Lunes, 23 de enero de 2017

| 1988/09/19 00:00

ALGO PEOR QUE NO TENER ACUERDO

El café colombiano en la encrucijada: seguir o no seguir en el Acuerdo. SEMANA invita-al ex ministro Jorge Ramírez, experto en la materia, a exponer su posición.

ALGO PEOR QUE NO TENER ACUERDO

Quien escribe estas líneas ha sido defensor incondicional del Acuerdo Internacional del Café durante más de 20 años, porque considera que es un instrumento indispensable para el manejo de la política económica colombiana.

Cuando el mercado cafetero funciona sin la intervención de un organismo internacional que regule las exportaciones, se presentan grandes fluctuaciones de precios altamente inconvenientes, tanto para los consumidores, como para los paises productores del grano.

El manejo de la economía en medio de violenlas alzas y bajas de precio de nuestro principal producto de exportación, lleva a las bonanzas depresiones importadas, que constituyen serio obstáculo para el desarrollo económico y la justica social. Esas situaciones generan, además, fuertes presiones inflacionarias.

El Acuerdo Internacional del Café ha sido, durante más de cinco lustros, factor decisivo para lograr una relativa estabilidad del mercado. Por ese motivo, las autoridades colombianas han estado dispuestas a realizar considerables sacrificios para mantener vivo y actuante este instrumento internacional .
Pero durante los últimos año. Se han presentado dos graves anomalías que atentan contra los intereses colombianos:
--Se ha incrementado el tráfico de café sin los requisitos del Acuerdo, especialmente a través de la desviación de exportaciones a países no miembros.
--Se ha incremenlado el diferencial de precios entre los cafes colombianos y el grano de otros origenes.
Ese proceso se ha agudizado cada vez más. Durante el presente año cafetero, se ha recortado la cuota porque el precio indicador ha sido inferior a los niveles mínimos previstos en el Acuerdo. Mientras tanto, el café colombiano se ha mantenido por encima de la franja de precios.

La diferencia de precio de nuestro café con el café robusta ha llegado a cerca del 100% y con el brasilero al 40%. Durante las reuniones de julio en Londres, la delegación de Colombia planteó este problema y solicito que se revisaran los mecanismos actuales para evitar tan grave situación.

El incremento del diferencial es un sintoma sumamente peligroso para el futuro de nuestras exportaciones. El café es un producto básico, que transforman los tostadores, quienes lo venden al consumidor final con sus propias marcas. Pero no existe diferenciación comercial, a nivel de los proveedores de materia prima, a pesar de la intensa campaña que ha venido desarrollando la federacion durante casi 30 años.

En esas circunstancias, es inevitable que los tostadores, cuya meta es incrementar las utilidades, busquen reducir el costo de sus mezclas. No resulta, pues, improbable que traten de reducir el porcentaje de la materia prima más costosa--el café colombiano--, mientras incrementan gradualmente (sin que lo alcance a notar el consumidor final) la proporción de cafés de menor precio.

El mantenimiento de diferencias de precios de las proporciones actuales crea, pues, el riesgo de que se reduzca, en el mediano plazo, la participación de Colombia en el mercado de café. Si se permite que el gusto de los consumidores se habitúe a los nuevos sabores, podría producirse un deterioro permanente de nuestras exportaciones.

Pero dentro del marco del Acuerdo actual, en el que no ha sido posible ajustar selectivamente las cuotas, de tal manera que sólo se recorte la oferta de los cafés menos demandados, Colombia carece de instrumentos para oponerse al incremento del diferencial de precio.

Por el contrario, en la medida en que se hacen recortes de cuota a pro rata el diferencial tiende a incrementarse, porque, al reducir los volúmenes que puede ofrecer nuestro país, los precios se presionan aún más al alza. Lo deseable sería que se redujera la cuota de las calidades menos apetecidas y se aumentara la oferta de los cafés más demandados. Asi se evitaría la distorsión de nuestra posición competitiva y el deterioro gradual de la calidad de las mezclas.

LAS PERSPECTIVAS FUTURAS:
¿Cuáles serían las consecuencias de esta pérdida gradual de participación de mercado sobre el manejo de nuestra economía y de nuestras políticas sociales? Una reducción de nuestras exportaciones se reflejaría inicialmente en mayor acumulación de existencias, con inmensos costos de almacenamiento para el Fondo Nacional del Café .

El efecto siguiente (en el tiempo) sería la inevitable caida de los precios internos y, eventualmente, la reducción de nuestra producción .
Dicha reducción de la producción se reflejaría en menor empleo en la zona cafetera, en la medida en que sea más dispendioso iniciar cultivos de diversificación compatibles con las condiciones ecológicas de la zona cafetera y en que éstos sean menos intensivos en mano de obra que el café.

Pero, al final del proceso, la pérdida de participación en el mercado se reflejaría en menores precios relativos para el café colombiano y menores ingresos de divisas para el país.

Es evidente, y no sobra repetirlo, que el mecanismo ideal para manejar el tema cafetero es un Acuerdo Internacional con los mecanismos de ajuste de cuotas necesarios para evitar que se sigan presentando las actuales distorsiones de precios.

Pero en el caso de que esto no sea posible, las consecuencias para el manejo de nuestra economía son tan serias, que no se debe excluir la posibilidad, como indicaba recientemente el doctor Palacio Rudas, de "pensar lo impensable", es decir, examinar la posibilidad de manejar nuestra economía y nuestro sector cafetero sin Acuerdo Internacional del Café.

Si se analizan las circunstancias actuales de nuestra economía y la posición de Colombia en el mercado internacional de café, se llega a la conclusión de que, dificilmente, se volverá a presentar una coyuntura más favorable que la actual para tomar el riesgo de manejar el mercado sin el invaluable apoyo del Acuerdo:
--Las instituciones cafeteras disponen todavía de una capacidad de maniobra financiera, que les permitiría capotear (con grandes dificultades) una caida de los precios internacionales;
--Contamos con una canasta de exportaciones (que incluyen el petróleo y el carbón) que nos ha permitido reducir la dependencia del café a cerca del 30% de nuestros ingresos por exportaciones;
--Colombia tiene una posición privilegiada en la comunidad financiera internacional y dispone de cierta holgura en su posición de reservas de divisas .

Pero siempre resulta preferible manejar el tema cafetero dentro del marco del Acuerdo Internacional que nos permita la suficiente flexibilidad para evitar distorsiones peligrosas en el mercado. Para cumplir este propósito, el Acuerdo debería incluir las siguientes disposiciones:
--Ajustes selectivos de cuotas, según el comportamiento de los precios de las distintas calidades de café;
--Asignación de un porcentaje de las cuotas teniendo en cuenta los niveles de inventarios acumulados por cada país, Y
--Control de las exportaciones a paises no miembros del Acuerdo.

Es claro, sin embargo, que, si no es posible negociar un Acuerdo que llene esas condiciones, seria preferible una situación de libertad de mercado.

Por ese motivo me atrevo a decir que hoy es aún peor tener un Acuerdo rigido, que no tener Acuerdo! --

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