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| 11/22/2016 9:00:00 AM

Y ahora, ¿qué hará Uribe?

El Congreso y las calles serán los dos escenarios del uribismo para oponerse a la implementación del nuevo acuerdo de paz. El expresidente no descarta apostar por un referendo, pues quiere volver a dejarse contar.

En sus más de 30 años de vida pública, Álvaro Uribe ha sumado tantas triunfos como fracasos en la política nacional. Todo el país conoce su sonrisa cuando lo acompañan las victorias, y sabe que el dirigente antioqueño es de los pocos que se quedan cruzados brazos asimilando las derrotas, por un rato...

Las palabras que pronunció el presidente Juan Manuel Santos este martes, en su alocución nocturna, pudieron suponer una derrota para el senador jefe del Centro Democrático, principal movimiento político que dijo No al primer acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC. Uribe oyó al mandatario en la plenaria del Senado, allí se dio por notificado que el nuevo acuerdo de paz, que no incluyó las preocupaciones sustanciales del No, será refrendado e implementado en el Congreso.

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La sonrisa que Uribe tenía en el rostro el pasado 2 de octubre cuando consiguió una sorprendente victoria en el plebiscito ha desaparecido de su rostro 51 días después. Pero seguramente, en su cabeza, ya se prepara el nuevo paso a seguir, porque conociendo al expresidente, no se quedará mucho tiempo masticando el golpe.

Uribe apostó porque se implementara un nuevo acuerdo de paz, pero no como el que sellaron el Gobierno y las FARC hace una semana. Quería modificaciones “sustanciales”, pues asegura que el nuevo texto tiene graves contenidos que, en su criterio, el país no debe aceptar.

Para el jefe del Centro Democrático y principal jefe del No, en el nuevo acuerdo “se mantiene la impunidad prácticamente igual a como estaba en el primer acuerdo”; “se mantiene el narcotráfico como delito conexo al delito político; “y la única salida que se le da a las Fuerzas Armadas es acudir al tribunal de las FARC a reconocer delitos no cometidos para encontrar su libertad”.

A su juicio, el Gobierno "pretende engañar a la ciudadanía culpando de la violencia a quienes no aprobamos su acuerdo de impunidad con las FARC", aseguró el mandatario en un comunicado oficial este miércoles.

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También le genera preocupación que no se hubieran acogido algunas sugerencias en el tema de enfoque de género, aunque aclaró que todos están de acuerdo con reconocer los derechos de la mujer.

Lo mismo que le preocupan 600 secuestrados de las FARC de los que no se tienen noticia, y que las víctimas de la guerrilla reclaman respuesta.

Y aclaró que los voceros del No renunciaron a una convicción y aceptaron que puedan elegir a los miembros de las FARC, pero después de que cumplan una pena adecuada.

Como el Gobierno y las FARC no atendieron esas observaciones, Uribe le pide a la opinión pública pensar en lo que significa el nuevo acuerdo de paz para el futuro del país. “Hoy se le acepta esto a las FARC, mañana qué pasará con sus disidentes, con el ELN, con 3.500 bandas criminales, en un país que tiene hoy, según la Fiscalía, más de 150.000 hectáreas de coca”.

Agrega: "Al negar la tantas veces anunciada refrendación popular, que se sustituye por la aprobación del Congreso (...) esta decisión desconoce el triunfo del No el 2 de octubre".

Pero a Uribe se le agotó el oxígeno que recibió el 2 de octubre en las urnas, ya no tiene otra alternativa que enfrentar el nuevo acuerdo en el Capitolio, durante su implementación.

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No es un escenario favorable para el expresidente, pues allí, en algo más de dos años, lo que ha cosechado es una colección de derrotas. La coalición de la paz es tan amplia que en todas las votaciones el uribismo ha perdido por goleada.

“Nosotros también hemos dicho que el Gobierno y las FARC modificaron unos temas en buen sentido, los recibimos bien, y otros que se pueden ajustar en el Congreso”, dice Uribe, pero en su conciencia debe saber que si se salva el Fast Track no se pueden modificar los textos del acuerdo en los debates de la implementación en Senado y Cámara de Representantes. Aunque parece la crónica de una derrota anunciada, el uribismo ha demostrado que cuando pierde, lo hace con las botas puestas, o dilatando los debates como dirían los congresistas de la Unidad Nacional.

En primer término, a diferencia de lo dicho por Santos, que el Congreso es una vía legítima para refrendar los acuerdos, Uribe considera que, de acuerdo con la palabra empeñada por el presidente de la República, y a la luz de la sentencia de la Corte Constitucional, “se debe acudir es a la refrendación popular, bien sea de todo el acuerdo o por lo menos de esos temas sensibles sobre los cuales no hay acuerdo”. De acuerdo a estas palabras, que nadie descarte una demanda contra la refrendación, vía Congreso, del nuevo acuerdo de paz.

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Pero Uribe no sólo enarbolará en el Congreso la bandera de la defensa de esos temas “sensibles”. También lo hará en las calles, un escenario menos adverso y que le ha dado gran parte de sus alegrías en la política.

“Centro Democrático estará permanentemente en la lucha por estos temas (…). Nos toca trabajar aquí en el Congreso y en la calle, con los ciudadanos que puedan acompañar las tesis que defendemos”, dijo Uribe, a la vez que mencionó la palabra referendo. “Vamos a ver qué se hace en materia de promoción de referendo, de otras alternativas”, todo para buscar un nuevo pronunciamiento del pueblo que pueda respaldar sus tesis.

Que Uribe y su partido se suban en el tren de la paz, seguramente no se verá. Por el contrario, lo que se advierte es una apuesta fuerte en contra del nuevo acuerdo de paz. Puede ser una posición anacrónica, pero seguramente algún rédito electoral tendría, más aún cuando el debate presidencial del 2018 se acerca a pasos agigantados. Y allí, Uribe, experto en victorias y derrotas, será parte del juego.

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