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| 5/27/2014 12:00:00 AM

“Pido a la guerrilla que si tiene a mi hijo que se manifieste”

Así lo expresó el papá del funcionario del CTI que cayó de un helicóptero Black Hawk cuando el Ejército perseguía a un jefe guerrillero.

Aun no hay rastro suyo y en plena selva del departamento del Guaviare se ha dispuesto un dispositivo de búsqueda con más de 300 hombres. Nadie se atreve a suponer qué pasó con su vida. Sus compañeros y su familia no pierden la esperanza de encontrarlo.

Se trata de Andrés Felipe Mejía, un joven investigador de 26 años de edad y el segundo de tres hijos, adscrito al grupo táctico del Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía. El pasado 5 de mayo se cayó de un helicóptero Black Hawk cuando se deslizaba por una de las cuerdas para realizar el desembarco. Mejía resbaló desde una altura de 20 metros y se perdió en la espesura de la manigua.

¿Qué hacía? Acompañaba a un grupo especial del Ejército que realizaba una gran operación contra el frente primero de las FARC. El objetivo principal era dar con uno de los principales líderes del bloque Oriental, Julián Gallo Cubillos, alias ‘Carlos Antonio Lozada’. Los militares no dieron con el guerrillero, pero perdieron a un gran hombre.

En ese operativo dos militares resultaron heridos, cuando intentaron un desembarco de tropas en la Serranía de Chiribiquete, zona rural del municipio de Calamar (Guaviare) terreno en el que, por demás, queda en un Parque Nacional Natural.

Desde entonces la Fiscalía creó una comisión que se encuentra en la zona apoyando el dispositivo de búsqueda y rescate que lidera el Ejército. En el operativo participan 300 hombres de las Fuerzas Especiales del Ejército, con apoyo aéreo y terrestre y miembros de la Defensa civil, con perros especializados en rastreo.

También fue activado un mecanismo de búsqueda urgente a través de la Unidad de Desaparecidos, por medio de la cual se adelantan diversas actividades investigativas. Su familia no se ha quedado quieta esperando. Álvaro Mejía, su papá, viajó a San José del Guaviare el viernes anterior para conocer en detalle el proceso de búsqueda de su hijo.

Allí los oficiales del Ejército y los miembros del CTI le explicaron paso a paso los operativos que se han realizado. Por ahora se ha descartado la posibilidad que haya muerto por algunos indicios que tienen los militares responsables de su búsqueda.

Pero hay otra dolorosa realidad: es muy posible que la guerrilla lo tenga en su poder. El papá de este joven dijo a Semana.com que, entre todo lo malo que esto pueda ser, es bueno porque podría regresar con vida al hogar.

“No nos podemos derrumbar. Pido a la guerrilla que si tiene a mi hijo que se manifieste. Para nadie es un secreto que la zona esta plagada de guerrilleros. Ellos se mueven allí como pez en el agua”, dijo.

El abatido padre explicó a este portal que su hijo había trabajado durante dos años en el DAS en la sede de Cúcuta y que allí realizó un curso de supervivencia en Aguazul (Casanare). Aseguró que luego del cierre de esta institución fue vinculado al CTI donde había hecho cursos de desembarco en cuerda.

Fue precisamente en un desembarco donde este joven se cayó y se perdió. Nadie pierde la esperanza y en la entidad muchos rezan porque aparezca. Incluso el pasado 16 de mayo se realizó a cargo de la Fiscalía una eucaristía por el pronto regreso de su compañero. “No olvidemos al muchacho”, pidió su padre.

El asunto, como lo dijo Semana.com cuando reveló esta historia no está lejos de generar polémica, pues los agentes del CTI tienen una formación muy distinta a la de los miembros del Ejército, que están capacitados y entrenados para este tipo de acciones. La búsqueda continua y en las filas del Ejército y en la Fiscalía sigue el hermetismo.
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