Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2015/10/31 22:00

“No me arrepiento de haber sido director del IDU”: Andrés Camargo

El funcionario acaba de recobrar su libertad después de un proceso judicial de 17 años que aún no termina. Entrevista exclusiva con SEMANA.

“Peñalosa hizo lo posible por ayudarme y ha respetado la justicia” Foto: Guillermo Torres

Semana: ¿Qué opina de la justicia en Colombia? ¿Dejó de creer?

Andrés Camargo: Siempre he sido un convencido de la justicia. La respeto. Uno no puede atacar lo que defiende. Y yo creo que la justicia en este y en todos los países del mundo cojea pero llega. Creo que es fundamental que las personas que ejercen justicia sean conscientes de esa dignidad. Ahí es donde toca trabajar mucho porque eso se ha perdido en algunos casos.

Semana: Después de lo que le tocó vivir, ¿Volvería a ser funcionario público?

A.C.: Yo daba una clase en el Cesa que se llamaba Motivación Social y se trataba de mostrarle a los jóvenes que vale la pena trabajar en el sector público porque es servirle al país. Y sigo pensando así. Como decía Alberto Lleras Camargo: el buen funcionario público es aquel que sale más pobre de lo que entra. Creo en ese tipo de funcionarios. Lo que pasa es que me lo pregunta en el peor momento de mi vida, después de una experiencia difícil y la verdad es que por ahora esa no es mi prioridad. Quiero estar con mi familia, con mi esposa, con mis hijos. Son 15 meses de separación que tengo que recuperar.

Semana: ¿Por qué cree que todo el mundo está de acuerdo con su inocencia menos la justicia?


A.C.:
Mi sentir en este momento es que alguien tenía unos intereses particulares que desviaron la atención de la justicia. Hubo manipulación. Pero yo estoy convencido de mi inocencia y estoy tranquilo. La Justicia está en todo su derecho de revisar e investigar, puede como en mi caso equivocarse, pero al final lo importante es que encuentre el camino que es.

Semana: ¿Cree que hay un interés político detrás?


A.C.:
No. Lo veo más como un tema procedimental. La corte tiene sus tiempos. Claro, esto en su momento tuvo una connotación política y eso pasa en todas las administraciones. Pero no creo que tenerme dos años en una cárcel se deba a un interés político.

Semana: ¿Siente que Enrique Peñalosa pudo haberlo apoyado más?

A.C.: Enrique es un respetuoso de la justicia. Él respetó el proceso, estuvo cerca y varias veces conversé con él. La gente pedía que saliera a hacer más cosas. Yo creo que él hizo lo que podía, respetó el debido proceso y defendió lo que yo siempre he defendido: que esto es un tema técnico que se convirtió en penal por una distorsión. Una discusión técnica no tiene por qué llevar a una persona a la cárcel.

Semana: ¿Volvería a trabajar con él?

A.C.: Yo respeto, admiro y quiero a Enrique. Hay que ver qué va pasar, qué equipo quiere él. Yo tengo una cantidad de compromisos por otro lado. Enrique ha perseverado en ser alcalde y yo he perseverado en demostrar que soy inocente. No tengo ninguna respuesta por ahora a esa pregunta.

Semana: ¿Cuál es la verdad sobre las famosas losas de TransMilenio?

A.C.: Esa pregunta es una belleza. Nadie sabe bien. Yo no soy técnico ni en pavimento ni en losas. Y lo que he visto en 17 años de defenderme es que es tanta la información y los argumentos de lado y lado que eso nunca se sabrá. Era la primera vez que se diseñaba una vía para esos buses y además el entorno cambió mucho. Ha habido dos o tres veces más tráfico que el original. La única frase en la que creo la dijo un técnico iraní que trajeron, Jhasmid Armaganil. En ese momento, él aseguraba que el problema de las losas fue por una conjunción de factores de diseño, constructivos y de materiales. Y eso produjo un daño. Fue una coincidencia aleatoria. Nadie quiso que se juntaran esos factores.

Semana: ¿Pero entonces quién es el responsable?

A.C.: Ahí hay un tema técnico. Más que responsables, este es un tema de coberturas. Cuando se trabaja en ingeniería lo primero que se hace es cubrirse con los seguros por si pasan ese tipo de cosas. Hay muchos seguros que se han cobrado, el IDU ha ganado una cantidad de pleitos posiblemente con la misma lentitud que la Justicia. Esa debió ser la discusión desde un principio: aquí contratamos una vía, pagamos una vía y aquí están los seguros. Es que es como si uno compra un carro y se le funde el motor al mes. En vez de definir quién le echó o no gasolina, hay que mirar la garantía. Los incidentes en las obras civiles pueden pasar. Para eso se toman los seguros, para responder y nosotros pagamos millonadas para eso. Ese es el problema de fondo.

Semana: ¿Qué falta para quedar totalmente libre?

A.C.: Falta la dignidad en la que siempre me he querido sentar: la Corte Suprema de Justicia. Yo siempre pensé que ahí iban a ver mi caso. Nosotros pedimos que nos admitieran la casación, que revisaran mi caso. Punto. Solamente eso. Y con esa ventana abierta tengo una gran confianza y estoy esperando muy tranquilo y con la conciencia limpia a que estudien el proceso.

Semana: ¿Siente miedo de volver a la cárcel?

A.C.: Más que miedo es un respeto profundo a lo que la Justicia pueda decidir. Claro, existe un tremendo riesgo de que haya una equivocación. Eso es lo que ha pasado en los últimos 17 años. Tengo la expectativa y el convencimiento absoluto de que no debería equivocarse esta vez y soy un respetuoso de sus decisiones. Lo único que espero es que la Corte Suprema revise mi caso y vea que no escogí ningún material ni tomé ninguna decisión. Porque no era función del director. Teníamos 1.500 contratos. ¡Era imposible estar involucrado en una decisión tan técnica con semejante magnitud de contratos!

Semana: ¿Cuánta plata se han gastado en abogados?


A.C.:
(Risas) Prefiero ni hacer la cuenta. Duraría llorando por lo menos dos meses. Si no es por la cantidad de ayuda que recibimos de amigos y familiares, no sé qué habría pasado.

Semana: ¿Cómo ve a Bogotá hoy?

A.C.: Muy paralizada. El gran problema de la ciudad es que en los últimos 12 años no se avanzó en lo que se debía avanzar. Las ciudades son como seres vivos. Necesitan un cuidado integral pero aquí se han descuidado unas cosas por otras. Es como si uno coge a un niño y le dice cada dos años que solo haga bíceps, y a los dos años que entrene solo las piernas. No va crecer como se necesita. Yo dejé el IDU con 17 tomos de qué habíamos hecho y qué faltaba por hacer. Dejamos listos los estudios de la ALO y comprados los predios. Diecisiete años después no han puesto un metro de pavimento. Hicimos un estudio de todas las calles de Bogotá y su actividad en número de personas. Yo creo que ni lo miraron las siguientes administraciones…

Semana: ¿Se arrepiente de haber sido director del IDU?

A.C.: No. Ni un segundo. Es algo muy duro. A ese cargo le debo la circunstancia más desafortunada de mi vida, pero si uno no hiciera las cosas por duras, nunca lograría nada. Y lo que logré en el IDU tal vez no lo habría logrado en otro lado.

Semana: ¿Qué fue lo más duro de la cárcel?

A.C.: Era insoportable estar lejos de la familia. Me perdí cumpleaños, fiestas, eventos en el colegio. No poder acompañar a mi esposa Montserrat a las citas médicas de los niños o a urgencias cuando tocó llevarlos me partía el alma. Y la espera, la espera es algo muy duro.

Semana: ¿Cómo fue ese encuentro con su familia?


A.C.:
Muy emocionante. El viernes pasado salí, el sábado fuimos con los niños a un evento en el colegio y teníamos que hacer carreras amarrados de una cuerda. Para mí fue muy simbólico ese momento. Sentí que ya no volvería a soltarlos nunca y el domingo volví a la finca de mis papás en Sopó, donde crecí. Lo más increíble fue arruncharme con mi esposa y mis hijos en la noche. Sentí toda la paz del mundo.

Semana: ¿Qué viene ahora?

A.C.: Recuperar mi cama. Mis hijos me la robaron por dos años.

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