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| 12/20/2014 10:00:00 PM

Tras el temible jefe del clan Úsuga

Alias Otoniel, jefe de la banda criminal conocida como el clan Úsuga, se transformó en el hombre más buscado del país y en el principal desafío para las autoridades.

El pasado 12 de diciembre el país amaneció con una macabra noticia que ocupó los titulares de los principales medios de comunicación: la masacre de siete personas, dos hombres y cinco mujeres, dos de ellas menores de edad. El hecho ocurrió en una humilde vivienda en la vereda Los Monos, a 90 minutos del municipio de Amalfi, Antioquia.

La escena era dantesca y era evidente la sevicia de los asesinos. Había más de 100 casquillos de fusil en el lugar. Los cuerpos tenían varios impactos de bala a corta distancia, y los homicidas mataron al perro del lugar y apuñalaron a una mula que tenía como medio de trabajo la familia asesinada. Milagrosamente, una bebé de pocos meses de edad fue la única sobreviviente.

Los habitantes de Amalfi no recuerdan cuándo fue la última vez que ocurrió un hecho similar. Las autoridades encontraron algunos panfletos alusivos al ELN y la primera hipótesis apuntó a ese grupo guerrillero como el responsable. Sin embargo, con el paso de los días y el avance de las investigaciones todo apunta a que detrás de ese crimen estarían integrantes de la banda criminal conocida como el clan Úsuga, llamada anteriormente Los Urabeños, bajo el mando de Darío Úsuga, alias Otoniel. Las víctimas eran familiares cercanos de Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario, capturado por la Policía en abril de 2009,  quien era el jefe de Otoniel y de la banda criminal Los Urabeños.

Pocos días antes de la masacre, la Corte Suprema de Justicia autorizó la extradición de Don Mario hacia Estados Unidos para responder por diversos delitos de narcotráfico en cortes de ese país. Justamente, esa medida sería una de las razones por las cuales Otoniel ordenó asesinar a los familiares de su antiguo jefe. “Otoniel sabe que una vez llegue a Estados Unidos Don Mario terminará hablando y delatándolo a él y a su grupo. Y la masacre es un claro mensaje y advertencia que Otoniel le mandó a Don Mario”, explicó a SEMANA un oficial antinarcóticos. El martes 16 de diciembre el presidente Juan Manuel Santos firmó la extradición, el último paso antes de que el capo aborde en cualquier momento un avión de la DEA rumbo a Norteamérica.

Las relaciones entre Don Mario y Otoniel se deterioraron desde septiembre pasado como consecuencia de la posición del primero, quien desde la cárcel públicamente realizó algunos pronunciamientos para pedirle a Otoniel y su banda que se sometieran a la justicia. SEMANA conoció una carta privada que Otoniel le envió en octubre pasado a Don Mario en donde básicamente rechaza la petición de sometimiento y desconoce cualquier suya como jefe.

Que Otoniel cortara cualquier vínculo con su expatrón y posteriormente ordenara cometer una masacre contra los familiares de quien fue su ‘padrino’ y jefe durante más de dos décadas deja en claro por qué tanto las autoridades como la propia la mafia consideran al jefe del clan Úsuga un hombre extremadamente peligroso que no conoce de límites o lealtades.

“Ese hombre es un animal, es un peligro completo. Es peligrosísimo. Él mata por matar, a niños, al que sea, no le importa”. Esta frase fue pronunciada por uno de los capos más temidos de Colombia en los últimos años: Daniel ‘El Loco’ Barrera. Este narco, capturado por la Policía en septiembre de 2012, y extraditado el año pasado a Estados Unidos, sorprendió a las autoridades cuando les manifestó el profundo miedo que sentía ante Otoniel.

Aunque para la mayoría de los colombianos su nombre puede ser desconocido, Otoniel tiene un largo historial en el mundo del hampa. Su nombre y alias salieron de ese anonimato público el 4 de enero de 2011, ya que durante varios días ordenó un paro armado que obligó a decenas de comerciantes, transportadores y habitantes de Urabá, y varias poblaciones de Córdoba y Magdalena, incluida Santa Marta, a cerrar sus negocios y quedarse encerrados en sus casas en plena temporada de vacaciones.  Tomó esa determinación para vengarse por una operación policial que terminó con la muerte de su hermano y jefe en ese entonces de la banda, Juan de Dios Úsuga, Giovanni. En esa ocasión Otoniel se salvó de morir porque salió una hora antes de la llegada de los comandos jungla.

Tras la desaparición de su hermano asumió el liderazgo de la banda que, según los cálculos de las autoridades, tiene cerca de 1.800 hombres que se han expandido desde Urabá y hoy tiene presencia en Antioquia, Córdoba, Atlántico, Norte de Santander, el Valle y Nariño, y se disputa otros territorios que han quedado tras la caída de grandes capos.

Otoniel nació en Turbo, Antioquia, en 1970. A los 16 años ingresó con su hermano al EPL. En 1991, cuando esa guerrilla entregó las armas, él no se desmovilizó y, por el contrario, integró una disidencia y reactivó el frente Bernardo Franco. Sin mucho éxito y con 22 años optó, entonces, por entrar en los frentes de las Farc que actuaban por el Urabá antioqueño. Para 1996, los continuos roces con sus comandantes lo llevaron a cambiar de bando y se enroló en las autodefensas campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), que por ese entonces surgían con fuerza bajo el mando de los hermanos Carlos y Vicente Castaño. Se ganó la confianza de este último, quien lo encargó de parte del cobro de los dineros del narcotráfico y del manejo de algunas de las rutas privilegiadas, junto con Daniel Rendón, Don Mario.

Para 2002, Otoniel y Don Mario fueron enviados con centenares de hombres a Meta para hacer parte del bloque Centauros que Vicente Castaño le vendió a Miguel Arroyave. Tras el asesinato de este y de Castaño en el 2004, producto de vendettas, Otoniel y Don Mario retornaron a Urabá, una zona que consideraban segura y conocían muy bien. Allí comenzaron a crear una disidencia que bautizaron Autodefensas Gaitanistas, el embrión de la banda Los Urabeños. El control de las principales rutas de salida de droga por el golfo de Urabá les permitió conseguir el músculo financiero necesario para iniciar una expansión, la cual aún continúa, aprovechando la captura, la extradición o la muerte de sus rivales en diferentes lugares del país.

Quienes han perseguido y conocen a Otoniel coinciden en afirmar que capturarlo no será fácil. Nunca usa un celular. Jamás duerme dos noches en el mismo sitio. Se moviliza entre montañas y selvas a lomo de mula o caminando con un grupo de no más de cinco escoltas. No es mujeriego y casi nunca toma licor. Rara vez se le ve en una vereda y desde hace años no visita un pueblo, por pequeño que sea.

El reto para las autoridades es dar con este hombre que desde la manigua se ha convertido en el enemigo público número uno del país.
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