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| 3/27/2014 12:00:00 AM

La silenciosa derrota del procurador

La trascendencia de la victoria del exalcalde de Medellín Alonso Salazar. Análisis de Semana.com

Los pájaros tirándoles a las escopetas, dice el refrán. Y eso fue lo que le pasó a Alonso Salazar cuando, a finales del 2011, empezó a sufrir un calvario que, por fin, terminó este jueves 27 de marzo. Por aquella época, el entonces alcalde de Medellín alertó a su ciudad de los sigilosos movimientos de los paramilitares con la intención de apoderarse del poder local.

En otra parte, las autoridades nacionales habrían corrido a su lado para ayudarlo en sus denuncias y, obvio, para protegerlo en caso de una violenta reacción de tan sangrientos grupos armados. Pero pasó al revés. Salazar terminó siendo investigado por la Procuraduría General de la Nación con la delirante acusación de participar en política.

El hecho sorprendió a unos pero a muchos les pareció normal. Es lógico, explicaban, el procurador, Alejandro Ordóñez, es un abanderado de la fe religiosa, defensor de las costumbres más conservadoras, que miraba con desconfianza a un liberal como Salazar, quien, para colmo de los pecados, impulsaba la creación de una Casa de la Mujer en Medellín para enfrentar el drama del embarazo en las niñas y adolescentes.

Así, mientras Salazar ponía el dedo en la llaga en dos de los problemas más graves de nuestra sociedad –el paramilitarismo y los embarazos no deseados–, Ordóñez iba por otra línea. Frenó la Casa de la Mujer y luego sancionó a Salazar con inhabilidad para ejercer cargos públicos durante 12 años. Todo un despropósito.

En un país tan nocivamente centralista su caso fue un escándalo de pocos días en los medios nacionales. No tuvo el fabuloso despliegue de otros de características similares. Salazar sabía quién lo había puesto en su mira: “El procurador no nos ha querido mucho porque no somos conservadores, ni fanáticos, ni camanduleros”.

El caso, sin embargo, pareció perderse para siempre. Salazar habló en la intimidad con su familia y decidió, a pesar de todo, creer en las instituciones de este país. Empezó así su lenta y dispendiosa defensa, en cuanta instancia se le atravesó, en cuanta oficina debió de ir, con cuanto funcionario lo citaba para escucharlo. Pero ¿por qué tanto esfuerzo ante el desinterés general de un país que discutía otros asuntos?, se le preguntaba. “Es sencillo. Pretendo una reivindicación ética y moral”.

El Consejo de Estado le dio, por fin, este jueves la razón. La Sección Segunda, con ponencia del magistrado Gustavo Gómez Aranguren, tumbó el fallo de la Procuraduría y en vez de la destitución e inhabilidad le dio a Salazar una amonestación. Sí. ¡Una sencilla amonestación! El magistrado Gómez explicó que la decisión se dio por considerar “desproporcionada” la sanción impuesta por el Ministerio Público, y en ese sentido devolvió a Salazar la posibilidad de hacer política.

“Queda en una sanción disciplinaria de amonestación porque el hecho que se demostró fue básicamente haber emitido en su cuenta de Twitter una información sobre un candidato a la Alcaldía de Medellín en aquel entonces y haber dado unas declaraciones de prensa sobre infiltración del paramilitarismo en las elecciones”. Nada más.

De esta manera, silenciosa y limpia se construyó una gran derrota del procurador Ordóñez. Y fue de manera callada porque así lo quiso Salazar, hombre discreto, de bajo perfil. No obstante, el exalcalde de Medellín ha explicado en las últimas horas que en la búsqueda de limpiar su nombre él también se preparaba para acudir a las instancias internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en ese caso es posible que el eco habría sido mayor.

“Es legítimo recurrir a instancias internacionales. Hay gente que asume eso como si fuera una especie de traición a la Justicia colombiana, pero las instancias internacionales están consagradas en Colombia a través de convenios. Y yo no lo había descartado, sin embargo, quería completar el proceso interno”, señaló

El caso de Salazar sirve para reflexionar sobre el desbordante y caprichoso poder de la Procuraduría, en general, y de Alejandro Ordóñez, en particular. Por ejemplo, en el caso del exalcalde de Bogotá Gustavo Petro, el mismo funcionario le decretó la muerte política al inhabilitarlo y sancionarlo por 15 años ya que en su fuero interno consideró que el caos de las basuras en Bogotá era una falta disciplinaria que él consideró como “falta gravísima” que, según las normas, da para este número de años. Pero, si por ejemplo, Ordóñez hubiera puesto que era “culpa gravísima” la sanción habría sido de entre uno y diez años y más aún si sólo hubiera considerado que era “culpa gravísima” Petro habría sido sancionado entre 0 y 12 meses.

Es decir, y como están las cosas, la Procuraduría subjetivamente puede hoy contra un funcionario investigado por cualquier irregularidad, ponerle fin de un tajo a su carrera o sencillamente decirle que se ganó una anotación en la hoja de vida. La silenciosa derrota de Ordóñez es la oportunidad para crear un intenso debate público que reforme el poderoso Ministerio Público.

Porque hoy todo es tan desmesurado, que el mismo procurador al conocer el desenlace del caso de Salazar dijo con una tranquilidad pasmosa que tampoco había que “dramatizar”, que eso “era algo normal”, que para eso estaba el Consejo de Estado. Como si no hubiera pasado nada. Al contrario, lo que pasó es muy grave, pero también es la oportunidad para construir un ente mejor al servicio de toda la sociedad. Como le dijo Salazar a Semana.com: “Los que aspiran a ser emperadores o se lo creen valoran muy poco los derechos de las personas, es muy dramático que le ponga a una persona una sombra de esas encima, como un cuestionamiento social de ese tamaño y que luego él mismo diga que no hay nada”.

¿Podría haber dicho otra cosa distinta el procurador? Para Salazar no hay duda: “Lo que tendría que decir es que hay muchas cosas que revisar en esas maneras de proceder, porque hay todo un abismo entre pasar de destitución e inhabilidad por 12 años a una posible amonestación. En pocas palabras, el Consejo de Estado le está diciendo señor procurador: Usted cometió un exabrupto y toda su gente, que son clérigos muy dependientes de la cabeza, deberían meditar”.
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