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| 6/17/2006 12:00:00 AM

Apetito burocrático

A los uribistas se les notan mucho las ganas de cuotas en el gobierno. ¿Por qué el presidente Uribe no puede usar la libertad que le da una victoria tan amplia?

Al uribismo se le están notando mucho las ganas de burocracia. Que a Luis Alfredo Ramos no le gustó la embajada en Caracas y prefería un ministerio. Que Armando Benedetti, de la 'U', pide representación costeña. Y que Germán Vargas Lleras no dejó que el nombramiento en Comunicaciones se lo cobraran como cuota suya, pero se sintió complacido con el nuevo Ministro de Ambiente y Vivienda. No hay nada nuevo en que los jefes políticos peleen por puestos. Pero existe la sensación de que en esta ocasión lo han hecho de manera demasiado pública, y de que va en contravía de las expectativas generadas por el amplio triunfo del presidente Uribe en las elecciones del 28 de mayo. Se suponía que tenía una enorme libertad para nombrar a quien quisiera.

La rapiña es el resultado de "la confianza de algunos partidos para proponerle cosas al Presidente", según el senador electo Armando Benedetti. Pero "No se habían mostrado las ganas de una forma tan desvergonzada", agregó el ex candidato presidencial del Polo, Carlos Gaviria.

El apetito desbocado tiene que ver con algunas de las peculiaridades del proceso de la reelección. Para empezar, hay más partidos que se sienten con derechos adquiridos. Antes, el ganador y el vencido resolvían y repartían a puerta cerrada. Hoy hay cuatro ganadores -La U, Cambio Radical, el Partido Conservador, Alas/Equipo Colombia- que sienten que contribuyeron a la reelección, tanto en la reforma constitucional que la hizo posible, como en la campaña electoral. Y están pasando la cuenta de cobro.

Los hambrientos jefes de los partidos, además, saben que no tienen mucho tiempo porque en cualquier momento el presidente Álvaro Uribe hace los nombramientos y les genera hechos cumplidos. "Cuando nombró a Fernando Londoño y a Sabas Pretelt en Interior, aunque eran del conservador, el partido no los escogió. Todos saben que tienen que estar encima antes que el Presidente se les adelante" explica Fernando Giraldo, director de ciencia política en la Universidad Javeriana de Cali. "El estilo personalista del Presidente se ha trasladado a la función pública", agrega el analista Pedro Medellín. El mismo Benedetti reconoce que hay "apetitos desmedidos y muchas vanidades".

¿Por qué con una victoria del 53 por ciento en 2002 Uribe pudo nombrar un gabinete independiente y ahora, con más del 62 por ciento, tiene que entregarse a los políticos? "Es un desgaste innecesario, en vista de la victoria tan holgada de Uribe" recalcó Medellín. Son gajes de la reelección. El mismo Presidente reconoció que esta vez tendría que gobernar con quienes le dieron la mano.

Pero esto no necesariamente perjudica al Presidente. En el segundo cuatrienio los márgenes de maniobra de los mandatarios tienden a reducirse, la popularidad se puede desgastar y la oposición podría hacerle mella en muchos temas. Por eso, a Uribe le conviene consentir a las bancadas del Congreso para mantener las mayorías. Y compartir la responsabilidad por la gestión, que seguramente va a ser evaluada con mayor dureza que en los primeros cuatro años.

Al final, la gran pregunta es qué tan resistente es la percepción de cambio que proyecta Uribe. Es decir, que gobierna con prácticas transparentes y que ha dejado atrás vicios que desgastaron la imagen de sus antecesores, como el clientelismo. "Uribe en su primer mandato sí tuvo la intención de hacer un cambio, pero ahora viene un estancamiento. La política tradicional se comió al uribismo", dijo a SEMANA Otty Patiño. Quienes reeligieron a Uribe esperan cuatro años más de un proyecto independiente. Falta ver si el esquema de los primeros cuatro años -mantener una alta gobernabilidad y márgenes de maniobra gracias a su popularidad- continuará en el segundo capítulo. O si a falta de ella, Uribe recurrirá a las fórmulas tradicionales de apoyo de la clase política.
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