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| 2/22/1999 12:00:00 AM

ALIADO CLAVE

Dennis Hastert, el nuevo presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, <BR>es el republicano más cercano al gobierno de Colombia

Si por un accidente del destino el presidente Clinton y su vicepresidente Al Gore
murieran el nuevo presidente de Estados Unidos se llamaría Dennis Hastert. Este personaje, cuyo
mayor mérito antes de lanzarse al Congreso norteamericano fue el de haber sido profesor de colegio
en su natal Yorkville, Illinois, es hoy uno de los hombres más poderosos de Estados Unidos. Como
Speaker (presidente) de la Cámara de Representantes Hastert reemplazó a Bob Livingston, quien
renunció a raíz de un escándalo sexual y quien a su vez acababa de reemplazar a Newt Gingrich,
uno de los políticos más controversiales e influyentes de la historia norteamericana reciente. Gingrich
renunció después de la derrota republicana en las elecciones parlamentarias del año pasado, luego de
pasar a la historia como el hombre que en su mejor momento casi logra derrotar a Clinton. Pero fue él
quien finalmente resultó derrotado. Todo esto no pasaría de ser un episodio más de la política interna
de Estados Unidos si no fuera porque Hastert es uno de los congresistas norteamericanos que más ha
estudiado el tema de Colombia. El ha venido en varias oportunidades, es un gran amigo y admirador del
general Rosso José Serrano, y conoce en detalle el conflicto del pais y la complejidad del problema
del narcotráfico. Aunque para muchos esto puede ser poco importante, la verdad es otra. En una nación
donde más de la mitad de los congresistas no ubican a Colombia en el mapa, que de la noche a la
mañana un 'gomoso' del país se convierta en el más influyente de todos es un hecho sin antecedentes
en la historia de las relaciones bilaterales. Y sus implicaciones no son pocas. ¿Que significa? Uno
de los principales problemas que deben enfrentar los diplomáticos extranjeros en Washington,
especialmente de estados tercermundistas como Colombia, es que las personas realmente
influyentes en el gobierno no saben nada de sus países, y tampoco tienen tiempo para aprender.
Alguien tan importante como el líder de la mayoría republicana quizá disponga de dos minutos al año
para tratar algo que tenga que ver con Colombia. Eso, por lo general, siempre juega en detrimento de
estos países y la realidad es que es muy poco lo que se puede hacer al respecto.Esa situación cambió
para Colombia hace un par de semanas, por una jugada del destino, con el nombramiento de Hastert.
Y la importancia de este hecho va mucho más allá de simplemente acelerar la tan necesitada ayuda
antinarcóticos para la Policía y el Ejército por parte del Congreso norteamericano. El nombramiento
alteró el equilibrio político del tema Colombia dentro del Congreso estadounidense, especialmente
en lo que tiene que ver con el proceso de paz.Desde hace varios años cerca de diez miembros de la
bancada republicana han actuado en forma conjunta en los temas relacionados con
Colombia. Ese grupo ha sido liderado por el representante Benjamin Gilman, quien es considerado de línea
dura y se ha distanciado del gobierno Pastrana a raíz de las negociaciones con las Farc, en especial por el
tema del despeje. Gilman fue el autor, el año pasado, de una enmienda que obligaba al Departamento de
Estado a suspender toda la ayuda antinarcóticos a Colombia si se demostraba un aumento de los cultivos en
la zona desmilitarizada. El gobierno Pastrana logró, a través de una vigorosa iniciativa diplomática, modificar
ese texto a última hora para que la suspensión de la ayuda no fuera obligatoria. Sin embargo hay un detalle
que pasó inadvertido para la mayoría de los colombianos. La iniciativa diplomática que logró ese resultado
la hizo el gobierno de Pastrana precisamente a través de Hastert, quien entonces era tan solo un congresista
más. Y lo que este hecho evidencia es la empatía que existe entre Hastert y el gobierno colombiano. Hay
quienes aseguran, incluso, que ahora Hastert entraría a hacerle contrapeso a Gilman, especialmente en
cuanto a una posible ampliación de la zona desmilitarizada si el proceso de paz así lo requiere. Como dijo
a SEMANA un asesor de Hastert, "aunque tenemos una muy buena relación de trabajo con Gilman, Hastert
tiene su propia visión de lo que pasa en Colombia". Lo anterior no quiere decir, sin embargo, que el
presidente Pastrana pueda cantar victoria. Porque en ningún otro Congreso del mundo, como en el de
Estados Unidos, es más cierta la frase según la cual "un congresista no pasa una ley, pero sí la bloquea".
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