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| 12/13/2014 10:00:00 PM

“La Antártida está ligada al futuro de Colombia”

La periodista científica Ángela Posada-Swafford zarpa este martes con una delegación de científicos colombianos a la Antártida.

SEMANA: ¿Qué tiene que ir Colombia a buscar en la Antártida?

Ángela Posada-Swafford:
La Antártida es un continente científico y nos pertenece a todos. Colombia firmó en los años ochenta el Tratado Antártico. Nuestro papel ahí no ha sido mayor al de una mosca en la pared, pero con este viaje vamos a sentarnos en la Mesa Antártica para decidir sobre el futuro de ese continente.

SEMANA: ¿Y eso por qué debería importarle a un país con tantos problemas?

A. P-S.: Colombia lleva varios años enviando uno que otro marino o científico en barcos de otras naciones. Ahora el gobierno decide mandar un buque propio, y yo creo que ahí hay una decisión política importante. Tenemos un proceso de paz y un país que ya nos permite mirar afuera y ser más conscientes de nuestro papel en el mundo. Al ir a la Antártida estamos haciendo algo por el planeta y, en el fondo, también por el país.

SEMANA: Explíquele eso a un colombiano común y corriente…

A. P-S.: La Antártida es el aire acondicionado del planeta y es el lugar que más rápido se calienta y derrite. Ese dato es decisivo, porque de allá sale una cosa que se llama la corriente de Humboldt, que pasa por toda Suramérica y llega a la costa Pacífica colombiana. Para no ir más lejos, esa corriente es la responsable de nuestra pesquería y afecta, por ejemplo, a cualquier tumaqueño.

SEMANA: ¿Y no sirve el conocimiento que obtienen las 30 naciones que ya están allá?

A. P-S.: De lo que se trata ahora es de tener nuestros propios datos para saber cómo influir en la Antártida. Con el cambio climático todo se está volviendo un relajo allá abajo, y por eso es importante que nosotros mismos entendamos mejor nuestro patrón de lluvias, saber qué va a pasar con nuestros peces y pescadores en 50 años y conocer de qué manera lo que hacemos en los trópicos los afecta allá. Como decía un filósofo chino: cuando una mariposa bate las alas, hay un huracán en el otro lado del mundo.

SEMANA: Ustedes llevan más de 30 científicos colombianos. ¿Qué van a hacer?


A. P-S.: Los geólogos van a investigar si la Antártida estuvo conectada con Suramérica. Los oceanógrafos van a medir temperaturas. Los cartógrafos van a hacer cartografía submarina y ayudar a mapear puntos de la Antártida todavía no explorados. Hay gente de la Universidad del Valle que va a estudiar los organismos marinos antárticos profundos en los pisos más bajos del mar. Todas estas cosas hay que hacerlas ya, porque en diez o 20 años será muy tarde.

SEMANA: ¿Cuál sería un aporte palpable de la investigación antártica para la gente?

A. P-S.:
Hay un animal que se llama pez de hielo. No tiene sangre con glóbulos rojos, sino que tiene una cosa transparente en las venas. ¿Qué pasa con esa sustancia? Ese pececito la desarrolló para no congelarse. Entonces esa sustancia es un anticongelante y los científicos están mirando cómo copian esas moléculas para hacer un compuesto que ayude a la gente, por ejemplo, a hacer un trasplante. ¿Cómo congelamos un corazón para que no se dañe? ¡Pues metámosle una molécula como la del pez hielo!

SEMANA: ¿Cuánto cuesta la expedición?


A. P-S.: Pueden ser varios miles de millones de pesos. Pero esa inversión es ínfima si se piensa que la Antártida es uno de los sitios más ricos del planeta. Está llena de petróleo, oro, cobalto y gas. Por ahora está protegida por el Tratado, pero cuando haya que revisar ese documento en 2048 Colombia tendrá voz y voto para decidir qué hacer. La Antártida está ligada al futuro de Colombia, así la gente se ría. Es una cosa de esperanza y de paz. Es importante que el colombiano diga: carajo, qué importante que la comunidad internacional nos esté pidiendo que ayudemos a hacer ciencia de clase.

SEMANA: ¿Cuándo zarpa el barco y quiénes viajan?

A. P-S.:
Este martes 16 de diciembre. Salimos de Cartagena a bordo de un buque de 20 metros construido por el astillero de la Armada colombiana, Cotecmar, ARC 20 de Julio. Regresamos entre el 13 y 15 de marzo. Habrá 102 personas, de las cuales 64 son los tripulantes fijos del buque. Los demás son puros investigadores. Vienen de Valle, de Barranquilla, del Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas. Sandra Bessudo se embarcará en Punta Arenas para hacer un estudio de rastreo de ballenas jorobadas.

SEMANA: ¿Qué lleva en el equipaje?

A. P-S.: Llevo dos tulas porque: ¡qué oso andar con maleta de rueditas! Llevo una ropa que nos dio la Marina, un overol grande de manga larga, muy abullonado, con el cual me veo como una granada de mano. Llevo un chaquetón, botas antárticas, ropa térmica, varios cuellos, guantes y un gorrito de lana que amo porque me lo regaló Jean-Michel Cousteau. Para leer llevo el diario de Ernest Shackleton.

SEMANA: ¿Qué van a hacer después de zarpar?

A. P-S.:
Vamos a cruzar el Canal de Panamá y a hacer varias paradas, algunas para recoger agua, pero otras para reuniones de protocolo. Vamos a pasar por Guayaquil. En las costas de Perú, en altamar, vamos a pasar la Navidad, y celebraremos el Año Nuevo en Valparaíso, Chile. En enero seguiremos hasta Punta Arenas, el lugar donde se abastecen los buques antárticos. Luego vamos a viajar por el Canal de Beagle hasta llegar a Puerto Williams, en la punta de la Isla del Fuego. Allá está el estrecho de Drake: el último y más difícil paso hacia la Antártida.

SEMANA: ¿Por qué es difícil?

A. P-S.: Ese lugar es uno de los más peligrosos del planeta porque ahí se encuentran todos los océanos del mundo. Es muy estrecho y el agua se mueve muy rápido. Ese caudal tiene una fuerza equivalente a 100 veces la de todos los ríos del planeta juntos. Los vientos y los oleajes son muy fuertes. Es como estar en un balde sacudiéndose para todos lados. ¡Durante tres días!

SEMANA: En ese momento, ya llevarán más de un mes en el barco. ¿Cómo será la convivencia?

A. P-S.:
La tripulación de la Marina nos va a ceder sus habitaciones y va a dormir en hamacas. Los demás vamos a compartir camarotes muy lindos, pero chiquiticos. Así que tendremos que ser organizados.

SEMANA: ¿Qué van a comer?

A. P-S.: Hay una lista larguísima. Llevamos, por ejemplo, 5.000 huevos. En los puertos nos abastecemos de lo perecedero, pero los granos los llevamos de acá. La idea es hacer comida de todas partes del país. La comida es lo más importante a bordo, es decisiva para la psicología porque te mantiene bien. Alrededor de la mesa todo se arregla.

SEMANA: ¿Eso basta para más de 100 personas juntas en un barco durante 90 días?

A. P-S.: Nos hicieron una prueba de polígrafo y un examen psicológico para saber si somos capaces de acoplarnos. Como soy entradora y me gusta hablar, me dijeron que voy a ser clave en algunas partes del viaje. Sobre todo en Navidad, los costeños van a estar tristes y tendremos que ayudarles a sentirse bien. Para eso voy a llevar unos 40 videos.

SEMANA: ¿No siente miedo?


A .P-S.: No mucho porque yo ya he estado allá. Pero le tengo mucho respeto a la Antártida porque puede llegar a ser un sitio muy hostil, peor que un desierto. Hay vientos, olas y humedad. Los témpanos parecen lindísimos pero te pueden cortar como mantequilla.

SEMANA: ¿Cómo termina el viaje?


A. P-S.:
Vamos a quedarnos en la península y visitaremos unas 20 estaciones a lo largo del Estrecho de Gerlache, que es muy hermoso porque está rodeado de montañas de piedra negra donde de golpe aparecen ballenas. Allá se harán todos los estudios hasta el 8 de febrero. Ese día llega el presidente Juan Manuel Santos a bordo de un avión de la FAC. Luego él vuelve a irse en avión y nosotros regresamos en el barco.

SEMANA: Usted es una de las iniciadoras de esta expedición. ¿Qué es lo que la fascina?

A. P-S.: Allá hay cosas muy lindas por estudiar. Una vez fui a buscar huesos de dinosaurios. Hay preguntas sobre la conexión de la Antártida con Suramérica, cuya respuesta podría ayudar a entender cómo surgieron las primeras aves o los armadillos gigantes de Argentina o a saber de dónde viene nuestro cocodrilo de Villa de Leyva. La Antártida fue hace muchos millones de años una selva tropical como el Amazonas, con palmeras y todo. Los pingüinos eran de tierra caliente, unas vainas grandísimas, que con el frío se fueron achicando para consumir menos comida. Luego se rompieron los continentes, y la Tierra cambió su posición respecto al Sol. Y eso bastó para que cambiara la situación. Eso es fascinante.
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