Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/03/07 20:05

El viacrucis de Tomás González

Deja el ministerio de Minas y se va enredado con una investigación disciplinaria, la incertidumbre de un apagón y el poco honroso último puesto, entre 16 ministros, en las encuestas.

Tomás González fue nombrado como ministro de Minas en 2014. Foto: Archivo SEMANA

La oscuridad empezó a caer sobre Tomás González casi desde el mismo momento en que fue nombrado ministro. Pocos gabinetólogos contaban con él a la hora de conformar la alineación para el segundo gobierno Santos. Su nombramiento fue una sorpresa. Lo avalaba su condición de tecnócrata, su experiencia en el sector, haber sido viceministro durante cuatro años y su amistad con el presidente.

Esas condiciones no necesariamente se tradujeron en una gestión exitosa. Como a ningún otro ministro de Minas, a González le cayeron todas las plagas juntas. La más grave, la crisis energética que amenaza al país desde hace varios meses. Su paso por el gabinete fue discreto, de principio a fin.

A González no le ha faltado preparación. Es economista de la Universidad de los Andes, Máster en Ciencias de la Economía y un PhD en Economía de la Universidad de Londres.  El 11 de agosto del 2014, cuando el presidente Juan Manuel Santos lo designó en la cartera de Minas y Energía, se refirió a él sin mayores adjetivos. “Bogotano, conservador, quien ya fue viceministro y subdirector de Planeación Nacional. Tiene un gran conocimiento del sector”.

En el sector privado ha trabajado con BP Colombia, empresa que opera los campos petroleros de Cusiana y Cupiagua, y ha sido profesor de la cátedra ‘Economía, petróleo y desarrollo’ en la Universidad de los Andes.

Fue consejero económico del presidente Andrés Pastrana, entre 1998 y el 2000, y subdirector de Planeación entre el 2000 y el 2002, cuando el director era Juan Carlos Echeverry. De ahí cultivó cercanía con varios políticos, conservadores y de línea pastranista.

Se ganó la confianza de Santos en el 2010. Estuvo a cargo del diseño y análisis de encuestas durante la campaña presidencial. Y cuando muchos sondeos anticipaban un triunfo en primera vuelta de Antanas Mockus, fue quien convenció al hoy presidente de lo contrario y le mostraba otras encuestas. A la postre salió con la suya y fue de los pocos que acertaron.

Desde agosto de ese año fue designado viceministro de Minas de Carlos Rodado, se mantuvo con Mauricio Cárdenas, y posteriormente con Federico Rengifo y Amílkar Acosta. En el 2014 le llegó la hora de ser el titular, pero no alcanzó a estar siquiera el primer tiempo del segundo gobierno Santos. El presidente se vio obligado a sacarlo del campo.

Un final que se veía venir. En agosto del 2015 los empresarios del país hicieron una evaluación de la gestión del gabinete para el diario económico La República y el ministro de Minas fue se rajó con 2,8 sobre 5. En noviembre del año pasado varios líderes de opinión hicieron la misma valoración para la firma Cifras y Conceptos ocupó el último lugar entre los 16 ministros y en una calificación de 1 a 100, González sacó 48, el puntaje más bajo de la encuesta.

Su impopularidad aumentó a finales del año pasado, cuando ordenó el aumento de tarifas del servicio de energía. Justificó su decisión dentro del conjunto de medidas para evitar racionamientos por los efectos del fenómeno del Niño, y ante los riesgos de desabastecimiento de las centrales termoeléctricas del país.

En la Costa Caribe, principalmente, hay demasiado malestar. Los usuarios, cansados por el mal servicio que presta Electricaribe, y por los reiterados y sorpresivos cortes de luz a los que se han visto sometidos desde hace varios meses, protestaron.

Antes, con el ministro de Hacienda había tenido que capotear numerosas críticas por el elevado precio de la gasolina, mientras el precio del barril de petróleo se desplomaba en las bolsas internacionales.

Parecía prematuro, pero el pasado diciembre fue la primera vez que empezó a moverse la butaca del ministro. En el Senado hubo un intento de promover la moción de censura. Motivado en el aumento de las tarifas de energía, el senador Alexander López, del Polo, aseguró que González, a través de sus ejecutorias, por acción y por omisión, ha puesto al país en “grave riesgo de desabastecimiento de energía”. Sólo seis senadores lo respaldaron, y hoy los hechos parecen darle la razón.

Para colmo de males, la investigación alrededor del escándalo de la Policía, que condujo a la renuncia del general Rodolfo Palomino, dejó al descubierto su condición como contratista del Estado. González fue consultor y accionista de la firma Conecta S. A. S., beneficiada de contratos con el Estado.

En el 2010, antes de entrar al Gobierno, traspasó las acciones a su esposa, Ángela Baena, desde entonces representante de la firma que ha obtenido contratos por más de 5.000 millones de pesos, según una investigación de La FM. No hay nada ilegal en ello, pero mientras a González le iba mal en el Ministerio, a su esposa le iba bien con el Estado.

En ese momento parecía tener los días contados. Se recordó el caso del exministro Miguel Peñaloza, que tuvo que renunciar por circunstancias similares. Pero Santos lo mantuvo. La semana pasada Tomás González apareció ante las cámaras de televisión para despejar cualquier posibilidad de racionamiento. Pero este lunes el propio Santos tuvo que reversar y advertir que si no se ahorra energía, podría haber cortes en el servicio.

El viacrucis de González llegó a su última estación el sábado. Santos hizo una visita sorpresiva a la hidroeléctrica de Guatapé. Comprobó con sus propios ojos la gravedad de la crisis energética y que las medidas adoptadas eran insuficientes.

El presidente estuvo acompañado de la ministra María Lorena Gutiérrez y al terminar su visita salió molesto y presuroso. No se atrevió a dar una sola declaración a los periodistas que habían viajado, sólo pidió a las directivas de EPM adelantar los trabajos para reparar cuanto antes la central hidroeléctrica.

Santos se marchó del lugar y González se quedó enfrentando a la prensa. Solo insistió en la necesidad de ahorrar energía, pero sus palabras escondían algo más: que esas serían sus últimas declaraciones como ministro.

Este lunes el presidente Juan Manuel Santos aceptó que en Colombia hay riesgo de un racionamiento. Lo dijo muy serio, pues quizá poner al país a oscuras no le conviene a su gobierno, más aún cuando la reciente encuesta de Gallup señaló el 69 % de desaprobación.

Pero lo que Santos admitió es que su ministro de Minas se demoró en adoptar las medidas de ahorro, y por eso asumió la responsabilidad política y presentó su renuncia. Tomas González salió del gabinete y aunque se preparó para llegar hasta esta instancia, en el terreno demostró que no tuvo con qué responder a la responsabilidad entregada. 

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