Martes, 24 de enero de 2017

| 2004/02/29 00:00

Amargo despertar

¿Por qué realmente el presidente Uribe ordenó relevar de su cargo a un general del Ejército? SEMANA revela todos los detalles del ataque a Neiva y sus consecuencias.

El edificio Altos de Manzanillo está ubicado en la zona de Ipanema, una de las más elegantes de la ciudad y que insólitamente está custodiada por dos policías que montan guardia en un CAI. Después del ataque ubicaron más refuerzos.

Los 60 guerrilleros de las Farc atravesaron el sector de Ipanema, en el oriente de Neiva, en dos carros, uno de ellos un furgón blanco y carpado. Llegaron despacio, iluminados por los truenos que anunciaban una tormenta. Eran las 11:10 de la noche del martes 24 de febrero. "Somos del Gaula. Vamos para un allanamiento", dijo uno de ellos al celador del elegante edificio Altos de Manzanillo. El vigilante les exigió ver copia de la orden judicial. "Aquí está", le respondieron mientras le descargaron a la puerta una orden de fusil. Uno de los atacantes se abalanzó sobre el guardia y le quitó su revólver.

Veinte hombres subieron rápido por las escaleras mientras la mayoría de residentes aún dormían. En las puertas de varios apartamentos colocaron cargas de explosivos que detonaron en el acto. El comerciante bogotano Ernesto Bernal Daza quedó de una pieza. No alcanzó siquiera a reaccionar porque varios uniformados entraron a su apartamento, el 202, y se lo llevaron.

Otro grupo de 20 hombres fue directo al conjunto residencial Casa Blanca, en la misma calle del edificio, y le dieron la misma versión: "Abra urgente que somos del Gaula". El vigilante les abrió la puerta porque el hombre le ordenó con un tono de autoridad que no daba lugar a equívocos. Los asaltantes ubicaron la vivienda número 3-3, de donde sacaron al ganadero Luis Fernando Borrero Solano. "Salga, que tenemos una bomba que va a explotar", le dijeron.

El hombre, en pantaloneta y camiseta, fue llevado indefenso. Su esposa, Yineth Puentes de Borrero, sintió una mala corazonada; igual a la que tuvo hace 13 años, cuando secuestraron a su esposo por primera vez. Borrero, un hombre tranquilo y hecho a pulso, estaba preocupado desde hacía días. No era para menos. Él pertenece a un gremio que durante 2003 fue profundamente golpeado, tal como se lo hicieron saber al presidente Álvaro Uribe en varios encuentros. "Las Farc nos está robando el ganado", le dijeron el pasado 9 de septiembre en una reunión privada. Luego le enviaron un informe del Fondo Ganadero del Huila en el que dice que el año pasado esta guerrilla le robó 12.583 cabezas de ganado, lo que les produjo pérdidas por 6.238 millones de pesos.

El Presidente se molestó. Para él era incomprensible que mientras todos los índices de seguridad en Colombia habían mejorado notoriamente, el gremio ganadero de esa región siguiera siendo víctima de la guerrilla. "¿Qué creen ustedes?", les preguntó el día del encuentro en Neiva. "A mí me da pena decírselo, pero a nosotros nos parece que el general Martínez es un inepto", dijo tajantemente un ganadero que le confirmó a SEMANA el calificativo contra el oficial aunque prefirió mantener su nombre en reserva.

El Presidente, un hombre muy afecto al campo, tomó nota y prometió trabajar más por la región. El general Héctor Martínez, comandante de la IX Brigada, supo de lo que se estaba diciendo de él pero mantuvo la calma. "La gente sabe que yo trabajo muy duro, que me he jugado la vida por este país durante 32 años con el Ejército. No creo que me vayan a juzgar por la queja de un solo gremio", les dijo en su momento a sus hombres de confianza.

Su nombre sin embargo empezó a figurar insistentemente en la baraja de oficiales que saldrían dentro de los relevos normales de fin de año. Lo salvó una acción intrépida de uno de sus hombres de confianza, el mayor Yesid Peña, comandante del Gaula en Neiva. El 23 de octubre, este oficial se metió en el corazón del territorio de la columna 'Teófilo Forero', la zona rural de Algeciras y logró dar de baja a Víctor Hugo Navarro Morales, alias 'El Mocho', jefe de este grupo élite de las Farc.

"Se salvó mi general. Con este golpe no lo sacan", dijeron varios oficiales de la IX Brigada cuando se enteraron de la muerte de 'El Mocho'. Era natural porque Navarro Morales había sido responsable del plagio masivo en el edificio de Miraflores, hace año y medio, en el centro de Neiva; había secuestrado el avión de Aires para llevarse al congresista Jorge Eduardo Gechem, con lo que de pasó acabó el proceso de paz durante la administración de Andrés Pastrana y, según la Fiscalía, era responsable también de participar en el atentando del club El Nogal en Bogotá.

Pero así como el golpe contra las Farc había sido demoledor, la guerrilla no cesaba en el robo de ganado. "Nos tienen asolados, Presidente", le hicieron saber de nuevo los ganaderos a Uribe. La situación entre los ganaderos y el general volvió a ponerse tensa.

El martes de la semana pasada fue un día crucial para la suerte del oficial. Según su testimonio, él estaba en una reunión de trabajo con otras personalidades del departamento a las 11 y 10 de la noche cuando sonaron las cargas de dinamita que abrieron de cuajo las puertas de los apartamentos.

A las explosiones siguió el sonido de varias ráfagas de fusil. El aguacero ya caía sobre la ciudad. El general dice que intuyó que algo grave estaba pasando, por lo que se fue para su comando. Una fuente de la Casa de Nariño dice que no es cierto que él hubiera escuchado las detonaciones porque ni siquiera contestó su teléfono celular cuando se produjo la acción. Y un residente del condominio le aseguró a SEMANA que él personalmente no pudo comunicarse con el general Martínez cuando ocurría la toma por lo que tuvo que llamar a Cali al general Francisco Pedraza para que ordenara la reacción de la tropa.

Lo cierto es que a esa hora, las Farc estaban propinando el primer campanazo de que probablemente la etapa de repliegue táctico había terminado. Un guerrillero llamó a una emisora local y advirtió: "En la Teófilo hemos creado tres unidades urbanas que se van a hacer sentir. Lo de Neiva es la primera acción".

La misma columna se había hecho escuchar con violencia ese mismo martes. En la población de Santa María, a una hora y media de Neiva, habían lanzando un cilindro de gas al puesto de control a las 11 de la mañana. Por la tarde habían hecho una ráfaga de fusil. Nadie se explica por qué, con semejante advertencia, los militares fueron sorprendidos esa misma noche con un ataque en el cual 13 militares murieron y otros 15 quedaron heridos. Las necropsias dicen que las víctimas recibieron tiros de gracia, por lo que es de suponer que los tomaron por sorpresa, entraron hasta el mismo campamento y los fusilaron.

El miércoles, Uribe se levantó muy molesto con semejante situación. El general Martínez no había dormido por el ataque a Neiva y al puesto de Santa María. Cuando llegó a su despacho se encontró con el comandante del Ejército, general Martín Orlando Carreño, que había viajado a Neiva por orden del jefe del Estado. El superior fue al grano con el general Martínez: "El Presidente pide que lo releve". "¿Sin escucharme?", preguntó sorprendido. "Es una orden". Uribe además pidió la remoción del director nacional del Gaula del Ejército, coronel Jaime Calderón; de su comandante seccional, mayor Yesid Peña; del director seccional del DAS, Joaquín Espinosa; del subdirector Juan Manuel Medellín y del coordinador de inteligencia, Pedro Luis Moreno.



Toma avisada

Tan pronto se enteró de la decisión, Moreno envió a Bogotá un fax en el que dejaba constancia de que él había dado varios avisos sobre la posibilidad de que en Neiva hubiera una toma similar a la del edificio de Miraflores. En su caso, eso frenó su salida. "Claro que nos habían dicho. Pero eran informes con generalidades", dice el general Martínez. Su defensa es compartida por Espinosa del DAS: "Quieren que hagamos inteligencia. Pues la hacemos. Pero para eso se necesitan recursos. Yo no tengo ni un peso. Aquí no hay presupuesto", dice.

La ausencia de recursos para enfrentar a las Farc se hace evidente en otros aspectos. Hace un mes fueron sacados de Neiva 150 hombres de la Policía contraguerrilla para enviarlos a Miraflores, Guaviare, en la estrategia de hacerle un cerco a las Farc en sus santuarios del suroriente.

Además el furgón blanco en el que habían llegado los guerrilleros pudo marcharse hacia Vegalarga, una carretera que une a Neiva con la antigua zona de distensión, con la vía despejada porque el retén fijo que hasta hace un mes estaba allí fue retirado. El general Martínez explica que lo hizo por falta de hombres. "Tenemos que estar ubicando defensas por todo el departamento", explicó el oficial. De cualquier manera, el carro al parecer iba sólo con el conductor porque los cautivos, según testimonios recogidos por SEMANA, fueron llevados en otro carro en una vía distinta, hacia Tello.

Para el oficial, lo sucedido demuestra que hoy igual que ayer el país está en guerra. Por eso pide apoyar incondicionalmente al presidente Uribe: "Es el mejor jefe de Estado que ha tenido el país en toda su historia". Sin embargo, aclara que en la guerra los comandantes deben obrar con la razón y no con el corazón. "En mi caso, él fue totalmente emotivo porque creyó solo una versión de la gente de aquí", dice en referencia al sector ganadero.

Pero el Presidente tenía razones de peso para tomar la decisión. Primero, el general no había podido contener el recurrente abigeato de la guerrilla. Segundo, había información bastante precisa de que las Farc estaban gestando una operación urbana sofisticada y espectacular. Y, tercero, el haber levantado el retén.

Al final de la semana, la gente en Neiva continuaba sorprendida, pero en su mauyoría apoyaban al Presidente. Creen que así el Presidente mandó un claro mensaje al resto de los generales sobre su concepción de la guerra y la manera de afrontarla. Dentro del viraje de la política de seguridad democrática se hace más énfasis en la protección a los civiles que en los guerrilleros dados de baja. Y es igualmente importante la seguridad preventiva que la proactiva.

Al final del ataque, la tensión en Neiva era evidente en todas sus actividades. Hay cuatro familias más clamando la liberación de sus secuestrados. Quince más llorando sus muertos. Entre ellos Viviana Mora, de 23 años, esposa de Andrés Prieto, un soldado profesional que se había ido a la milicia porque no encontró trabajo. "Duró un año dando vueltas", dice Viviana, quien narra que el pasado martes Andrés la llamó por celular desde el puesto de Santa María y le preguntó cómo estaba todo: "Va a caer un palo de agua tenaz", le contestó ella.

Y, ¿'Manuel Marulanda' y el 'Mono Jojoy'? ¿Cómo estarán? "Pues muertos de la risa", dice el general Martínez mientras empaca sus cosas y recuerdos de 32 años de guerra de sus 50 de vida.

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