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| 7/7/2007 12:00:00 AM

Allá también cojea

Los gobiernos de Uribe y Bush esperaban condenas ejemplares para los primeros dos líderes de las Farc extraditados a Estados Unidos. No las lograron. ¿Que pasó?

Los tiempos en que los acusados preferían "una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos" quedaron atrás. Los problemas que ha tenido la justicia estadounidense para condenar a 'Sonia' y a 'Simón Trinidad', los primeros miembros de las Farc extraditados, sugieren que les ha ido mejor en Washington que si se hubieran quedado en Colombia.

'Sonia' fue condenada a 16 años y seis meses, y podría salir en 11. 'Trinidad' está a punto de que su segundo juicio sea anulado. Ambos están sindicados en Colombia de delitos que significarían condenas más fuertes. Pero en Washington, ni el discurso antiterrorista, ni los testigos estrella, ni el viaje del viceministro de Justicia para justificar una condena ejemplarizante, lograron las penas que querían ambos gobiernos. En el caso de 'Sonia', la Fiscalía había pedido 60 años.

Los fiscales dieron varios pasos en falso. Aunque 'Sonia' fue encontrada culpable el pasado mes de febrero de conspiración para envío de drogas a Estados Unidos, Carmen Hernández, su defensora, logró poner al descubierto contradicciones de los principales declarantes. Un testigo clave, por ejemplo, afirmó que la acusada había traficado coca en 2004 y 2005. Y Hernández demostró que no podía haber conocido esos hechos, porque había sido detenido en 2003.

Los fiscales no pudieron responder. El juez Robertson dijo con toda claridad: "No me convence la teoría de que 60 años de cárcel para una persona de 40 años no es una cadena perpetua". La abogada Carmen Hernández, cubana, cuestionó en repetidas veces el proceder del tribunal y aseguro que este juicio "jamás debió haber tenido lugar".

La misma acusada dio la estocada final al dispendioso trabajo realizado por los fiscales durante más de dos años. En 30 minutos pronunció un testimonio cargado de emotividad y quemó sus últimos cartuchos presentándose como una campesina iletrada, producto de circunstancias adversas y madre de un hijo que, le dijo al juez, "está en sus manos".

Al final, 'Sonia' fue condenada por "funcionaria y supervisora del dañino negocio de las drogas" y no como la temida comandante líder del frente 14 de las Farc, jefe financiera y logística, y temida narcoguerrillera. Robertson justificó lo que para los fiscales fue una baja condena "porque la acusada no actuó ni por dinero ni por beneficio propio".

Si la condena de 'Sonia' fue una derrota para los fiscales, no se advierten mejores resultados en el caso de 'Simón Trinidad'. El primer día de deliberación, una jurado renunció argumentando "sentir demasiada simpatía por el acusado" y "reconocer que lo estaba incluyendo en sus oraciones". Al terminar la semana, y al cierre de esta edición, los 12 ciudadanos responsables de determinar si Ricardo Palmera es culpable o no del secuestro de tres estadounidenses, ya habían notificado al juez que no lograban ponerse de acuerdo. Insistieron en que la discusión estaba en punto muerto. Aunque a 'Trinidad' le espera otro proceso -por narcotráfico-, si todo sigue como va, es muy probable que este juicio se anule por segunda vez.

La situación no podría ser más paradójica. La justicia de Estados Unidos -la mano del imperio, según el estereotipo de las Farc- está resultando más blanda que la justicia colombiana, considerada como demasiado frágil. Hay varias razones que explican la curiosa situación. Los casos contra los guerrilleros serían más sólidos sobre sus actos de violencia que sobre su participación directa en el narcotráfico. Pero En Estados Unidos sólo pueden ser condenados por delitos cometidos allá. Es decir, por importar droga. O, si se trata de 'Trinidad', de haber secuestrado a los tres norteamericanos.

Los dos juicios, simbólicos y trascendentales, dejarán varias lecciones. Algunas de ellas se tendrán que analizar con cabeza fría. Pero es muy probable que se derrumben mitos que han prevalecido durante mucho tiempo. Como que la extradición es el peor castigo para un delincuente, y que cualquier sistema judicial es más efectivo que el colombiano.
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