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| 4/3/2016 11:22:00 PM

El whatsapp que paralizó a Sincelejo

Alfonso Hamburguer cuenta cómo un mensaje enviado por la plataforma digital paralizó a esa ciudad y frustró el homenaje al grande de la cumbia Aniceto Molina.

El viernes primero de abril a las 12:30 p. m., un panfleto firmado por la Autodefensas Gaitanistas de Colombia, aparecido en el Whatsapp del grupo de periodistas de Sucre, causó su mayor efecto. A pleno sol, un aficionado grabó la desolación de la calle Real, la más concurrida de la capital de Sucre. Una paloma que a duras penas levantó su vuelo al cruce de la moto desde donde se grababa era el único obstáculo de la calle.

En un día normal, en este sector se presentan trancones de tres cuadras, siendo la mayor concentración comercial de Sincelejo. Los sincelejanos volvieron a sentir en carne propia el cerco que habían vivido en los tiempos de la guerrilla, que los mantuvo sitiados por años.

El efecto de terror propiciado por las redes sociales causó el caos y acabó no sólo con la tranquilidad de todos, sino con el homenaje que se había preparado con anticipación al músico Aniceto Molina, el más grande difusor de la gaita en Colombia, en el mundo.

Aniceto Molina Aguirre, referente mundial de la cumbia, murió en Texas el 30 de marzo del año pasado, sin saber quién era el tal ‘Clan Úsuga’, como muchos sincelejanos desconocían hasta un año después qué eran las Autodefensas Gaitanistas de Colombia.

Molina Aguirre, considerado el nómada y voz de la cumbia y el acordeón en el mundo o el ‘Tigre Sabanero’, fue a encontrar su  suerte a México en 1973, donde estuvo en una gira con Los Corraleros de Majagual después de colonizar Valledupar, ser deportado de Venezuela, ser chofer en Sincelejo y acompañar con su acordeón a Alfonso López Michelsen, con Julio Fontalvo, en su campaña presidencial de 1974. Allá se quedó desde en entonces (41 años) y se convirtió en uno de los artistas colombianos más populares del mundo, incluso más que Carlos Vives, Juanes y Diomedes Díaz, pero desconocido en Colombia.

Sus amigos y familiares en Sincelejo, tierra donde afincó sus reales después de darle media vuelta al mundo, pensaron hacerle un homenaje al cumplirse un año de su muerte, con una misa y un conversatorio de cumbias en el pomposo teatro Municipal, atiborrarían el lugar, dado el poder de convocatoria de la radio local. La propaganda fue abundante, seguida de la solidaridad de los colegas del difunto.

Todo estaba perfecto para un homenaje sublime, pero un mensaje de Whatsapp que circuló en un grupo de periodistas y apareció como un suspiro, como un viento maligno, lo destbarató. ¿Quién puso el panfleto digital? Al principio todo pareció normal, como uno de esos escritos apócrifos que circulan en los pueblos, que atemorizan a la gente por tres días y después todo pasa.

En esta vez no hubo análisis oficial de si el panfleto era real o no. Ante el comunicado, firmado supuestamente por el comando de las Autodefensas Gaitanistas en las montañas de Colombia, muy a la usanza de la guerrilla de antes, surgieron voces y videos que se fueron multiplicando. Fue imposible detenerse en el rigor de las apariciones. Las redes sociales se incendiaron con la circulación de evidencias falsas del caos.

Sincelejo, ciudad apacible, de brisas y de sol ardiente, con el 33 % de su población (unas 140.000 personas) declarada oficialmente víctima del conflicto reciente, volvió a quedar presa en su figura de girasol, con calles estrechas que se convierten en callejones y una actividad caótica en la movilidad, quedó sin salida.

La ciudad sufrió el mismo síndrome de cuando la guerrilla cercó la zona. La información fue incontrolable. No se sabía de dónde venía ni quien la enviaba. Muchos periodistas y seudoperiodistas fueron víctimas de la ola viral.  ¿Había silencio  oficial?

A las 12:30 p. m. del viernes primero de abril, un aficionado grabó y montó con su celular en las redes un video que muestra la calle Real de Sincelejo (Carrera 20), a la altura de Almacén Carmencita (orgullo de la moda en Sincelejo), el palacio del Concejo, la Droguería San Judas, que son referentes de la actividad comercial de la capital de Sucre, solitaria, hasta el Parque Santander. La calle estaba tan vacía, que se veían palomas comiendo piedrecitas al frente de Calzado Bucaramanga (Edificio Madrid). Sólo levantan torpe vuelo por el paso de la moto que va grabando. En un día normal, esa calle no muere al mediodía.

Las voces cachacas, estilo paisa, que hablan de dar ‘chumbimba’ –termino no usual en Sincelejo– amenazan a estudiantes de Unisucre, Cecar, Las Mercedes y el Colegio Panamericano Campestre y propician alarma en los padres de familia, que fueron a buscar a sus hijos a los colegios el viernes después de que habían entrado a clases.

Antes, el jueves 31 de marzo por la tarde, un video similar había mostrado una situación parecida en San Onofre, lo mismo en Sampués y La Mojana. Hasta San Jacinto llegó la noticia de una bomba en la Gobernación de Sucre.

El simulacro de unos estudiantes de la Universidad de Córdoba, según el cual la ola de muerte había llegado a esa alma mater, fue comentado en Twitter por Gustavo Petro, lo que le daba un tinte de oficialismo al caos. La situación ya tomaba ribetes políticos. Estaban preparando el zarpazo para la protesta contra el presidente Santos el sábado.

Nadie informaba verazmente. Sálvese quien pueda. La abundancia de datos propiciada por los propios ciudadanos se volvió irreal. Los dejaron pasar a las 3:30 a. m. Nadie dice por qué. Nos recordó la llamada zona de rehabilitación y consolidación en el gobierno de Uribe, que cerraba las carreteras en las noches.

Unos asaltantes, el jueves 31 de marzo por la tarde atracaron una buseta entre Corozal y Sincelejo y se  llevaron cinco millones de pesos. Los informes de camiones incendiados, con fotos, sin atestiguar si eran recientes o antiguas, cundieron en Whatsapp.

Apenas el viernes primero, a las 8:00 a. m., apareció en las redes de periodistas (grupo informa Sucre) la voz de un oficial de la Policía pidiendo a los ciudadanos calma y no prestar atención a las redes. Dice que todo está controlado y los ciudadanos pueden salir de sus casas. La voz era tardía y se pierde en el marasmo que ya ha circulado. La psiquis de las personas ya está afectada. Ya hay un paro psicológico.

Surgen voces contradictorias señalando que es fácil decir que la gente salga cuando a nadie se le garantiza nada. Desde Montería, el compositor Francisco Burgos, quizás interesado en desplazarse a Sincelejo para el homenaje a Aniceto Molina, pregunta en Facebook quién le da razón oficial de la ruta y del orden público. Nadie responde. Igual hace Juancho Nieves desde Sahagún, quien prefiere quedarse quieto en primera base. No asistieron.

Luz Helena Salgado, periodista del Congreso de la República, informa que se canceló el vuelo previsto de Bogotá a Sincelejo donde vendrían funcionarios de Derechos Humanos a instalar en Sucre la mesa que llevaba inactiva varios años.

Se anunció un consejo de Seguridad en Montería con el presidente Juan Manuel Santos, pero ya a esa hora se hablaba de otra buseta incendiada entre Cereté y la capital de Córdoba, por “desobedecer” la orden de paro. El operador de una estación de gasolina en esa zona habría sido muerto por suministrar combustible.

A las 7:00 p. m. del viernes primero, en los alrededores del teatro de Sincelejo, todo era silencio. A las 7:20 p. m., la periodista social del Meridiano de Sucre llegó en una moto. Mientras un cura bendecía la ceremonia, la periodista hizo un grupo con los invitados al conversatorio sobre Aniceto Molina, tomó la foto y se fue. Lo mismo hicieron los de la televisión local. La jefe de prensa del Fondo Mixto de la Cultura al menos esperó para hacer algunos registros.

A las 7:35 p. m., el conductor del evento contó a vuelo de pájaro 38 personas regadas en el primer nivel, de las 600 invitadas. El segundo piso era una bóveda oscura, sin un alma. El conversatorio se dio en medio de algunas fallas técnicas con cierto interés, pero a la medida que se alargaba, la gente se iba levantando de sus sillas. Afuera el viento ululaba en la soledad de los tejares.

A las 9:33 p. m. había tanto miedo y soledad en el homenaje, que ni Jesús Paternina Molina, un sobrino del homenajeado, de largo aliento para la parranda, alzó el codo; perdonó este viernes y se fue a acostar con las gallinas.

A esa hora, el maestro Aniceto Molina, la voz más autorizada de la cumbia en el mundo, allá en el cielo estaría indagando a San Pedro sobre quién era un tal Dairo Antonio Úsuga David.

 

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