Martes, 17 de enero de 2017

| 2001/04/23 00:00

Aprendices de empresa

Un programa de Junior Achievement International ha puesto a ejecutivos de 28 empresas a enseñarles a jóvenes bogotanos a crear sus propios negocios.

Aprendices de empresa

Pocos jovenes a los 16 años pueden contar con orgullo que son presidentes de sus propias empresas. Pero en Bogotá ya hay un puñado de muchachos y muchachas que, sin alcanzar la mayoría de edad, se han enfrentado al difícil reto de crear una empresa y sacarla adelante.

La iniciativa de poner a estos jóvenes de colegios públicos y privados a pensar en generar empleo en lugar de buscarlo es iniciativa de la fundación Junior Achievement International, que abrió su capítulo en Colombia hace dos años. Desde entonces ”trabajamos junto con la empresa privada para educar a los niños y jóvenes en economía, ayudándoles a desarrollar el espíritu emprendedor”, dice Fernando Loaiza, su director y quien trajo este programa a Colombia.

Y ya lo respaldan 200 ejecutivos de las más variadas empresas, entre ellas: ABN Amro Bank, AID, Arthur Andersen, American Airlines, Amway, Avesco, Avianca, Aviatur, Banco de Crédito; Bank Boston, Coca-Cola, El Tiempo, Citibank, DHL, Du Pont, Esso Mobil, IBM, McCann-Erickson, Ogilvy, Oxy; Panamco, Pfizer, Portan, Procter & Gamble, Raisbeck, Lara y Rodríguez & Rueda.

La historia de Edgar Andrés Ibarra refleja bien cómo funciona el programa. Tiene 17 años y está a punto de terminar el bachillerato en el colegio San Jorge de Inglaterra. Y aunque la vida universitaria es ahora su principal ilusión reconoce que acaba de vivir una de las experiencias más enriquecedoras de su vida: “Yo fui el presidente de una empresa que creamos junto con mis compañeros de décimo grado. La pusimos a producir, pero también queríamos cumplir una labor social. Entonces decidimos comprarles galletas a unas monjitas de un convento que hay en Suba para empacarlas y venderlas entre los alumnos del colegio”.

Bautizaron la empresa Just B & C después de intensas reuniones y largos debates. Finalmente cobró vida cuando un estudio de mercado aplicado con todo el rigor científico entre los más de 1.000 compradores (estudiantes) potenciales del colegio así lo permitió. El capital con el que comenzaron labores fue de 880.000 pesos. “Conseguimos la plata de la venta de 88 acciones a 10.000 cada una. Nuestros amigos y familiares nos apoyaron. Una vez tuvimos el dinero comenzamos a comprar las galletas y los empaques. Vendíamos la caja de 12 unidades a 3.500 pesos”, recuerda Edgar Andrés.

El mercado estaba cautivo. Las ventas estaban garantizadas en cada recreo y en los bazares escolares. El negocio pintaba bien y no había mucho de qué preocuparse. Pero cuando el vicepresidente de producción fue al convento a comprarles a las monjitas 280.000 pesos en galletas la empresa casi se viene abajo. “Cuando venía caminando se tropezó y las galletas se hicieron añicos. En ese momento pensé: ¡Se me quebró la compañía! La vi negra. Pensé que no nos íbamos a recuperar”, dice.

Sin embargo la empresa salió adelante. Se recuperó con el trabajo duro que aportaron los 20 compañeros de clase, todos ellos accionistas. El verdadero debut comercial lo tuvieron durante una Feria de Negocios en Unicentro. Por primera vez los jóvenes socios de Just B & C sintieron lo que era la libre competencia. Por primera vez vieron con desolación que sus galletas se quedaban en la vitrina sin que nadie las mirara.

Pero una vez más Edgar Andrés tenía un as bajo la manga: “Resolví hacer trucos de magia y proponerle a la gente que si yo no les adivinaba la carta les regalaba dos cajas de galletas; pero si acertaba ellos me compraban una”. La estrategia funcionó y la producción se agotó. Al final la empresa, como estaba previsto desde un principio, fue liquidada y sus acciones vendidas a 10.500 pesos cada una, lo que representó unos dividendos de 500 pesos. Y aunque la ganancia económica fue pequeña el verdadero aporte que hizo la Just B & C a este grupo de alumnos fue permitirles comprobar que en este país sí es posible hacer empresa.

Esta experiencia que vivieron los jóvenes del colegio San Jorge de Inglaterra se ha repetido en otros 18 grupos de muchachos de igual número de establecimientos. Así han nacido empresas de chocolates, botones publicitarios, bolsas, empaques, tarjetas y velas que han cumplido con el ciclo del programa que oscila entre los seis meses y que va desde la creación hasta llegar a la liquidación.

La fundación Junior Achievement International nació en Estados Unidos en 1919 y hoy está en 108 países. En cada sitio reúne voluntarios como presidentes, vicepresidentes, gerentes y ejecutivos en general de importantes empresas, quienes dictan cursos a niños y jóvenes entre 5 y 21 años. La idea es que los alumnos se sientan responsables de su propio destino y aprendan a asumir riesgos con responsabilidad, tomen decisiones con autonomía, aumenten su autoestima, confíen en sus capacidades, perseveren en las metas y piensen en grande.

Para estimular el desarrollo de estas aptitudes los programas tienen una orientación económica, empresarial y ética. “Los cursos dan conocimientos básicos de mercadeo, producción, finanzas, ventas, comercio nacional e internacional de manera que los alumnos comprendan cómo pueden ser parte de un sistema económico de oferta y demanda de bienes y servicios”, afirma Pablo Largacha, gerente de asuntos públicos de Coca Cola.

Según Fernando Loaiza, los cursos parten de una premisa: “Aprender a emprender, pero con valores éticos y responsabilidad social”. Esta frase es la que les ha abierto las puertas a la organización en los 34 colegios. El propósito para este año es tener 183 programas en 37 colegios para 8.000 alumnos, para lo cual la fundación cuenta con un pequeño ejército de 200 voluntarios. “Es enriquecedor saber que podemos ayudar a hacer patria desde la empresa donde trabajamos. Como voluntarios compartimos nuestra experiencia laboral con niños y jóvenes que necesitan que les ayuden a ver a Colombia desde otro ángulo”, puntualiza David Urrea, director de desarrollo de negocios de Pfizer.

Lo cierto es que en un país en el que uno de cada cinco colombianos está desempleado iniciativas como la de Junior Achievement International cobran mayor importancia como semillero de las nuevas generaciones de empresarios.

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