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| 5/10/2014 10:00:00 AM

“Soy un héroe, soy un héroe”: Andrés Sepúlveda

Qué hay detrás del ‘hacker’ acusado de espiar al presidente Santos y al proceso de paz.

Andrés Fernando Sepúlveda Ardila se muestra un tanto perplejo al escuchar las acusaciones que le lee la fiscal 56 delegada ante el CTI. “No entiendo”, dice este bogotano de 31 años. “Yo estaba ayudando a salvar el país, soy un héroe, soy un héroe”, reitera en voz baja.

De profesión ingeniero, amante del rock y a quien le encanta el whisky de marca con bastante hielo, se muestra asombrado en el complejo judicial de Paloquemao, en Bogotá, mientras la funcionaria enumera un prontuario que puede darle hasta 18 años de cárcel: violación ilícita de comunicaciones, uso de software malicioso, interceptación de datos informáticos y espionaje.

Su desconcierto viene de creer que en lugar de tenerlo allí, esposado y con la mirada vigilante de una veintena de agentes, debería estar recibiendo una ovación por su trabajo.

Hace varios años junto con su esposa Lina Luna Rodríguez cumplió su sueño de tener su propia oficina en el norte de la ciudad, en la carrera 17 con calle 93. Allí instaló sus computadores y empezó su sigilosa tarea: entrar a las cuentas de correos electrónicos de cientos de personas para husmear qué, con quién y para quién se escribían. Su principal objetivo, lo que le oliera a izquierda armada o legal. “Estoy en algo grande, muy grande que va a reventar en 15 días y cuando pase, nos le tiramos la reelección a Santos”, le dijo hace varios días a un par de amigos. Estos solían escucharlo con esmero porque, además de hablar con convicción, tenía relatos interesantes sobre la guerra y la paz del país. “Es una persona inteligente, preparada. Con un discurso muy bien articulado. Por eso, le prestaba atención”, dice una joven que lo conoció y que aceptó conversar con Semana.com con la condición de mantener el anonimato. Este portal confirmó su identidad y que en efecto conociera a Sepúlveda.

Según sus propias narraciones, a él le encantaba la milicia, las armas, la guerra y la posibilidad de derrotar a las Farc y a sus “cómplices que actúan en el campo y en las ciudades sin uniforme”.

Esa descripción está en sintonía con el reclamo de héroe que hizo ante la fiscal en la audiencia de imputación de cargos, el pasado miércoles 7 de mayo. Aquel día, Sepúlveda llegó a las siete de la mañana a la sala 411 E de Paloquemao. Hubo una avanzada de seguridad para protegerlo y el CTI ordenó desalojar la totalidad del cuarto piso, algo que solo ocurre excepcionalmente. “Es una cuestión de seguridad nacional”, explicaron los agentes.

La sesión fue rápida. En cuatro horas se evacuaron el mismo número de diligencias (legalización de allanamiento, captura, imputación y medida de aseguramiento).

Al marcharse lucía tranquilo, incluso sonrió levemente, iba con una chaqueta de cuero negra, jeans y tenis Converse. Semana.com conoció detalles de los dos interrogatorios rendidos por Sepúlveda ante la fiscal 56. En estos respondió que tenía vínculos con la inteligencia militar. Sin embargo, no ahondó más en esta declaración. La FM reveló el viernes de la semana pasada algunos de los documentos de inteligencia que le fueron encontrados al hacker, entre ellos uno de la sijin de la policía metropolitana de Bogotá sobre el paro agrario del año pasado. Los investigadores están tratando de averiguar cómo le llegó esa información a Sepúlveda

Según el interrogatorio rendido en la Fiscalía, Sepúlveda tenía contactos permanentes con militares en donde intercambiaba información por dinero. En los últimos tres meses reveló que entregó una serie de correos interceptados a miembros de la Mesa de negociaciones de La Habana, por la cual cobró 120 millones de pesos. “No hay ningún vínculo del Ministerio de Defensa con él”, aseguró el ministro Juan Carlos Pinzón.

La Fiscalía tuvo acceso a los balances contables de su empresa. Estos muestran que en los últimos diez años habría recibido cerca de 1.000 millones de pesos por la entrega de información. Al cierre de esta edición el ente acusador estaba verificando la autenticidad de estos papeles. Sepúlveda también contó que tenía un vínculo con el hijo mayor del candidato Óscar Iván Zuluaga, David, quien, según su primer testimonio, fue el que presuntamente lo llevó a la campaña y con quien mantenía una cercanía por el manejo de redes sociales y seguridad cibernética. Por eso, fue llamado a rendir un testimonio para comprobar qué tan cierto es.

Las fuentes consultadas por SEMANA entre su círculo de conocidos aclaran, sin embargo, que de estos casos puntuales nunca habló en público. En cambio, de la milicia sí. Por eso, según las versiones contadas por Sepúlveda a esos allegados, él recibía instrucción en inteligencia y en el manejo de armas. “He viajado en varias ocasiones fuera del país para tomar cursos”. ¿Quién le paga eso?, se le preguntaba. “Los militares”, contestaba sin precisar qué unidad o por instrucciones de quién.

En la vida personal es un hombre de reacciones violentas y de frecuentes comentarios machistas. “Alardeaba de las mujeres que contrataba, eso me incomodaba”, relata la fuente. “Por lo que contaba me parecía que en ocasiones era realmente muy violento”, agrega. “No hay nada peor que emborracharte y despertarte con alguien que no sabes ni su nombre, ni cómo la conociste, ni por qué está muerta”, escribió en alguna ocasión en su cuenta de Twitter.

En el ámbito político reivindicaba la ideología de extrema derecha y se molestaba mucho cuando se le discutía si no era hora de buscar una salida negociada con las Farc. “La guerra es la manera más romántica de solucionar nuestros problemas”, escribió él mismo en la red social.

Se ufanaba de haber infiltrado la protesta campesina que se realizó el año pasado, en particular la de Catatumbo. Contó que lo había hecho de dos maneras. Una, yendo hasta el propio lugar para establecer la identidad de los líderes del movimiento agrario, y dos, interceptando los correos electrónicos para establecer quién actuaba a favor de la protesta por una reivindicación del sector rural o quién por instrucciones de las Farc.

Su papá, Moisés Sepúlveda, dice que su hijo Andrés “sería incapaz de cometer un delito porque es una persona de buen nombre”. Aunque, eso sí, aceptó que su hijo “ha colaborado con diferentes organismos del Estado para combatir la delincuencia”. El señor dijo desconocer si trabajaba para las Fuerzas Militares. “Si uno combate a la delincuencia, no puede ser un delincuente”, añadió.

Y Luis Alfonso Hoyos, director general de la campaña de Óscar Iván Zuluaga, cuando lo llevó al canal RCN y ocultó su identidad dijo que lo hacía por razones de su trabajo: “Luis Alfonso Hoyos me llamó por teléfono y me dijo que tenía información relevante sobre la campaña de Santos. Le di una cita y llegó acompañado de un personaje, del que no me dieron su nombre, sino, por razones de seguridad, un alias de inteligencia. Dijeron que era experto en inteligencia para el gobierno, las Fuerzas Armadas y organismos internacionales”, recordó Rodrigo Pardo, director del informativo.

Sepúlveda también estuvo con periodistas del portal 'Pulzo.com' a quienes dijo ser de inteligencia del Ejército. El día del encuentro con este portal de noticias, el martes 4 o el miércoles 5 de marzo, llegó con otro hombre y su intención era la de ofrecer una información en contra de los negociadores de paz del gobierno en La Habana. Sin embargo, les entregó unos audios de Iván Márquez y prometió que se pondrían en contacto para entregar más información.

Pasaron los días hasta que se produjo su captura y la acusación del fiscal general Eduardo Montealegre. Para el alto funcionario, Sepúlveda operaba un centro clandestino desde donde se habría hecho espionaje ilegal. En el primer barrido han encontrado interceptaciones a las cuentas de correo electrónico del jefe de prensa de las Farc en La Habana, un correo institucional del gobierno y el de dos periodistas cubanos que cubren los diálogos.

¿Para quién trabajaba realmente Sepúlveda? El país está a la espera de esa respuesta. ¿Qué buscaba con su accionar criminal? Nada de delitos, dijo en la audiencia, quería era salvar al país. Cuando llegó al búnker de la Fiscalía, a donde fue conducido para cuidar su integridad, mantuvo la tranquilidad. Allí está en una celda de tres metros por tres. Saldrá hasta que demuestre su inocencia o llegue a alguna colaboración con la Fiscalía. “Ustedes no entienden. Soy un héroe”.
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