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| 10/16/2014 9:45:00 PM

“¿Aló, aló? ¡Te hablo desde la prisión!”

Semana.com ingresó a la cárcel La Picota y comprobó que 33 equipos de bloqueo de celulares, no funcionan.

Hace poco menos de un mes, un grupo del Gaula de la Policía llegó junto con otro grupo especial del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) hasta la cárcel La Picota, en el sur de Bogotá. No iban por un asunto menor. Fueron directamente al viejo pabellón 11 y entraron a una celda de la que  sacaron dos teléfonos iPhone y siete sim card.

Luego del operativo no dieron mayores explicaciones y se marcharon de inmediato. Lo que cuentan algunos guardias es que lograron dar con una organización de presos que, desde su celda, realizaban extorsiones. Días atrás, otro grupo de investigación entró al patio 7 y desmanteló otro combo que se dedicaba a lo mismo.

Más allá de los controles que periódicamente hacen las autoridades para desarticular en las propias cárceles bandas dedicadas a la extorsión, lo evidente es que allí, en La Picota, ocurre un fenómeno recurrente que no ha podido ser controlado: el uso de equipos celulares.

¿Por qué? Desde hace mucho tiempo no funcionan los 33 equipos instalados con los que el Inpec pretendía bloquear la señal de los teléfonos móviles. Atrás quedó el recuerdo de los pronunciamientos del entonces director del Inpec, general Gustavo Adolfo Ricaurte, y del presidente Juan Manuel Santos, quienes en junio del 2012 anunciaron la puesta en marcha del plan contra la extorsión con la instalación de estos equipos.

“Esta medida no es un capricho del Gobierno, es una necesidad porque estos bandidos fácilmente, con una lista en mano, se dedican a extorsionar a los ciudadanos y a generar esa zozobra”, destacó en ese momento el jefe de Estado.

Hace unos días, periodistas de Semana.com hicieron un recorrido por la cárcel. Allí realizaron llamadas al exterior y dentro del penal: los bloqueadores no hicieron efecto.

Funcionarios de la cárcel confirmaron el asunto y aseguraron que desde hace mucho tiempo los equipos no sirven. Anotaron, además, que ante la falta de personal –170 guardianes por turno para cerca de 7.500 presos–, es imposible controlar el ingreso y la utilización de celulares. “Aun así hacemos las denominadas batidas, pero decomisamos 10 y aparecen 20 celulares en un pabellón”.

Esto, sin duda, va ligado a la corrupción carcelaria. Esta permite que, por unos pesos, los familiares de los internos logren ingresar equipos que funcionan a la perfección en el penal. Hace pocos días, la revista SEMANA reveló un video grabado por un recluso con un celular de última tecnología, de una parranda vallenata en un patio de alta seguridad.

Funcionarios de la institución que pidieron no revelar sus identidades recuerdan que en el 2012, cuando arreciaban los grupos de presos que cometían extorsiones, el Inpec firmó un contrato de 2.058 millones con una empresa que importó los equipos desde Israel. Se trataba de darles cumplimiento a tres planes denominados Cerrojo, Orión e Institucional, que servirían para instalar decenas de equipos en diez de los penales considerados como los más difíciles del país.

En otros penales el asunto funcionó, pero en La Picota no. Por eso el Inpec, que había pagado sólo el 30 % del contrato, decidió suspender la ejecución del mismo, pues los equipos no funcionaban al 100 % de su capacidad. En diciembre pasado se hizo un acuerdo con la empresa y mediante un acta de liquidación, la empresa se comprometió a cumplir lo pactado. Pero nada ha pasado hasta ahora.

“En este momento los equipos se encuentran apagados. Nosotros no podemos manipularlos y esperamos a que el contratista cumpla su compromiso. Menos mal que el 70 % de los recursos no se entregó, pero lo cierto es que faltó experiencia en el Inpec para realizar este contrato”, dijo un funcionario.

Otro empleado de alto nivel de la entidad puso el retrovisor y dijo a Semana.com que “ese contrato fue hecho a la carrera y con mucha improvisación”.

Un reconocido guardia del La Picota, interesado en que cambien las cosas que allí no funcionan, aseguró: “Aquí se encuentran celulares por todo lado. Hasta nosotros, que no debemos, usamos celulares adentro y hacemos llamadas”, dijo. Para demostrarlo hizo una llamada cerca del ERON, aquel búnker donde se encuentran detenidos decenas de extraditables.

En fin, es un problema serio que no se ha podido superar y que deja mal parados al presidente y al entonces director del Inpec, quienes les dijeron a los colombianos que desde La Picota se acababan las llamadas.
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