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| 1/31/1983 12:00:00 AM

AMNISTIA

"Les declaro la paz a mis conciudadanos sin restricción alguna", fue la frase con que el presidente Betancur definió la amnistía con la cual le abriría la puerta de la cárcel a los presos políticos del país, y llamaría a los alzados en armas a deponerlas.
Paradójicamente, la que fuera la bandera principal del partido derrotado en las elecciones, fue finalmente puesta en práctica por el hombre que con menos énfasis la mencionó en la campaña, y se convirtió en el evento político del año.
La medida fue recibida con notorio entusiasmo por parte de los colombianos, que vieron en ella la posibilidad de cerrar un difícil período de permanente actividad guerrillera, de "estatuto de seguridad", de estado de sitio y consejos verbales de guerra. Dentro de este marco, la amnistía decretada fue vista por el país como un paso concreto dado por el gobierno hacia la paz.
Un balance de los resultados y alcances de hecho indicaría, en primer término, que la liberación de los presos políticos se cumplió a cabalidad por parte del presidente, quien logró con esto un avance importante en el terreno de la apertura democrática.
Fueron sorteados con éxito problemas que en su momento parecieron entorpecer el proceso, en particular la discusión sobre los delitos que deberían ser incluidos o excluidos por la amnistía.
Más contradictorio, sin embargo, resulta el balance desde el punto de vista de la respuesta de la guerrilla. Hombres como Jaime Bateman, Almarales, Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas, que antes fueran considerados los principales enemigos públicos, fueron ahora asediados por los medios de comunicación y se convirtieron en los interlocutores directos del presidente de la República. Llegó un momento en que el M-19 se movía prácticamente en la legalidad. Sin embargo ni éste ni los otros grupos guerrilleros aceptaron como definitivas las nuevas reglas del juego político propuestas por el gobierno.
No se ha producido un ingreso masivo de guerrilleros a la vida democrática, como sí sucediera tras la amnistía, en otros países como Venezuela. Aunque todavía cabe esperar que ésto suceda, hay que decir que hasta ahora los resultados en este terreno son deficientes. Los dirigentes de las guerrillas parecen opinar que el monte sigue siendo la mejor opción por el momento, y que la amnistía no es sino la primera de muchas condiciones que tienen que presentarse antes de que puedan ingresar a la legalidad. En lo que respecta a los militares, el ministro de Defensa, general Landazábal, mantuvo su palabra de apoyar el proyecto, aún en situaciones que parecían poner a prueba su paciencia, como el golpe dado por el M-19 en Chía pocas horas antes de ser votado el proyecto de amnistía, y cuyos protagonistas fueron amparados por ésta. Sin embargo, corren insistentes rumores de que el descontento se extiende por algunos sectores del ejército. La amnistía fue la primera prueba de fuego para Belisario Betancur, quien contrariando todos los pronósticos y enfrentando importantes sectores de opinión, asumió la iniciativa y los riesgos y encaró de frente la ejecución de esta medida.
El 82 fue el año de la puesta en marcha de la amnistía. El 83 será el año de las definiciones en torno a ella. Por un lado, la guerrilla tendrá que resolver si aprovecha o no la brecha legal que se ha abierto; por otro, el gobierno tendrá que probar si puede utilizar la amnistía decretada como herramienta para democratizar el país y estabilizar su situación social.-
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