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| 3/7/2013 3:00:00 PM

‘Apretaditos’ en el gabinete de Santos

Los últimos movimientos en las consejerías y secretarías de la Casa de Nariño han creado interrogantes sobre lo que hacen y qué tan útiles son estos altos asesores. Algunos han cumplido su tarea y otros dejan mucho que desear.

En estos días una escena muy parecida a la de un trasteo se ha tomado el segundo piso de la Casa de Nariño. Gina Parody, alta consejera presidencial para Bogotá, dejó su cargo para convertirse en la directora del Sena. Su vecino, el secretario de Transparencia, Carlos Fernando Galán, renunció y fue reemplazado por Rafael Merchán. Dos oficinas más a la izquierda, la Consejería para las Comunicaciones ya cumple dos semanas vacía. Como si fuera poco, Alex Char, a cargo de la de las Regiones, pidió una licencia de un mes, mientras que su colega para la Equidad de la Mujer, Cristina Plazas, podría convertirse en la secretaria privada del presidente Santos si se concreta la salida de Juan Carlos Mira. Con todo este ajetreo y con la poca definición sobre el futuro de varias consejerías, más de uno se ha cuestionado este esquema que decidió implementar el presidente Santos desde su llegada al poder.

Después de estudiar los modelos de países como Chile, Estados Unidos y el Reino Unido, Santos le apostó a un gabinete paralelo de técnicos y expertos sin representación política, sin presupuesto y sin poder de decisión. En dos años y medio, el número de consejeros ha variado pues mientras oficinas como la de la Lucha contra la Pobreza o la de Reinserción dieron el salto a agencias gubernamentales, otras como la de Bogotá o la del Diálogo Social fueron creadas. Actualmente, la Casa de Nariño alberga a diez altos consejeros de temas tan diversos como el buen gobierno, la relación con los gremios, la convivencia ciudadana, las relaciones políticas y las regiones.

Si bien es legítimo que cada presidente cambie la estructura del Ejecutivo para reflejar su estilo y sus prioridades, el modelo parece estar haciendo agua. En lo corrido del gobierno ha quedado claro que la fórmula para que las consejerías sean útiles es doble: tener cercanía real con el presidente y contar con funciones claras y definidas.

Hay varias oficinas que cumplen, en alguna medida, con ambos requisitos. Es el caso de la Consejería para el Buen Gobierno que dirige María Lorena Gutiérrez. Su dependencia lideró la reforma al Estado, construyó los indicadores de seguimiento y creó un sistema de semáforos para medir la ejecución de los ministros. Otro ejemplo es Catalina Crane, quien conocía al presidente desde hace décadas y se ha enfocado en dos labores: la entrada del país a la Ocde y la relación con los gremios del país. Conforme esas tareas puntuales se diluyen, los resultados son menos tangibles y responden a labores de coordinación como las consejerías de regiones y de la política, y las de empuje de iniciativas como la de Mujer y Seguridad Urbana. Si bien algunos de estos funcionarios sienten que no tienen mucha cercanía con el primer mandatario y bromean con vivir “en playa baja”, algunos ministros los acusan de pisarles las mangueras.

No es el caso de otras consejerías. El nombramiento de Gina Parody en la recién creada Consejería de Bogotá generó ruido político desde el primero hasta el último día y aún no es claro si sobrevivirá, poniendo en entredicho el compromiso presidencial con los asuntos capitalinos. Por otro lado, el caso de Lucho Garzón es único. Sus funciones nunca han sido claras y hasta él mismo ha dicho que siente que es un detrimento patrimonial y que está calentando silla. Queda la duda de si crearon la consejería para darle presencia burocrática a los verdes. Y en Comunicaciones, hoy vacante, quedó claro que el éxito en esa oficina depende del olfato y la estrategia del consejero y de la confianza que le tenga el presidente.

Más allá de los nuevos nombramientos que seguramente se darán en próximos días, es un momento oportuno para que Santos defina el tipo de despacho que requiere para el último tramo de su cuatrienio. Ahora que la campaña electoral se adelantó y la urgencia de ejecución aumenta, se requieren ajustes al modelo para poner en orden la Casa de Nariño. 
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