Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/06/06 00:00

Armar consensos

Desde el año pasado se convocó en Nariño una Asamblea Constituyente. Sus resultados muestran que participando, sí se puede.

Más de 50.000 nariñenses acudieron a las urnas y eligieron a 289 voceros que los representaron en la formulación del actual Plan de Desarrollo del departamento. Otros departamentos y municipios del país han desarrollado constituyentes similares.

Margarita Zambrano, en Ipiales y Roberto Aguilar, en Tumaco, sintonizan a la misma hora el programa radial La voz del Constituyente. A pesar de los cientos de kilómetros que los separan, a los dos los une su interés por participar en la política nariñense. Así lo demostraron el año pasado, cuando eligieron voceros para que los representaran en la Asamblea Constituyente que impulsó el ex gobernador Parmenio Cuéllar en el departamento.

Los objetivos que se pensaron para la Constituyente de Nariño fueron varios. El más importante, convocar a sus habitantes para que, mediante voceros elegidos por ellos, definieran las prioridades de su departamento y acordaran las políticas por desarrollar en los próximos cuatro años. Con el apoyo de la Registraduría Nacional, en septiembre y octubre de 2003 se realizaron elecciones en 52 municipios. En los 12 pueblos restantes, en donde la votación no se pudo efectuar por problemas de orden público, la comunidad buscó otras maneras de escoger a sus representantes. Los 54.000 votos depositados sorprendieron hasta a los más optimistas. "Tan buena votación refleja las ganas de los nariñenses por cambiar la cultura política de su departamento", señala Jaime Rodríguez, coordinador general de la Asamblea.

Pero como todo en política, este proyecto también tuvo opositores. Algunos representantes a la Cámara y a la Asamblea departamental consideraron que la Constituyente corría el riesgo de serles útil a las campañas a alcaldías, concejos y gobernaciones que se desarrollaban en la época. Sin embargo, desde sus inicios el proyecto tomó otro camino. Con el apoyo del nuevo gobernador, Eduardo Zúñiga, de la Iglesia, la Cámara de Comercio y otras organizaciones sociales, más de 289 delegatarios ciudadanos establecieron las bases del actual Plan de Desarrollo del departamento.

Las deliberaciones no sólo sirvieron para definir las líneas de gobierno a escala departamental, sino municipal. Este es el caso de La Florida, donde se incorporaron las peticiones ciudadanas sobre la participación de las mujeres, la promoción de la salud, la educación y la equidad en el campo. Para su alcalde, Álvaro Obando, la metodología de la Asamblea Constituyente de Nariño "fortaleció los lazos sociales, hizo más responsables a quienes estamos en la gestión pública y permite que los gobernantes actúen según las necesidades de la gente".

La Constituyente de Nariño no es la única que ha tenido lugar en el país. Mogotes, en Santander, se declaró en Asamblea Constituyente después de la toma guerrillera del 8 de noviembre de 1998. Tarso, en Antioquia, hizo lo mismo en 2001 para evitar pasar de ser municipio a corregimiento. En Tolima, 19 municipios han elaborado mandatos constituyentes y en Antioquia y Putumayo se han dado pasos en el mismo sentido.

En el mediano plazo, Nariño se ha puesto como propósito integrar los resultados de su Constituyente a las que se realicen en Huila, Valle, Cauca y Putumayo. Para el gobernador Zúñiga, así se podrá avanzar en el proyecto de "surcolombianeidad", que desde hace dos años y medio ha buscado integrar los departamentos meridionales del país para fortalecer su presencia en la política nacional. "El ideal sería que estos departamentos tuvieran políticas comunes frente a temas como el TLC, la erradicación de cultivos y el desplazamiento", señala.

Pero más allá de los temas puntuales que resulten de ella, la Constituyente de Nariño ha demostrado que la Constitución de 1991 no se hizo para ángeles sino para ciudadanos. Que los acuerdos políticos entre muchos también son posibles y que a pesar de la guerra, en Colombia la política también puede ser el arte de armar consensos.

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