Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1997/02/24 00:00

ALO DON MIGUEL?

CONVERSACIONES TELEFONICAS DESCONOCIDAS HASTA AHORA, REVELAN LA FORMA MESTICULOSA Y CASI OBSESIVA COMO MIGUEL RODRIGUEZ DIRIGIA PERSONALMENTE LOS ENVIOS DE DROGA A ESTADOS UNIDOS.

ALO DON MIGUEL?

Nunca antes el cartel de Cali se había embarcado en una operación de tanto calado para conquistar el mercado del norte. Los jefes de la organización consideraban que el esfuerzo valía la pena, pues había que empezar la década del 90 dando pasos grandes y con la idea de que las exportaciones al detal, con mulas y avionetas destartaladas, al estilo de la competencia, ya eran cosas del pasado.La operación funcionaba como un reloj. En el municipio de La Fría, en Venezuela, se montó una fábrica de postes de cemento para la exportación; en Miami se fundó una compañía para importarlos y en Texas se construyó un depósito para recibirlos. Por lo menos un centenar de personas participaban, directa e indirectamente, en la larga cadena industrial.El producto de exportación era el resultado de una aparatosa aplicación del sistema maquila en el negocio del narcotráfico: la materia prima para el recubrimiento de los postes la ponía Venezuela, puro cemento, y el relleno vendría de Colombia, pura cocaína.Aparentemente todo estaba en regla. Los papeles de exportación y de importación, los conocimientos de embarque y la compra y alquiler de lotes. Y para darle un mayor realismo al truco, los publicistas del cartel imprimieron un afiche para promover el producto en las grandes ferreterías rurales de Estados Unidos. "Postes para cercas que aguantan el paso del tiempo", decía en inglés el afiche de la compañía Tensadores Rurales Acerados, Tranca, que mostraba una sólida cerca con postes de cemento.La ruta fue puesta a prueba en 1991 con el envío de un cargamento de postes 'sanos', sin el relleno de cocaína, y todo salió como estaba previsto. A nadie en la Aduana de Miami le pareció extraño que Estados Unidos estuviera importando postes de un país subdesarrollado. El único obstáculo insalvable, pero que no despertó sospechas, fue que la gente de Cali en Miami no sabía qué hacer con la mercancía porque nadie en realidad la necesitaba. Como no había clientes ni campos para cercar, los intermediarios al sur de la Florida arrendaron un lote donde la maleza les ayudó a cubrir el producto.El 'micromanager'Todo estaba listo para empezar la verdadera exportación para la cual se había montado semejante engranaje: 12.550 kilos de cocaína serían enviados a Estados Unidos camuflados en el interior de un nuevo cargamento de postes. Por su importancia y volumen, la operación sería coordinada desde Cali por Miguel Rodríguez Orejuela, conocido por los agentes antinarcóticos de Estados Unidos como el 'micromanager' del cartel, el típico empresario que está pendiente de los más mínimos detalles y trabaja el proceso desde el nivel más bajo hasta el más alto.Los postes premiados salieron de Venezuela y llegaron a mediados de 1991 al puerto de Miami registrados bajo la posición arancelaria de 'cornerstone', o piedra angular. A la Aduana de Miami le había llegado el dato de que un gran cargamento de cocaína camuflado en productos de concreto iba camino a Estados Unidos. Thomas Coleman, inspector de Aduanas, lo había escuchado, y quizás por eso le llamó poderosamente la atención una ordenada pila de postes que encontró en el puerto un cálido sábado de agosto de 1991. Sin pensarlo dos veces el agente introdujo en un pequeño agujero de uno de los postes un gancho que chocó un material suave. Al sacarlo descubrió que el verdadero producto de la importación era cocaína en un alto grado de pureza, empacada en bolsas rectangulares de plástico azul que encajaban perfectamente en el hueco interior de los postes.Coleman trató de no dejar huellas de su incursión y avisó a sus jefes del hallazgo que se convertiría en el punto de partida de la más grande operación de la historia del gobierno de Estados Unidos contra el crimen organizado. Bautizada desde entonces con el nombre de Cornerstone, la operación se fue ampliando a medida que los investigadores descubrían nuevas evidencias, hasta convertirse en un complejo encausamiento criminal que comprometió no sólo a más de 60 narcotraficantes sino a varios abogados de Estados Unidos. En su más reciente ampliación, el año pasado, el gobierno agregó a la novela judicial una referencia general al proceso 8.000 y nuevos acusados.Algunos capítulos de esta larga historia ya se han cerrado pero otros están por abrir y podrían conocerse en marzo, cuando comience el juicio contra cinco de los acusados en la Corte Federal de Miami. Decenas de grabaciones de conversaciones entre los acusados, sus abogados, intermediarios y por supuesto los jefes en Cali y en Miami, ya han sido aportadas al expediente.SEMANA obtuvo copias de esas conversaciones que permitieron al selecto grupo de agentes expertos en el cartel de Cali conocer de cerca y de viva voz la personalidad casi obsesiva de Miguel Rodríguez Orejuela para dirigir el millonario negocio, de punta a punta, desde un teléfono en Cali.El último eslabónLas autoridades antinarcóticos en Miami montaron una estricta vigilancia al lugar donde el agente de Aduanas descubrió los postes tacados con cocaína. Pasaron tres meses hasta que una tractomula recogió la mercancía y la llevó al oeste de Texas, donde una cuadrilla de empleados al mando de Gustavo Naranjo, el encargado del último eslabón de la cadena, se encargarían de triturar los postes para extraer las bolsas de cocaína que tenían en su interior.Naranjo era un hombre de confianza de Rodríguez Orejuela. Pero tenía un problema, no sólo traficaba con droga sino que la consumía. Rodríguez Orejuela, que había estado pendiente de la operación, estaba desesperado buscándolo para saber cómo iba el proceso de trituración.Algo lo tenía preocupado, algo le decía que las cosas no estaban saliendo bien y Naranjo nada que llamaba. Finalmente se comunicó con Rodríguez, a quien se refiere como don Manuel, para informarle que estaba enfermo. La noticia puso más nervioso al capo de Cali, pues en el poco ingenioso lenguaje telefónico de los narcos estar enfermo significa problemas con la ley. En un tiempo fue muy común para la DEA escuchar a narcos avisando a sus jefes que alguno de sus compañeros estaba en el 'hospital', un eufemismo para indicarles que habían sido arrestados."Aquí todo lo que pasa es que usted me tiene al borde del infarto", le dijo Rodríguez a Naranjo en una conversación sostenida el 19 de noviembre de 1991 cuando los tubos ya habían llegado a un desolado paraje del oeste de Texas."¿Por qué, señor?", le pregunta Naranjo."Porque yo lo que quiero saber es si, si es que hay inconveniente, o es que usted está enfermo físicamente".Rodríguez descansó cuando Naranjo insistió que sus dolencias eran físicas, aparentemente el dengue, y ambos se enfrascaron en una conversación de señoras sobre cuál sería el mejor medicamento. Para Rodríguez era el Advil y la vitamina C y para Naranjo el Tylenol.La otra droga la olvidaron por un momento, aunque Miguel seguía nervioso porque no le gustaba nada el 'habladito' de su hombre en Texas.En su afán por saber cómo había llegado el cargamento y si ya realmente habían terminado de sacar los paquetes con droga, Rodríguez acuñaba toda clase de nombres y metáforas. A los postes los llamaba "los pollos que están desplumando" y "los tubinos" y "los palos" y en un acto de desesperación a la droga la compara con "la otra señora" de Naranjo y en ese contexto insiste: "No han estado molestándola, ¿molestándole las tetas?". "No, señor", le respondió Naranjo". "Nadie la ha tocado, ¿oyó?"."Un pájaro encima"Después de dos días de reposo Naranjo tuvo que escuchar a un Rodríguez menos condescendiente que le advierte que "su tranquilidad está de por medio" y le ordena que vaya al sitio donde están los postes para cerciorarse de que todo está saliendo bien. "Hay que ir, hay que ir, usted no puede hacer las cosas como ejecutivo, hombre", le dijo.Naranjo obedeció y esa fue la última orden que recibió de su jefe. A los pocos minutos de tomar la carretera que lo llevaría al sitio donde estaban triturando los postes, un helicóptero de la policía empezó a seguirlo. Naranjo llamó a Solano, uno de sus hombres, y le dijo: "Oiga, hermano, estoy cagado"."¿Qué pasó", le preguntó Solano."Ay hermano, ahí tengo un pájaro encima de mí ya hace un hijo de puta tiempo, hermano".

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