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| 2/23/2017 9:36:00 PM

Odebrecht: la historia del empleado que se convirtió en zar de contratos en el Distrito

De la mano de Iván Moreno, Andrés Cardona Laverde ascendió en el mundo de la contratación en Bogotá de manera inexplicable. Este jueves fue enviado a la cárcel.

Esta historia tiene dos versiones. La primera comienza hace 13 años, cuando el manizalita Andrés Cardona Laverde y su amigo Gustavo Giraldo renunciaron a la empresa israelí para la que trabajaban y decidieron gastarse la plata de la liquidación en los honorarios para un abogado. Y no cualquiera. Se trata de un jurista que los iba a asesorar para participar en una licitación que había salido de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) para un contrato de irrigación orientado a optimizar recursos hídricos.

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Cardona y Giraldo, unos inexpertos en el papel de empresarios, terminaron triunfando por encima de los otros proponentes, con la ayuda de dos firmas con las que se asociaron. Una de ellas era extranjera. De ahí en adelante, los dos amigos no pararon de ganar contratos. Del 2008 al 2009, a Cardona le cambió la vida del cielo a la tierra. Este ingeniero, graduado de la Universidad Nacional, terminó viajando 27 veces al exterior y obteniendo contratos por más de 18.000 millones de pesos.

Esta versión -la de dos empleados pujantes que contaron con algo de ambición y un poco de suerte- es la que Cardona le dio a El Espectador en el 2012 y a las autoridades que lo han requerido cada vez que su nombre ha aparecido mencionado en el escándalo del Cartel de la contratación en Bogotá, en la era de Samuel Moreno Rojas.

Sin embargo, esta semana que la Fiscalía le imputó a Cardona los delitos de cohecho por dar u ofrecer e interés indebido en la celebración de contratos, se conoció que a esta historia de emprendimiento le hacían falta varios capítulos del pasado para completarse.

Según la Fiscalía, en el 2009, Cardona, en compañía del empresario Emilio Tapia y otros funcionarios -entre ellos el gerente de la época de la EAAB, Jorge Pizano Callejas-, supuestamente movió influencias en favor de un consorcio extranjero para que se ganara la licitación del túnel del sector Tunjuelo-Canoas, para la descontaminación del río Bogotá. Era una obra de 244.000 millones de pesos.

El consorcio, que finalmente terminó ganando la licitación, estaba integrado por la firma Odebrecht y CASS Constructores, esta última de la organización Solarte.

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Una vez adjudicado el contrato, la Fiscalía presume que Cardona puso a su recién aparecida empresa ACC Ingeniería a subcontratar la obra con el consorcio, en una operación por la que supuestamente le pagaron 2.000 millones de pesos. Esto generó finalmente un sobrecosto de 600 millones de pesos.

La pregunta que muchos se hacen es cómo este hombre, un completo desconocido en el mundo de los contratos, terminó teniendo tal poder como para desviar una licitación tan millonaria.

La respuesta tiene nombre propio: Iván Moreno Rojas, el hermano del exalcalde Samuel. Un hombre que participó en una de las licitaciones de la época le dijo a Semana.com que Cardona, a quien en el gremio conocían como el ‘Enano’, conoció a Iván Moreno en Bucaramanga.

Cardona era un hombre arrasador y de temperamento fuerte, continúa la fuente, que supo ganarse la confianza de Iván mientras este fue alcalde de la capital de Santander. A juicio del contratista consultado por este portal, no era fácil que alguien se volviera tan cercano a Moreno, dada su personalidad fría, seria, y difícil de tratar. Pero Cardona lo logró.

Las pesquisas de la Fiscalía indican que Cardona fue el eje de un cuarteto que comenzó a controlar el multimillonario presupuesto del acueducto durante la alcaldía de Samuel Moreno. Él era el hombre de negocios, el encargado de coordinar la contratación.

A su lado estaban Jorge Enrique Pizano, el gerente  de la EAAB de la época, la cabeza visible, y algunos otros funcionarios. 

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Con ese combo conformado, llegó el momento de adjudicar la licitación de Tunjuelo-Canoas. Entonces comenzaron los viajes de Cardona a México, en compañía de varios representantes de las firmas en concurso, para escoger al ganador de la licitación.

Y aunque de ahí no salió el contratista, el viaje dio frutos. En ese país se armó el consorcio, según la tesis de la Fiscalía, entre una empresa vinculada a Cardona y una mexicana, que terminaron haciendo la interventoría de Tunjuelo Canoas que terminaría costando 9.000 millones de pesos.

Finalmente, tres consorcios se presentaron a la puja por la obra, que quedó en manos de la dupla armada entre la firma de la familia Solarte, CASS Constructores, y Norberto Odebrecht S.A, que recibió los 244.363 millones de pesos del contrato.

Cardona habría sido el puente para que los 1.000 millones de pesos de la coima de la multinacional brasilera le llegaran al alcalde Moreno. Y para que otro de los del grupo cercano a Iván Moreno no se quedara por fuera del negocio, el consorcio lo habría subcontratado para que ejecutara el interceptor Tunjuelo-Canoas.

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Pero los alcances de Cardona, al parecer, no se agotaron en ese contrato. La ficha de Samuel Moreno también habría actuado como coordinador en la entrega irregular de otros convenios, entre esos los de menor cuantía del acueducto, que se pueden adjudicar a dedo, y habrían terminado repartidos entre los concejales que estaban montados en el carrusel.

Este jueves, un juez de control de garantías le dictó medida de aseguramiento a Cardona, quien no se allanó a cargos. Se irá a juicio y seguramente tratará de probar que la historia de su vida es la primera, y no la que la Fiscalía ha venido construyendo, recolectando pruebas, para armar el caso.

 

 

 

 

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