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| 9/28/1998 12:00:00 AM

ALIANZA, PERO NO TANTO

El fracaso de Alfonso Valdivieso en la elección de Contralor demuestra que una cosa es una alianza electoral y otra una coalición de gobierno.

Algunos analistas dicen que los últimos acontecimientos demuestran que Alfonso Valdivieso se quedó con tres puestos y Horacio Serpa con el Partido Liberal. La elección de Carlos Ossa como contralor general ha sido vista como el principio del fin de la llamada Gran Alianza por el Cambio. Sin embargo, como suele suceder en política, las cosas no siempre son como parecen. Si bien es cierto que Valdivieso demostró en este episodio que su influencia real sobre el Congreso ahora es prácticamente nula, no se puede afirmar a partir de ello que Horacio Serpa haya recuperado el control de las toldas rojas en el Parlamento.
La Gran Alianza nació en el momento en que Alfonso Valdivieso renunció a su candidatura presidencial para adherir a Andrés Pastrana. Después del triunfo en las elecciones presidenciales el siguiente paso consistía en afianzar un bloque parlamentario fuerte que le permitiera al Presidente de origen conservador gobernar con un Congreso mayoritariamente liberal. Para conseguir este propósito era necesario 'lentejear' liberales oficialistas. El éxito de esta operación quedó marcado por la elección de Fabio Valencia Cossio como presidente del Senado y de Emilio Martínez como presidente de la Cámara. Hasta ahí todo parecía ir sobre ruedas. Valdivieso aparecía como gran jefe de la Alianza y creía influir sobre las decisiones del Congreso. El estrellón en la elección de contralor comprobó que no existían ni la fortaleza de Valdivieso ni la cohesión monolítica que algunos atribuían a la Alianza.
Todos estos acontecimientos demostraron que una cosa es una alianza electoral y otra muy distinta una coalición de gobierno. En el primer caso el aporte de Valdivieso a la campaña de Andrés Pastrana era de un valor determinante, pues le permitía desconservatizar su aspiración y dividir al partido mayoritario con argumentos de unidad nacional. Argumentos igualmente útiles para la elección de Fabio Valencia como presidente del Senado. Pero en el momento de gobernar y manejar el Congreso la dinámica política empieza a ser otra. Como ha sido costumbre, la mayoría de los congresistas solo responde a quien le pueda dar puestos y Valdivieso después de reclamar sus propias cuotas no está en capacidad de darle nada a nadie. El dueño de la burocracia nacional es el presidente Pastrana, y en el ámbito regional este tema será manejado por el ministro del Interior, Néstor Humberto Martínez, que a pesar de ser cuota de Valdivieso ahora solo le debe obediencia al primer mandatario.
El error de Valdivieso consistió en no percatarse a tiempo de que su papel frente al Congreso estaba agotado. Su guiño a Jaime Buenahora fue desautorizado por el Presidente y se convirtió más bien en el mayor lastre para su candidato a la Contraloría. No podía ser de otra manera, el papel que jugó Valdivieso en la Fiscalía lo convertía en enemigo natural de una buena parte del Congreso. El mayor ingrediente de la Gran Alianza, ya como coalición de gobierno, está compuesto por los llamados liberales colaboracionistas, que no son otra cosa que los que fueron serpistas en la campaña y ahora no se quieren quedar sin tajada burocrática. El mismo bloque de 15 senadores y 44 representantes liberales, que unido con conservadores e independientes, prácticamente borró al oficialismo de su partido de las mesas directivas y las presidencias de las comisiones del Congreso, fue el que escogió al candidato de Serpa como contralor. Lo único que queda claro en esta operación es que ellos se mueven hacia donde haya puestos. Sin importar que los ofrezca el gobierno o un nuevo contralor.
El estrepitoso fracaso de Valdivieso marca el fin de lo que pretendía ser la Gran Alianza en época de elecciones, pero no así de lo que seguirá siendo la coalición mayoritaria de gobierno en el Congreso. Esta semana 162 parlamentarios, buena parte de ellos 'liberales colaboracionistas', firmarán un manifiesto de apoyo a la plataforma legislativa de la administración Pastrana. Mientras tanto Alfonso Valdivieso, Humberto de la Calle y Luis Guillermo Giraldo, las tres cabezas liberales visibles de la Alianza en épocas de elecciones, partirán al exilio diplomático. Como para acabar de confirmar que ya no son útiles en el juego político del Congreso, serán reemplazados por parlamentarios con ascendiente real y permanente sobre sus compañeros. Al cierre de esta edición se daba por hecho que en la dirección del ala liberal de la Gran Alianza estará Emilio Martínez, presidente de la Cámara y jefe de los 44 representantes colaboracionistas, a su lado los senadores Salomón Nader, Vicente Blel y Fuad Char. Como quien dice, a la Alianza le llegó el cambio, pero de jefes.
Todo este episodio trae para el director del oficialismo liberal, Horacio Serpa, tantas cosas malas como buenas. Malas, porque su llamado a la oposición patriótica seguirá siendo un 'saludo a la bandera' ya que el grueso de la bancada liberal apoyará al gobierno en el Congreso a cambio de las usuales cuotas burocráticas. Buenas, porque los hechos le permitirán demostrar que el cambio no es tanto y que la política sigue siendo la misma. Por todo ello, cuando se acerquen las próximas elecciones, los mismos liberales colaboracionistas de hoy volverán a su lado, o al del candidato liberal del momento, esperanzados en los puestos del próximo cuatrienio.
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