período de conversaciones hacia una negociación formal, que a pesar de estar acompañado durante un tiempo e enfrentamientos armados logra marcar una ruta clara hacía la terminación de la guerra en el mediano plazo.



Las posibilidades de uno u otro escenario están asociadas, a nuestro juicio, a los siguientes elementos, que pueden obrar aislada o simultáneamente:

i) una clara voluntad reformista de las élites en el poder, que permita dar respuesta audaz a las demandas sociales más relevantes que han sido a su vez convertidas en aspiraciones de la insurgencia y trasformarlas en reformas viables; podríamos denominar esto como tomar la ofensiva política frente a la insurgencia;

ii) en la medida en que las distintas partes se autoconvenzan que ninguno puede ganar militarmente la guerra, entonces la negociación adquiere solidez y eficacia. Esto adquiere relevancia en el corto plazo, adicionalmente, si tenemos en consideración que la guerrilla y otros actores armados como los grupos de autodefensa o paramilitares, disponen de recursos de financiación muy amplios, particularmente derivados del Impuesto' a las actividades del narcotráfico que les permiten una reproducción de la confrontación militar. Y paradójicamente, cada una de los actores armados tiene, a su manera, la sensación de que está ganando la guerra y en esa medida hay poca disponibilidad a buscar caminos de solución negociada.

iii) la incidencia que pueda lograr la sociedad colombiana, en su diversidad y complejidad, sobre las partes en conflicto y posibilitar así fórmulas de acercamiento acompañadas de mecanismos de presión política hacia ambas;

iv) la presencia de la comunidad internacional (países, organismos. entidades) y su capacidad de presionar e incidir sobre los actores del conflicto armado, sin descartar !a amenaza de sanciones o aún de modalidades de intervención.



Queremos señalar que la prioridad no es solamente terminar la guerra a cualquier costo y de cualquie r manera para seguir haciendo los negocios de siempre, sino echar las bases para construir la paz. Y construir la paz es posibilitar el desarrollo para las mayorías nacionales: quiere decir estimular estrategias de desarrollo regional diferenciadas a tono

con las particularidades productivas, sin pretender uniformar realidades diversas; es el acceso a la tierra para todos los productores del campo; es la posibilidad de satisfacer las necesidades básicas, la formación y capacitación para desarrollar iniciativas productivas que agreguen valor a la producción regional y creen círculos virtuosos de ganancia para la gente, es Permitir la expresión y participación política de las mayorías sin que las maten los 'enemigos agazapados' 0 sin que de antemano se encuentren derrotadas por el monopolio de los medios masivos de comunicación.



Cartagena de Indias, marzo del 2001

A.V.V.











' WALDMANN, Peter, " Guerra Civil: Aproximación a un concepto dificil de formular", en Sociedades en Guerra Civil. Peter Waldmann y Fernando Reinares (Compiladores), Paidos, Barcelona. 1999.



2 WALDMANN, Peter, Ob. Cit., 1999.

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