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| 12/13/2014 10:00:00 PM

Juntos en la guerra, separados en la paz

Los exguerrilleros del M-19 Antonio Navarro Wolff y Everth Bustamante tienen visiones completamente opuestas sobre el proceso.

Everth Bustamante y Antonio Navarro Wolff pasaron del campo de batalla al campo de la política. Los dos son excombatientes del M-19, y 25 años después, se rencuentran en el Capitolio; Bustamante desde la nueva derecha, Centro Democrático, y Navarro desde el centroizquierda, en Alianza Verde. Ambos le apostaron a las urnas en vez de los fusiles y hoy son senadores en orillas opuestas del espectro ideológico. SEMANA habló con los congresistas sobre sus posturas frente al proceso de paz con las Farc y las lecciones que le dejó la negociación del M-19 al país.

SEMANA: ¿Cómo ve el proceso de paz?

Antonio Navarro Wolff: Lo veo avanzando, lo veo con una perspectiva de que salga adelante y sobre todo veo unas Farc muy distintas a las del Caguán por dos razones. La primera es que saben que no pueden ganar la guerra, algo que no ocurría en la era Pastrana, y la segunda es que la guerrilla está aceptando las leyes de Colombia con la intención de incorporarse a la vida civil.

Everth Bustamante: Hasta el momento no es muy claro para el país el estado de avance de las negociaciones. El gobierno ha dado a  conocer los acuerdos iniciales en tres puntos, pero la misma guerrilla ha manifestado que tiene 28 salvedades sobre esos puntos. Yo diría que la negociación no avanza con la rapidez y el ritmo que todos los colombianos quisiéramos.

SEMANA: ¿Qué diferencias y qué similitudes encuentra entre este proceso y el del M-19?

A. N .W.: La principal diferencia es que las Farc siguen creyendo que tienen que hacer demostraciones de fuerza para conseguir mejores acuerdos en la Mesa. En cambio el M-19 hizo todos los esfuerzos por reconciliarse con la opinión pública, y no por echársela encima con acciones violentas. En cuanto a las similitudes creo que tanto el M-19 como las Farc empezaron por estar convencidos de que no podían ganar la guerra y el Estado también entendió que tenía que negociar.

E. B.: Las diferencias son muy grandes. Para que pueda ser exitoso un proceso de paz se necesita voluntad y decisión. En nuestro caso esos fueron dos requisitos indispensables: la voluntad del M-19 y la decisión unilateral de renunciar a las armas. Hemos estado apelando a la voluntad popular para tener responsabilidades en alcaldías, concejos, gobernaciones, asambleas y en el Congreso de la República. De eso se trata un proceso de paz. En un país como Colombia, donde hay una débil institucionalidad, debemos trabajar por la democracia y eso no es claro en el caso de las Farc. También hay que decir que existen diferencias de contexto histórico. Cuando el M-19 firmó el proceso de paz no existían los acuerdos internacionales y por lo tanto la jurisdicción penal internacional era inexistente. Hoy tenemos el Tratado de Roma y a la comunidad internacional jugando un papel vigilante frente a los delitos de lesa humanidad.

SEMANA: Desde su experiencia como guerrillero, ¿qué le cambiaría al proceso y qué le dejaría igual?

A. N .W.: El diseño del proceso de paz es bueno. Desde su etapa previa privada, su Mesa fuera del país y su agenda definida con anticipación, hay un acierto. Aun en el más discutible de los escenarios, que es negociar en medio del conflicto, creo que la cosa va bien y que por ahora debemos apuntarle al desescalamiento del conflicto.

E. B.:
Un cambio que tendría que darse es la actitud del gobierno. Santos se ha equivocado al colocar en igualdad a la guerrilla con el Estado colombiano. Otra cosa que debe cambiar es la actitud de las Farc, porque hoy cuenta con muy poco respaldo ciudadano. En cuanto a lo que dejaría igual, creo que está bien que los mantengan en La Habana para poder negociar la entrega definitiva de las armas bajo un requisito indispensable: la suspensión unilateral inmediata de todo tipo de acción violenta. Solo a partir de ese momento ya se puede entrar a examinar las condiciones de legalidad en que quedarían los integrantes de las Farc.

SEMANA: ¿Usted está de acuerdo con la participación política de la guerrilla?

A. N .W.: Totalmente, ese es el corazón del acuerdo. Así lo ha sido en toda la historia del país y de todos los procesos alrededor del mundo y la negociación con las Farc no puede ser la excepción. Hay que encontrar soluciones que permitan participar a los jefes de la guerrilla y a todos los demás que quieran hacerlo. No se trata de disolverlas, sino de desarmarlas y mantenerlas juntas participando en política.

E. B.:
Antes tiene que haber una suspensión de todo tipo de acción terrorista. Luego, a la luz de la normativa internacional y de la constitucionalidad colombiana, habría que mirar de manera gradual cuales serían los niveles de participación. El Centro Democrático defiende que para los guerrilleros rasos que no han cometido delitos de lesa humanidad, se abra la puerta a la participación política. El caso de los dirigentes habría que examinarlo y con las garantías de que dejen las armas y cesen cualquier actividad terrorista.

SEMANA: ¿Por qué cree que los colombianos le tienen tanto miedo a la participación política de las Farc?

A. N .W.: La mayoría de colombianos apoya el proceso de paz, pero ve actos de guerra. Eso le resta credibilidad a la guerrilla y por eso la gente no la quiere. A los que les asusta que participen, están en todo su derecho de no votar por ellos. Por ejemplo, si hoy las Farc se presentaran a unas elecciones, yo no les daría mi voto.

SEMANA: ¿No le parece contradictorio estar en un partido que ataca el proceso de paz como Centro Democrático, cuando hace unos años usted hacía parte de una guerrilla que también le tocó negociar con el gobierno?

E. B.: No existe ninguna contradicción. Nosotros renunciamos al uso de la fuerza y nos sometimos en condiciones de igualdad a las vías de participación democrática de Colombia. En ese sentido, yo he sido concejal, alcalde, representante a la Cámara, senador. De manera que no nos pueden reclamar a quienes nos reintegramos al ejercicio democrático, que no les exijamos a quienes se mantienen al margen de la ley límites y condiciones. Las Farc han tenido siete oportunidades de firmar la paz y en todas han firmado acuerdos de intención. De manera que no se puede decir que no hayan tenido oportunidad. No me puedo solidarizar con una fuerza que está cimentada en el narcotráfico. Eso sería decirles a los colombianos que esa es la alternativa, en vez de la democracia.

SEMANA: En el caso del Palacio de Justicia, ¿no le parece injusto que haya tantos militares condenados mientras algunos exguerrilleros están en política?

A. N. W.: Todos los guerrilleros que participaron en el Palacio de Justicia, como Álvaro Fayad y Carlos Pizarro, están muertos. Aquí no hay personas que participaron en el palacio y están haciendo política. Eso no es cierto. Lo que pasa es que lo que vemos hoy es el resultado de un mal diseño en la solución jurídica. La solución que se estableció con el M-19 fue archivar los procesos judiciales. Nosotros lo solicitamos, pero los militares no. Esa es una gran lección para que a futuro las soluciones jurídicas sean para todos los actores del conflicto.

E. B.: En el caso de las Fuerzas Armadas hay dos circunstancias. Hay unos miembros que en el ejercicio de su actividad como militares y servidores públicos cometieron algunos delitos. Eso tendrá que resolverlo la Justicia. Pero hay también militares injustamente detenidos, como por ejemplo el coronel Plazas Vega, que estuvo en la retoma del Palacio de Justicia. Él no participó ni es responsable de la desaparición de personas. A la opinión pública se le ha confundido. Una cosa son las acciones propias de la guerra y la confrontación de un hecho violento y otra muy distinta las acciones de tortura y desaparición de personas que exceden los límites de la ley.

SEMANA: ¿Usted cree que los guerrilleros deben pagar con cárcel?


A. N. W.: Para eso está la justicia transicional. Lo importante es buscar una solución jurídica que permita la participación.

E. B.: La gran mayoría de integrantes de las Farc hacen parte de la figura de rebelión y, por lo tanto, sí pueden ser sujetos de beneficios de carácter penal y eventualmente participar en política. Ese es el caso de por lo menos el 90 por ciento de la guerrilla. Pero para quienes hayan cometido delitos de lesa humanidad, la situación es distinta. La sociedad colombiana no se va a tragar el sapo de que no paguen sus penas.

SEMANA: ¿Está de acuerdo con la conexidad del narcotráfico al delito político?


A. N. W.: Eso hay que dejárselo a los abogados. Vuelvo y repito: lo primordial es buscar escenarios de participación y si la conexidad es una vía, eso habrá que discutirse.

E. B.: Esa es una de las responsabilidades que tenemos en el Congreso. Yo diría que por la trayectoria que ha tenido el narcotráfico en Colombia, no podría considerarse como conexo al delito político.

SEMANA: Como exguerrillero, ¿qué consejo le daría a las Farc?

A. N. W.: No le doy ningún consejo a las Farc porque no hacen caso. Pero sí les pregunto: ¿van a conseguir la participación política que buscan con demostraciones de violencia? Yo creo que no y eso es lo que ellos deben analizar.

E. B.: El mejor consejo es que miren la historia. No solo está la experiencia del M-19 sino de otros acuerdos de paz. Mi recomendación es que reflexionen sobre los cambios que se han producido tanto en el país como a nivel mundial en los últimos 25 años. Que examinen cuáles son sus decisiones dentro del marco de la actual legislación internacional, concretamente el Tratado de Roma. El M-19 logró despertar simpatía en la población. Nosotros salimos del proceso de paz y el 30 por ciento del electorado nos apoyó para ir a la Asamblea Nacional Constituyente, y luego fuimos elegidos al Congreso con una bancada numerosa. Ha habido una repuesta y un apoyo popular. En eso es en lo que se equivoca las Farc: en insistir en el camino de las armas, que ya no tiene cabida.
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