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| 8/26/2015 9:28:00 PM

Otra multinacional que le dice adiós a Cali

Al reciente cierre de la planta de Chiclets Adams en Cali se suma la clausura de Apex Tool Group. Si bien no son los únicos casos, el asunto golpeó la moral de los caleños. ¿Qué está pasando?

A Cali no sólo se le conoce como la 'Sucursal del Cielo' sino porque ha sido una de las urbes empresariales e industriales más importantes del país. Pero este año ese apelativo se ha visto marchitado por la reciente 'fuga' de multinacionales que decidieron cerrar sus plantas de producción.
 
Esta semana se conoció que otra apreciada empresa caleña se va de la ciudad. Se trata de Apex Tool Group, (antes Andina de Herramientas), una compañía con más de 50 años de tradición. La decisión, que fue notificada a través de una carta, afectó a 75 trabajadores.
 
“Apex Tool Group ha tomado la difícil decisión de cerrar sus operaciones de fabricación en Cali, Colombia, y mover la producción de las marcas ATG a las plantas de  México y Brasil”, explicó la multinacional en la carta.
 
También aclaró en la misiva que “esta acción incide directamente sobre aproximadamente 75 colaboradores  del centro de distribución y la fábrica, quienes serán indemnizados y se les ofrecerán servicios de transición de carrera para apoyarlos en la búsqueda de un nuevo empleo. Los colaboradores de las áreas administrativas y comercial no serán afectados por esta acción; cerca de 60 de ellos seguirán como empleados en el área de Cali para atender a nuestros clientes en la región andina, así como en Centroamérica y el Caribe”.
 
Y hace apenas tres meses los caleños habían recibido otro duro golpe. En mayo la multinacional Mondelez (una multinacional experta en chocolates, gomas de mascar y caramelos que tiene presencia en 165 países, incluido Colombia) anunció el cierre de su planta de producción en la ciudad.
 
Una anécdota marginal es que el mismo día (19 de mayo del 2015) que Mondelez informó el cierre de la planta en Cali, la casa matriz desde Illinois, Estados Unidos, emitía un boletín de prensa en el que anunciaba con bombos y platillos la inversión de 400 millones de dólares para un programa de producción de cacao en Indonesia, mientras en Colombia sus pares informaban a través de un lacónico comunicado el cierre de la planta de producción en Cali, Valle, y el despido de 480 empleados.
 
“(…) Los rezagos tecnológicos que ya arrastraba, sumados a las tendencias adversas del mercado, han llevado a una caída sostenida del volumen desde el año 2008, al punto de que hoy la ocupación de la planta es sólo del 56 % de su capacidad total, situación que hace inviable su operación”, dice un aparte del comunicado.
 
Harley Marmolejo, presidente del sindicato de Cadbury Adams (nombre de la compañía antes de pasar a manos de Mondelez,) dijo que si bien varios procesos en la cadena de producción fueron tercerizados, “el cierre nos tomó por sorpresa”.
 
La noticia cayó como un baldado de agua fría no sólo para los trabajadores caleños, sino para todo el sector productivo del Valle del Cauca, que observaba con nostalgia el cierre de uno de los íconos empresariales de la región y pionera de una de las marcas de gomas de mascar más reconocidas: Chiclets Adams.
 
Y el nudo en la garganta de los caleños se hizo más intenso cuando recordaron que en los últimos dos años la capital del Valle ha visto partir a otras dos emblemáticas multinacionales: Michelin (productora de llantas) y la farmacéutica Bayer, donde se elaboraban medicamentos tradicionales como aspirina, alka seltzer y cremas Canestén. En ambos casos se argumentó acumulación de pérdidas debido a la baja del precio del dólar y factores de mercado.
 
A esa nostalgia se suman la partida de Gillette en el 2001 y el dramático cierre de la planta de Fruco en 1996, cuyas máquinas debieron ser evacuadas en helicóptero porque los trabajadores se apostaron en la entrada para evitar que se las llevaran. En conjunto todas esas fábricas les significaban a los caleños un promedio de 1.500 empleos directos, sin contar el movimiento de caja producto de las ventas y sus inversiones.
 
Lo paradójico del cierre reciente de las cuatro plantas de producción de esas multinacionales es que ocurren en un momento estelar para Cali y el Valle, no sólo porque la economía de esa región no depende del boom minero-energético que contagió al país, sino porque es uno de los departamentos más industrializados y su canasta de exportación es diversificada. En la actualidad no hay indicador, proyección, estadística o balance comercial e industrial que contradiga esa realidad.
 
Entidades como Fedesarrollo, ANDI y el Banco de la República muestran que las cifras económicas del sector privado de la ciudad y el departamento van por buen camino y denotan un crecimiento consecutivo desde hace 14 meses. Para no ir muy lejos, en los dos primeros meses de este año la industria del Valle creció en 7,4 %, mientras la nacional decreció en 2,7 %.
 
El ambiente es tan optimista, que en la encuesta de Opinión Industrial que realiza la ANDI, el 68 % de los empresarios vallunos considera que las cosas van por buen camino. Por otro lado, Fedesarrollo se atreve a proyectar que entre el 2015 y el 2018 la economía regional crecerá por encima de la nacional. Si el panorama es tan bueno, ¿por qué se fueron esas multinacionales?
 
Varios líderes gremiales del Valle consultados por este portal coinciden en que esos cierres se deben a tres factores específicos: Venezuela, Ecuador y México.
 
Las crisis política y económica de Venezuela impactó fuertemente la industria del país y en especial la del Valle del Cauca, donde tienen asiento manufacturas. La reacción en cadena se debe a que desde Colombia las multinacionales atienden el mercado andino y de acuerdo con cifras gremiales, el 40 % de esas exportaciones eran hacia la turbulenta Venezuela.
 
Con Ecuador ocurre algo similar, pero no por inestabilidad política sino porque el vecino país optó por el sendero del proteccionismo de su industria nacional y ha cerrado sus fronteras a las exportaciones. Es decir que en el vecindario sólo queda Perú como destino exportador, pero sus volúmenes no son atractivos.
 
Mientras México se convirtió en el 'terror' de la industria colombiana “debido a sus monstruosas fortalezas frente a la economía de escala, menores costos de producción, menores costos logísticos y menores costos laborales”, dijo María Eugenia Lloreda, directora de Invest Pacific, una agencia de promoción de inversión en el Valle del Cauca.
 
Eso explica por qué en los casos de Mondelez, Michelin y Bayer, si bien mantienen en Colombia la cadena de comercialización, la producción se le encargó a plantas existentes en México o Centroamérica y desde allí abastecen la región.
 
Y ese mismo camino espinoso fue el que debió enfrentar la Compañía Colombiana Automotriz (CCA), ensambladora de la Mazda Corporation en Colombia, que desde el año pasado cerró su planta en la que trabajaban 500 personas.
 
En una entrevista de octubre del 2014 que concedió Fabio Sánchez, presidente de Mazda en nuestro país, reconoció que la capacidad instalada de la planta de producción se estaba usando apenas en el 30 %, “los volúmenes de ventas de la marca no corresponden en la proporción suficiente a la producción de la planta, que actualmente opera con los niveles mínimos”, confesó el directivo.
 
Entre los argumentos del cierre adujeron el bajonazo en los mercados de Venezuela y Ecuador y la apertura de una planta de producción en México que, gracias a los tratados existentes con ese país, hace que sea menos costoso importar los vehículos, que ensamblarlos en Colombia.
 
Llama la atención que la crisis de una ensambladora de carros surja justamente cuando el país registra ventas históricas de vehículos. De 93.700 unidades que se vendían en el 2003, subió a 328.000 en el 2014.
 
Todo eso lleva a pensar que el cierre de esas multinacionales obedece más a necesidades de oferta y demanda que a hostilidades locales. No obstante, otro detalle que llama la atención es que la mayoría de empresas que se fueron tenían décadas de estar operando en el país y varias de ellas manifestaron abiertamente rezago tecnológico.
 
“Eso nos obliga a reflexionar sobre la necesidad de buscar atractivos para retener la industria existente e incentivar la reconversión tecnológica de sus factorías”, concluyó Gabriel Velasco, gerente de la Andi–Valle.
 
Unas van y otras llegan


Lo paradójico de esa realidad es que mientras algunas multinacionales cierran sus plantas de producción en Colombia, otras llegan. Para la muestra, Cali, una ciudad que sigue siendo atractiva para la inversión, y prueba de ello es que en los últimos cuatro años 'desempacaron maletas' 32 nuevas multinacionales, cuyas inversiones en promedio superan los 500 millones de dólares y generan cerca de 5.000 puestos de trabajo.
 
En el ramillete de industrias que aterrizaron en la capital del Valle hay de todos los sabores y colores, pasando por las norteamericanas Marriot, Price Smart, Microsoft, Direct TV, Bilateral, Vectrix; las canadienses NS Consultan, Garaventa Lift; las brasileras Ortobras, TOT VS; la mexicana City Express; la española Avanza; la japonesa Furukawa; Hero de la India; la francesa Cosmo International Ingredientes, la chilena D&T Group; la sueca TWW Colombia y la empresa uruguaya especializada en servicios de zonas francas Zonamérica, entre otras.
 
Esteban Piedraíita, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Cal,i resume el coletazo tras cierre de la planta de Chiclets Adams de la siguiente manera: “Es un hecho doloroso, pero no refleja la realidad industrial y empresarial de la ciudad y la región”.
 
No obstante, la clausura de esas plantas de producción debe servir como señal de alerta para que el país mejore su competitividad frente a los vecinos de la región. De lo contrario, Colombia, y en especial el Valle, seguirán diciendo adiós a las multinacionales.
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