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| 7/26/1993 12:00:00 AM

APERTURA EN LA COCA

Los carteles de la droga fueron reemplazados por cientos de grupoos que, sumados, están exportando mucha más cocaína que antes.


LOS VIENTOS DE APERTURA no sólo llegaron a Colombia a darle un vuelco a la industria, al comercio y al sector de los servicios. Sus efectos también se han visto reflejados en la producción y comercialización de la cocaína, que hasta hace muy poco estaba en manos de dos grandes organizaciones: los carteles de Cali y Medellín.
Esta no es la primera vez que se da una transformación en la estructura del negocio del narcotráfico. A finales,de los años 70 y principios de los 80, cuando el mercado de la cocaína comenzó a expandirse y a la vez el de la marihuana tocaba a su fin, surgieron varios grupos de pequeños exportadores en Antioquia, la Costa, el Valle y, en menor grado, en Bogotá. Cada uno de estos grupos operaba independientemente e invertía grandes sumas de dinero en los cargamentos que enviaba a los Estados Unidos. Bajo esta modalidad, si el envío era descubierto por las autoridades, su dueño perdía un gran capital. Fue así como buena parte de los grupos de la Costa y Bogotá quebraron y se retiraron del negocio. Esto no sucedió con las organizaciones de Cali y Medellín, las cuales encontraron la clave para sobrevivir.
Pablo Escobar y el clan Ochoa comenzaron a mandar grandes cargamentos colectivos de cocaína, propiedad de varios socios. De este modo, si el cargamento era incautado, las pérdidas para cada participante eran relativamente limitadas. El éxito de este sis- tema fue rotundo. Los pequenos grupos de narcotraficantes que quedaban en el resto del país y que habían logrado salvarse de la quiebra, pronto adhirieron al esquema de Antioquia. Fue así co- mo lentamente se consolidó lo que fue conocido como el cartel de Medellín. Por su parte Cali, donde dominaban Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, José Santacruz y Francisco Herrera, y que también movía un volumen importante de las exportaciones de cocaína, llegó por la misma época a la misma conclusión. Y así los carteles se crearon por la necesidad de reducir los riesgos que significaba por entonces el negocio del tráfico de droga.
Pero mucha agua ha corrido bajo los puentes en los últimos 10 años. La guerra que libró la organización de Medellín permitió el fortalecimiento del cartel de Cali. Hasta hace tres años el cartel antioqueño mandaba la parada.
Su gente tenía el control de los mercados norteamericanos y exportaba el 70 por ciento de la cocaína producida en el país.
Pero mientras los paisas dedicaban buena parte de sus fuerzas y recursos a combatir al Estado, la gente de Cali se hacía cada vez más eficiente en la distribución de la droga y en el lavado de las utilidades del negocio. Poco a poco la organización de Cali fue ganando terreno. Y es que las dos organizaciones concebían el negocio de una manera distinta. A Cali poco le importaba competir con otros grupos mientras el negocio le funcionara. Su organización, cada vez más eficiente y profesional, no estaba interesada en casar peleas ni en obtener poder, siempre y cuando pudiera operar.
La gente de Medellín, por el contrario, tenía una visión monopólica del negocio, y prefería que los otros grupos trabajaran para el cartel.
Además, los paisas buscaba poder, así para obtenerlo tuvieran que pasar por encima del Estado. Fue esa ambición de poder y de control del cartel de Medellín la que lo llevó a que el modelo hiciera crisis, tanto en la guerra como en el negocio.
A partir de ese momento el mercado de la droga se atomizó. El cartel antioqueño dejó de existir y este esquema fue suplantado por una multitud de pequeños procesadores y exportadores independientes de droga que, según las autoridades, pueden pasar de los 60. Se calcula que estos nuevos grupos exportan hoy mucha más droga de la que exportaba, en su época, el cartel de Medellín. De acuerdo con estadísticas de las autoridades, estas miniempresas estan hoy enviando a los Estados Unidos cerca de 100 toneladas de droga al año.
Por su parte el cartel de Cali, que no opera como una estructura monolítica, domina hoy por hoy el 70 por ciento del mercado de la cocaína.
Si bien es cierto que las cabezas visibles en el Valle son los hermanos Rodríguez, Pacho Herrera y José Santacruz, la verdad es que las autoridades han logrado establecer que en el norte del Valle y en el Cauca son más de 100 las orgnizaciones independientes dedicadas al narcotráfico. Estas, sumadas a las que vinieron a ocupar el vacío que dejó el antiguo cartel de Medellín, constituyen más de 200 organizaciones diseminadas por todo el país, las cuales han logrado mantener una oferta de cocaína que, según estimativos oficiales, puede estar superando las 300 toneladas al año.
QUIEN ES QUIEN En el transcurso de los últimos años, una nueva figura comenzó a cobrar importancia en el Valle. Se trata de Iván Urdinola, quien actualmente se encuentra pagando una condena de cuatro años y medio en la cárcel de La Modelo. Su captura sirvió para desenredar la madeja de la estructura del narcotráfico caleño. Lo que en un principio se había pensado que era una sola organización, resultó ser un grupo de más de 80 organizaciones independientes, de las cuales Urdinola no era mas que uno de las cabecillas. El personalmente estaba al frente de lo que hoy se conoce como el cartel del norte del Valle y su operación, al igual que la de muchos otros grupos, era totalmente ajena al cartel de Cali. La gente de Urdinola no solamente esta dedicada al tráfico de cocaína, sino que comenzó a incursionar en la heroína, un negocio donde sus principales socios son los asiáticos.
No lejos de allí, en Risaralda, se encuentra el centro de operaciones de varios grupos que en alguna oportunidad estuvieron vinculados al cartel de Cali o al de Medellín, y que encontraron en esta zona un punto estratégico donde podían operar de manera independiente. Las agrupaciones del eje cafetero, que se calcula superan las 20, se han convertido en un verdadero desafío para las autoridades, preocupadas del creciente poder que han llegado a acumular. En la actualidad se calcula que exportan cerca de 50 toneladas de droga al año no sólo a los Estados Unidos sino que han incursionado también en el mercado europeo.
Algo similar sucede con la Costa. Mientras las autoridades estaban convencidas que habían logrado desarticular lo que se conocía como el cartel de la Costa cuando capturaron al Mono Abello, en octubre de 1989, y cuando murieron los hermanos Jairo y Alex Duran, lo que en realidad salió a la luz es que ellos apenas eran una parte de ese grupo. De acuerdo con los organismos de seguridad, la Costa es una organización que sirve de puente para las demás en el envío de droga al exterior. Se calcula que el control de esa zona la comparten cerca de 20 agrupaciones.
En el resto del país operan grupos de menor escala.
En Cesar, Córdoba, Sucre, los Santanderes, Caquetá, Huila, Tolima, Nariño y San Andrés, existen más de 40 organizaciones independientes dedicadas al narcotráfico. En Bogotá se han concentrado cerca de 10 grupos, que más que dedicarse al tráfico mismo de cocaína se han vinculado con muchas de las agrupaciones del país con el fin de lavar las utilidades del negocio.
Para las autoridades, el nuevo rompecabezas del narcotráfico en Colombia representa varios retos. El primero, y el mas obvio, es que es mucho más difícil combatir a 200 grupos que a tres o cuatro organizaciones. El segundo, más que un reto, es el temor que esta atomización desemboque en un nuevo capítulo de violencia entre grupos en busca de un control del mercado.
Pero todo parece indicar que la situación actual no puede ser otra cosa que una etapa de acomodamiento. Lo que hoy se ve es un escenario muy parecido al de los comienzos de la década de la cocaína y que terminó por consolidar el poder de unos pocos en aras de minimizar los riesgos de un negocio que hoy en día es más reprimido y más controlado. Y en estas circunstancias no se sabe quién va a terminar de dueño de esa industria que produce miles de millones de dólares.
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