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| 10/27/2012 12:00:00 AM

"Amor, no me mates": aumentan feminicidios en Colombia

Cinco mujeres fueron asesinadas por sus parejas durante la última semana en Colombia. ¿Qué está pasando?

Yanira Rojas Ramírez, de 33 años, corre miedosa sin saber a dónde ir ni a quién implorar socorro. Su esposo, Javier Rodríguez, de 35, la persigue con un cuchillo que empuña en la mano derecha. El hombre que 15 años atrás le juró en una iglesia amor eterno y le puso una sortija con delicadeza ahora la toma por el pelo, la arroja al suelo. Ella trata de levantarse, se pone de rodillas y recibe una puñalada. Son las 10:30 de la mañana y un sol tibio ilumina el sur de Bogotá.

Varios testigos miran el crimen. Solo uno se acerca al hombre para pedirle que no haga eso. Los demás no intervienen. De pronto irrumpe un pequeño de 9 años. Es el hijo de la pareja que le solloza a su padre: "¡No la mates, no la mates!". El niño es demasiado frágil por lo que sale a correr en zigzag en busca de una ayuda que no encuentra. Sordo a las súplicas de su hijo, Javier Rodríguez le propina 30 puñaladas a su mujer. La mayoría en el rostro y en el pecho.

El crimen fue hace un año. Un hecho similar ocurrió el viernes de la semana pasada, también en Bogotá. Martha Lucía Escobar Ceballos, de 47 años, natural de Pradera, Valle y de profesión contadora pública, fue atacada por su esposo Nelson Sarmiento Ibáñez, de 53. En este caso, la acción ocurrió en un sitio más concurrido. Almacenes Éxito de la carrera 68 con Avenida de Las Américas. Ambos entraron en su vehículo que estacionaron en el sótano. En las cámaras de seguridad quedó grabada la escena. El hombre le pregunta si es cierto lo que ha escuchado sobre que ella tiene un amante. Ella lo niega pero él insiste. "Amor, no me mates", le pide pero él no se detiene ni siquiera ante la presencia del personal de seguridad del almacén que trata de intervenir. La apuñala, la deja allí y emprende la fuga. Ella muere desangrada y él se presenta horas después en la URI de Kennedy en donde argumenta: "Fue que discutimos". El crimen no tuvo mayor cubrimiento. Como también fue discreto el despliegue dado a los asesinatos de cuatro mujeres más a manos de sus parejas, según datos de la policía, ocurridos en la capital entre el viernes 19 y el domingo 21 de octubre.

Lo grave es que no se trata de hechos aislados sino de una verdadera catástrofe que golpea a todo el país. Las cifras del último informe de Forensis, la publicación anual del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses son contundentes: una de cada tres mujeres (39 por ciento de la población femenina) ha sido agredida físicamente por su pareja o expareja; y entre las acciones de violencia las más comunes son empujones, golpes con la mano, patadas y violación. Esta situación ocurre ante la mirada casi silenciosa de la sociedad como lo simboliza el caso ocurrido el 31 de marzo en la plazoleta de comidas del Centro Comercial Gran Estación. Ese día, el ingeniero mecánico Giovanny Ceballos apuñaló en 20 ocasiones a su esposa, la arquitecta Vivian Urrego. Ella, tras un matrimonio de tres años en el que sufrió un maltrato cotidiano, lo había abandonado unos meses atrás, luego de dar a luz a su hija Sofía. Él la citó allí con el propósito de lastimarla pues previamente había guardado entre su ropa el arma. La mató ante las cámaras y en medio de la indiferencia de casi la totalidad de los demás comensales.

Según datos de la Casa de la mujer-Oxfam, el promedio en el país de personas que preferían no hacer nada o ausentarse en caso de presenciar cuando un hombre golpea a una mujer es del 23 por ciento. ¿Para qué? se preguntan. "Al final de cuentas, ellas los van a perdonar después", dicen. El argumento tiene peso. "El 76 por ciento de las mujeres víctimas de violencia física no asistieron a ninguna institución a denunciar el maltrato del que fueron objeto", dice el mismo estudio.

¿A qué se debe esta racha de feminicidios? ¿Qué lleva a un hombre a asesinar a la mujer que ama? "Es muy difícil entender por qué un hombre que dice que ama termina asesinando", dice Olga Amparo Sánchez, directora de la Casa de la Mujer. "Yo hablo de las razones por las que se asesinan mujeres. Dentro de una cultura de opresión para la mujer hay una resistencia de algunos varones para aceptar el ejercicio de autonomía de ellas".

Es un problema estructural. "De fondo hay una cultura patriarcal que legitima la idea de que las mujeres son propiedad de los hombres, un objeto más de ellos", dice Ángela Robledo, representante a la Cámara por el Partido Verde y quien desde hace años analiza esta problemática. "Existe una cultura machista que convierte la condición de hombre en condición de supremacía, una relación asimétrica, así como se posee una casa o la tierra, así se posee a la mujer y ahí es donde se justifican los golpes, las amenazas", afirma. En esta dinámica, si la mujer es una cosa, entonces la utiliza como tal y se percibe una negación absoluta en las condiciones de igualdad de hombres y mujeres. "Aparecen las muertes de mujeres, la explotación, el sometimiento, la cosificación de la mujer", explica.

Las organizaciones femeninas exigen al conjunto de la sociedad canalizar más esfuerzos para revertir esta situación y en esta petición llaman en primer lugar a las mujeres para que corten la relación cuando vean que su pareja actúa con violencia. Chiquinquirá Blandón, directora de la Clínica del Amor, con vasta experiencia en el estudio de las parejas colombianas, dice que el primer motivo de la molestia masculina surge de los celos. Sin embargo, "el segundo es cuando hay lucha de poder en la relación, cuando el hombre tiene una vinculación afectiva y en ella prima el dominio y su pareja no se deja someter, entonces él se vuelve hostil, menospreciador, devaluador y maltratador". En ese momento, ella debe decirle basta. "Porque eso luego se puede convertir en violencia física", asegura.

Pero es tal el nivel de machismo que impera en nuestra sociedad que en las historias clínicas de Chiquinquirá Blandón se evidencia una gran molestia en ellos cuando la pareja se niega a tener relaciones sexuales. Ellos no pueden entender que no pueden poseerlas porque ellas sencillamente están, por ejemplo, cansadas. "Mis pacientes me dicen que ellos se vuelven muy malgeniados por esto. Ahí comienza un problema".

Mónica Rodríguez, de 15 años, vive una tragedia enorme. Es la hija de Yanira Rojas, asesinada por su papá Javier Rodríguez. "En este país, por cualquier robo a una persona le dan más de cinco años de cárcel. Los abogados le han dicho a mi papá que en menos de dos años estará libre". Esto ocurre porque hasta ahora los feminicidios son vistos casi como un problema de la intimidad. Por eso, Linda Cabrera, coordinadora de acceso a la justicia y no violencias contra las mujeres de Sisma Mujer, dice que hay que mejorar en políticas preventivas, intervención de sectores vulnerables, asumir presupuestos, cumplimiento de pactos internacionales para que la mujer tenga las mismas oportunidades de acceso frente a la justicia. "Los operadores de justicia están permeados por patrones contra las mujeres. En la medida que se vean sancionados los agresores, estos se toman más en serio la justicia y asumen que la violencia a la mujer es un delito y no un derecho".

Entre tanto, Giovanny Ceballos insiste en pedirle perdón a su hija Sofía por haberla dejado huérfana tras asesinar a Vivian Urrego. "La amaba mucho pero ella quería abandonarnos", argumenta. Los familiares de la mujer temen que salga pronto de la cárcel.
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