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| 12/23/1985 12:00:00 AM

ALVARO PONE LA CARA

Empieza a salir a flote el Alvaro que todos esperaban, pero son aún remotas sus posibilidades de triunfo.

Parecía más bien una convención política gringa que una colombiana. El candidato y toda su familia llegaron rodeados de reinas de belleza, encabezadas por la nueva señorita Colombia, la guajira María Mónica Urbina. Esta folclórica comitiva entró en forma inesperada por una puerta lateral, produciendo una gran sorpresa y una intensa ovación en las barras. Un podio con la bandera de Colombia que se destacaba sobre un inmenso telón de fondo azul y blanco y con la inscripción Partido Conservador, fueron el escenario de una Convención que, sin lugar a dudas, marcará un hito en este tipo de eventos. Esto no fue obvio desde el principio cuando, durante algunas horas, tuvieron lugar los tradicionales ritos de rigor. Discursos interminables, la esperada y ovacionada renuncia de la candidatura disidente (J. Emilio), una votación por unanimidad para un resultado que se conocía de antemano, entrega formal del programa por parte del jefe del partido y, finalmente, la aclamación del nuevo candidato.
Fue entonces cuando la tecnología invadió el salón principal del Centro de Convenciones de Bogotá. Súbitamente se apagaron las luces del recinto y resonó como un trueno la música vibrante de la película "2001 Odisea del Espacio". Los convencionistas en total oscuridad y con la piel de gallina por la intensidad del efecto, comenzaron a presenciar la iluminación gradual del recinto, al compás de la música, para descubrir que, en medio de la penumbra, Alvaro Gómez Hurtado, el nuevo candidato del Partido Conservador, se había trasladado de la mesa principal al podio y que se encontraba preparado para iniciar el discurso. Pero las sorpresas aún no terminaron. En un comienzo dio la impresión de que el recién ungido candidato estaba improvisando. Sin embargo, dos discretos vidrios colocados a lado y lado de Gómez dieron la clave de que en realidad estaba leyendo su discurso en un moderno teleprompter. Sin que casi ninguno de los presentes lo notara, la extraordinaria fluidez, espontaneidad y seguridad del orador provenían de la lectura del discurso que se proyectaba lentamente sobre un cristal que, desde el ángulo que daba hacia los convencionistas, no era más que un vidrio que casi pasaba desapercibido. Este sistema, que por su naturalidad podía parecer muy sencillo, fue el producto de varios días de riguroso entrenamiento para que fuera dominado por el aspirante a la Presidencia. Al final, la delirante ovación de los presentes acompañó la subida al podio, también a la americana, de la esposa del candidato y de su hijo Mauricio, quienes con los ojos aguados se abrazaron emocionadamente.
Gran parte de estas innovaciones fueron el resultado de un estudio minucioso de la convención republicana de 1984, que había nominado a Ronald Reagan para su triunfante reelección. Un elemento calcado de la Convención de Reagan que causó mucho impacto fue poner a una niña de 14 años que, esa misma mañana, en una misa para consagrar espiritualmente la campaña, cantó sin fondo musical de ninguna clase y con voz digna de soprano, el himno nacional. La celebración religiosa fue en sí otra innovación en la cual el candidato leyó la epístola, y su esposa, su hijo y Juan Diego Jaramillo leyeron salmos.
Todo este formidable espectáculo de reinas y parafernalia musical y luminotécnica tipo Hollywood, aunque deleitó a los convencionistas, sorprendió que hubiera sido montado para Alvaro Gómez, persona introvertida, distante, de cierta solemnidad y, sobre todo, de un gran pudor en su actividad política. Interrogado un delegado alvarista sobre esta curiosa evolución, respondió a SEMANA en forma tajante: "La prioridad en este momento no es el pudor, sino el poder".

FALTA MUCHO
El poder, no obstante el éxito de la Convención, no está a la vuelta de la esquina. Mucha agua tiene que correr aún por debajo del puente para que Alvaro Gómez llegue a ser el próximo inquilino de la Casa de Nariño.
La candidatura de Gómez, como todas las candidaturas en esta campaña presidencial, aún no ha cogido. Su único momento de gloria antes de la Convención del sábado, fue su llegada triunfal a Barranquilla en marzo de este año, cuando las legiones azules en bloque y mucho liberal desilusionado esperaban el regreso de la Embajada en Washington del hombre que simbolizaba la mano dura, para poner orden en lo que consideraban el "caos populista" creado por el actual Presidente. Este sentimiento llegó a producir que, por primera y única vez en la historia de las encuestas electorales en Colombia, Alvaro Gómez apareciera como puntero, aun si el Partido Liberal se presentaba con un candidato único.
No acababa de bajarse del avión el entonces precandidato conservador, cuando esta ilusión comenzó a esfumarse. Un débil discurso de llegada en guayabera fue justificado por sus defensores como resultado del soroche o de la falta de práctica producida por la vida diplomática. Sin embargo, superado el soroche y recuperada la práctica después de varias semanas de campaña, la sltuación no cambió. Gómez siempre pareció estar bajo de forma. A sus intervenciones les faltaba fuerza. Considerado un maestro en el manejo de la televisión antes de su partida a Washington, sus apariciones ante las cámaras resultaron sorprendentemente flojas. Su estilo parecía obsoleto y teatral. La dicción le fallaba y este problema derivaba en un hablado que dio inclusive lugar a especulaciones sobre su estado de salud.
Más grave que todas estas conjeturas era el hecho evidente de que el precandidato conservador no atacaba ni a Belisario Betancur, ni al proceso de paz. El hombre afirmativo, de carácter y de derecha que se esperaba se había convertido en alguien conciliador, evasivo y diplomático. Su campaña se batía entre dos fuegos: una línea dura que lo invitaba constantemente a asumir posiciones radicales para satisfacer a sus seguidores tradicionales, y una blanda que le aconsejaba, por razones estratégicas, una actitud moderada, con el argumento de que si los "goditos" eran suyos de todas maneras, lo que había que hacer era conquistar nuevas simpatías en sectores más centristas.
Como si esto fuera poco, su campo de acción estaba limitado por los parámetros que le imponían, sin decirlo, tanto el Presidente de la República como el ex presidente Misael Pastrana Borrero, quienes no estaban dispuestos a que la campaña conservadora se basara en el desprestigio del actual gobierno, del cual ellos dos son los pilares. En medio de todas estas circunstancias contradictorias, Alvaro Gómez daba bandazos. Cada vez que mostraba los dientes, le tocaba a las pocas horas mostrar la piel de oveja, para promediar, con lo cual dejaba descontentos tanto a los lobos como a las ovejas. Esto tuvo como resultado que, no obstante la falta de entusiasmo alrededor de la campaña de Barco, éste fuera aumentando gradualmente en las encuestas su distancia frente a Gómez, quien inclusive llegó a ubicarse en la vergonzosa posición de tercero, después de Barco y Galán.
En las últimas semanas, las cosas comenzaron a cambiar. Cuando empezaron los encuentros frente a los gremios y en otros foros, Gómez repuntó. Su disponibilidad permanente a enfrentarse a cualquier interlocutor, candidato o periodista, al lado de las cada vez más inexplicables evasivas de Barco, le dieron imagen o por lo menos se la restaron a su adversario. Sus intervenciones ante estos auditorios, generalmente improvisadas, fueron buenas y en varias ocasiones llegaron a superar a las de Galán, quien hasta hace poco tiempo era considerado imbatible en exposiciones en recinto cerrado. El "candidatómetro", una medición inventada por los periodistas, en la cual se pedia a los asistentes a los foros una calificación de 1 a 5 de cada aspirante presidencial, dejaba a Gómez casi siempre por encima de 4, a Barco casi siempre por debajo de 3 y a Galán alternando con Gómez en el primer lugar. Gómez había tomado clases de dicción, y se le notaba. Se sometió a una estricta dieta y mejoró su figura. Como aspirante, se fue puliendo hasta convertirse en el candidato efectivo que se vio en la Convención conservadora.

UNA COSA ES UNA COSA...
Los alvaristas justificaban la languidez de la campaña en los últimos meses alegando que una cosa es una precandidatura y otra es una candidatura. El contenido del discurso de Gómez en la Convención parece por ahora avalar esta tesis. La intervención tuvo de todo un poco. Desde las inevitables exaltaciones a la grandeza del Partido Conservador y del pueblo colombiano, hasta los protocolarios e hiperbólicos elogios de sus hoy jefes y otrora enemigos. De Pastrana destacó lo que llamó "la magnitud de sus gestos históricos". De doña Bertha hizo la confesión inesperada de que siempre había sido su "heroína". En cuanto al presidente Betancur, aunque las palabras eran bonitas, era claro que le reconocía más las intenciones que los resultados: "El Presidente despertó al país" y después agregó: "La actitud progresista de la actual administración, en la cual los colombianos han puesto tantas ilusiones, ha sufrido el impacto de una violencia creciente". El único de sus rivales que no fue objeto ni siquiera de mención fue J. Emilio Valderrama, quien, minutos antes, gallardamente había entregado sus armas en aras de la unidad.
No faltaron tampoco toques de humanismo religioso exaltando a Dios y a la bondad del hombre. Llamó la atención escuchar a Gómez Hurtado utilizando retórica semibelisarista con perlas como "el hombre bueno no debe dejar pasar un día sin sonreír" o "la hombría de bien debe ser la condición excelsa del civismo" o "quiero ser Presidente de un país que crea en Dios", frases que, sin embargo, no sonaron mal.
El momento de más intensidad fue, sin duda alguna, el tributo emotivo que le rindió a su esposa Margarita, de quien, después de llamarla "armonía de todo lo bueno", afirmó que "en los episodios de nuestro tiempo, se han quedado engarzados pedazos de su corazón". En ese momento, la homenajeada tuvo que sacar un pañuelo, mientras un espontáneo le hacía llegar un ramo de margaritas, lo cual humedeció los ojos no sólo del candidato, sino de casi todo el contingente femenino.
Pero fuera de estas elocuentes expresiones de talante, el discurso contenía tres mensajes concretos. En materia económica, el tradicional: menos intervención estatal y dejar que la empresa privada sea el elemento básico del desarrollo de Colombia. Por prudencia política, Gómez no lo dijo tan explícitamente, sino que lo adornó con lugares comunes, como más empleo, crecimiento industrial, fomento a las exportaciones, fortalecimiento del agro, etc. Todo esto quedó englobado en un excelente nuevo slogan: "Mi revolución es el desarrollo", que constituye una considerable mejora publicitaria sobre el utilizado en la campaña de hace la años: "Desarrollismo es tener más, para distribuir más", pero el contenido es exactamente el mismo.
En materia política, se limitó a lo obligatorio: no habrá sectarismo y a los liberales les corresponderá su cuota de la piñata.
Pero en materia de orden público, fue donde el candidato, como se dice en ciclismo, se escapó. Los guerrilleros son llamados "bandoleros". Ni una sola referencia a la necesidad del diálogo, ni una expresión de convicción de que el actual proceso de paz va a terminar exitosamente. Por el contrario, dejo asomar sin tono de amenaza, la mano dura que hasta ahora había mantenido en el bolsillo. "La capacidad de amenazar no debe dar derechos políticos. La extorsión y el secuestro son dos formas reales de terrorismo que no convierten a quienes las usan en interlocutores de las autoridades legítimas. Por el contrario, las inhabilitan". Rechazó categóricamente el argumento de que "por el hecho de portar armas se representa al pueblo". Los planteamientos en materia de órden público no pudieron evitar los indirectazos al al Presidente de la República. En este sentido, especificó en el discurso: "Creo que hay muchos caminos que conducen a la paz. Acepto también, que no todos conducen a ella. No es bueno caer en uno solo (...) Escoger uno solo con ánimo exclusivista puede resultar demasiado costoso". Y para que no quedara ninguna duda sobre el estado en el que,en su concepto, la actual administración está dejando al país, ese día la campaña estrenó otro slogan: "Alvaro salva esto". Si en su discurso de hace un mes en el Congreso, Galán había asumido considerables riesgos políticos, manifestando que la mano del Estado hacia la guerrilla debía seguir tendida Gómez, más por omisión que por referencia explícita, pareció indicar que estaba llegando a la otra orilla.
Debido a la delicadeza del tema y a las barreras que le impone ser el candidato del partido de gobierno, los pronunciamientos de Gómez en cuanto al proceso de paz se limitaron exclusivamente a señalar lo que no haría, sin especificar en ningún momento lo que haría. Pero esto fue suficiente para poner a trinar de la felicidad a todos sus seguidores, particularmente a los convencionistas, quienes salieron rebosantes de júbilo y ánimo de triunfo.

PIEDRAS EN EL CAMINO
La inminencia de victoria que sentían los conservadores al terminar la Convención, no era compartida por el grueso del pueblo colombiano, según las encuestas de opinión pública disponibles a la fecha. El mismo domingo en que el diario El Tiempo titulaba "Unánime proclamación de Alvaro Gómez Hurtado", en primera página también publicaba la última encuesta de Invamer-Gallup, que revelaba que, por lo menos en Bogotá, las posibilidades electorales empeoraban, mientras que las de sus contendores liberales mejoraban. Las cifras fueron: 42% para Barco, 31% para Galán y 21% para el candidato conservador. Nacionalmente, los guarismos no eran mucho más alentadores: 37% para Barco, 27% Galán y 21% para Gómez. A este último, según una encuesta de la misma firma publicada en octubre, solamente le va bien en las capitales de departamento distintas a Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla y en el sector rural. Dado el peso que tienen estas 4 ciudades en el total de la votación, Gómez tiene aún un largo camino por recorrer.
Independientemente de la popularidad de sus tesis o de la calidad de su campaña, la candidatura conservadora se enfrenta a realidades estadísticas nada fáciles de superar. El Centro Nacional de Consultoria calcula que en Colombia hay 5 millones de liberales, 3 millones de conservadores, 5 millones sin partido y cerca de 400 mil de izquierda. Esto significa que cualquier conservador, para ganar,no sólo tiene que tener la casi totalidad de la votación de su partido, sino "picar" considerablemente entre los sin partido e inclusive entre los liberales. Según la misma firma, la ecuación que produjo el triunfo de Betancur fue la siguiente: 2.350 mil conservadores, 450 mil sin partido, 250 mil liberales y 50 mil votos de izquierda. Si un candidato inmejorable como B.B. con estilo populista y tendencias progresistas apenas logró captar 450 mil votos entre los sin partido, 250 mil votos liberales y 50 mil de izquierda, es difícil anticipar que un candidato ortodoxo conservador logre siquiera empatarlo en cualquiera de estos tres renglones.
A esto se suman serios problemas de imagen. El mismo Centro Nacional de Consultoría considera que los dos indicadores más importantes para una elección presidencial son "si la gente le puede creer" y si "se interesa por los problemas de la gente". El resultado obtenido para estas,preguntas en Bogotá en este mes arrojó el siguiente resultado:
Se le puede creer
Luis Carlos Galán 35.9%
Virgilio Barco 21.8%
Alvaro Gómez 19.2%
Se interesa por gente como usted.
Luis Carlos Galán 30.8%
Virgilio Barco 25.6%
Alvaro Gómez 16.7%
Ante este panorama estrictamente estadístico, los seguidores de Gómez consideran, sin embargo, que existen suficientes elementos a su favor para que en los seis meses que restan de campaña, todas estas tendencias puedan invertirse a favor de su candidato. En primer lugar, asumen que en una situación de crisis nacional coma la actual, el factor decisivo será la posición frente al orden público y la inseguridad y que en esta materia la imagen de Gómez, sobre todo después de su nuevo tono en la Convención, es la que corresponde al sentimiento nacional. En segundo lugar, sostienen que, aceptando que Barco va ganando, su candidatura es tan débil que perderá terreno en la medida en que tenga que enfrentarse al escrutinio de la opinión pública y que, tarde o temprano, puede haber un colapso. Al respecto, un alvarista comentó a SEMANA: "No creo que los colombianos vean a Barco como el hombre para manejar una situación como la del Palacio de Justicia". Por último, para ellos la división del Partido Liberal no es un elemento despreciable, pues no es sino que Galán le siga quitando votos a Barco en esta recta final, para que estadísticamente no sea imposible que Alvaro meta su gol. Queda por verse la validez de estos planteamientos en el tiempo que quedá para la hora de la verdad. El reto para los conservadores es el de demostrar que un partido minoritario con mística y fe en su candidato puede llegar a derrotar a un partido cuyas posibilidades de triunfo se basan en la inercia de sus mayorías. Si tienen razón, habrán producido una revolución electoral en Colombia, sólo comparable con la que produjo Belisario Betancur .

CARLOS MARTINEZ SIMAHAN
Abogado y doctor en ciencias políticas nacido en Galeras (Sucre)el 30 de noviembre hace 46 años. Es prácticamente el puente entre el pastranismo y el alvarismo dentro del staff de la campaña presidencial de Alvaro Gómez. Folclórico, costeño en todo el sentido de la palabra y conocido por sus apuntes. En su actividad pública ha sido gobernador del departamento de Sucre, viceministro de Educación y recientemente ministro de Minas y Energía del primer gabinete del actual gobierno. Se inició en la política en lucha contra la dictadura de Rojas, cuando en la Universidad de Cartagena formaba grupos de liberales y conservadores antirrojistas, y pronto llegó a ser presidente del directorio conservador de Bolívar. Su éxito como político radica fundamentalmente en su garganta y a pesar de que la primera vez que se presentó para la Cámara fue derrotado por la corriente de Evaristo Sourdis en 1970, en el año 1974 se lanzó para el Senado y barrio a sus contrincantes. Desde ese momento ha salido siempre elegido senador principal por su departamento y casi nadie le desconoce su cancha tanto en la plaza pública, como en el tejemaneje electoral. Es el director general de la campaña presidencial de Gómez y el encargado del manejo político con los otros sectores del conservatismo. A pesar de que es considerado como el político clásico y el único con cara de cacique de los directores de la campaña, se le atribuyen grandes capacidades de negociador y prácticamente en él pesa la responsabilidad de atraer a Jota Emilio.
Casado con doña Beatriz Hernández de Martinez y tiene dos hijos: Carlos Antonio y July. Se precia de ser un pastranista de vieja data y no lo deja mentir el hecho de que su oficina es la única que tiene un inmenso retrato de Pastrana, mientras las otras tienen el de Gómez.
ALBERTO CASAS SANTAMARIA
Estudió derecho en la Universidad del Rosario, pero nunca se graduó. Casado y con dos hijos, tiene 42 años y se ha dedicado fundamentalmente a la publicidad. Es el encargado de la imagen del candidato y es considerado como el más incondicional alvarista y el hombre más cercano a Gómez.
Ha sido diputado por Cundinamarca, concejal de Bogotá, representante a la Cámara y actualmente senador. Siempre ha estado en listas oficiales del partido y no maneja caudal electoral. Su primera acción política fue imprimir un folleto que escribió Alberto Dangond Uribe sobre Laureano Gómez, titulado "Su vida es su victoria". Se define como un hincha de Gómez desde que tiene uso de razón política y se asegura que es de las personas que, gane o pierda Alvaro, seguirá a su lado.
Ha tenido espacios radiales y televisados y escribe una columna en El Siglo, llamada "Un momento en el siglo". Fue cofundador, con Elvira Mendoza, de la Revista Al Día y actualmente es el presidente de Atenas Publicidad.
Tiene excelentes relaciones con los medios de comunicación y fue el autor de la idea de la foto de Gómez con Julio Iglesias. En algunos sectores es considerado como el "Bernardo Ramirez" de Alvaro Gómez, ya que no solamente ve por su imagen, sino que es uno de sus amigos más consultados. Quienes lo conocen afirman que es un mamador de gallo empedernido y que no se ha definido entre ser político, publicista o periodista. El por su lado cree que, a quienes dicen eso, se les olvidó lo de deportista. Ha sido uno de los miembros de la comisión de notables de la Selección Colombia y lleva el fútbol en el alma, a pesar de que siempre fue mejor basquetbolista que futbolista.
En cuanto a los hombres del candidato, asegura que el hombre fuerte de la campaña de Alvaro, es María Isabel Rueda.

CARLOS HOLGUIN SARDI
Caleño, de 45 años, estudió derecho y economía en la Universidad Javeriana. Es el hombre encargado de la conquista de los votos no cautivos desde el cargo de director operativo de la campaña y de cuya efectividad, según los cálculos, depende el triunfo de Gómez. Trascendental para algunos y tímido para otros, pasa casi inadvertido, a pesar de ser uno de los más cercanos al candidato. Es una mancorna discreta, afirman quienes lo conocen. Ha sido Alcalde de Cali, Gobernador del Valle, ministro de Comunicaciones en la administración Pastrana y presidente del Congreso en el periodo 1983-1984. Ha tenido algunas incursiones en el sector privado y actualmente es senador por el departamento del Valle.
Ha acompañado al candidato conservador desde antes de que iniciara su carrera política y el jefe era Laureano Gómez. Siendo estudiante, en las elecciones de mitaca en 1968 cuando Alvaro hizo oposición a Lleras Restrepo, participó en la primera campaña electoral y tuvo que hacer hasta de motorista. Desde esa época comenzó a meterse en el barro y a realizar sus primeros trabajos de masa en los barrios marginales de Cali.
Se le considera un administrador político y un buen organizador, además de ser estudioso de la filosofía política. Ha sido un elemento clave en ciertas coyunturas en las que ha estado en juego la unión del partido, ya que en varias ocasiones ha encabezado la corriente filo-pastranista del alvarismo. Ha publicado algunos libros que lo han ubicado como conservador ortodoxo, aunque él afirma pertenecer al sector moderado.
Es estricto y metódico, su temperamento es fuerte hasta el punto de que hay quienes lo identifican con la soberbia o con el mal genio; sin embargo, lo que dicen algunos es que vive tan agitado que a veces da la imagen injusta de ser un ogro.

HERNAN BELTZ PERALTA
Bogotano, 46 años, ingeniero civil de la Universidad Javeriana y máster en ingeniería del Massachusetts Institute of Technology. Sencillo, de muy buen genio y de una especie de temperamento belisarista, es el encargado de la dirección financiera de la campaña. De profesor universitario de los Andes y la Javeriana y gerente fundador de la empresa de ingenieros Estudios Técnicos Ltda., saltó a la gerencia de la campaña de Belisario Betancur en 1982. Al lado de Ramírez Ocampo, fue el encargado de la dirección de la campaña de Betancur, y durante su gobierno ha sido jefe del Departamento Nacional de Planeación y ministro de Obras Públicas y Transporte. Actualmente aspira a salir elegido para la Cámara por el departamento de Santander. No tiene mucha trayectoria política, pero quienes lo conocen dicen que él no quiere ser político, sino que es un politécnico. Su ingreso a la politica lo hace cuando le of rece una colaboración técnica a Pastrana en 1969 para su campaña. Posteriormente, una vez madurada la idea de que a la política kabía que cambiarle la cara y administrarla con carácter empresarial y luego de convencer a un buen número de empresarios privados, decidió crear la Fundación Futuro Colombiano, para ponerla al servicio del Partido Conservador. La característica que nadie vacila en atribuirle es la de la discreción, y su poca febrilidad política hace que algunos lo vean más como un "buen tipo en política que como un buen tipo de político".Su experiencia en la campaña pasada y sus conocimientos financieros lo han colocado como el hombre que sabe dónde ponen las garzas y todo el mundo admira su capacidad para levantar recursos para una empresa de éstas. En los círculos conservadores, a nadie le cabe la menor duda de que sin muchos aspavientos va a sacar su curul.

LEOPOLDO FORERO POMBO
Abogado y economista de la Universidad Javeriana, tiene 42 años, es bogotano, casado y con tres hijos. Es el encargado de la dirección administrativa de la campaña y quien tiene la responsabilidad del manejo del dinero en la misma. Magnifico interlocutor, rolo típico y cachaco como salido de Yo y Tú, simpático y de muy buen genio, calculador en terminos matemáticos y un perfecto regateador cuando de compras se trata.
Tiene más trayectoria de banquero que de cualquier otra cosa. Se vincula a la política exactamente un día después de la Convención conservadora de hace cuatro años, en donde gana Belisario, y se propone entonces organizar la Fundación Nueva Colombia. Ayuda a Belisario en la campaña, pero desde ese momento está pensando en la candidatura de Alvaro. El éxito de su criterio administrativo consiste en la capacidad que tiene para hacer de cada compra un buen negocio. Centavero. Maneja el dinero de la campaña como si fuera suyo, a tal punto que ha llegado a ser tildado de tacaño y en más de una ocasión ha tenido que salir a defender su actitud sobre la base de teorías económicas respecto de la captación del ahorro. Asegura que lo que pasa es que en el pasado, las campañas se manejaban con una concepción despilfarradora y que en general los políticos son botaratas. Sin embargo, todo el mundo está de acuerdo que gracias a él, la campaña no está en rojo. No es alvarista ni pastranista, pero es un conservador disciplinado. No tiene aspiraciones a corporaciones públicas y considera que los partidos tienen que manejarse como si fueran empresa de uno, pero teniendo en cuenta que no se tiene capital y que hay que vivir de la caridad pública.

CLEMENCIA RENGIFO PARDO
Sicóloga de la Sorbona de París, tolimense, nacida el primero de agosto de 1939. Es la encargada de las relaciones públicas de la campaña. Durante 4 años trabajó en la embajada americana como directora social de la AID. Fue asistente de la revista Selecciones y fundadora de una empresa de organización de congresos y convenciones, llamada Intérpretes.
En 1981 fue voluntaria en la ayuda de la organización de la Convención conservadora y en ese momento fue llamada por Hernán Beltz para que colaborara en la campaña de Belisario. Su misión fue alternada con la de Nini Johana Soto y se caracterizó por su eficacia en lo relacionado con los pequeños detalles. Ahora Alvaro Gómez la ha llamado para que le atienda fundamentalmente la asistencia en materia de compromisos, aunque también tiene que ver con lo que ella llama limar asperezas en casi todos los tópicos. Aunque siempre ha sido alvarista, no había tenido mucho que ver con él. Hoy no solamente debe velar porque el candidato quede bien, sino que hace las veces de relacionista con casi todos los directores de la campaña.
Se caracteriza por su buen genio y por su excesiva capacidad de organización. Los comentarios que se hacen en el interior de la campaña van dirigidos en el sentido de que resuelve todo.
Habla dos y tres veces diarias con el candidato y lo que se dice con respecto a sus impresiones es que en alguna medida le inspira tranquilidad. Sus dos hijos, que ya son profesionales, según dice ella ya no le quitan mucho tiempo y eso le permite mucha más organización. Algunas de las personas dentro de la campaña han encontrado en ella una especie de consejera y algunos en momentos de mucho estrés van en su búsqueda y, después de hablar con ella, salen como nuevos.
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